A partir de 1989, y a
raíz de una propuesta realizada por el entonces
Presidente de la República Francesa, Francois Miterrand,
todos los Estados de la C.E.E. nombraron un Coordinador
Nacional de Drogas. La figura del Coordinador, responde
al principio de globalidad del fenómeno, integrando bajo
una misma responsabilidad única los ámbitos relativos
al control de la oferta y la demanda.
Las diferencias que existen entre los Estados se refieren
fundamentalmente al Departamento Ministerial que ostenta
la coordinación, y que en cierto sentido expresa en que
ámbito de la política de drogas pone el énfasis cada
gobierno. En la fecha actual, en nueve de los quince
Estados, la coordinación la realiza un ministerio del
ámbito de la reducción de la demanda,
generalmente de Salud y Asuntos Sociales, en cinco de los
Estados se ubica en un ministerio relacionado con el
control de la oferta, por lo general de Interior y/o
Justicia, y en un caso, directamente en la Presidencia
del Consejo de Ministros.
Una de la características que más diferencian las
políticas de coordinación nacionales, radica en los
niveles competenciales que posee cada nivel de
administración territorial, ya sea local, regional o
estatal.
En los Estados Federales, o con modelos similares, los
diferentes gobiernos regionales poseen un nivel
competencial sobre la política de drogas, por lo general
en materia de prevención y de asistencia, muy elevado y
de carácter exclusivo; en otros Estados, son los entes
locales los que ostentan competencias de estas
características, por lo que las dificultades para
establecer una eficaz coordinación se plantean a nivel
de las relaciones entre administraciones. En varios
Estados existen diferentes criterios sobre aspectos
determinados de la política de drogas entre el Gobierno
Central y los gobiernos regionales, lo que provoca
dificultades y tensiones en la aplicación de las medidas
concretas.
Esta distribución de competencias entre los gobiernos
centrales y los regionales y locales, es lo que ha
impulsado en los últimos años al establecimiento de
redes de cooperación entre niveles de administraciones
similares de Estados diferentes; en particular se han
constituido redes de ciudades con programas similares en
el ámbito de la asistencia y la reducción de riesgos.
De profundizarse esta tendencia nos encontraríamos ante
un escenario en el que los Gobiernos de los Estados se
coordinan entre sí en el marco de la Unión Europea, y
en paralelo, los municipios y las regiones de diferentes
Estados lo hacen al margen de la política comunitaria.
Se crearían dos niveles de coordinación o relación
diferentes sin apenas relación y ello generaría una
confusa situación en lo concerniente a la definición de
una política sobre drogas europea mínimamente
coherente.