The New York Times cura el cáncer
The New York Times cures cancer
Gemma Revuelta
Cada año, la prensa gana la guerra contra el cáncer dos o tres veces. En 1998, los antiangiogénicos han sido una de estas victorias. La «gran noticia» fue tema de portada de The New York Times y, en consecuencia, de todos aquellos medios de comunicación que van a la zaga del rotativo neoyorquino. Lo curioso del caso es que detrás de la supuesta novedad no había más que cosa sabida y unas optimistas declaraciones que hubieron de ser corregidas a los pocos días.
Every year, the press wins the war against cancer two or three times. In 1998, the antiangiogenics were one of these victories. The «big news» made the front page of The New York Times and, as a result, of all the media which follow the New York daily. The interesting thing about the case was that behind the supposed novelty was merely something that was already known and some optimistic statements which had to be rectified within a few days.
No se trataba de un pequeño texto en una página de ciencia del martes, era la portada del domingo. Dos largas columnas, tema con el que abría The New York Times (NYT) su edición del domingo 3 de mayo.1 Gina Kolata, una de las redactoras científicas senior del prestigioso rotativo estadounidense, anunciaba en un tono verdaderamente optimista el éxito obtenido con un nuevo tratamiento para el cáncer. Una combinación de dos sustancias, cuyo mecanismo de acción consistía en impedir el aporte de sangre a los tumores, había conseguido erradicar «todo tipo de cáncer, sin efectos secundarios evidentes y sin que se desarrollaran resistencias al fármaco». Y aquí, se añadía inteligentemente la aclaración «en ratones». Pues es evidente que Kolata no es ninguna novata y once años trabajando para el NYT enseñan que curar el cáncer en ratones no significa curarlo en personas. Y eso debe aclarársele a los lectores.
Sin embargo, el artículo no acababa aquí. Después de relativizar el éxito del tratamiento relegándolo al mundo ratonil, el texto justificaba el porqué de los grandes titulares y de su ubicación en portada: «Algunos investigadores del campo de la oncología dicen que estos fármacos representan el tratamiento más prometedor que jamás han visto». Entre éstos, nada menos que el eminente Dr. James -doble hélice- Watson,2 a quien se le atribuía la siguiente frase «Judah [por Judah Folkman, el director de la investigación] va a curar el cáncer en dos años». Y, por si esta opinión no fuera por sí misma suficiente excusa para el optimismo del artículo, se añadía el comentario de otra personalidad no menos relevante: «No hay nada más prioritario que llevar a estas sustancias a la fase de ensayo clínico», había dicho el Dr. Richard Klausner, director del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.
Ciertamente, entre las frases optimistas había también otras de cautela, algunas pronunciadas por el propio Judah Folkman, investigador responsable del estudio, otras por otros científicos, aunque ninguno del calibre de Watson o de Klausner. Entre estos más cautelosos figuraba, por ejemplo, «un investigador en oncología de la Facultad de Medicina de Harvard».
Finalmente, parece que el hecho de aparecer en portada (portada = gran noticia), las palabras del Nobel, la utilización repetitiva de la palabra «curación» y el tono en general tan optimista del artículo tuvieron más impacto que las llamadas a la calma: al día siguiente, las líneas telefónicas de los especialistas en oncología del país se bloquearon. Y no sólo eso, el precio de las acciones de Entremed, la pequeña compañía dueña de los derechos comerciales de las sustancias experimentadas por Folkman, se multiplicó por cinco en tan sólo unas horas. Pero no nos precipitemos, detengámonos antes en algunos de los aspectos más notorios de este caso.
La noticia no era noticia
¿Es esta la primera vez que una sustancia, en este caso la combinación de angiostatina y endostatina, es capaz de erradicar el cáncer en ratones? No. Otras sustancias, como la interleucina-2, también consiguieron resultados prometedores en ratones, pero posteriormente decepcionaron al alcanzar la fase de ensayo clínico. En el caso de la interleucina-2, ésta no superó las primeras fases de investigación en humanos, pues en éstos se asociaba a efectos secundarios muy graves.3 Por otra parte, esto no debería quitar méritos a las sustancias de Folkman. De hecho, el trabajo de este investigador en el campo de las sustancias que inhiben la angiogénesis tumoral está muy bien valorado entre la comunidad científica en general. Es una de las líneas de investigación sobre las que están depositadas las esperanzas de muchos científicos en el terreno de la oncología desde hace algunos años. Pero no por ello tiene más posibilidades de superar todas las pruebas que se le piden, antes de llegar al ensayo clínico.
La fecha del 3 de mayo de 1998, ¿coincidía con algún acontecimiento relevante en las investigaciones de Folkman? Éste es uno de los detalles más chocantes, pues no parecía coincidir con nada en particular. El último artículo importante de este investigador había sido publicado por Nature seis meses antes, el 27 de noviembre de 1997.4 Y por entonces el propio NYT, tal como lo hicieran otros medios, recogieron la noticia de forma discreta. ¿Cuál era entonces el «valor añadido» del artículo de Kolata? Al parecer, la noticia no era el estado de la investigación, sino la opinión de los expertos consultados, en concreto las manifestaciones de Watson y Klausner. Pero lo peor del caso es que ambos negaron haber hecho tales manifestaciones. Watson explicó que seis semanas antes de la publicación del artículo, había coincidido en una cena informal con Gina Kolata y que, a pesar de haber hablado con ella de las investigaciones de Folkman, nunca había pronunciado la frase que se le atribuía. «Mi recuerdo sobre dicha conversación es muy distinto», explicaba en una carta reproducida en el NYT el 7 de mayo. Sin embargo, el mismo día, un portavoz del mismo diario aseguró que la cita de Watson era correcta. Por su parte, el Instituto Nacional del Cáncer (INC), dirigido por el Dr. Klausner, difundió una nota aclarando que las sustancias de Folkman no eran la «única prioridad del INC». Esta última rectificación fue también publicada en el NYT días más tarde.5
En el artículo se habla de las declaraciones de Folkman «en una conferencia», pero no especifica qué reunión fue ésta, dónde se produjo ni si los resultados presentados entonces eran diferentes de los publicados en Nature seis meses antes.
Así pues, la noticia no era noticia. A pesar de ello, después del artículo del NYT, prácticamente todos los medios de comunicación del mundo recogieron el tema en sus portadas, tal es el poder de convicción del rotativo norteamericano y el «seguidismo» de algunos redactores.
De hombres y ratones
Las palabras que Judah Folkman ha repetido hasta la saciedad cuando ha sido entrevistado, incluyendo su conversación con Gina Kolata, han sido: «Si usted tiene un cáncer y es un ratón, podemos ocuparnos de usted». Y es que el salto desde el ratón de laboratorio hasta la aplicación en humanos es abismal. En un reportaje especial de la revista Time6 titulado «Fact versus fantasy», Allen Ollif, director de investigaciones oncológicas de Merck and Co. afirmaba: «En el mejor de los casos, menos de un 10 a un 20 % de las sustancias que tienen éxito en ratones, lo tienen también en seres humanos».
De hecho, para que una sustancia con resultados positivos en ratones consiga éstos también en seres humanos deben superarse previamente tantos requisitos que es fácil comprender que muchos «magic bullets» se queden en el camino. Por ejemplo, en el caso de las proteínas de Folkman, antes de que éstas lleguen a la fase de ensayo clínico previamente debe: 1) hallarse una forma correcta de producir las sustancias en cuestión en cantidades suficientes; 2) además de ser producidas en grandes cantidades, deben poderse purificar de forma sencilla; 3) deben metabolizarse con seguridad en seres humanos a las dosis en las que se ensayarán en pacientes; 4) debe demostrarse que las proteínas humanas tienen una actividad anticancerígena en humanos similar a la que tienen en ratones las proteínas estudiadas, y 5) deben superar además otras muchas pruebas de seguridad.
Por otra parte, no hay que olvidar que, en muchos casos, los roedores utilizados en investigación oncológica presentan tumores estratégicamente adosados a su lomo. Llegar al tumor con el fármaco que se está ensayando es cosa de niños. Fuera del laboratorio las cosas cambian. El tumor puede estar más escondido o presentar metástasis difíciles de alcanzar.
Efecto NYT
Que los enfermos de cáncer bloquearan las líneas telefónicas al día siguiente de la publicación del artículo de Kolata suplicando el remedio anunciado era hasta cierto punto previsible. Incluso noticias menos espectaculares han producido el mismo efecto. Pues lo que para los científicos es «un resultado positivo» acostumbra a ser interpretado como «curación» para un enfermo. Y como curación se suele entender «ausencia completa de enfermedad», no «supervivencia a cinco años» ni otros términos complejos, utilizados por los oncólogos.
Se entiende así la reacción de los enfermos. Ahora bien, ¿porqué los medios de comunicación de medio mundo iban a recoger la noticia en la forma en que lo hicieron (portadas, titulares, cabeceras de informativos, ...)?2, 7-9 La única explicación plausible sea quizás el «efecto NYT». El rigor informativo de este diario le ha colocado como referente internacional. Y aunque muchos redactores hubieran dado cuenta meses antes de los éxitos de Folkman, el hecho de que Gina Kolata lo considerara portada hacía dudar al más experto.
Por otra parte, es tal el impacto que tiene este diario sobre los otros medios de comunicación y sobre la sociedad en general, que cualquier tema que haya sido extensamente cubierto por él es una buena fuente de inspiración para libros que alcanzan rápido la categoría de best seller. Y el caso Folkman hubiera podido ser uno de ellos. Gina Kolata fue acusada por otros diarios de haber tratado de esa forma la noticia con el propósito de asegurarse unas buenas cifras de ventas en un libro sobre el tema.10-15 Una nota en el NYT del viernes 8 de mayo explicaba cuál era la situación de la periodista.16 Al parecer, ésta había recibido una proposición de una editorial para publicar un libro sobre el caso y se le ofrecían dos millones de dólares por él. Kolata había consultado con los directores del diario respecto al libro, pero éstos le habían aconsejado no publicarlo, después de cómo habían ido las cosas tras el polémico artículo. Otro redactor, Robert Cooke11 del Newsweek, también había recibido una propuesta de libro. En este caso, el escritor decidió seguir adelante. En algunos círculos,17-20 se abrió entonces un debate sobre la ética de los periodistas, quienes disponen de información privilegiada para su tarea principal (informar) pero que también pueden hacer uso de ella con otros propósitos. Escribir un libro, por ejemplo.
Un artículo muy rentable
Si la información privilegiada de un periodista puede ser utilizada para escribir libros (sobre todo si previamente se ha ido sensibilizando a los futuros compradores con grandes titulares), cómo evitar la tentación de una rentabilidad más rápida, más directa, más onerosa. Multiplicar por cinco una fuerte suma de dinero en tan sólo unas horas, por ejemplo.
Entremed, la pequeña compañía propietaria de los derechos de la angiostatina y la endostatina,21, 22 vio cómo sus acciones pasaban de poco más de 12 dólares hasta 80 en unos pocos minutos el lunes siguiente al artículo de Kolata. El movimiento de los títulos fue frenético durante toda la mañana, cerrando la sesión en 51,8. Casi cinco veces más el precio de salida. Y es que los nuevos brokers no sólo saben de economía y finanzas, también saben de fármacos, de biotecnología, de ciencia y, sobre todo, de lo que sucede cuando algo se publica en la portada de un periódico como el NYT. Las conversaciones mantenidas durante esos días en una lista de discusión23 de expertos en Bolsa nos muestran cómo se mueve y se maneja la información en estos círculos:
- «Hola a todos, me gustaría iniciar una discusión sobre la compañía de biotecnología Entremed. He leído un artículo muy favorable en la revista Fortune sobre ésta. Entremed tiene los derechos de las investigaciones de J. Folkman en unas sustancias antiangiogénicas. Parece ser que éstas recientemente han dado resultados prometedores en cuanto a la inhibición de metástasis. Las acciones de la compañía se están dando bien últimamente y quizá van a darse mejor. ¿Alguna opinión?» (7 de enero de 1997)
Después de este comentario, la lista se mantuvo medianamente animada durante todo un año. La información facilitada por los virtuales contertulianos iba desde la explicación más sofisticada del mecanismo de acción de las sustancias, hasta el cálculo de los beneficios que supondrían considerando el precio del producto en el mercado y los millones de enfermos de cáncer que podrían consumirlo. La lista se agitó discretamente cuando Folkman publicó su artículo en Nature (fue portada de la revista y número uno en el comunicado de prensa de la misma). El 3 de mayo, sin embargo, el movimiento alcanzó un verdadero estado febril, segundo a segundo, los brokers aconsejaban, opinaban, hacían y deshacían, mientras las acciones de Entremed subían y bajaban entre sus manos.
Los siguientes son algunos de los comentarios de ese día:
- «Gran artículo en NYT sobre los inhibidores de la angiogénesis».
- «Gracias. Lo acabo de leer. ¡Vamos a por Entremed!»
- «Biológicamente, los ensayos en seres humanos no son lo mismo que en ratones de laboratorio».
- «La CNN también lo ha cubierto en todos sus informativos».
- «Sugiero a los que vayan a comprar sobre esta noticia consideren que, a menudo, este tipo de noticias ocasionan una fiebre de compra de uno o dos días, sobre la cual se produce usualmente una caída de un 30-40 %. Así que ¡buena suerte!»
- «85 y subiendo. ¿Os lo podéis imaginar?»
- «Mis dedos están cruzados».
Tras la euforia de los primeros días, las acciones de la pequeña Entremed, con sus 40 empleados, se mantuvieron durante más de medio año un 120 % más altas que antes del 3 de mayo. La apuesta por Folkman ha sobrevivido incluso a las «manifestaciones de frustración» de portavoces del Instituto Nacional del Cáncer, las cuales han sido recogidas por The Wall Street Journal24 en noviembre de este año. Después de casi un año de la publicación en Nature, los resultados de Folkman no habían podido ser reproducidos por otros equipos. Estas noticias desesperanzadoras produjeron una bajada de las acciones, pero incluso después de ésta, el precio de los títulos continuaba manteniéndose elevado.
Hechos versus fantasías
La reacción de los medios de comunicación, pasado el primer colapso tras el artículo de Kolata, fue también otro ejemplo de cómo el contexto de un país, de ciertas experiencias, pueden cambiar la forma de interpretar un mismo hecho. En Francia, por ejemplo, el diario Le Monde, tras un «Cancer. Un espoir venu dAmerique» del 7 de mayo,2 haría público al día siguiente que ya en su propio país un equipo de investigadores, liderados por el profesor Escande, estaba trabajando en la misma línea que Folkman, pero que «nadie les había hecho caso», calificando el caso como un ejemplo más del «mal francés». Esto es lo que «parece condenar a los investigadores más originales a huir del Hexágono para poder, al otro lado del Atlántico, continuar con sus trabajos».12
En Italia, la situación es aún más curiosa. Recién superados los estragos del milagroso combinado del profesor Di Bella, que había costado al pueblo italiano cerca de 800 millones de pesetas, LEspresso25 publica un reportaje con el titular «Cancro. I fatti e le ilusioni», semejante al «Cancer. Fact vs Fantasy» de la revista Time. La revista italiana calificaba a «la vía americana» como «los hechos» y a «la anomalía italiana» como «la fantasía». Mientras, Time situaba en el lado de «los hechos» al «alcance real de las investigaciones de Folkman» y en el de «las fantasías» a las «falsas expectativas del artículo de Kolata».
Una redactora polémica
No es ésta la primera diablura de Gina Kolata. A pesar de su fama internacional y su buena posición dentro del diario, esta periodista científica ha sido también tachada por otros colegas y por algunos científicos de manipular sus textos para que en éstos siempre prevalezca su propia opinión.26, 27 Su posición a favor de la industria en el caso de los efectos secundarios producidos por las prótesis mamarias, su forma de tratar la información relativa al sida y su escepticismo ante posibles asociaciones entre cáncer de mama y factores ambientales, son algunos de los temas que le han creado fama de distorsionadora de la realidad. «Su mayor problema», concluye Sheryl Fragin en un extenso artículo contra Kolata publicado en Brill's Content,27 «es que persiste en su intento de forzar una conclusión en temas en los que aún no se ha llegado a ésta».
Forzar conclusiones puede ser además relativamente fácil si uno dispone de todos los elementos: una portada en el NYT, un premio Nobel, una idea brillante... y millones de enfermos esperando buenas noticias. Sin embargo, también es relativamente fácil equivocarse.
Los interrogantes
El artículo de Kolata sobre el caso Folkman tiene también su lado positivo. Al menos ha servido para abrir algunos interrogantes: ¿se debe informar sobre los resultados de un tratamiento que todavía no ha sido ensayado en humanos?, ¿pueden estos resultados ser motivo de grandes titulares, o más aún, de una portada?, ¿deben reproducirse opiniones y previsiones de expertos pronunciadas «off the record» en una cena informal?, ¿hasta qué punto es ético que un periodista aproveche la información que dispone y el impacto producido con sus artículos para escribir un libro de divulgación?, ¿puede evitarse la tentación de utilizar dicha información con fines más lucrativos?, ¿están capacitados los medios de comunicación para discriminar la auténtica información, aunque ésta provenga de diarios de referencia como The New York Times?, ¿está capacitada la sociedad para comprender la diferencia entre una investigación en fase de animales de laboratorio y otra en fase de ensayo clínico?, ¿y para comprender que «resultados positivos», en oncología, no significan «eliminación completa del tumor y sus síntomas»?, ¿qué entiende el público por «supervivencia a x años»?, ¿es verdad que la gente «lee lo que quiere leer»?, ¿es cierto que los periodistas acaban escribiendo lo que quieren escribir?, y los científicos, ¿qué papel han de jugar en esta cadena de la información?
Bibliografía
1 «A cautious awe greets drugs that eradicate tumors in mice, The New York Times, 3 mayo 1998.
2 «Cancer: un espoir venu d'Amerique», Le Monde, 7 de mayo de 1998.
3 «Questions and answers about antiangiongénesis research», National Cancer Institute, 7 de mayo de 1998 (http://207.121.187.155/NCI_CANCER_TRIALS/zones/pressinfo/angio).
4 «Resistance-free cancer therapy», Nature (titular de portada), 27 de noviembre de 1997.
5 «Corrections», The New York Times, 8 de mayo de 1998.
6 «Cancer. Fact vs. Fantasy», Time, 18 de mayo de 1998.
7 «Humans to test mice cancer cure», BBC news, 5 de mayo de 1998.
8 «Cancer war's likely new weapon: potent drugs», Usa Today, 5 de mayo de 1998.
9 «Cancer: une expérience prometteuse», Le Figaro, 7 de mayo de 1998.
10 «One man's quest to cure cancer», Newsweek, 18 de mayo de 1998.
11 «Le tour du monde d'un faux espoir», Liberation, 18 de mayo de 1998.
12 «Les leçons d'une découverte», Le Monde (editorial), 8 de mayo de 1998.
13 «La polémica editorial del cáncer», El Periódico, 9 de mayo de 1998.
14 «La cura del cáncer causa un autoanálisis periodístico en Estados Unidos», El País, 9 de mayo de 1998.
15 «The New York Times cures cancer», HMS Beagle, issue 31, 29 de mayo de 1998 (http://biomednet.com/hmsbeagle).
16 «Cancer-Drug News Puts a Focus on Reporters and Book Deals», The New York Times, 8 de mayo de 1998.
17 Meredith Wadman: «Cancer cure article stirs up hot debate», Nature 1998; 393 (14 May): 104-105.
18 Eliot Marshall: «The power of the front page of the New York Times», Science 1998; 2809 (15 May): 996-997.
19 «Information controler's responsability», Nature 1998; 393 (27 May).
20 «Reporting cancer cures. National Association of science writers» (www.nasw.org/cancer).
21 Entremed, Inc.: «Issues statement regarding angiostatin protein and endostatin protein» (www entremed.com/news/pr/apep.html), mayo de 1998.
22 Entremed, Inc.: «Licenses endostatinTM, a newly discovered angiogenic inhibitor, from Children's Hospital at Harvard», press release de Entremed, Inc., 5 de diciembre de 1996.
23 Lista de discusión: Biotechnology Entremed (http://www.techstocks.com/~ wsapi/investor/Subject-11424).
24 Denise Grady: «Concer raised over cancer researcher's duiscoveries», The New York Times, 13 de noviembre de 1998.
25 Daniela Minerva: «I fatti / le ilusioni», L'Espresso, 21 de mayo de 1998.
26 Mark Dowie: «What's wrong with The New York Times's science reporting?», The Nation, 6 de julio de 1998.
27 Sheryl Fragin: «Flawed Science at the Times», Brill's Content, octubre de 1998
Gemma Revuelta
Licenciada en medicina por la Universidad de Barcelona y Máster en Comunicación Científica por la Universidad Pompeu Fabra. Su área de investigación se ha centrado en las relaciones entre la ciencia y los medios de comunicación, así como en la representación mediática de la salud y la medicina. Es responsable de las publicaciones del Observatorio de la Comunicación Científica (Universidad Pompeu Fabra) y coordinadora de la revista Quark. Es coordinadora y profesora del Máster en Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, y profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida (UPF).
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Cauto entusiasmo ante la llegada de nuevos fármacos que erradican tumores en ratones
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* The New York Times, domingo 3 de mayo de 1998.
Nueva York. En un año, si todo va bien, por vez primera un paciente recibirá una inyección con dos nuevos fármacos capaces de erradicar cualquier tipo de cáncer, sin aparentes efectos secundarios y sin aparición de resistencias, en ratones.
Algunos investigadores del campo de la oncología afirman que estos fármacos son el tratamiento que mayor entusiasmo les ha causado nunca. Pero el entusiasmo lo contrastan con cierta dosis de precaución, observando que la historia de los tratamientos de cáncer está llena de grandes esperanzas seguidas de desengaños cuando se prueban con las personas fármacos que tienen un efecto considerable entre animales.
Aun así, el Instituto Nacional del Cáncer ha convertido estos fármacos en su principal prioridad, según el Dr. Richard Klausner, su director. Klausner los definió como «lo más emocionante en el horizonte» del tratamiento para el cáncer.
«No hay nada que tenga para mí una prioridad mayor que realizar ensayos clínicos con estos fármacos», declaró el Dr. Klausner.
Klausner declaró que, aunque los estudios con ratones eran «extraordinarios y muy esperanzadores», quería subrayar la cantidad de difíciles pruebas que deben aún superar, puesto que de momento los estudios se han realizado sólo en ratones y no en seres humanos. Los nuevos fármacos, la angiostatina y la endostatina, actúan interfiriendo en el suministro de sangre que necesitan los tumores. Administrados conjuntamente, eliminan tumores, que no vuelven a aparecer.
El Dr. James Pluda, que dirige las investigaciones planificadas por el instituto oncológico para el uso de los fármacos con pacientes, dijo que tanto él como el resto de personal del instituto se habían quedado «de piedra» cuando oyeron los últimos resultados obtenidos por el descubridor del fármaco en una conferencia. «La gente se veía casi desbordada por lo que estaba oyendo», dijo. «Los datos eran sobresalientes.»
Aunque el descubrimiento de los fármacos, y algunos de sus efectos, ya se han ido publicando durante los últimos años, Pluda afirmó que «si la gente entendiera cuántos pasos hemos dado hacia adelante -comparando la investigación con lo publicado anteriormente- estarían aún más estupefactos».
Pero el Dr. Jerome Groopman, investigador en oncología de la Medical School of Harvard, se mostraba desconfiado. «Todos nos estamos dejando llevar por la esperanza -dijo-. Pero un científico sereno espera a tener todos los datos y hasta que no se administren los fármacos a los humanos -afirmó-, sencillamente no dispondremos de los datos más cruciales.»
Hasta ahora los nuevos fármacos son los únicos que han probado poder erradicar aparentemente todos los tumores en ratones, incluso los mayores, equivalentes a un peso de 900 gramos en una persona. Lo máximo que han hecho otros fármacos anticancerosos es reducir el crecimiento de estos grandes tumores.
Pero incluso el descubridor de los fármacos, el Dr. Judah Folkman, investigador del Hospital Infantil de Boston, se muestra precavido ante esta promesa: «Hasta que los pacientes no los tomen -dijo-, es peligroso hacer predicciones». Lo único que sabe con seguridad, según explica, es que «si tienes cáncer y eres un ratón, podemos cuidarte bien».
Otros científicos no se reprimen tanto: «Judah va a curar el cáncer en dos años», afirma el Dr. James Watson, uno de los galardonados con el premio Nobel que dirige el Laboratorio Cold Spring Harbor, centro de investigación oncológica en Long Island (Nueva York). Watson sostiene que el nombre de Folkman se recordará junto con los de científicos como Darwin, como alguien que cambió para siempre la civilización.
El largo camino hasta el descubrimiento de los nuevos fármacos empezó hace más de 30 años, cuando el Dr. Folkman se obsesionó con lo que muchos consideraban una idea quijotesca: que los cánceres no podían alcanzar un tamaño mayor al de la cabeza de un alfiler a menos que tuvieran su propio suministro de sangre. Si podía bloquear el suministro de sangre de un tumor, concluyó, el tumor acabaría por reducirse hasta alcanzar un tamaño minúsculo.
El primer gran logro en su trabajo llegó hace una década, cuando Folkman y sus colaboradores hallaron fármacos que hacían lo que había previsto. Les llamó fármacos antiangiogénicos porque detenían el proceso de desarrollo de nuevos vasos sanguíneos, o angiogénesis. Ralentizan el crecimiento de tumores en animales, pero no los erradican. Los primeros resultados en pacientes indican que los fármacos pueden hacer más lento el crecimiento de los cánceres humanos. Docenas de compañías farmacéuticas están desarrollando estos fármacos.
Los resultados de estos fármacos más débiles eran «una demostración de principios», afirmaba el Dr. Bart Chernow, profesor de medicina y decano de investigación y tecnología en la Escuela Universitaria de Medicina Johns Hopkins. El Dr. Chernow es uno de los fundadores de Entremed, compañía de Rockville (Maryland) que se creó para fabricar y comercializar angiostatina, endostatina y otros fármacos más débiles que pueden ralentizar el crecimiento de los tumores.
Y los nuevos fármacos aparentemente no tienen ningún efecto secundario en ninguna fase de la vida, por lo menos para los ratones, algo que, según explica Folkman, para un investigador es difícil de creer. Pero había dado a los ratones cuatro veces las dosis necesarias para eliminar el cáncer y no observó ningún efecto adverso.
Estas dos proteínas humanas se limitan «con gran precisión, y no sabemos por qué, al cáncer», manifestó Folkman.
En cambio, los ratones enferman gravemente cuando reciben la quimioterapia habitual: se les cae el pelo, sangran y se niegan a comer.
Los últimos cuatro años, según recuerda Folkman, él y sus colegas han observado que todos los tumores respondían a los fármacos del mismo modo. Hasta la leucemia, un cáncer de la sangre, responde, porque resulta que la leucemia necesita formar nuevos vasos sanguíneos en la médula ósea para crecer.
No obstante, el Dr. Folkman es el primero que pide cautela a la hora de sacar conclusiones sobre lo que podría suceder cuando los pacientes prueben los fármacos: «Pasar de ratones a personas supone un gran salto, con gran cantidad de fracasos», afirmó.
Habiendo prometido grandes resultados, otros fármacos que funcionaron bien en ratones demostraron menor efectividad en las personas. Así, la investigación con terapias que utiliza el sistema inmunitario para eliminar el cáncer del organismo también funcionó bien en ratones pero resultó decepcionante cuando se probó en personas. La terapia génica también sirve para tratar el cáncer en ratones, pero tiene un éxito limitado en personas. Después de amargas experiencias, la mayoría de investigadores en el campo de la oncología ha aprendido a ser esquivos con lo que llaman «la palabra de ocho letras»: la curación.