Escribir ciencia o la escenificación de la ciencia
Writing science
Crónica del coloquio organizado por la revista Alliage (Niza, marzo de 1998)
Cristina Ribas y Gemma Revuelta
La revista francesa Alliage, con el apoyo de la Comisión Europea, organizó en el mes de marzo de 1998 un coloquio internacional titulado «Lécrit de la science». Con la dirección del profesor Jean-Marc Lévy -Leblond, director de la revista Alliage, físico teórico en la Universidad de Niza y epistemólogo de las ciencias, expertos europeos debatieron durante tres días sobre la evolución de la ciencia escrita, sus implicaciones en el mundo de la literatura y sobre la transmisión y difusión de las ciencias. Libros de divulgación científica, nuevas formas de comunicación científica mediante las redes electrónicas, los problemas del periodismo científico y otras cuestiones semejantes fueron abordadas por especialistas como Philip Campbell (editor de la revista Nature), Baudouin Jurdant (profesor de la Universidad París-VII), Joost Kircz (Elsevier Science), Jorge Wagensberg (Museo de la Ciencia de Barcelona), Denis Guedj (profesor de Historia de las Ciencias de la Universidad París-VIII), Pierre Laszlo (Universidad de Lieja), Franco Prattico (Escuela de Estudios Superiores Avanzados de Trieste), David Bell (Universidad de Duke) y Vladimir de Semir (Observatorio de la Comunicación Científica, Universidad Pompeu Fabra), entre otros.
Las preguntas a las que se intentó dar contestación fueron:
¿Cuál es el papel que posee el texto escrito en la investigación científica, desde el descubrimiento hasta la circulación de las ideas? ¿Cómo ha evolucionado esta forma de transmisión del conocimiento en el curso de la historia de las ciencias y cómo se pueden comparar en este contexto las diferentes disciplinas, desde las ciencias naturales a las ciencias humanas? ¿Cuáles son las diferentes formas de utilizar el escrito en la investigación? ¿Cómo trata la literatura a la ciencia? ¿Cuál es el lugar de la ciencia y de la técnica en la ficción que crea el mundo de la novela y en el campo de la poesía? ¿Es pertinente el género de la ciencia ficción en este contexto de la transmisión del conocimiento científico? ¿Ha influido el desarrollo científico en las formas contemporáneas de la literatura? ¿Puede tener la literatura en sí misma un componente epistemológico? ¿Cuáles son hoy día la importancia y pertinencia de las formas escritas en la transmisión y en la difusión del saber científico en la cultura general? ¿Qué problemas concretos plantea el periodismo científico escrito? ¿Cuál es el estado actual y el futuro del libro de divulgación científica? ¿Cómo modificarán los nuevos medios electrónicos las formas de transmisión escrita del conocimiento científico y técnico?
Quark, Ciencia, Medicina, Comunicación y Cultura ha seleccionado dos de las ponencias presentadas en Niza como muestra del debate que la propia revista mantiene desde su fundación en todos estos temas planteados: «Los malentendidos de la divulgación científica», del periodista italiano y actualmente profesor de comunicación científica en la Escuela de Estudios Superiores Avanzados de Trieste, Franco Prattico, quien durante años transmitió el conocimiento científico al gran público en las páginas de La Repubblica; y «Las presentaciones cambian. ¿Está cambiando la ciencia?», de Joost Kircz, científico del Laboratorio de Fisicoquímica de la Universidad de Amsterdam, miembro del equipo editorial de la Sociedad Neerlandesa de Física y editor de Elsevier, uno de los mayores grupos editoriales de ciencia del mundo. El lector encontrará a continuación de esta crónica estas dos interesantes aportaciones a una discusión que hoy se está generalizando en el mundo del conocimiento y de la transmisión de las ciencias.
En el campo estricto de la creación científica, muchas de las reflexiones realizadas en el transcurso del coloquio han sido planteadas en el artículo sobre los problemas éticos del progreso científico que escribió el filósofo, antropólogo y director de la Unidad de Bioética de la Unesco, Georges Kutukdjian, en el número de mayo de 1998 de El Correo de la Unesco:
«Hoy día se observa cierto desencanto frente a la ciencia, sobre todo en los países industrializados; el progreso científico plantea, en efecto, algunos interrogantes apremiantes, por ejemplo en el campo de la genética. ¿Quién puede arrogarse, y basándose en qué proyecto social, el derecho a determinar las prioridades y las opciones en materia de investigación científica y de desarrollo tecnológico? ¿Cómo decidir en qué momento preciso los riesgos inherentes al progreso científico dejan de ser democráticamente aceptables? ¿Qué grado de responsabilidad y de solidaridad con nuestros contemporáneos y las generaciones venideras tenemos derecho a esperar del individuo y de la comunidad? Las respuestas a estos interrogantes rebasan con mucho el marco limitado de las deontologías profesionales y de las fronteras nacionales. En un mundo que se caracteriza por una diversificación sin precedentes de los puntos de vista, es indispensable luchar, más que nunca, por la emergencia de valores que contribuyan a mejorar la convivencia humana en el plano tecnológico, ecológico y social. Un enfoque ético de la ciencia exige que los decisores, los especialistas y los representantes de la sociedad civil participen en un auténtico intercambio de ideas y de experiencias a fin de identificar claramente los problemas, formular orientaciones y proponer cambios de cara al porvenir.ª
Estos problemas éticos no son estricta y exclusivamente científicos ya que precisamente su transmisión a la cultura general por mediación del escrito, sobre todo en el actual contexto del periodismo científico, es el que produce una deformación del conocimiento y un exceso de vulgarización que se vuelve en contra del propio debate de las ideas científicas. Ello comporta una trivialización del mundo científico y de la propia figura del investigador. La ola mediática que ha generado la clonación de Dolly desde el año pasado es un buen ejemplo de ello, ya que en la mayoría de los casos los medios se fijan y centran en lo anecdótico, por ejemplo, el caso del pretendido «científico» que se quiere clonar a sí mismo o a los dueños del perro Missy que hacen una donación multimillonaria para poder «reproducir» a su amada mascota cuando está cerca del final de su vida. Algo semejante ha ocurrido y sigue ocurriendo con los asteroides exterminadores de la vida terrestre y temas similares que proliferan en los medios de comunicación de masas, pero que en su origen proceden del propio campo científico, tanto de las revistas especializadas como de los investigadores mismos. Revistas de referencia y científicos parecen haber caído inadvertida o deliberadamente en este juego de la «espectacularización mediática».
Este exceso y los excesos de la divulgación científica perjudica a la creación cultural, desde la ciencia ficción a la propia literatura científica. Las actuales formas de comunicación en el contexto de un público cada vez más acostumbrado a «asistir» desde sus casas al espectáculo el que sea que le llega fundamentalmente por los medios audiovisuales es el gran culpable de esta deriva o deformación del conocimiento.
Es sabido que el conocimiento, cualquier conocimiento que configura la cultura de una sociedad, está basado en la comunicación. Sin una transmisión previa del conocimiento parece inconcebible el avance en cualquier ámbito cultural, y sobre todo es indispensable para el desarrollo de las disciplinas que configuran las ciencias, las tecnologías y la medicina, cuyos nuevos eslabones de progreso siempre están basados en uno previo. Ciencia y medicina han establecido unas reglas específicas para la transmisión de sus conocimientos que se basan en la metodología científica y que suponen la publicación de sus resultados y de la forma en que se ha llegado a ellos en revistas especializadas, llamadas revistas de referencia, que han acreditado su rigor y solvencia al practicar el sistema de peer review, por el que los textos que se someten a publicación son revisados previamente por pares u homónimos científicos y médicos que acreditan independiente y secretamente la validez y novedad de las investigaciones que se pretende dar a conocer mediante tales publicaciones.
Según la Unesco, existen unas 200 000 revistas en el mundo consagradas a las ciencias y medicina, de las que unas 8000 son consideradas como científicas especializadas. Por su parte, el Institute for Scientific Information de la Universidad de Filadelfia ha censado estrictamente 3500 revistas de referencia, en las que ha acreditado un adecuado control de calidad basado en la practica del peer review. Los artículos de estas publicaciones son los que mayoritariamente sirven de base para otros trabajos científicos y médicos, y constituyen el fundamento de la comunicación interna en las disciplinas científicas y médicas, junto a los congresos y naturalmente las relaciones personales entre investigadores y equipos de investigación.
Como con cualquier conocimiento humano, su transmisión no se circunscribe exclusivamente al mundo científico y médico. Desde siempre una parte de los avances y debates que se suscitan en torno a las innovaciones se han trasladado al público pasando a formar parte de la cultura general y del acervo individual de las personas. (En el caso de la medicina esta transmisión constituye uno de los parámetros esenciales del acto médico: la comunicación entre médico y paciente.)
Al mismo tiempo, la traslación de cualquier nuevo conocimiento a la sociedad se ha realizado tradicionalmente por la mediación de la publicación de libros divulgativos y de forma creciente a lo largo del último siglo por los medios de comunicación: primero la prensa escrita, luego, además, la radio y la televisión y más recientemente la red electrónica de Internet. Hoy se puede considerar que las ciencias, la medicina y la salud ocupan a diario la escena pública de los medios de comunicación. Pero, ¿es correcta «la escenificación» que introducen los medios de masas?
Éste fue, en Niza, uno de los debates más dinámicos, suscitado entre el editor de Nature, Philip Campbell , y el director de Quark, Vladimir de Semir. Es conocida la tesis que defiende este último y que Quark ha reflejado a lo largo de su existencia de que las propias revistas de referencia, en cierta forma sacralizadas por el mundo científico y magnificadas por el mundo periodístico, practican desde hace un cierto tiempo y seguramente debido a la gran rivalidad por el prestigio que existe entre ellas «una técnica de vitrina de atracción». Sus press releases influyen decisivamente en la selección y forma en que se dan a conocer al gran público los avances científicos y médicos, y son en la mayoría de los casos incluso los principales y casi únicos responsables en el origen de la gradual espectacularización y trivialización de la transmisión del conocimiento científico y médico entre el público en general (véase en este mismo número de Quark el resultado de una investigación realizada por el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra y publicada en la revista JAMA el 15 de julio de 1998).
La conclusión del debate sobre el papel que desempeñan los press releases y la forma en que los utilizan los periodistas fue que el editor de Nature prometió reflexionar sobre los ejemplos aportados por el director de Quark, sacados en su mayor parte de Nature, y sobre la negativa influencia que, en general, inducen los press releases en la comunicación global de las ciencias y de la medicina, Campbell aseguró que plantearía la cuestión y la utilidad última de estos comunicados de prensa entre sus propios colaboradores y debatiría a fondo estos aspectos con ellos.
Preocupaciones similares y complementarias sobre la comunicación científica también se han ido extendiendo en otras facetas entre los protagonistas del mundo científico. Precisamente Stephan Chambers, director editorial de Blackwell (Oxford, Gran Bretaña) reflexionó en voz alta en el coloquio de Niza sobre «El éxito y los límites de la divulgación científica». Por una parte, Chambers se preguntó si el éxito de la divulgación científica y técnica en este final del siglo xx comporta en sí mismo un fracaso de la difusión de las humanidades y de las ciencias sociales. También añadió su preocupación por el hecho de que el modelo dominante sea el norteamericano, que incluso posee el arma de su cine, omnipresente en el mundo entero. Finalmente, dejó planteados los problemas que se pueden suscitar por que el paradigma dominante hoy día provenga de la biología y de la forma en que es mayoritariamente divulgada.
Independientemente de los debates sobre «Escribir ciencia», el coloquio sirvió para que los participantes coincidieran en poner en evidencia la poca atención que el mundo académico presta a la comunicación científica y a la necesidad de que se impulsen estudios de este tipo tanto en las facultades científicas y médicas como en determinadas áreas de conocimiento de las ciencias sociales, sobre todo en comunicación y periodismo. Asimismo surgió la idea en la que habrá que profundizar de que revistas como Alliage, Quark o una nueva de las mismas características que se está gestando en Trieste (Italia) puedan colaborar estrechamente y se enriquezcan respectivamente de la pluriculturalidad que nos brinda Europa frente a la invasión de pensamiento único de procedencia norteamericana.
Cristina Ribas
Bióloga, periodista especializada en ciencia. Es actualmente coordinadora del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Dentro de este grupo especial de investigación se dedica al estudio de las prácticas profesionales en periodismo científico y al papel de las mujeres en la ciencia. Trabaja también como colaboradora de ciencia y tecnología en distintos medios de comunicación. Directora de «El Diari de Barcelona digital».
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Gemma Revuelta
Licenciada en medicina por la Universidad de Barcelona y Máster en Comunicación Científica por la Universidad Pompeu Fabra. Su área de investigación se ha centrado en las relaciones entre la ciencia y los medios de comunicación, así como en la representación mediática de la salud y la medicina. Es responsable de las publicaciones del Observatorio de la Comunicación Científica (Universidad Pompeu Fabra) y coordinadora de la revista Quark. Es coordinadora y profesora del Máster en Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, y profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida (UPF).
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