EL TRABAJO COMO ADICCIÓN
Rosa Sender
Ediciones en Neurociencias, Barcelona, 1997
Este libro llena de vino nuevo, la adicción al trabajo, el odre viejo del patrón A de conducta. Éste es, como se sabe, un tema clave de la investigación psicobiológica desde hace nada menos que medio siglo. Como hay médicos, incluso de los que se pretenden insignes, que desconocen el patrón A, no está de más dedicarle unas líneas, al hilo de lo que nos dice la Dra. Sender.
No fueron psiquiatras, sino cardiólogos, los que en los Estados Unidos de los años cincuenta observaron un importante factor de riesgo coronariopático: el patrón de conducta al que denominaron A, presentado por sujetos en permanente despliegue de energía, siempre vigilantes y controlando el medio. Luego vinieron los estudios epidemiológicos de los años sesenta y setenta, que confirmaron lo anterior. Los últimos 20 años han dado cuantiosos trabajos de investigación, por fuerza complejos, pues, entre otros, se dirimen aquí problemas como la motivación y el hábito. Ahí es nada. Algunos podrán tildar baladí tanto esfuerzo por ocuparse del «ejecutivo agresivo» como espécimen, pero no es sólo eso. Demos una mirada a la media docena de rasgos del individuo A: necesidad de conseguir objetivos y de competir, además del reconocimiento social subsiguiente; propensión a acelerar la realización de cualquier tarea, aunque sea cortar el césped; un exagerado estar alerta, siempre, tanto mental como físicamente, e implicarse en múltiples actividades a plazo fijo.
¿No es esto lo que pide el mercado laboral? Los propios americanos han hablado hasta la saciedad del perfecto ensamblaje que hay entre las características definitorias del patrón A y los requerimientos sobre las personas con afán de competir en la economía de mercado. Es un filón antropológico-cultural que nunca ha dejado de explotarse y que añade valor al tema. Velocidad e impaciencia, hostilidad, competitividad, implicación laboral y preocupación por los rendimientos, que en síntesis de la autora caracterizan al patrón A, también describen con precisión el perfil del poder en las sociedades industrializadas.
Al sujeto A, su mujer le dice que se tome la vida con más calma, que no coma ni camine tan rápido, que no se levante de la mesa no bien termina de comer. Le es imposible hacer un poco de cola para ir al cine. Esperar le pone enfermo y la ansiedad anticipatoria le desborda. Cuando le hablan, piensa en otra cosa por simple impaciencia. Cronometra sus actividades diarias: el tiempo que tarda en afeitarse, en ir de casa al garaje, en hacer una llamada telefónica Por supuesto, carece de tiempo para fantasear. Más que patrón A parece un pobre diablo. Pero lo que necesita este perfil conductual no es sorna, sino ayuda. Constituye un problema cínico grave no se olvide que hay riesgo de muerte por infarto de miocardio y hay que tomarlo muy en serio.
Esto es lo que ha hecho la autora, uno de los psiquiatras españoles que más sabe sobre patrón A de conducta y pionera en el tema. Repasa las relaciones familiares y laborales de este adicto al trabajo, las circunstancias de la vida que atraviesa y de qué modo peculiar inciden en él, problemas como envejecer (anticipa los achaques con horror) y, por supuesto, qué hacer con estos sujetos. La Dra. Sender nos dice que no procede retirar la droga trabajo a estos dependientes conductuales. Tiene razón. Sería una solución simplista para un problema complejo (véanse los cinco casos clínicos que aporta la autora) y, sobre todo, el paciente nunca la aceptaría. De este libro se deduce que lo que requiere la adicción al trabajo es más bien una terapia de mantenimiento, algo que también se halla en la línea con lo que se viene diciendo a propósito de la heroinodependencia. Quizá sea esto una prueba más a favor de la analogía entre la actuación del sujeto A y la del drogadicto.
En todo caso, es altamente recomendable esta monografía que trata del patrón A de conducta como adicción al trabajo. Es un libro claro, ameno, informativo, bien escrito. Los psiquiatras Rosa Sender y Manuel Valdés, autor del prólogo, unen a sus saberes la maestría en el manejo de la pluma. Un libro así exige una lectura de principio a fin, aquí agradablemente adictiva.
J. Solé Puig
MEDICINA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Traducción al español de una serie publicada en la revista The Lancet
Varios autores
Fundación Dr. Antonio Esteve,
Barcelona, 1997
El número 21 de la serie Monografías Dr. Antonio Esteve recoge una serie de nueve artículos que se publicaron en la revista médica inglesa The Lancet en 1996.
Pia Pini, editora de la revista The Lancet, intenta explicar a sus lectores, en este caso médicos, cómo ven los periodistas las noticias de medicina para poder entender por qué los medios de comunicación publican unas noticias y no otras. Para ello ha pedido a distintos periodistas y especialistas en comunicación científica su opinión sobre la comunicación médica.
Los artículos publicados en Medicina y medios de comunicación son los siguientes:
- «Medicina y medios de comunicación» de la mencionada Pia Pini centra el debate sobre el valor de la noticia, las fuentes de la misma, el problema del fraude científico, la influencia y el poder de los medios de comunicación...
- «¿Qué hechos merecen ser noticia?» Vladimir de Semir, director y profesor asociado de Periodismo Científico del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universitat Pompeu Fabra, explica qué factores influyen en la selección de noticias y las dificultades que hay en esta selección, así como la influencia de las fuentes en la misma.
- «Comprensión pública de la ciencia» de Jon Turney, del University College London, comenta que la comprensión científica no es solamente una cuestión de alfabetismo científico, sino que también implica confianza en los científicos, en los médicos y en las fuentes de información.
- «Las series televisivas y el debate sobre la sanidad norteamericana» de Joseph Turow, de la Universidad de Pennsylvania, plantea algunas preguntas sobre cómo han influido las noticias y las series televisivas en las expectativas que se ha hecho el paciente de los profesionales sanitarios.
- «Fuentes de información científica: ¿en quién podemos confiar?» de Tom Wilkie, editor científico de The Independent, se centra en el hecho que las publicaciones revisadas por especialistas se consideren fuentes especialmente fiables.
- «La norma Ingelfinger, los embargos y la revisión especializada de artículos» (partes 1 y 2) de Lawrence K. Altman, corresponsal médico de The New York Times, explica en dos capítulos el protocolo a seguir para adoptar la norma Ingelfinger.
- «¿Sin Ingelfinger?» de R. Horton, editor de The Lancet, se plantea si ha llegado la hora de revocar dicha norma.
- «Influencia y poder de los medios de comunicación» de Tim Radford, editor científico de The Guardian, cuestiona la importancia de la radio, la televisión y los periódicos como importantes transmisores de educación médica.
- «Una relación difícil: las tensiones entre la medicina y los medios de comunicación» de Dorothy Nelkin, profesora de la Universidad de Nueva York, plantea la distinta función de los científicos y los periodistas a la hora de comunicar ciencia.
La última publicación de la serie Monografías Dr. Antonio Esteve reúne los nueve artículos de la serie en edición bilingüe inglesa y española. Según Sergi Erill, director de la Fundación Dr. Antonio Esteve, la publicación de Medicina y medios de comunicación desea contribuir a mejorar la comunicación entre profesionales de la salud y periodistas en España.
Maria Roura-Poch
COMUNICAR LA CIÈNCIA. TEORIA I PRÀCTICA DELS LLENGUATGES DESPECIALITAT
Patrícia Alberola, Joan Borja, Joan M. Perujo, Josep Forcadell, Carles Cortés,
Josep Bernabeu Picanya
Edicions del Bullent, 1996
El presente libro constituye el esfuerzo de un equipo de profesionales, reunidos en torno al Secretariado de Normalización Lingüística de la Universidad de Alicante, por explicar cómo se han de comunicar con propiedad los conocimientos y la información científica. Tal trabajo resulta esencial en la sociedad presente, donde la velocidad de los cambios científicos no sólo impide la consciencia de la población en cuanto a las transformaciones derivadas, sino también su inteligibilidad y asimilación. De esta forma, el fenómeno actual de favorecer la divulgación científica al conjunto de la población, en aras de una mejor educación, se ve directamente relacionado con la necesidad de comunicar correctamente la ciencia. Convencidos de la importancia de la redacción como la única herramienta del científico o de la divulgación científica para hacerse entender, los autores de este libro reflexionan y explican de forma sencilla los medios y materiales que ayudan a mejorar la capacidad de transmitir la ciencia.
El volumen se articula en ocho apartados, que se ven complementados con un interesante y útil anexo. Los dos primeros capítulos teorizan sobre el significado de los lenguajes de especialidad como manifestaciones lingüísticas y ofrecen definiciones de los conceptos básicos del lenguaje. Asimismo conviene destacar aquí la caracterización de los lenguajes de especialidad, entendidos como el resultado específico de la terminología propia de las diferentes actividades científicas y técnicas. Los autores insisten en la trascendencia de su conocimiento para garantizar de este modo una comunicación adecuada. En el tercer apartado se hace un recorrido por la historia del léxico científico catalán desde el siglo XIII hasta la creación del Termcat en 1985 (centro creado por la Generalitat de Catalunya y el Institut dEstudis Catalans con la idea de promover la investigación terminológica y determinar los criterios lingüísticos que se deben utilizar). Se plantea aquí la cuestión hegemónica de la lengua inglesa en el mundo científico y se reflexiona positivamente en torno a la necesidad del uso de cada lengua como difusores del saber científico, apostando así por el plurilingüismo de la ciencia y de la divulgación científica para acrecentar la educación científica y técnica de cada población. Los capítulos cuarto al octavo se integran en un bloque destinado a proporcionar los elementos principales para la creación de un texto científico. Así, se insiste en la importancia tanto del conocimiento y dominio de las reglas gramaticales como de los recursos propios de cada lengua. Elementos fundamentales para conseguir la comunicación de la ciencia con eficacia. De forma estructurada nos ofrecen una utilísima información sobre la especificidad del lenguaje científico y técnico, sobre la tipología de los textos científicos y sobre la preparación y documentación de los trabajos científicos. El libro concluye con la inclusión de un anexo que conjuga la presentación de términos científicos elementales procedentes de otras lenguas en el lenguaje científico, junto a una extensísima bibliografía de obras terminológicas y de especialidad.
Como manual de introducción a los lenguajes de especialidad, este libro está dirigido principalmente a estudiantes universitarios, pero también al profesorado de enseñanza superior y de secundaria. De hecho, cada unidad contiene un material de apoyo a la docencia con la presentación de propuestas de actividades relacionadas con los contenidos teóricos. Por todo ello, cabe recomendar la utilización activa de este útil libro en las aulas, porque ante el reto de comunicar la ciencia a una sociedad que no debe apartarse de su comprensión, resulta primordial enseñar y aprender a comunicarse con corrección y eficacia a través del mejor vehículo que disponemos, la lengua escrita.
Alfonso Zarzoso