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¿CIENCIA O PRENSA?
Cristina Ribas
      DRUMMOND RENNIE
      Journal of American Medical Association (JAMA)
      RICHARD HORTON
      The Lancet
      RICHARD SMITH
      British Medical Journal (BMJ)
      FLOYD BLOOM
      Science
AXEL KHAN.
LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS Y LOS CLÓNICOS PUEDEN ATENTAR CONTRA LA DIGNIDAD HUMANA, PERO NO CONTRA LA SEGURIDAD

Mónica López Ferrado

 

 

 

 

 

 

 

 

¿CIENCIA O PRENSA?
SCIENCE OR THE PRESS?
Cristina Ribas

Los directores de cuatro revistas de referencia, aquellas que son citadas por la mayoría de los artículos publicados en la prensa general, responden a una serie de preguntas sobre la relación con los medios de comunicación, los sesgos hacia los autores no anglosajones y las publicaciones electrónicas. Todos ellos estuvieron presentes en el congreso de Praga aunque estos temas fueron tratados sólo de pasada, excepto el de la utilización de las redes telemáticas.
JAMA y Science sostienen que los departamentos de comunicación funcionan al margen de las decisiones del comité científico de sus revistas, mientras que The Lancet y The British Medical Journal admiten que los criterios periodísticos están influyendo notablemente en el proceso general de selección y publicación de artículos. Para The Lancet eso sería una consecuencia de las demandas de sus lectores, mientras que para el BMJ es sólo una manera de aumentar su difusión. The Lancet parece ser la única publicación sensible a los problemas de la ciencia no anglófona aunque todas ellas apuestan por la utilización de Internet, pero con reservas.

The editors of four reference journals --those quoted by the majority of articles published in the general press-- respond to a series of questions on their relationship with the media, bias towards non-English-speaking authors and on-line publications. All the editors attended the Prague conference, although these questions were only touched on, with the exception of the use of on-line networks.
JAMA and Science hold that communications departments function independently of the decisions of their journals' scientific committees. The Lancet and The British Medical Journal, however, admit that journalistic criteria are having a considerable influence on the general process of selection and publication of articles. For The Lancet, this is the result of the demands of their readers, whereas the BMJ sees it merely as a way of increasing diffusion. The Lancet appears to be the only publication which is aware of the problems of non-English-speaking science. All the journals favour the use of the Internet, although with some reservations. 



DRUMMOND RENNIE
Journal of American Medical Association (JAMA)

La publicación oficial de la Asociación Médica Norteamericana posee un departamento de prensa formado por siete personas que elaboran no sólo notas de prensa, sino también productos periodísticos a partir de los trabajos científicos que publica la revista. Estos productos acabados se distribuyen a través del Media Resources Service a cientos de periódicos, cadenas de radio y televisión. El equipo de JAMA se compone de cinco escritores científicos, una persona dedicada a radio y otra, a televisión y actúa a modo de agencia de noticias.

El director de JAMA, Drummond Rennie, no se siente responsable de estos productos destinados a los medios de masas y asegura que las decisiones de la redacción científica no tienen nada que ver con lo que haga el departamento de prensa. Sin embargo, admite que los criterios utilizados para incluir un estudio científico pueden coincidir con criterios periodísticos.

No quiso hablar ni sobre el posible sesgo hacia los trabajos no anglosajones (tema en el cual no le parece que exista ningún problema) ni sobre la utilización de la edición electrónica para el sistema de revisión. Admitió que sobre este último punto JAMA está llevando a cabo su propia investigación.

¿Ha cambiado de algún modo la política de aceptación o rechazo debido a la relación con los medios? ¿La revista para la que usted trabaja acepta o rechaza los artículos según su interés general para el público o para la prensa?

D.R.: Diría que no a ambas cosas, excepto en el caso en que nos interese lo que le interesa al mundo. Creo que es obvio que, si encontramos algo que sea emocionante, nuevo e importante, pueda ser un estudio negativo o positivo, pero importe a la gente, informe al público y nos informe a nosotros, lo publicaremos. No es que publiquemos algo sólo para hacer que la prensa nos dedique atención, sino que es algo que consideramos emocionante y que sabemos que interesará a la prensa. Así que las dos cosas a menudo van juntas. Los trabajadores de la revista también somos parte del público.

Sobre los press releases tengo mis dudas, porque eso siempre supone que algunos artículos son más importantes que otros, y eso a menudo no es cierto. Pero así es como funcionan las cosas. Ayudan a la prensa. Sé muy bien que en diez años, si miro hacia atrás, puedo cambiar de opinión completamente. Puedo decir que aquel artículo que estaba en el press release se ha descubierto ahora que no tiene ningún valor, mientras que este artículo, al que nadie prestó mucha atención, es el más importante de ese año. El press release es en algún modo útil para indicar a los periodistas lo que creemos que es lo más importante, y les sirve de ayuda, pero quizás nos estemos equivocando nosotros. Creo que es muy importante ser humilde en esto. De los 5000 artículos que recibimos al año, probablemente podemos decir «estos son mejores que aquellos», pero cuando publicas un artículo es muy difícil estar seguro de que es el mejor. Aunque, a veces, es más obvio y puedes afirmar: «Este es tan tremendo, tan especial, tan caro, que nadie lo repetirá nunca; no hay duda que es muy importante».

¿Pero está de acuerdo con el uso de los press releases por parte de las revistas científicas?

D.R.: Sí, como he dicho creo que es mejor tener un press release que no tenerlo, pero no mucho mejor, y podríamos equivocarnos. Eso es lo que pienso, entre otras cosas, porque no tengo nada que ver con su elaboración. Nunca los leo, nunca me llegan. Son sólo un sistema para explicar la ciencia de modo más sencillo a gente que podría tener dificultades si tuvieran que leer un artículo médico complicado.

Por otra parte, ¿sabe si los artículos de países no anglófonos son citados proporcionalmente más a menudo que los otros?

D.R.: No lo sé.

¿Y sabe qué proporción de artículos de autores anglófonos y no anglófonos se publican en su revista?

D.R: No. Refleja más o menos la proporción que se nos envía.

Finalmente, cuál es su opinión sobre la preimpresión electrónica on-line.

D.R.: Estoy haciendo alguna investigación en este campo, así que no querría entrar en ese tema. Creo que va a resultar muy interesante ver cómo funciona. Mucha gente está investigando en ello ahora mismo. Quiero investigar, obtener datos, para que las cosas puedan cambiar y mejorar. No creo necesariamente que el modo en que hacemos las cosas ahora mismo sea el mejor. Desde luego que no.



RICHARD HORTON
The Lancet

The Lancet siempre se ha caracterizado por expresar una posición mucho más abierta hacia las relaciones con los medios de comunicación y, en general, a mejorar la calidad de su publicación teniendo en cuenta los intereses de sus lectores. Horton admite que a los directores les fascina el enfoque periodístico de los temas, al igual que a su público que, lejos de lo que podría parecer, está formado por no especialistas en una gran mayoría. Horton entra de lleno en la discusión sobre las relaciones con los medios y en el tema de la edición electrónica. The Lancet se siente responsable en hacer que la ciencia llegue al público en general, pero sin ningún tipo de censura. Así, apuesta por utilizar el sistema web, así como por incorporar un enfoque más atractivo en los press releases aunque se trate de estudios preliminares.

Horton reconoce la injusticia hacia la ciencia de los países no anglófonos aunque no vislumbra ninguna solución de momento.

¿Cree que la relación entre la elección científica y el interés periodístico han cambiado con los press releases? Algunos artículos pueden recibir una mayor atención no porque sean muy importantes desde el punto de vista científico, sino porque traten temas sorprendentes o interesantes desde el punto de vista periodístico. ¿Qué piensa de todo ello?

R.H.: Creo que los directores viven en dos mundos totalmente diferentes que se les hacen imposibles de encajar. Uno es el mundo de la ciencia y la investigación, en el que todo debe hacerse con sumo cuidado, pensándolo bien, con rigurosos estudios; y el otro mundo es el del periodismo, donde la vida da saltos, las ideas son osadas, se toman decisiones al momento basándose en la intuición y en reacciones de choque. Un mundo emocionante, como si fuéramos una revista de noticias. Como directores, no podemos decidir cuál de las dos cosas queremos ser. ¿Queremos ser el periodista intrépido o el editor reflexivo y cuidadoso? Creo que esta confrontación muestra que los directores hoy día se están decantando porque están sufriendo una crisis de confianza. De pronto, se ven presionados a ser muy científicos, muy precavidos, a apostar sólo por cosas que pueden demostrar con pruebas. Pero el peligro de esta postura es que olvidemos que sólo existimos gracias a nuestros lectores, y que tenemos que publicar material que sea interesante, y que si nos centramos tanto en la ciencia y en el método, perdemos a nuestros lectores, porque no estaremos publicando material que les interese. Así que, creo que debemos recordar lo que significa la palabra «periodista» y que nosotros somos un tipo especial de periodista. Somos escritores y no somos científicos, y necesitamos conseguir el equilibrio más en dirección hacia el lector.

Entonces, ¿considera que los press releases son útiles?

R.H.: ¡Sí, sin duda! Quiero decir, enviamos nuestro press release cada semana con The Lancet, y es esencial que intentemos guiar a los periodistas para que escriban en los periódicos y revistas sobre los temas que nosotros creemos importantes, pero también sobre temas que sean nuevos y algo arriesgados. Ellos los pueden poner en el contexto adecuado. Así, cuando llegue la próxima enfermedad de las vacas locas, no tendremos noticias locas sobre que va a ser peor que el sida, y tendremos un periodismo más reflexivo. Pero como los directores no pensamos como periodistas, no pensamos en los medios, no pensamos en los lectores, tendemos a perder el sentido de la importancia de los temas que publicamos para el público en general. Y creo que es un gran defecto por nuestra parte.

Pero existe el riesgo que se publique un artículo interesante basado en un estudio preliminar sobre el tratamiento de una enfermedad, por ejemplo, y que lo publiquen muchos periódicos. Los lectores pueden quejarse después si las conclusiones posteriores demuestran la invalidez del estudio...

R.H.: Existe el peligro de aumentar las expectativas de los lectores y luego no satisfacer esas expectativas, pero también existe el juicio de los periodistas sobre si las noticias que se escriben están escritas con rigor, y hay que persuadir a los directores de que se deben escribir con mucho rigor. Si la ciencia se ve como una fuente de nuevas curas, saldrán estas exageraciones. Pero si la ciencia se ve como lo que es, y es un cúmulo de minúsculos avances acumulados durante años (el progreso), la gente entenderá que de un día para otro nunca se cambia nada drásticamente. Por ejemplo, aún no sabemos a ciencia cierta si la enfermedad de las vacas locas es la enfermedad de las vacas locas, a pesar de los millones de líneas de tinta que han aparecido en los periódicos. Tenemos un papel muy importante en la comunicación al público de lo que es la ciencia en realidad.

Además, lo que pasa es que a menudo se disocia el título y el tema, así que el texto puede decir: «Hay que ser prudentes, hay que tener en cuenta que este estudio es preliminar», mientras que en el título diga: «Nueva cura para el cáncer».

¿Qué título? ¿El del periódico o también el del press release?

R.H.: Bueno, esa cuestión es muy interesante. Quizá sí que nosotros propiciemos la discusión sobre los artículos, pero creo que es bueno que intentemos comunicarnos con los periodistas y con el público. No creo que sea bueno evitar toda comunicación, como hacen algunas revistas científicas.

Desde el punto de vista social, ¿quién debe decidir cuándo vale la pena publicar algún estudio preliminar? ¿Quién tiene la responsabilidad de la publicación?

R.H.: Bueno, hay que tener cuidado en este tema, porque estamos hablando de censura al público. Por una parte tienes razón, pero debemos ser precisos y no exagerar el artículo en el periódico, pero si decimos que no vamos a dar un artículo porque pensamos que es demasiado preliminar, entonces eso es censura. Creo que tenemos que respetar a los lectores de revistas y periódicos.

Algunos dirán que esto no tiene ningún interés y que es aburrido, algunos dirán que es la solución definitiva al cáncer, pero quizás haya un grupo intermedio que lo lea y crea que es interesante, que no está aún demostrado, pero es interesante. Siempre te vas a encontrar con gente que crea que se trata de una nueva cura. Y nunca podrás evitar que lo piensen, porque es así como algunas personas leen las noticias. Leerán otra sobre Rusia y pensarán que va a empezar una guerra nuclear. Es su modo de leer los periódicos y no los vas a cambiar. Así que deberíamos ser más abiertos, sacarlo todo, y dejar que los lectores decidan. Lo que tenemos que hacer es escribir los mejores artículos y lo más equilibrados que podamos. Es todo lo que podemos hacer. Pero que decida el lector.

¿Usted y su publicación se sienten responsables de hacer llegar la ciencia al público general?

R.H.: Sí, ahora tenemos un web, y un tercio de las personas que lo miran no tienen nada que ver con la medicina. Son gente normal de la calle. De hecho hay una gran cantidad de lectores de The Lancet, revista especializada en medicina, para los que nunca escribimos, así que deberíamos planteárnoslo. Si ves The Lancet, nunca pensarías que alguien la leyera en un autobús o en un café. Sin embargo miran el web. ¿Qué es lo que pasa? Tenemos que pensar en el resto de la gente, tenemos que pensar en este público general. He cambiado de opinión sobre este tema en los últimos seis meses. Porque cuando empezamos con el web sólo imaginaba que otros médicos lo mirarían y nunca hubiera creído que tanta gente de público general se interesara por lo que publicamos. Ahora cada vez más me pregunto si esto o aquello interesará o será importante, o si escribimos tal artículo para un miembro del público en general… El web contiene sólo las partes periodísticas con los resúmenes de los artículos. No publicamos todos los métodos, estadísticas y resultados.

¿Qué opina de la preimpresión on-line?

R.H.: Creo que es una gran idea. Me gusta mucho. Pero existe un peligro, porque tienes que hacer una revisión por pares antes de ponerlo en el web. Porque si publicas algo en el web que sea muy atrevido, se hace plausible pensar que de verdad estás loco. Podrías hacer mucho daño con eso. Por eso creo que debería pasarse antes por un período de revisión por pares excepto en el caso de que el manuscrito esté comprobado. En ese caso sí veo bien ponerlo on-line e invitar a que la gente lo comente. Creo que el web del Medical Journal of Australia es muy bueno. Revisan el artículo, lo aceptan, y entonces lo ponen en el web para recibir comentarios. Es un buen método, creo.

¿Qué tiene que decir sobre la dificultad de publicar trabajos para los científicos no anglófonos?

R.H.: Bueno, el idioma inglés es una limitación por sí mismo. Ninguno de nosotros lee literatura en español. ¿Por qué? Porque no hablamos español. Así, todo el trabajo de investigación de un país publicado en español queda fuera de nuestro alcance. Supone una limitación increíble.

No existe una solución fácil. Lo único que podemos hacer es considerar y respetar, mirar hacia el exterior, hacia los idiomas de otros países y darnos cuenta de que existe ciencia también allí. Aunque ya sabes que es un enfoque muy idealista.

¿Existe algún estudio sobre artículos de origen no anglófono publicados por ejemplo en The Lancet?

R.H.: No lo sé. No creo que nadie haya hecho ese tipo de estudio. Creo que las revistas españolas deberían publicar resúmenes en inglés. Por lo menos los científicos se leerían el resumen. Viendo de qué se trata, si creen que es interesante, pueden escribir a los autores y ponerse en contacto con ellos. Así que tener el resumen sería una buena cosa. Tampoco sé de qué se habla en medicina en España, no sé cuáles son los temas, y sin embargo estoy seguro de que son interesantes pero, con la barrera del lenguaje, es difícil llegar a ellos.



RICHARD SMITH
British Medical Journal
(BMJ)
 

El director del BMJ tampoco tiene reparo en reconocer la fascinación que les causa a los directores actuar como periodistas desde la dirección de sus respectivas publicaciones. Admite que uno de los objetivos del press release es aumentar la cobertura mediática de la revista. Tampoco niega la influencia que los criterios periodísticos tienen sobre la selección de artículos científicos. Según Richard Smith no existen problemas importantes para los autores de países de fuera de Gran Bretaña.

Nos interesa la relación entre las revistas y los medios de comunicación.

R.S.: Sí, creo que a mucha gente. Es un terreno peligroso. Yo creo que los directores tienen una relación como de amor-odio con los medios, porque les encanta que cubran sus temas. En particular, en el caso del British Medical Journal, The Lancet y JAMA, sin duda, es una manera de aumentar los lectores entre los médicos y los científicos, así como entre los periodistas y el público. A todos les gusta, pero a la vez les molesta que se informe incorrectamente o tergiversando. Debo decir que, por la experiencia que yo tengo, la mayoría de las veces los periodistas son muy razonables.

Por otra parte, los directores de las revistas médicas, en particular revistas como BMJ o The Lancet, somos bastante periodistas, y por ello no tenemos esta familiaridad con la epidemiología, como, por ejemplo, otros directores. Sabemos que hay que escribir noticias cortas, y muy rápido, y que hay que encontrar el punto medio entre llamar la atención y dar hasta el último dato. En Gran Bretaña --no sé español ni alemán-- la impresión que tengo es que los periodistas hacen un trabajo bastante bueno, y los americanos también. La mayoría de los periódicos hoy día tienen páginas de salud, pero no muy elitistas, más bien se basan en temas de interés humano y no se centran mucho en la educación. Sé que gran parte de la población busca eso, pero creo que existe un grupo que querría entender cómo son las cosas más complicadas en diferentes niveles de comprensión, y que querrían artículos que ofrecieran más datos y más información de la que se da en los periódicos británicos. The New York Times tiene un suplemento de salud que es un acierto, en ese sentido. Mientras que lo que me preocupa en Gran Bretaña es que los periódicos tienden a ir a lo popular. Los artículos son cada vez más cortos y se hacen cada vez más de forma sensacionalista.

¿Cree que la relación entre las revistas médicas y los medios de comunicación pueden afectar las decisiones editoriales?

R.S.: Bueno, creo que no podemos pretender trabajar en ambos sentidos. A veces, la gente nos dice que deberíamos publicar determinados temas en una revista en la que podamos esperar que nadie lo vea, pero no creo que sea una buena estrategia. Si publicas el artículo en el BMJ puedes asegurarte de que aclaras que es preliminar y que es difícil saber lo que significa, y puedes hacer eso mediante el press release.

Por otra parte, honestamente creo que tener difusión fuera de los ámbitos especializados probablemente influye en lo que publicamos. Todos somos humanos y tenemos el mismo interés. Si un hombre muerde a un perro es mucho más interesante que si un perro muerde a un hombre, y los médicos, como cualquier persona, tenemos valores periodísticos (aunque el director del New England Journal of Medicine probablemente lo negaría). Lo cual no significa que publiquemos algo que sea una soberbia tontería sólo para conseguir grandes titulares.

Creo que tenemos claro que nuestro principal público son los médicos de todo el mundo, en los que pensamos la mayoría del tiempo. Pero también pensamos en los medios, aunque están bastante por debajo en nuestra lista de prioridades, y en los pacientes. De modo que, por ejemplo, tenemos reglas muy estrictas sobre la confidencialidad de los pacientes y sobre cómo conseguir el consentimiento informado antes de publicar un estudio. Intentamos trabajar bien todo aquello que pueda crear un estado de ansiedad, pero dejando muy claro el mensaje.

El problema es que sobre un determinado tema van apareciendo declaraciones de distintas fuentes de modo escalonado. A veces, alguien opina antes de que los científicos puedan tener en sus manos el artículo científico. Tenemos muy claro que no podemos controlar eso en absoluto; toda la información debería aparecer de una vez, de modo que hubiera un artículo científico, una revista de revisión por pares, una conferencia de prensa, un press release, consejos para los pacientes, etc. Todo ello debería hacerse de una vez, no de forma escalonada. De este modo es más fácil conseguir una reacción razonable del público. Seguro que va a originar más problemas si los primeros resultados se dan mediante un anuncio del Gobierno y el artículo aparece, después, por su cuenta, como pasó en el caso de las vacas locas.

A través del press release, ¿se siente responsable de lo que se le explica en última instancia al público?

R.S.: Sí, aunque no quiero controlar los medios. Intentamos sacar nuestro mensaje de la forma más clara que podemos: ponemos los artículos a disposición pública, recomendamos que se hable con los autores, etc. En definitiva, todo lo que pueda hacer que la cobertura sea buena. Pero no podemos controlar los medios de comunicación, porque seguirán haciendo locuras, y lo harán siempre.

¿No cree que es muy difícil evaluar la calidad del tratamiento por parte de los medios de comunicación? A menudo, a los científicos sólo les interesa que los conceptos queden claros pero también está el interés social...

R.S.: Sí, por supuesto, pero existe un instrumento desarrollado por Oxman, un investigador que estuvo en Canadá y que ahora trabaja en Noruega, que puede medir la calidad de lo que se publica.

Aunque creo que uno de los mensajes que ha surgido del congreso de Praga es que quizá los directores nos dejamos llevar un poco por el uso de métodos de epidemiología clínica para estudiar cuestiones que se analizarían mejor con métodos de ciencias sociales. Por otra parte, no creo que sea muy acertado intentar evaluar y controlar los press releases. Quizás existan mejores métodos para conseguir que tengan una mayor eficacia.

¿Sabe cuál es el porcentaje en su periódico de artículos de autores de países no anglófonos?

R.S.: Ahora no puedo facilitar datos exactos, por que no los recuerdo, pero recibimos unos 5000 artículos cada año, y casi un 40 % proceden de fuera de Gran Bretaña. Creo que el índice de publicación podría ser ligeramente mayor en el caso de los artículos de fuera de Gran Bretaña. Hay un número importante de artículos británicos que tratan de tonterías observadas por médicos rurales y que nunca se publicarán. Si alguien nos envía un artículo de España, a menudo es un buen artículo. No recuerdo cuántos artículos recibimos de España, pero creo que unos 60 o 70 al año, lo que es bastante. Hay que decir que ha habido un aumento continuado en el número de artículos de fuera de Gran Bretaña, mientras que ha disminuido el número de artículos procedentes del Reino Unido.

¿Sabe si existe algún estudio sobre las citas de artículos de autores no anglófonos en mayor proporción que la media?

R.S.: No lo sé, pero no sería difícil de hacer. Sospecho que será más o menos lo mismo. Sin embargo, sí existe una gran diferencia en otro aspecto: la mitad de los artículos que se publican nunca son citados. Aunque la proporción es algo menor en el caso del BMJ, pero algunos artículos que se publican nunca los mira nadie, mientras que otros son citados muchísimo. No es una distribución normal.



FLOYD BLOOM
Science

La revista Science sorprendió a todos en agosto de 1996 al implicarse en una operación mediática protagonizada por la NASA. Los resultados de un estudio sobre la posible existencia de vida en un meteorito procedente de Marte se dieron a conocer a los medios de comunicación antes que nadie fuera capaz de leer el artículo científico. El artículo, sin embargo, apareció antes que venciera el embargo habitual. Paradójicamente, su director comenta cómo el servicio editorial y el departamento de comunicación funcionan de forma separada, sin ningún tipo de influencia entre ambos.

¿Cómo se estructura el departamento de prensa que elabora los press releases en su publicación?

F.B.: En el caso de Science, la decisión sobre lo que se debe incluir en el press release no la toma el director de la revista. En Science seleccionamos los temas que deben figurar en nuestra columna especial llamada «This week insides» («Esta semana incluimos»), pero en el caso de los press releases, la decisión corre a cargo de los periodistas. La toma el departamento de comunicaciones, así que va absolutamente separada del proceso editorial, y lo hacen estrictamente basándose en lo que estiman que es de interés público. Determinadas cosas siempre son de interés para la prensa: descubrimiento de reliquias históricas, hallazgo de nuevos fósiles, algo novedoso del espacio exterior, avances médicos, etc. Eso se hace bastante independientemente del proceso de revisión.

¿Cuál es la relación entre el momento del proceso de validación en que se publica algo y el impacto que pueda tener?

F.B.: Si el director juzga que el impacto de un artículo puede ser muy alto, por ejemplo la descripción de la posibilidad de vida en Marte, damos la información enseguida porque las noticias referentes a ese artículo ya han empezado a circular entre los periodistas que no han obedecido el embargo. No podemos obligar a los que deciden obedecer el embargo ni a los que escogen no respetarlo. Así que, en esos casos, damos la información, como, por ejemplo, en el estudio sobre las posibles variaciones en el virus del sida.

Si el asunto es muy, muy importante, a veces rompemos nuestro propio embargo o notificamos a toda la prensa que lo hagan. Aunque es arriesgado hacerlo porque quizás no da a los periodistas el tiempo necesario para hacer todas las diligencias para comprobar si nuestro juicio es razonable o si estamos equivocándonos. Queremos creer que los periodistas usarán el tiempo de que dispongan para entrevistar otras fuentes de calidad para decidir lo que realmente es importante. Por eso les decimos: «Esto es lo que hay, y esperamos que lo encontréis interesante, y estas son las personas con las que podéis contactar y pedir información».

¿La revista se siente responsable del impacto de un artículo entre el público? Por ejemplo, difundiendo tratamientos preliminares que aún no tienen aplicaciones.

F.B.: Bueno, estamos jugando con nuestra propia reputación. Si publicamos algo que es obvio que no tiene sentido, y el periodista entrevista a otros científicos que dicen: «Esto nunca se tendría que haber publicado», no nos interesa.

Por otra parte, si fuera demasiado preliminar, no superaría nuestros criterios de publicación. Por lo que se refiere a Science, los tratamientos médicos pocas veces se publican en nuestra revista. Los diagnósticos o causas de enfermedades son noticias mucho más frecuentes, y por ello es mucho menos probable que impacten en los procedimientos prácticos, porque sólo tienen valor para el diagnóstico posterior o para estudios futuros que confirmen si algo realmente es la causa de una enfermedad.

Sobre la supuesta «Vida en Marte» que publicó Science, parece ser que ahora se reconoce que no se trataba de un descubrimiento tan importante ¿No fue muy precipitada toda la operación de publicidad que se montó?

F.B.: Hemos observado un gran número de esfuerzos para rebatir las ideas de ese artículo, y no han tenido mucho éxito. Analizamos el estado del artículo, y desde luego estimulaba la investigación de los expertos, pero nadie ha podido rebatir la convergencia de las estadísticas o de los datos. Cada idea particular ha recibido críticas, pero en definitiva nadie ha probado que se tratara de artefactos. Dicen que podría ser mejor. Tampoco hay pruebas científicas de eso, así que esperamos que las sondas de Marte, cuando vuelvan con sus muestras, ayuden a confirmar o rechazar el procedimiento. Lo cierto es que ha estimulado a una gran parte del público, así que hemos conseguido que los lectores se impliquen en la ciencia, y se ha aumentado el interés en las exploraciones en Marte como procedimiento. En la medida en que el público se identifica más con la ciencia y con la exploración científica, creo que ha sido un ejercicio útil y, por ello, no lamentamos en absoluto haber publicado el artículo. De hecho, el estudio, se sometió a una revisión escrupulosa, y no pudimos encontrar vacíos o contradicciones, como tampoco ha podido nadie rebatir las conclusiones a las que se llegaba, así que lo considero un ejercicio útil.

¿Cuál cree que sería una buena estrategia para los países de habla no inglesa para poder competir en el mundo de la comunicación científica global?

F.B.: Estrictamente con el propósito de comunicar sus ideas y sus datos siempre aconsejamos que busquen a alguien que tenga el inglés como lengua materna para que se lea el artículo y asegure que las ideas del autor se expresan claramente. Porque los revisores no disponen de mucho tiempo y están haciendo un servicio extraordinario al actuar de forma voluntaria. Si se les complica la comprensión, es probable que se les confunda y las oportunidades que tenga el autor disminuirían injustamente si no ha sido capaz de explicar con claridad sus observaciones y de dónde surgen.

¿Sabe cuál es el porcentaje en su revista de artículos presentados por autores de países no anglófonos?

F.B. : Cerca de un 35 % de los artículos presentados provienen de fuera de Estados Unidos. Eso incluye a Gran Bretaña, pero Gran Bretaña es una fuente de información modesta. Yo diría que de ese 35 % no más del 5 % proviene de Gran Bretaña y Australia, así que el resto procede de Francia, Alemania o Japón (son muchos los artículos que provienen de Japón, casi tantos como del resto de países).

¿Tiene noticia de autores no norteamericanos que hayan publicado en Science y luego hayan experimentado un aumento en el número de veces que se les cita después?

F.B. : No le damos gran importancia al impacto de los artículos después de su publicación. Los artículos de revisión siempre tendrán un impacto mayor a posteriori que los artículos originales, porque tienen una audiencia mucho mayor. No hemos hecho el análisis, así que no sé, pero yo diría que, en general, si una persona publica dos veces en la revista Science, verá aumentado su reconocimiento público, le será más fácil que se le acepten artículos posteriores en nuestra revista y en otras, así que sí tiene un ligero efecto. Por supuesto si el artículo es malo, el efecto es el contrario.

¿Qué opina de la preimpresión on-line?

Nuestra posición, que declaramos bastante abiertamente, es que si distribuyes al azar o de forma abierta a todo el mundo un artículo lo consideraríamos una publicación pirata, y no podría presentarse a la revista Science. Si lo haces circular entre un grupo cerrado de personas que son expertos en el campo para obtener su feedback, entonces eso no lo descalificaría. Pero si se monta en el web de forma abierta para que todos lo lean resultaría imposible distinguir ese artículo con su título y su autoría de lo que podríamos publicar posteriormente, y sólo nos interesa el material original.

 

AXEL KHAN
LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS Y LOS CLÓNICOS PUEDEN ATENTAR CONTRA LA DIGNIDAD HUMANA, PERO NO CONTRA LA SEGURIDAD
Mónica López Ferrado

Axel Kahn es director del Laboratorio de investigación de patologías genéticas y moleculares del Institut National de la Santé et de la Recherche Medicale (INSERM) y ex presidente de la Comisión de genética biomolecular del Gobierno francés, organismo gubernamental encargado de examinar la seguridad para los seres humanos y el medio ambiente de los organismos transgénicos. Kahn decidió renunciar a su cargo tras la decisión del Gobierno francés de permitir el consumo de maíz transgénico pero prohibir su cultivo, por considerar esta medida «incoherente».

  

El alto compromiso de este investigador con el debate público en torno a la ética de la ciencia del DNA también le ha llevado a emprender otras iniciativas. El pasado año, nada más conocer de la existencia de Dolly, manifestó desde el monográfico sobre clonación que Nature editó on-line la urgencia de una reglamentación internacional sobre la clonación. Ahora, justo cuando en el seno de la Unión Europea se acaba de aprobar el protocolo que prohibe la clonación humana, publica su nuevo libro Le clonage en question, en el que, siguiendo la reflexión que inició en su libro anterior Le medicine du xxiè siècle, analiza el futuro de la biotecnología, sus peligros y beneficios, su significado social --y por lo tanto, según afirma él mismo, sus poderes-- y el papel que la genética ha jugado a lo largo de la historia.

Diecinueve países del Consejo de Europa acaban de suscribir el protocolo que prohibe la creación de seres humanos mediante la técnica de la clonación. ¿Cuál es su opinión sobre la introducción de este primer instrumento jurídico a escala internacional? 

La clonación resulta muy interesante para la ciencia, ya que uno de los más fantásticos retos de la biología es precisamente entender los mecanismos que intervienen en el desarrollo y la diferenciación de los seres humanos. Por supuesto que el progreso de la genética posee grandes posibilidades para mejorar el futuro de la salud y el bienestar de la humanidad. Ahora bien, como método de reproducción creo que supone un importante peligro para la dignidad humana teniendo en cuenta que gran parte de la libertad individual radica en que los seres humanos somos impredecibles y únicos.
Estoy completamente de acuerdo con este protocolo porque precisamente trata sobre la dignidad humana. Si pudiésemos decidir sobre los genes de otros seres humanos, esto introduciría una relación entre creador y criatura que iría absolutamente en contra de los principios básicos de los seres humanos, su autonomía y su independencia. Si las naciones de todo el mundo estuvieran de acuerdo con este análisis, debería llegarse a un acuerdo de prohibición a escala internacional, apoyado por una declaración por parte de las Naciones Unidas.

En su anterior libro, La medicina del siglo XXI, usted ya prevenía sobre los riesgos de la ingeniería genética, afirmando que no se encuentran donde parece. ¿Dónde están? 

La ingeniería genética no es peligrosa por sí misma. Con las plantas transgénicas o los clónicos no existe un riesgo intrínseco, y los pocos riesgos que se les pueden atribuir, con frecuencia, son dudas que a corto plazo se disiparán. El riesgo real es que todas estas técnicas pueden atentar contra la dignidad humana, pero no contra la seguridad.
Tanto los científicos como los ciudadanos deben permanecer alerta y seguir los avances de la ciencia con el fin de sacar el máximo beneficio y, por lo tanto, detectar al mismo tiempo tanto sus posibilidades como sus peligros.

¿Y qué puede decir sobre los riesgos evidentes? 

Actualmente, existe un debate entre la población sobre las técnicas utilizadas por la biotecnología, como es el caso de las plantas transgénicas. En realidad, la utilización de la ingeniería genética tampoco es tan nueva. Todas las variedades de plantas de que hoy día disponemos son diferentes de cómo eran hace 10 000 millones de años ya que el hombre siempre ha intentado mejorar las variedades que ha cultivado.
Ahora bien, antes la mejora de las plantas implicaba la transferencia de un gran número de genes. Actualmente, la ingeniería genética permite limitar la modificación genética porque es muy selectiva. Un gen, un carácter. Por este motivo, intrínsecamente no se puede decir que sea peligrosa. Pero también es cierto que hay que evaluar su seguridad caso por caso. En definitiva, se trata de un problema de aceptabilidad social que, como persona democrática, creo que es la población quien finalmente debe decidir. Y tienen todo el derecho a no querer plantas transgénicas. Al igual que tienen todo el derecho a estar bien informados y a que sean los científicos quienes respondan a sus dudas con respuestas científicas.

¿Cree que los científicos han sabido comunicar correctamente a la sociedad los logros de la ingeniería genética? 

Es una pregunta difícil de contestar. Nos resulta muy difícil comunicar correctamente ya que, en estos momentos, la confianza de la población hacia la comunidad científica es muy baja. Las convicciones que en estos momentos tiene la población sobre la seguridad de las plantas transgénicas son tan fuertes que, por el momento, ninguna explicación científica ha sido capaz de suprimirlas. Por parte de la ciencia, creo que ahora más que nunca es necesario proponer respuestas razonables, aunque está claro que por el momento estas respuestas no han sido capaces de eliminar al cien por cien todas estas convicciones.

¿Por qué abandonó el pasado año la presidencia la Comisión de genética biomolecular tras la decisión del Gobierno francés sobre el maíz transgénico? 

Se trata de un problema de principios. El Gobierno francés debería haber sido coherente. Ante el maíz transgénico tan sólo había dos posiciones posibles. Por un lado, ante la oposición de los ciudadanos, se podía decidir la prohibición del cultivo y el consumo de estos productos. Por otro, después de considerar que el maíz transgénico es un buen proyecto, una planta segura y con un alto potencial biológico, se podía optar por la aceptación tanto de su consumo como de su cultivo, además de dar a conocer a los ciudadanos lo que es una planta transgénica. En definitiva, se trataba de autorizar o no autorizar. Pero con la decisión que finalmente se adoptó, autorizando el consumo pero no el cultivo, lo que se ha hecho es crear una situación contradictoria que lo que ha conseguido en realidad es prohibir el cultivo a los agricultores franceses para autorizar la importación desde Estados Unidos.

Usted ha suscrito el manifiesto que más de 600 científicos franceses han elaborado contra la utilización de la genética por parte del líder de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen, para justificar sus argumentos racistas.

Efectivamente, la reacción de la comunidad francesa al respecto no se ha hecho esperar y se ha suscrito un manifiesto contra estos argumentos anticientíficos. El nazismo y otros movimientos afines siempre han intentado utilizar la genética como argumento. Se trata de un argumento tan viejo como el mundo, pero desde el punto de vista científico no tiene ninguna base. Es evidente que existen diferencias genéticas entre los diferentes grupos étnicos. Ahora bien, en lo que se equivocan es en el concepto de calidad, es decir, en poner en duda la capacidad de algunas razas, como por ejemplo en lo que se refiere a la capacidad intelectual, ya que ninguna etnia es inferior a otra. Todas son iguales y nunca se ha podido demostrar científicamente la desigualdad sobre la que se escudan. Creo que el racismo humano es un concepto falso y que, en definitiva, las diferencias étnicas tampoco son necesarias para que exista, ya que muchas veces no tiene nada que ver con ello.

¿Cuál es su opinión sobre la utilización de los tests genéticos para detectar el Alzheimer y otras enfermedades? 

Cuando el test genético permite la prevención de una enfermedad o su curación es fantástico, porque significa un progreso importante para la calidad de vida de los pacientes. Ahora bien, cuando lo que intenta es detectar una enfermedad que no se puede prevenir ni curar, entonces la situación se complica. En ese caso tan sólo puede tener sentido en familias donde existe el riesgo de padecer alguna enfermedad genética porque puede ayudar a clarificar la situación. En muchos casos es el propio paciente quien pide el test, lo que significa que tiene miedo de padecer la enfermedad y vive atormentado por esta idea. La prueba puede clarificar la situación y, sea cual sea la respuesta, la desaparición de esta duda muchas veces hace que la situación psicológica del paciente sea mejor. Ahora bien, los tests genéticos también pueden utilizarse con otros fines, como en una prueba de trabajo, a la hora de contratar un seguro de vida... y, entonces, su utilización quiebra el derecho de igualdad de todos los seres humanos, haciendo al hombre dependiente de sus genes.