LOS CONSEJOS DE SOLVAY

Les Conseils Solvay et les débuts de la physique moderne
Université Libre de Bruxelles
Bruselas, 1995

La enseñanza habitual presenta la física, o cualquier otra rama de la ciencia, como el desarrollo lógico de una serie de teorías siempre en buen acuerdo con los resultados experimentales. La duda entre diversas opciones posibles, el debate entre diferentes interpretaciones plausibles de un concepto o un experimento, es decir, una parte sustancial del método científico y de la aventura de la ciencia desaparecen para dejar lugar a una avenida elegante y expedita en la que se suceden éxito tras éxito, ecuación tras ecuación, en un impecable encadenamiento de demostraciones.
Probablemente, esta simplificación resulta inevitable en la práctica de la enseñanza, y podría ser compensada parcialmente con algunas referencias a ciertos momentos especialmente significativos de la historia de la ciencia. En particular, los momentos fundacionales de las principales teorías son especialmente esclarecedores de las vacilaciones, las inquietudes, la excitación por el cambio de puntos de vista. En la física de este siglo, los debates más excitantes y encendidos se produjeron, probablemente, alrededor de los conceptos básicos de la mecánica cuántica.

Sabios en Bruselas
Naturalmente, los instantes álgidos de estas discusiones son aquellos en los que confluyen los protagonistas de los diferentes puntos de vista: la viveza del diálogo, las informaciones de primera mano aún no publicadas, las especulaciones erróneas pero iluminadoras, de las cuales surgirá la buena vía, el apasionamiento de la conversación,... dan a estos encuentros una intensidad difícilmente superable.
Imagínese el lector una reunión de los veinticinco físicos más relevantes para discutir, en 1911, la teoría de la radiación y de los cuantos, o en 1913 la estructura de la materia o en 1927 sobre electrones y fotones. Tenga presente el lector que la interpretación cuántica de la radiación electromagnética nace en 1900 con Planck y en 1905 con Einstein, que la teoría atómica de Bohr es de 1913, que la ecuación de Schrödinger y el principio de indeterminación de Heisenberg fueron formulados en 1926. Las reuniones, pues, se producen muy poco después de estos descubrimientos decisivos, en plena excitación y perplejidad. Recuerde el lector que los protagonistas directos o indirectos de estos descubrimientos son Einstein, Planck, Mme. Curie, Bohr, Rutherford, Lorentz, Poincaré, Schrödinger, Heisenberg...: suponga que son ellos los que acuden a estas reuniones. Tales encuentros serían comparables a los de Platón con Sócrates, o de Schiller con Goethe, o de Mozart con Haydn: una confluencia cuyos frutos llegan hasta nosotros.
¿Existieron en realidad unos encuentros como los mencionados, acerca de la reciente mecánica cuántica? Efectivamente, existieron, y tuvieron lugar en Bruselas en los años mencionados: se trata de las conferencias Solvay, que ocupan un lugar ineludible en la historia de la física de este siglo. Sobre estas conferencias se ha organizado recientemente en Bruselas una interesante exposición, que viajará próximamente a Barcelona, y que es acompañada por un libro ("Les Conseils Solvay et les débuts de la Physique moderne", editado por P. Marage y G. Wallenborn, Université Libre de Bruxelles, 1995) que describe con rigor, amenidad y buenas ilustraciones la excitación, la atmósfera, la riqueza de contenidos de aquellas reuniones.

Solvay y sus fundaciones
Las conferencias Solvay fueron instituidas y financiadas por Ernest Solvay, el famoso industrial belga que a sus cuarenta años había amasado una de las principales fortunas de Europa gracias a su método de fabricación de sosa caústica. Autodidacta, apasionado por la física-química, la fisiología y la sociología, Solvay dedicó una parte de su fortuna a fundar en Bruselas unos institutos de Fisiología y de Sociología y a sufragar unas reuniones de veinticinco (posteriormente cuarenta) protagonistas de los progresos más relevantes en algunos problemas de frontera de la Física y la Química. Solvay formuló también sus propias teorías en este campo (una teoría "gravítica" ambiciosa pero un tanto simplista, que no causó gran impresión en sus ilustres visitantes) y fue ministro en diversas ocasiones, próximo a un socialismo moderado, considerando la sociedad como una gran máquina cuyo rendimiento se tenía que optimizar, para lo cual era necesario aumentar el nivel de instrucción y las comodidades de todos sus miembros.
En lo que respecta a la Física, las reuniones, además de las ya mencioadas de 1911, 1913 y 1927 (las que han pasado con mayor fulgor a la historia), se desarrollaron en 1921 (átomos y electrones), 1924 (conductividad eléctrica de los metales), 1930 (magnetismo), 1933 (estructura y propiedades de los núcleos), para limitarnos a las anteriores a la Segunda guerra mundial. Las reuniones, como hemos dichos, eran muy reducidas, extremadamente elitistas, lo cual las diferencia notablemente de los congresos multitudinarios posteriores a los que los científicos nos hemos acostumbrado. Los textos de las ponencias y de las discusiones se publicaban en francés. Personajes como el holandés H. Lorentz o el francés J. Langevin (y actualmente I. Prigogine) estuvieron al frente del comité organizador que, gracias al apoyo financiero de Solvay, pudo dedicar todas sus energías a los aspectos puramente científicos.

Los orígenes de la cuántica en las reuniones Solvay
Esbozaremos muy brevemente los puntos principales de las reuniones de 1911, 1913 y 1927. Del 30 de octubre al 3 de noviembre de 1911, en el Hotel Metropol de Bruselas, tras unas palabras y una breve exposición de Solvay, tenía lugar la primera reunión bajo el tema de "la teoría de la radiación y los cuantos". Los hitos básicos son, recordémoslos, la teoría de la radiación del cuerpo negro (Planck 1900), la teoría entrópica de la radiación y sus consecuencias en el efecto fotoeléctrico (Einstein, 1905) y la teoría del calor específico de los sólidos a baja temperatura (Einstein, 1907). La reunión Solvay juega un papel decisivo en la toma de conciencia de la profundidad y radicalidad de los cambios mencionados, que hasta aquél momento interesaban a tan solo unas pocas docenas de personas. Antes de la reunión, el mismo Planck seguía intentando dar una explicación clásica a su hipótesis cuántica, sin querer admitir aún su carácter definitivamente revolucionario. En la reunión se pone de manifiesto hasta qué punto las hipótesis cuánticas son revolucionarias y cuántas paradojas encierran.
La reunión de 1913 es dedicada a la estructura de la materia. En 1911, Rutherford acaba de proponer su modelo planetario del átomo, opuesto al modelo anterior de Thomson. El modelo resulta incomprensible clásicamente, y no es hasta 1913 que Bohr consigue fundamentarlo sobre unas reglas ad hoc, basadas en las ideas cuánticas, que explican con éxito impresionante los espectros atómicos de los átomos con un solo electrón. Sin embargo, este tema no será tratado con detalle en las conferencias Solvay hasta 1921, ya que la guerra mundial y sus secuelas, y las divisiones que ella produce entre los científicos europeos, interrumpe las reuniones durante ocho años. La reunión de 1913 toca brevemente el tema de la posible enstructura de un núcleo atómico y su relación con la radiactividad natural.
La mecánica cuántica, que conocerá una difusión extraordinaria con el modelo atómico de Bohr (1913) y la mecánica ondulatoria de De Broglie (1924), no consigue una base matemática sólida y consistente hasta los trabajos de Heisenberg (1925) y Schrödinger (1926). Los debates de Bruselas sobre la interpretación a dar a la nueva mecánica forma parte de sus mitos fundacionales y es también un hito en la cultura europea en general, ya que lo que se debate es la relación entre ciencia y realidad y la naturaleza de la realidad. De Broglie, Schrödinger y, sobre todo, Einstein, mantienen un punto de vista realista, defienden una realidad objetiva, independiente del observador, y rechazan que la mecánica cuántica sea una teoría completa. Bohr, Born y Heisenberg defienden apasionadamente el principio de complementaridad y de indeterminación, es decir, una realidad profundamente ligada al observador y básicamente indeterminista. No se alcanzará un acuerdo entre los dos grupos. Einstein y Bohr debaten agudamente en las reuniones, en las calles, en los bares, durante comidas y cenas. La discusión se prolongará durante años y constituye una de las cuestiones más relevantes de la filosofía de la ciencia de todos los tiempos.
El consejo de 1933 representa un relevo generacional: de las discusiones sobre las posibles interpretaciones de la mecánica cuántica se pasa, consolidada ésta, a discutir los nuevos experimentos sobre física nuclear. La reunión es brillantísima en cuanto a participantes. De los 40 sabios, 19 han obtenido u obtendrán posteriormente un premio Nobel. El tema de la reunión es la estructura del núcleo. Téngase presente que en 1932 Chadwick ha descubierto el neutrón, en Cambridge. Hasta entonces, muchos científicos creían que el núcleo estaba compuesto por protones y electrones, con lo cual podrían explicar fácilmente la emisión de partículas beta (electrones), pero encontraban problemas con el valor del spin de algunos núcleos. También en 1932, Anderson descubre el positrón, o electrón positivo, primera antipartícula descubierta. Es el momento de emperzar, pues, la teoría nuclear, pasando del átomo al núcleo. Irene Curie y su marido, F. Joliot, presentan algunos resultados que les conducirán al descubrimiento, en 1934, de la radiactividad artificial, trabajo por el cual recibirán el premio Nobel de física. También en la reunión de 1933, Pauli propone formalmente el concepto de neutrino, que hasta entonces sólo había comentado, en una carta, a algunos amigos. Esta partícula no se descubrirá experimentalmente hasta unos veinticinco años más tarde: millones de neutrinos atraviesan la Tierra cada segundo sin interactuar con ella! Así, la reunión mantiene la actualidad trepidante de las de 1911, 1913 y 1927. Sin embargo, no se conoce casi nada de la fuerza nuclear. Pero ésta habría de cambiar el mundo, apenas doce años más tarde!

Las reuniones Solvay hoy
Las conferencias Solvay no terminaron con la guerra. En 1948 se reemprendían con el tema de "partículas elementales"; el estado sólido (1951), electrones en los metales (1954), estructura y evolución del universo (1958), teoría cuántica de campos (1961) son otros de los temas de las sucesivas conferencias. Sin embargo, las reuniones científicas se habían multiplicado por doquier, la investigación se realizaba en grupos cada vez mayores, y el modelo elitista inicial de las conferencias Solvay empezó a resultar menos adecuado, y tuvieron que competir con otras conferencias por los temas estrella. Bajo la dirección de I. Prigogine, premio Nobel por sus aportaciones a la termodinámica de procesos irreversibles, las conferencias se han ido transformando en un pequeño instituto de estudios avanzados, dedicado especialmente al estudio de sistemas complejos, caos determinista, irreversibilidad, a los que Prigogine y su escuela han efectuado considerables aportaciones, y que constituyen algunas de las áreas de frontera más fértiles de la física de hoy.
Evocar las conferencias Solvay de Física es, como hemos visto, zambullirnos en algo más que un recuerdo lejano o un mito impreciso: es revivir la pugna entre argumentos alternativos, ideas que han entrado a formar parte de nuestra manera de pensar la física e ideas que han sido olvidadas, pero la comprensión de cuyo fracaso nos ayuda a conocer con mayor profundidad la física y sus relaciones problemáticas con la realidad.

DAVID JOU