Las presentaciones cambian. ¿Está cambiando la ciencia?
Presentations change. Is science changing?
Joost G. Kircz
The different models of science communication fulfil different roles, according to the interaction they establish with the public. From the appearance of the printing press to digital information, these models have transformed to provide a response to increasingly specific needs. In this context, on the assumption that all science is based on sensory perceptions and on the ability to communicate these experiences to other human beings, the author analyses the factors which influence the human perception of scientific discourse through the new digital media.
Los diferentes modelos de comunicación de la ciencia cumplen también diferentes papeles, en función de la interacción que establecen con el público. Desde la aparición de la imprenta hasta la información digital, estos modelos han ido transformándose para dar respuesta a necesidades cada vez más concretas. En este contexto, partiendo de que todo conocimiento se basa en percepciones sensoriales y en la capacidad para comunicar estas experiencias a otros seres humanos, en este texto Joost G. Kircz analiza los factores que intervienen en la percepción humana del discurso científico a través de los nuevos medios digitales. También plantea la tesis que, con un cambio de presentación, el discurso de la propia ciencia cambiaría.
La comunicación científica es un ingrediente importante en el desarrollo de la propia ciencia. En la situación actual, en la que entramos en un período de desarrollo de nuevas vías de comunicación científica a través de medios electrónicos, es hora de reconsiderar la cultura existente, así como de intentar desarrollar una visión más futurista para los tiempos venideros. A pesar de los importantes desarrollos técnicos en publicaciones electrónicas sólo hablaré superficialmente del estado actual de esta disciplina. De momento, estamos asistiendo a una gran operación, en la que todo el material impreso se está convirtiendo en formato electrónico. El primer asalto de esta operación ya demuestra que los clásicos problemas cruciales de almacenamiento y logística se han superado. Los problemas pasan de centrarse en dónde se guarda la información a dónde encontrarla. El desarrollo de las bibliotecas digitales, el almacenamiento para la distribución y el acceso global a la información es ya un tema conocido.
En este artículo desarrollaré un enfoque más arriesgado sobre las nuevas vías de desarrollo intrínsecas de la comunicación científica, que pueden inducir la revolución electrónica. Resumiré los aspectos de la comunicación científica que son cruciales para la ciencia y sus necesidades en términos de tecnología. Posteriormente, trataré la primera gran explosión en la comunicación científica: la revolución de los tipos móviles y de la imprenta. A continuación, haré una breve incursión en dirección a las diversas percepciones mentales humanas y las posibilidades que tienen de integrarse en el proceso comunicativo. En este sentido, desarrollaré el problema de la metáfora en la ciencia como vehículo de entendimiento. Finalmente, plantearé como tesis la idea de que, con un cambio de presentación, la propia ciencia cambiaría. En aras de la claridad quiero usar la palabra «digital» en el sentido más estricto en oposición al concepto de «analógico», mientras que las palabras «electrónico» o «binario» se usarán para la representación y el almacenamiento computadorizados de la información en bits.
Las funciones de la comunicación científica
Al hablar de comunicación científica es importante destacar claramente las funciones sociales, es decir, las necesidades de los autores y de los lectores, del proceso de comunicación independientemente de la tecnología que se utilice. Estas funciones sociales cambian de aspecto con los avances de la tecnología, pero no cambian de carácter. Dicho esto, también debo especificar que hablo de la cultura occidental moderna y desde luego no de las sociedades en que el arte y la ciencia son actividades anónimas, en muchos casos comunales.
En primer lugar, el creador o autor necesita asegurar su propiedad intelectual; ello puede expresarse en exigencias de prioridad o registro del trabajo, etc. En relación con este punto es interesante destacar que fue la imprenta, con su capacidad de replicar obras, la que rompió el sello de secretismo que mantenía tantas investigaciones fuera del alcance del público en general. Este aspecto alcanza su máxima expresión con el procedimiento de registro de la publicación, que al mismo tiempo está estrechamente relacionado con los sistemas de recompensas en temas de ciencia.
En segundo lugar, tenemos la necesidad de la validación y la certificación. El receptor quiere tener la posibilidad de comprobar la autenticidad de la obra antes de consumirla. El sistema de revisión por pares y los «nombres de marca» de algunas publicaciones específicas son la expresión más clara de este extremo.
En tercer lugar, tenemos la función de llegar al público. El material tiene que ser difundido. Un aspecto importante, y a menudo pasado por alto, es que la difusión no consiste necesariamente en elaborar listados o catálogos de nuevos artículos. La difusión está relacionada con la necesidad de tener acceso a información relevante, sobre una investigación particular y en un momento determinado del proceso de estudio.
Por último, cabe considerar la función archivística, estrechamente relacionada con la anterior y que tiene que ver con el almacenado, la indexación, la accesibilidad y la búsqueda de material relevante. Cuando tratamos de los cambios en la tecnología tenemos que relacionar todas las actividades con las funciones aquí descritas.
Modelos de comunicación científica
Debemos distinguir claramente entre diversas formas de información científica, puesto que a menudo cumplen diferentes papeles, a la vez que también tratan con diferentes tipos de información. En el nivel más básico, tenemos la interacción personal que se establece de forma directa entre individuos. Como ocurre en la relación que se establece entre los maestros y sus discípulos, que paseaban por las calles de Atenas, o en la clase del colegio en los tiempos modernos. Lo mismo ocurre con las discusiones en coloquios en las mesas de laboratorio, junto a la máquina de café o en el bar. A este nivel, la comunicación hablada y el lenguaje corporal forman un todo integrado. El contexto del lenguaje hablado se genera mediante gestos, el tono de la conversación, la posibilidad de hacer dibujos explicativos, de dar ejemplos, etc. Recordemos las famosas advertencias de Platón contra los límites del texto escrito en la discusión de Sócrates con Fedro. En ellas encontramos poderosos argumentos a favor de la necesidad de una interacción satisfactoria entre los interlocutores de modo que se alcance un entendimiento: «Los que adquieren la escritura dejarán de ejercitar la memoria y se volverán olvidadizos; confiarán en ella para recordar las cosas mediante signos externos en vez de hacerlo por medio de sus recursos internos. Lo que habéis descubierto es una receta para la recuperación, no para la memoria». Platón también plantea lo siguiente: «Podéis suponer que entenderán lo que están diciendo, pero cuando les preguntas lo que quieren decir con lo que están diciendo, responderán siempre lo mismo una y otra vez». Hasta ahora, este tipo de intercambio de información y de conocimientos sólo era posible cuando los interlocutores estaban reunidos en el mismo lugar y en el mismo tiempo. Al aparecer la escritura (junto con los sistemas de archivo y correos) permitió intercambiar información con otros, independientemente de dónde estuvieran y del momento en que la parte receptora consumiera el mensaje. No es éste el lugar donde tratar en profundidad la fascinante historia de la aparición de la escritura y la revolución fundamental que supuso el alfabeto fonológico para la posibilidad de transferir información sin ambigüedades lingüísticas. No obstante, es fundamental subrayar que fue el lenguaje escrito el que permitió vehicular la información científica y, al fin y al cabo, el que nos permitió intercambiar conocimientos científicos, acumularlos y reciclarlos de forma permanente en un entorno siempre cambiante respecto a sus enfoques y perspectivas.
El papel esencial que la imprenta jugó para establecer la ciencia moderna lo describió perfectamente Eisenstein. Veamos algunas características de esta revolución, que más tarde compararemos con la revolución electrónica.
La reutilización de las obras antiguas o de partes de ellas
La imprenta indujo a la reimpresión masiva de obras viejas y, a menudo en sentido científico, obsoletas. Unificó el conocimiento que se encontraba extendido de forma irregular y desigual y los almacenes de datos de la humanidad. Como destaca claramente Eisenstein, esta disponibilidad general de la herencia intelectual de la humanidad se hizo necesaria puesto que se precisaba un control y una asimilación universal de todos los conocimientos previos antes de que se pudieran ampliar convenientemente. En este sentido, destaca este punto en su obra sobre la diseminación de los viejos libros y de los viejos secretos.
En este momento disponemos de todo tipo de obras en formato electrónico. Ello indica que, en la era electrónica, más que nunca, la disponibilidad de todos los artículos científicos, discusiones y controversias previas, están al alcance de todos como fuentes permanentes de referencia, inspiración y, en caso necesario, negación. También significa que pueden integrarse partes de obras antiguas en las nuevas. Con todo ello puede empezar un nuevo período de reevaluación de la información general.
La imprenta introdujo los diccionarios, índices, bibliografías, compendios, catálogos y obras de referencia. En otras palabras, la aparición de los sistemas y funciones de registro propiamente dichos. Vemos que la historia se va repitiendo; hoy día una de las mayores actividades de Internet se desarrolla exactamente a este nivel elemental de registro e indexación, como queda demostrado por los diversos navegadores, buscadores y otras aplicaciones de la Red.
Un crecimiento enorme en la diseminación de información idéntica
Junto con el evidente papel de las mejoras en la educación y el nivel cultural general de la sociedad, la imprenta también potenció la integridad de la información como tal; la información deteriorada debido a su repetido uso, a los daños recibidos o al tiempo podía comprobarse con otras copias de la misma edición. La disponibilidad de gran cantidad de copias idénticas permitía un discurso científico serio y el intercambio de puntos de vista basados exactamente en la misma información. Este aspecto se convirtió en un ingrediente esencial del desarrollo científico (incluyendo los conceptos de propiedad y certificación intelectual) y el desarrollo de los conceptos de integridad y de verdad. Un ejemplo de ello es, como cita Olson, la lucha de Lutero contra la idea de que las tesis precisaban de la interpretación de escribas o clérigos. Lutero mantenía que el significado de la escritura dependía, no de los dogmas de la iglesia, sino de una «lectura más profunda del texto». De modo que el texto se convirtió en una fuente de conocimiento por sí mismo. Como ilustraremos más adelante, ahora también podemos poner en circulación información no textual y la cuestión de la integridad y del sentido se verá incluso multiplicada.
Un aspecto importante relacionado con esto es el uso de los libros de autoaprendizaje que sustituyen a la relación maestro/discípulo. El conocimiento no está ligado ya a una persona, sino que queda al alcance del estudiante independiente. En un entorno electrónico, los «libros de texto interactivos» completarán esta tendencia histórica con cursos adaptables a los diferentes niveles y necesidades de lectura y aprendizaje de estudiantes y científicos.
Estandarización de presentaciones y valoraciones
A pesar de que en el contexto del presente artículo no trataremos este punto, debemos mencionarlo. El hecho de que la información pueda distribuirse de forma idéntica e independientemente del tiempo y del lugar impone la necesidad de herramientas y métodos que puedan comparar los diversos aspectos del material, lo que provoca la estandarización.
El desarrollo de la tipografía
La aparición de las diferentes fuentes de tipos en todas las lenguas posibles, como el árabe, el griego, el hebreo, etc., asegura mediante la inamovilidad tipográfica las ideas antiguas y/o amenazadas. En una memoria binaria la información analógica también puede guardarse de forma segura.
El aumento de la familiaridad para con las páginas numeradas (en números árabes), los signos de puntuación, los saltos de sección, los titulares y los índices han contribuido a ordenar los pensamientos de todos los lectores, cualquiera que sea su profesión u oficio. En la era electrónica, están apareciendo nuevas formas de documentos y estructuras de archivo que se están convirtiendo en útiles esenciales para los «lectores».
Las nuevas formas de tratamiento de datos
Las colecciones de datos a gran escala se han visto sujetas a nuevas formas de uso. En este caso, por supuesto, la imprenta llegó a su punto álgido con el desarrollo de ingeniosas y complicadas tablas, gráficas y desplegables. Las enormes posibilidades de las representaciones binarias posibilitarán la aparición de tradiciones y formas de presentación completamente nuevas.
La posibilidad de corrección de los errores
La invención de las erratas permitió la mejora ininterrumpida de las obras en impresiones consecutivas. En un entorno electrónico, la puesta al día puede ser un proceso dinámico. Esto lleva a la idea de que trabajar de forma colectiva sobre un artículo en un entorno electrónico no tiene por qué llevar a un texto homogéneo. Por otra parte, un documento electrónico no exige que haya un autor o grupo de autores en el lugar de elaboración del documento. Mediante las redes electrónicas, diversos autores separados geográficamente pueden trabajar juntos en un mismo artículo. Esto debe hacerse de modo que cada cambio o adición pueda registrarse convenientemente y asignarse a un participante determinado. La discusión integrada real puede llegar a ser la cima de la creación de artículos electrónicos modulares.
La consecuencia de la aparición de la imprenta es que nuestra cultura científica se basa completamente en los documentos escritos.
Texto escrito y texto virtual
Ahora podemos plantear la cuestión de si el lenguaje escrito es realmente la única forma de expresión científica o si existen otras posibilidades. Como he mencionado anteriormente, en una sociedad oral todo tipo de expresiones corporales aumentan y contextualizan la palabra hablada. Obviamente, en un entorno electrónico podemos reproducir esta situación con los accesorios de vídeo y audio. El desarrollo real del software ya apunta en esa dirección. Sin embargo, en este caso se trata tan sólo de un simple paso (aunque técnicamente no es nada trivial) hacia delante, con el que intentamos recuperar el contexto perdido que buscaba la escuela de Platón. Para poder llegar más allá tenemos que enfrentarnos primero con el problema de la percepción sensorial y sus representaciones mentales y las posibilidades de la electrónica moderna para reproducir, almacenar y manipular las diferentes formas de percepción sensorial humanas. Entonces podremos pasar a discutir el papel de las metáforas en el desarrollo de la ciencia.
Percepciones humanas
Empecemos por el principio, partiendo de la base de que todo conocimiento se basa en percepciones sensoriales y en la capacidad de comunicar estas experiencias sensoriales a otros seres humanos. Tal como decía Dretske resulta esclarecedor hacer una distinción entre la forma analógica de percepción sensorial y la forma digital de significación semántica y cognitiva de la información. Una percepción analógica puede sentirse, experimentarse, etc. y puede transmitirse a los demás sólo haciendo que la segunda persona experimente la misma sensación. En un término opuesto, la esencia de la información digital, como contenido cognitivo bien definido, es una noción lingüística abstracta que podemos manipular y transferir como una porción de conocimiento. La esencia del lenguaje es su carácter abstracto, que traspone las sensaciones sensoriales directas en nociones semánticas definidas. En ese sentido, las locuciones lingüísticas y la escritura permiten modelar impresiones de lo que hemos experimentado dándoles un cuerpo. Un punto interesante es el de que al explicar los fenómenos de determinada índole a menudo usamos descripciones familiares de otro ámbito. «Visualizamos» el calor con un alto nivel de mercurio en un termómetro y el frío con un nivel bajo. Los diferentes tipos de percepciones sensoriales, planos de experiencia, se usan constantemente como comparaciones y modelos mutuos.
La base del entendimiento humano de la naturaleza es la interacción con el entorno. A pesar de nuestra característica arrogancia con respecto al lugar que ocupa la humanidad en la naturaleza, tenemos que aceptar que sólo somos el resultado particular de la evolución con sólo una serie determinada de capacidades sensoriales. Estas capacidades sensoriales limitadas encuentran su expresión en las representaciones mentales que conforman el campo de investigación de la psicología cognitiva y de las ciencias cognitivas en general. En una intensa serie de ensayos, Jackendorff trata el concepto de modularidad de la mente y de representaciones mentales. La importancia de un enfoque tan analítico radica en que en un entorno electrónico podemos empezar a estimular cada facultad por separado antes de intentar comprender sus interrelaciones y sus características independientes. Jackendorff apunta a las facultades de la mente, presentadas más adelante, que relaciona con estructuras conceptuales, estructuras de modelos tridimensionales y representaciones corporales.
La estructura conceptual se considera una expresión de la facultad del lenguaje, y se relaciona con la estructura de modelos en 3D. La estructura de modelos tridimensionales se considera como la expresión de la facultad visual y a su vez está relacionada con la representación corporal. En mayor detalle, debemos considerar la facultad del lenguaje, la de la visión, y la musicalidad, que al mismo tiempo comprende diferentes modelos de representación.
La facultad del lenguaje se puede considerar que comprende formas diferenciadas de información: fonología o estructura sonora, sintaxis o estructura de la frase, y estructura conceptual o significado. Dentro de la estructura sonora, cabe diferenciar los siguientes componentes: la entonación, que en las llamadas lenguas tonales (como el chino) son parte de la pronunciación intrínseca de cada palabra; el acento, que enfatiza palabras o frases, y el ritmo utilizado en el habla y codificado en una representación métrica. La estructura sintáctica se basa en nociones fundamentales completamente diferenciadas, lo que incluye las categorías léxicas como los nombres, los verbos y las preposiciones, y las categorías oracionales como los sintagmas nominales, sintagmas verbales y oraciones. El tercer componente de las categorías del lenguaje es el significado, que Jackendorff considera «la razón de que exista el lenguaje como tal, puesto que la facultad de utilizar el lenguaje en el fondo es una herramienta para exteriorizar y comunicar significados». Con los ordenadores de que ya disponemos, estamos en disposición de oír el lenguaje escrito como texto hablado en el mismo momento de la lectura. Aunque la lectura se vuelve mucho más rápida al escuchar, en caso de duda el lector puede referirse al texto escrito, añadiendo contexto al mensaje.
La facultad de visión se considera como un sistema estratificado de diversas representaciones visuales desde las imágenes primarias a las estructuras de modelos tridimensionales. Tal como la mayoría de nosotros habremos experimentado ya, en este campo las simulaciones por ordenador están avanzando a pasos agigantados.
La facultad musical comprende cuatro niveles de representación: la estructura de grupo (la segmentación jerárquica de la superficie musical en motivos, frases y secciones), la estructura métrica (el ritmo, las palmas), la reducción de los intervalos de tiempo (codificación de modelos según el modelo rítmico establecido por los grupos de formas y la métrica) y la reducción prolongada (codificación de patrones en términos de ondas de tensión y distensión de la música dispuestas jerárquicamente). Jackendorff sugiere que la facultad musical está estrechamente relacionada con la representación corporal. En lo que se refiere a la representación corporal, considera la facultad motora (movimiento de músculos y articulaciones), la percepción háptica (percepción de la forma por el tacto) y el sentido de la posición corporal, que se basa en fuentes tan diversas como el sistema visual, la localización auditiva, el tacto y la presión de la piel, y los órganos otolíticos, en el oído.
Es interesante que Jackendorff no se refiera al olfato, uno de los sentidos más efímeros, que juega un papel importante en la biología humana y en la sociedad.
La cuestión de mayor interés aquí es cómo podemos enfocar estas facultades en un ambiente electrónico, es decir, en el contexto de una «realidad virtual». Si un autor puede estimular los diversos tipos analógicos de percepciones de forma electrónica (binaria), el lector del mensaje puede comparar su propia experiencia sensorial equivalente, con la interpretación del emisor. Aunque esto pueda parecer algo muy lejano, la realidad informática de hoy día ha conseguido desarrollar la transmisión de audio y vídeo en tiempo real vía Internet, y la estimulación de experiencias hápticas en entornos de prueba de realidad virtual. Por tanto, la publicación electrónica, vista de este modo, adquiere la capacidad de preservar la integridad de información de índoles completamente diferentes en copias múltiples independientemente del tiempo y del lugar.
Aparte de la representación digital de las percepciones humanas más evidentes (el habla, el lenguaje escrito y la información visual) nos podemos preguntar qué más puede representarse y modelarse en forma digital. Sería una idea fascinante desarrollar la realidad virtual para estimular percepciones no humanas. Hay toda una serie de trucos que ya podemos representar, como la visión en zonas de longitud de onda que quedan fuera del alcance de la vista o los ultrasonidos. Pero ¿cómo se desarrollaría nuestra intuición científica si pudiéramos equiparnos con diferentes sensores, como los sensores de gravedad, que hay quien dice que tienen las plantas, como la memoria magnética de las tortugas marinas o, yendo aún más lejos, como las sensaciones eléctricas? En este último caso, como el de la anguila eléctrica o el pez gato del Nilo, el pez utiliza el reflejo de las descargas eléctricas emitidas para determinar el entorno. Lo curioso no es sólo que tengamos otro modo de ver el entorno, lo que resultaría muy útil para todo tipo de aplicaciones, sino que la visión del mundo desde el punto de vista de la electrónica sería muy diferente. Cuando un objeto se aleja, la imagen se va volviendo más ancha y se alarga por todo el cuerpo del pez: algo así como un enfoque inverso. Esto, sin duda, nos daría una visión muy diferente del mundo.
La relevancia de este rodeo por la percepción sensorial a lo largo de nuestro discurso, se basa en que muestra que en la naturaleza existe gran variedad de modos de interpretación de la misma realidad física, que, sin duda, provocan un comportamiento social diferente. Nuestra comprensión del mundo es una interacción entre nuestras percepciones sensoriales analógicas y nuestras abstracciones cognitivas mentales digitales. Lo que esto implica es que, con el conocimiento de diferentes esquemas de representación sensorial, podemos estimularlos en un entorno de publicaciones electrónicas y, consiguientemente, aumentar las posibilidades humanas sobre la realidad, lo que después de todo es la base para la ambición humana de cambiar el mundo. En ese sentido es una extensión del credo de McLuhan: «Entender los medios: la extensión del hombre».
Metáforas y comunicación
Toda teoría científica es un modelo, una metáfora de la realidad. Entre los filósofos de la ciencia, el papel del modelo, analogía y metáfora, se considera como una herramienta importante para la comunicación y la comprensión de los avances del conocimiento humano. Mary Hesse sentó las bases de un enfoque más formal del aspecto interactivo de la metáfora. Al usar metáforas, las ideas e implicaciones de un sistema primario se transmiten a uno secundario, enfatizando de este modo diferentes aspectos y eliminando otros. En el aspecto interactivo ambos sistemas se ven influidos por el uso de la metáfora y ambos sistemas de referencia se asemejan en cierto sentido. En el ejemplo estándar de la frase «el hombre es un lobo», los hombres toman más el aspecto de lobos tras el uso de la metáfora, y los lobos adquieren un aspecto más humano.
Un aspecto importante del papel explicativo de la metáfora es el hecho de que podemos relacionar experiencias conocidas en un campo familiar de conocimiento con experiencias nuevas en investigación. Un fenómeno científico nuevo puede reflejarse en el marco de un modelo normalmente aceptado; como el modelo planetario del átomo en las primeras fases de la física nuclear moderna.
Siguiendo este tipo de razonamiento, las teorías científicas pueden considerarse como planos móviles de conocimiento sobre los que se refleja la realidad física. La gran diferencia en comparación con la gruta de Platón es que podemos tener multitud de proyecciones de naturaleza absolutamente diversa. De modo que el refinamiento de nuestro conocimiento de la realidad física es más una labor de integración de diferentes representaciones (en entornos completamente diferentes, o sistemas coordinados) que un seguimiento estricto de una línea de razonamiento determinista. Con el uso de los modelos y las metáforas, podemos tener una visión del conocimiento científico como un patrón siempre cambiante de proyecciones interactivas de realidad física, realizadas sobre estructuras cognitivas de conocimiento lingüístico.
Un aspecto importante es que primero tenemos que articular las diversas percepciones sensoriales de modo que podamos explicar estas percepciones en forma lingüística. Un sencillo ejemplo es que en el período anterior a la capacidad de mezclar texto impreso e imágenes, el texto servía como único medio de comunicación entre interlocutores separados, con lo que tenían que hacerse grandes esfuerzos para describir, por ejemplo, fenómenos visuales. Con la posibilidad de imprimir ilustraciones (con litografía o serigrafía) la «ilustración del texto» se generaliza, dando alguna percepción analógica (sensaciones) a la descripción lingüística abstracta (cognitiva) del fenómeno. Al poder mezclar texto e imágenes, según se desee, en la forma electrónica estamos alcanzando una situación en la que las imágenes se pueden convertir de nuevo en fuentes de información primarias, mientras que el texto se añade para explicar las imágenes del modelo o teoría del autor. Especialmente en los campos en que la imagen esconde fenómenos desconocidos, la primacía e integridad de los datos experimentales triunfan, mientras que en el campo de batalla científico las diferentes teorías compiten por una mejor comprensión de los datos. Esto es un problema universal ilustrado en el artículo de Bogen y Woodward, en el que destacan el estado ontológico de los fenómenos y afirman que «debería quedar claro que creemos en fenómenos particulares del mundo pertenecientes al propio mundo natural y no sólo a la forma en que nos referimos a ellos o los conceptualizamos».
Traslademos ahora la idea de metáfora a la era electrónica. No sólo estamos consiguiendo imitar la mayoría de percepciones sensoriales, que después de todo no supone por sí mismo más que un avance en el mantenimiento de la integridad de la información transmitida y almacenada. Supone un desafío más fascinante el que podamos elaborar modelos teóricos y artificiales para guiar la mente hasta zonas desconocidas. Ya en la física computacional experimentamos la posibilidad de realizar simulaciones a tiempo real de sistemas de modelos, que nos aportan ideas nuevas inesperadas y una visión de la física realmente nueva. En las matemáticas computacionales vemos que se renueva por completo la idea de demostración matemática, puesto que algunos teoremas se pueden demostrar mediante pruebas computacionales exhaustivas, sin ninguna equivalencia lógica formal. Un ejemplo familiar es el del problema de los cuatro colores. Afirma que, en cualquier mapa bidimensional (por ejemplo, geográfico), sólo se necesitan cuatro colores para separar cada dominio inequívocamente.
Obviamente queda fuera de mi capacidad prever lo que revelarán las simulaciones cuando se desarrollen todas las capacidades expuestas en este artículo. Sólo se puede afirmar con convicción que el cambio de las representaciones hará que la ciencia avance en una dirección completamente nueva.
Conclusiones
En el punto de desarrollo en que se encuentran las publicaciones electrónicas sólo podemos adivinar las sombras que hacen prever una enorme avalancha en torno a la comunicación científica. Con la integración de la información analógica en las comunicaciones, una información analógica que será la misma para el autor (emisor) que para el lector (consumidor), el discurso científico se hará más profundo y cambiará. La cuestión cognitiva básica de cómo crear una base de conocimiento, articulando conceptos lingüísticos, sin necesidad de experiencias corporales, queda por resolver. Como decía elocuentemente Ong, «la paradoja radica en el hecho de que la ausencia de vida del texto, su distanciamiento del mundo de la vida humana, su inalterabilidad visual rígida, asegura la resistencia de su capacidad de resucitar en contextos vivos eternamente de la mano de un número potencialmente infinito de lectores». Lo único que podemos hacer, como primer paso para una mayor comprensión del mundo, es seguir investigando las diferentes capacidades sensoriales distintivas y las representaciones mentales para llegar a hacerlas explícitamente intercambiables en la comunicación científica.
Volviendo a la vida diaria de los sencillos sistemas operativos y de la Internet comercial actual, debemos llevar a la práctica los siguientes puntos:
Una mejor comprensión del papel del documento como medio de transporte primario de los modelos mentales.
El papel de los textos frente a las demostraciones analógicas y los datasets (en este artículo no hemos analizado la diferencia entre datos e información analógica, aunque merecería una atención especial, ya que los datos cubren todo el espectro que va desde los números a los conceptos complejos).
La investigación de las estructuras de las nuevas combinaciones entre información textual y no textual, sus relaciones mutuas teniendo en cuenta el uso retórico y argumentativo.
La búsqueda de metadatos claros de información no textual para poder recuperarla y compararla con información de otro tipo.
El desarrollo de soportes para integrar los diferentes tipos de información, a partir de sus características comunes. Esto es, entornos en los que no toda la información se vuelca sobre el lector, sino que se estructura de modo que las partes relacionadas conceptualmente se puedan presentar juntas. Un aspecto a considerar es la modularidad de las estructuras documentales.
Se debe poner énfasis en los estudios sobre interfaces de los usuarios para saber realmente cómo se consume y cómo se usa la información.
Joost G. Kircz
Doctor en física molecular por la Universidad de Amsterdam. Ha trabajado también en la Universidad de Utrech, en el Departamento de Física atómica y molecular. Desde que en 1994 empezó su labor como editor, ha estado al frente del proyecto «Comunicación en física», que se lleva a cabo desde la Fundación Physica. Dirige el Kircz Research Amsterdam (KRA), centro de investigación y consultoría sobre publicaciones científicas, y colabora con el Laboratorio de Sistemas Inteligentes, una iniciativa de la Universidad de Amsterdam.