En las sociedades modernas y democráticas, la ciencia y la tecnología influyen en la forma de vida de todos y cada uno de los individuos que las integran. La salud. el medio ambiente y la aplicación de la tecnología en la vida cotidiana son los ejemplos más claros de esta relación social. Una relación que, a menudo, produce efectos no deseados. Hélène Ahrweiler analiza las causas de estas desviaciones en los tres grupos sociales que participan del proceso comunicativo entre ciencia y sociedad: los científicos, el público y los mediadores o periodistas. Para la presidenta del Comité de Ética del CNRS francés, todos deben poner de su parte para que los conocimientos y las ideas científicas sean utilizados correctamente. Los investigadores, facilitando la divulgación y la valoración de los descubrimientos en su contexto, los periodistas evitando simplificaciones y, por tanto, analizando en profundidad y con espíritu crítico las informaciones que reciben y, por último, es necesario que el público aumente su nivel de cultura científica, objetivo que deberían contemplar los poderes públicos en todas las sociedades democráticas.
El Comité de Ética para las Ciencias del CNRS
fue creado en junio de 1994 como instancia consultiva
independiente con la misión de reflexionar y debatir sobre los
problemas éticos suscitados por la investigación científica.
Está compuesto por catorce relevantes miembros de las ciencias y
de la cultura francesas. En sus quince meses de existencia se ha
dedicado a analizar los conflictos que se plantean en el avance
del conocimiento científico reuniéndose una vez por mes. En el
transcurso de 1995 elaboró un informe a instancias del ministro
francés de la Enseñana Superior y de la Investigación,
François Fillon, en relación a la ética de la comunicación
científica:
LA ECLOSIÓN DE LA COMUNICACIÓN CIENTÍFICA
El debate no es sin duda nuevo y debe descartarse toda forma de
dramatización en la que se podría oponer un pasado idealizado a
un presente con todos los males y a un futuro extrapolado hacia
el pesimismo. Pero es evidente que las transformaciones en curso
y anunciadas relacionadas con las técnicas de la comunicación
tienden a plantear nuevos porblemas.
Una comunicación oral y escrita cada vez más rápida e incluso
instantánea, apoyada por las nuevas redes informáticas,
permiten la transmisión a bajo coste de cantidades cada vez
mayores de información. La circulación lenta del saber, por el
intercambio personal, en congresos científicos, en revistas y
libros, en general por circuitos reservados prioritariamente a
los especialistas, ha cedido el lugar en el imaginario de los
investigadores y del público, incluso más allá de la realidad,
a un nuevo modelo: el de las bases de datos, puestas al día
constantemente, que se suponen consultables por todo el mundo
desde cualquier lugar y en cualquier instante y que están
destinadas a ser interconectadas para asegurar la perfecta
integración del saber universal. Nadie duda que deben ser los
propios científicos los que han de poner en guardia a la
opinión pública sobre los peligros, los límites y las
ilusiones de este pseudouniversalismo, sin negar sin embargo la
indiscutible utilidad de estos nuevos sistemas de trabajo.
La rapidez que ofrecen estos nuevos instrumentos afecta el
comportamiento de los investigadores en relación a la
comunicación de sus trabajos. Publicar rápido, por miedo a la
competencia, y con frecuencia, para alargar los necesarios
currículos personales, recurriendo a fragmentar hasta el
infinito los resultados obtenidos y multiplicando las
referencias, se convierte para muchos en una regla, incluso en
Francia, país en el que los investigadores se benefician en su
gran mayoría de la garantía de empleo. Pero también dar a
conocer sus "descubrimientos" y a sí mismo más allá
del círculo de sus pares para alcanzar al gran público,
accediendo para ello a los medios de comunicación de masas por
vías admitidas pero discutibles como la conferencia de prensa,
en la que se atribuye a una sola persona los resultados obtenidos
por un equipo o se anticipan los procedimientos de validación
internos de la comunidad científica. Sin olvidar el anuncio de
espectaculares resultados que están lejos de ser realmente
verificados y que los medios de comunicación simplificarán para
hacerlos más comprensibles a todo el mundo.
Todos estos problemas que se suscitan hacen necesario un esfuerzo
de toma de conciencia y de responsabilidad por la comunidad
científica y del público con el fin de controlar los efectos
perversos de estas prácticas y poder identificar los posibles
peligros.
Estos peligros no son exactamente los mismos ni tienen el mismo
alcance en todas las disciplinas científicas. Son
particularmente insidiosos en las ciencias de la vida ya que
afectan a los retos de la vida y de la muerte, de la naturaleza y
de la artificialidad, de los normal y de los patológico. Ya hace
algunos decenios lo fueron también en el campo de la física, en
el momento en que esta ciencia posibilitó el nacimiento de armas
capaces de convertir a nuestro planeta en inhabitable. También
lo son hoy en día en las disciplinas que analizan las sociedades
contemporáneas y sus culturas, pues la afirmación de una verdad
puede poner en cuestión decisiones políticas, ideológicas o
pasionales, intereses individuales o colectivos que suponen la
inserción en un grupo y en una historia que se han convertido en
las propias señas de identidad; precisamente en un momento en el
que nuestras sociedades no cesan de interrogarse sobre ellas
mismas.
Por lo tanto conviene resaltar que estos peligros no pueden ser
comprendidos y resueltos si no se les relaciona con los cambios
que su han suscitado en nuestras sociedades. Estos condicionan
por su parte los cambios observables en el comportamiento de los
diversos actores implicados en la producción y en la difusión
del conocimiento. Protagonistas cuya lista no cesa de
diversificarse y que no se puede resumir en la oposición
clásica entre especialistas y gran público.
Los primeros suelen definirse como "una comunidad
científica" pero en realidad están fragmentados en
numerosos grupos y subgrupos más o menos aislados los unos de
los otros en los límites de sus respectivos saberes, lo cual no
les impide ceder a veces a la tentación de intervenir en otros
campos en los que no son competentes.
En los segundos, también descomponibles en una pluralidad de
públicos diversos, intervienen dos grandes categorías de
mediadores: los divulgadores del saber (que van de los
enseñantes a los periodistas) y los diversos agentes con
capacidad de decisión, económicos y políticos, principalmente,
a los que ese saber también tiene por objetivo seducir y
convencer.
Hay que felicitarse de que la democratización de nuestras
sociedades haya comportado un interés creciente por los
resultados de las investigaciones científicas cuyas
implicaciones son cada vez más evidentes para la vida de cada
uno, para las decisiones políticas vinculadas o hipotecadas por
las consecuencias de determinadas tecnologías, por los
equilibrios sociales y por el futuro de la humanidad y del medio
ambiente en el que vive. La ciencia es más que nunca un objetivo
económico, político y cultural. El derecho a la información y
en particular a la información científica, aparece en este
contexto como una condición necesaria para el funcionamiento de
una sociedad democrática. Pero las modalidades prácticas de su
ejercicio la sitúan en el centro de las relaciones de fuerzas
antagonistas que deben ponerse en evidencia. Su respeto implica
nuevas obligaciones porfesionales para los productores y los
comunicadores del saber, cuya colaboración condiciona a fin de
cuentas la práctica de una información a la vez fiable y
responsable, que asegura el acceso a los datos y a los
resultados, pero que tiene en cuenta las posibles consecuencias
-incluidos los efectos perversos- de las aplicaciones prácticas
de las investigaciones y descubrimientos, así como las
expectativas y los temores que se suscitan entre el público.
Ahora bien, en la relaidad los dos grupos interesados,
productores y difusores del saber, teóricamente distintos,
tienden a interferirse. Los segundos solicitan a los primeros y
los primeros son llevados a intervenir en el ámbito de los
segundos: la causa puede ser tanto el efecto de publicidad dada a
un descubrimiento, real o imaginario, como la excesiva
popularización de un conjunto de conocimientos. Es fácil poner
en cuestión a los divulgadores de saber, acusados de disponer de
una formación insuficiente, de apoyarse en lo sensacional, de
deformar las informaciones que les son suministradas, de exagerar
su novedad o sus consecuencias, y de buscar la seducción y
fascinación de sus interlocutores científicos. Sin embargo,
nuestro esfuerzo de reflexión debe dirigirse hacia los
productores del saber y hacia las reglas de comportamiento y de
ética que los investigadores deben definir e imponerse a sí
mismos para ejercer su propia responsbilidad.
Los investigadores científicos no trabajan todos en situaciones
semejantes y esta desigualdad es particularmente sensible en lo
que atañe a la posibilidad de acceso a la información. Se
creía que los ordenadores podrían contribuir a reducir esta
desiguladad, pero en muchos casos la han acentuado. No obstante,
su objetivo primordial es fijar y hacer respetar las reglas de
validación de los resultados de sus investigaciones y del debate
científico, determinar las condiciones de la transmisión
interna y exterior de sus conocimientos y plantearse su propia
responsabilidad social, tanto en el seno de su disciplina
científica, con sus pares, con los medios de comunicación y con
la opinión pública como con el poder político. En todos estos
casos se pueden plantear problemas concretos para los que los
científicos no se han de contentar con aplicar las reglas de la
moral común.
Las habituales reglas de validación de trabajos e
investigaciones son suficientes en todos aquellos casos en que
"la experiencia puede ser repetida", sin embargo esta
fórmula no cubre todos los campos del saber.. establecer
"la verdad" cuenta menos que explicitar los límites y
las condiciones de cómo se ha alcanzado, sin que se puedan
separar determinadas variables de su contexto, ya que a menudo
representan aproximaciones interdisciplinares cada vez más
frecuentes ante la complejidad creciente del mundo que las
ciencias ayudan a desentrañar. En estos casos, la comunicación
se deberá situar bajo el lema de la prudencia, fomentando la
crítica y respetando los tiempos necesarios para la
verificación de los resultados.. Es imperativo, por ejemplo,
difundir únicamente resuktados comporbados y validados. Publicar
observaciones parciales y no confirmadas sólo sirve para
alimentar falsas y estériles discusiones en torno a la ciencia y
distraer al público con lo sensacional (por ejemplo: el caso de
la memoria del agua) sin que en absoluto sirva para instruir al
público.
Para la transmisión del conocimiento, los científcos deberían
incentivar la constitución (en el caso de que no existan en su
ámbito de competencias) o reforzar (en el caso de que sí
existan) estructuras propias afines a sus campos de trabajo e
investigación con el fin de mejorar y preservar, en la medida de
lo posible, cualquier derivación no deseada. En este sentido,
las academias o sociedades científicas son instituciones que han
demostrado ser indispensables para la definición de "una
cultura científica" adaptada a las necesidades de nuestra
época. Al mismo tiempo se han de impulsar iniciativas que
mejoren de forma rápida, discreta y eficaz los canales de
información de los científicos con los periodistas
especializados y, en general con los medios de comunicación.
La responsabilidad social social del investigador plantea
problemas todavía más complejos. Existen prácticas
condenables, como la falsificación de resultados o el plagio,
sobre los que no hace falta insistir. Específicamente en el
dominio de la comunicación científica surgen conflictos como
por ejemplo el "vedetismo" que practican algunos
científicos y en el que pueden caer aquellos que poseen mayor
notoriedad científica y que por tanto son solicitados con
frevcuencia por los medios de comunicación o los que gracias a
sus dones de comunicadores se convierten en divulgadores asiduos
del saber científico. Estos aspectos tienen a veces
consecuencias importantes en la vida cotidiana de los
laboratorios, ya que el trabajo en equipo es hoy la regla del
mundo científico. Sobre todo en lo que concierne a la obtención
de medios económicos para proseguir las investigaciones o la
gestión de carreras de miembros de los equipos en cuestión, sin
olvidar otras prácticas como las firmas colectivas de trabajos
en las que el responsable de grupo se atribuye trabajos de sus
colaboradores. La tentación de constituir equipos solidarios
frente a otros grupos de la misma disciplina (autorreferncias,
etc.) o el establecer relaciones privilegiadas con agentes
exteriores a la propia ciencia, como editores o industriales, por
ejemplo, pueden contribuir a la falsificación de la apreciación
de resulktados científicos. En todo caso, el hecho de que la
ciencia sea un objetivo económico de primer orden complica las
relaciones entre los científicos y la sociedad, ya que ésta
tiene la tendencia a esperar de la ciencia la solución de todos
los problemas vinculados al bienestar de los seres humanos o de
la gestión equilibrada de los recursos del planeta o también a
considerar que la ciencia es la responsable de todos los fracasos
y dificultades que surgen.
Esta responsabilidad de los investigadores plantea claramente la
necesidad de una ética personal y profesional antes de abordar
propiamente una ética científica. Sin olvidar que en algunos
aspectos suscita al mismo tiempo la adopción de unas reglas
profesionales específicamente jurídicas.
Las recomendaciones que efectúa el Comité de ëtica para las
Ciencias del CNRS son las siguientes:
1) Dar a conocer al conjunto de los medios de comunicación el
trabajo de los investigadores científicos, con el fin de tener
la capacidad de transmitir no sólo los eventuales resultados de
la investigación pero también la evolución del avance
científico: análisis de los procesos, tiempo necesario para la
verificación de resultados, etc.. favorecer la realización de
seminarios entre científicos y periodistas y estimular el
trabajo de historiadores y filósofos de las ciencias, que poseen
un papel importante en la culturalización científica del
público. desarrollar la reflexión sobre el método científico,
sobre su evolución y su impacto en la propia ciencia, reforzando
la indispensable dimensión crítica inherente a la transmisión
del saber.
2) Recordar que es competencia de los investigadores científicos
el efectuar un esfuerzo de comunicación y de divulgación que
permita establecer una confianza mútua con los mediadores de la
comunicación. Los científicos deberían tomar la iniciativa de
"una difusión de primera mano", con el fin de reducir
el abanico de comentarios de enésima procedencia, que siempre
son reduccionistas.
3) Recordar a los científicos que ellos son los primeros
implicados y los primeros responsables del respeto a las reglas
de la comunicación científica.
4) Incentivar a las instancias implicadas en la evaluación de
los organismos científicos para que den prioridad al criterio de
calidad de las publicaciones en vez de la cantidad.
5) Acentuar la necesidad de un esfuerzo para mejorar la cultura
científica
a) de los jóvenes, insertando en la eseññanza de las ciencias
su perspectiva histórica, social y cultural. Con este fin, se
recomienda el enriquecimiento constante de bibliotecas y la
creación de muesos, mediatecas y exposiciones, pero también el
intercambio y la familiarización con los centros de
investigación.
b) del gran público, teniendo en cuenta la demanda creciente de
cultura científica y reforzando el papel que desempeñan las
asociaciones de científicos que constituyen un vínculo
priviliegiado entre la comunidad científica, los periodistas y
el público.
6) Contemplar la posibilidad de creación de un diploma
universitario de postgardo en comunicación científica
7) Insistir en el papel que desempeña la lengua francesa como
lengua científica internacional. Con este fin:
a) convertir a la lengua francesa en operacional en los nuevos
sitemas tecnológicos
b) apoyar la edición de revistas científicas generalistas en
lengua francesa semejantes a las que circulan en lengua inglesa
para especialistas y publico conocedor
c) impulsar el debate sobre la política de difusión científica
En todo caso, el alcance de las nuevas técnicas de los medios de
comunicación, tanto prensa escrita como audiovisual, que van del
ordenador al satélite exige una reflexión continua sobre sus
implicaciones en la comunicación científica.