La primera impresión que ofrece Internet es de cantidad y no de calidad. Cualquier persona con un ordenador bastante modesto puede producir una "home page" en el WWW por muy poco coste. Pero ¿cómo nos podemos tomar en serio una "home page" de una persona cualquiera?. Llegamos así, al gran desafío de las autopistas de la información. Nadie va a dedicar ningún esfuerzo a ofrecer información útil a menos que se pague por ella.
En los orígenes de Internet no se preocuparon de estos problemas. Los gobiernos ya pagaban a los científicos para hacer sus investigaciones y por eso se considerba Internet como otra herramienta científica más, como si fuera un microscopio o un acelerador de partículas. Los investigadores no tenían que pagar para mandar sus datos o papeles científicos desde un laboratorio a otro.
Por ello, creció la idea que Internet debería ser gratis. Pero por otro lado, existía un tendencia creciente -y la idea persiste todavía en algunos círculos- a pensar que los usuarios debían pagar por el derecho de buscar y examinar cuidadosamente una biblioteca de información. Este punto está empezando a cambiar.
Las mejoras en la seguridad de las comunicaciones significan que las tarjetas de crédito y las contraseñas pueden permitir un sistema de pago cada vez que se busca información. De esta manera, los proveedores de la información pueden empezar a recuperar sus costes, o quizás sacar directamente algún provecho de la información que difunden por Internet. Hasta que esto se haga común, deberíamos mirar toda la información disponible con cuidado ya que muchas veces la información gratuita no sirve para nada.
Pero ¿qué es lo que hay, entonces, en Internet? ¿Cómo contribuye Internet al conocimiento del público de las ciencias y la tecnología, o para ser más específicos, al periodismo científico? Para empezar a contestar estas preguntas es necesario hablar de algunas de las herramientas y técnicas que han aparecido relacionadas con Internet.
Como el correo electrónico fue el primer uso popular de Internet, empezaremos por ahí. Decir que el correo electrónico es la comunicación instantánea entre dos personas es fijarse sólo en parte de la historia. Existen otras maneras, a través de las cuales el correo electrónico facilita la comunicación entre científicos y entre el público y la ciencia.