A partir
de los dos Planes Europeos de lucha contra las Drogas, de
1990 y 1992, y en base al reciente Plan de Acción
Global, se ha ido configurando en el seno de la Unión un
conjunto de elementos que prefiguran una determinada
política sobre drogas.
Ha quedado claro que si bien a nivel de las legislaciones
persisten aún importantes diferencias, a nivel de las
prácticas concretas se tiende a converger cada vez más.
De lo que ahora se trata es de identificar cuales son los
aspectos de la política sobre drogas en los que ya
existe en la actualidad un amplio consenso, definiendo en
la práctica el mínimo común
denominador que se encuentra en la mayoría de los
Estados. Para ello, el método que parece más oportuno y
eficaz es el de convocar una Conferencia Europea sobre
Drogas, de Consenso o de Convergencia, cuyo objeto
principal sea el de identificar los elementos comunes
así como los de divergencia que puedan superarse sin
grandes dificultades para los diferentes Estados.
Es imprescindible que en los próximos años, y
obligatoriamente antes del 2.000, exista un cuerpo de
doctrina nítidamente europeo sobre esta materia, que le
permita a la Unión, tanto a nivel interno, como externo,
aparecer con unas propuestas coherentes y pragmáticas,
recuperando en este ámbito, la larga tradición
racionalista y librepensadora que ha caracterizado
siempre al viejo continente.
En relación a la propuesta de Conferencia de Consenso,
cuatro deberían ser los aspectos que abordara:
a) Legislación penal
b) Política de represión del tráfico ilícito.
c) Políticas de prevención en sentido amplio.
d) Cooperación internacional.
No deberá perseguir esta conferencia el análisis de las
políticas de cada uno de los Estados miembros, sino que
debería tener como objetivo último el encontrar las
similitudes, identificando los contenidos comunes.
A partir de las conclusiones de esta reunión, debería
considerarse la elaboración y celebración de un
instrumento jurídico que diera cuerpo normativo a las
conclusiones de la misma. Existe en el marco del T.U.E.
base jurídica suficiente para desarrollar esta
iniciativa.
La actual experiencia de las directivas sobre blanqueo y
precursores químicos, pone de manifiesto que es
imprescindible disponer de una norma que fuerce la
convergencia de determinadas políticas sectoriales.
Se trataría de un Convenio Europeo, que contenga el
conjunto de elementos identificados en la Conferencia
sobre los que exista un amplio consenso, y que permita
tanto a los ciudadanos europeos como al conjunto de los
organismos internacionales que tienen competencias en
materia de drogas, conocer la política europea
específica sobre una materia de tal magnitud.
La propia elaboración de este Convenio Europeo, debería
ser sin lugar a dudas un proceso en sí mismo altamente
beneficioso. Uno de los valores añadidos de un
instrumento jurídico de estas características es que
posibilita a los Estados participantes alcanzar acuerdos
sobre aspectos de definición terminológica, cuestión
de suma importancia dadas las diferentes interpretaciones
que en la actualidad se hacen de conceptos similares.
De la capacidad que se tenga para convocar la Conferencia
de Consenso, y en su caso de elaborar este Convenio
Europeo, se podrá deducir la voluntad política de la
Unión en ofrecer soluciones concretas y tangibles a uno
de los problemas que hoy inquietan más al conjunto de la
sociedad europea, y constituirá una prueba inequívoca
dirigida a los diversos colectivos
interesados, de que Europa apuesta claramente por
encontrar respuestas propias, y no importadas, a este
complejo problema.