Entrevista a Miguel Beato
«A la investigación española le hace falta una fuerte inversión en infraestructura»
Gemma Revuelta
¿Es realmente tan profundo el cambio que ha experimentado la biología en los últimos años como para llegar a hablar de una «nueva biología»?
Hasta ahora nos hemos dedicado, casi exclusivamente, a describir lo que hay. Es como si hubiéramos estado inventariando el contenido de los seres vivos. Sin embargo, esta visión analítica y reduccionista probablemente dejará paso, con el comienzo de siglo, a una nueva visión integradora, en la que se pueda comprender lo que sucede en un organismo vivo en su totalidad.
¿Podría decirse que ha sido la secuenciación genética el factor determinante en este cambio de concepto?
Obviamente, la posibilidad de secuenciar genes ha marcado un antes y un después en la historia de la biología. Pero también otros aspectos del avance científico han contribuido en gran medida a la visión actual que tenemos hoy de esta disciplina. Entre ellos cabría destacar la posibilidad de ver y digitalizar imágenes en tres dimensiones, el avance en el conocimiento de cómo se mueven las moléculas dentro de la célula, la posibilidad de crear y trabajar con animales transgénicos, etc.
En la Universidad de Marburg, en Alemania, tal como sucede ahora en la Universidad Pompeu Fabra, existe desde hace tiempo una licenciatura en biología humana. ¿Porqué ese interés en la rama humana de la biología?
La experiencia de nuestra universidad no es única. De hecho, los precedentes a esta licenciatura han tenido lugar en diversas universidades norteamericanas, donde siempre ha habido posibilidades de crear híbridos. En el caso de Alemania, nos encontramos con que había una enorme demanda de profesionales de disciplinas enmarcadas dentro de las ciencias naturales que tuvieran además la capacidad de «entender» a los médicos. Se crearon así los primeros estudios de biología humana en la Universidad de Marburg. Al principio (hacia finales de la década de los setenta) se trataba de un tercer ciclo. Años más tarde, en 1984, estos estudios se constituyeron en una licenciatura.
Y esta decisión, ¿no supuso un detrimento para las otras áreas de la biología?
En Alemania, al principio, nuestros estudios fueron contemplados con un escepticismo divertido. El pensamiento de muchos biólogos podría resumirse en un «dejadlos que jueguen con los médicos». Pocos confiaban en el futuro de esta experiencia. Ahora muchos se han dado cuenta de las enormes posibilidades que brinda este enfoque de la biología. En España intuyo que las dificultades fundamentales, si surgen, vendrán de los médicos, quienes ven en esta licenciatura una entrada a su terreno acotado por la puerta lateral.
¿Cómo ve actualmente la investigación en España? ¿Cree que se destinan pocos medios a la investigación o que están mal administrados?
Hubo una época en la que parecía que la investigación iba a recibir una inyección económica suficiente, pero ahora hemos ido hacia atrás. Hay un gran número de jóvenes bien formados, pero nunca se ha invertido lo suficiente en infraestructura, que es lo que verdaderamente se necesita. Por otra parte aquí no existe, como sucede en otros lugares, la figura del posdoctorando, una figura esencial para la investigación de calidad.
¿Y qué sucede con los investigadores españoles que están trabajando fuera de nuestro país?
Por experiencia, ya que por el instituto que dirijo pasan muchos investigadores españoles, sé que aquí hay gente joven de gran calidad. Muchos se marchan a otros países para completar su formación. Pero, una vez fuera, están deseando volver. Sin embargo, se encuentran con que el sistema español no favorece su reincorporación. Finalmente, muchos acaban por regresar sea como sea, aunque sea para ocupar un cargo profesional que nada tenga que ver con su formación. Nuestro país ofrece una calidad de vida que es difícil de encontrar en otros lugares. En general, los países del Mediterráneo deberían enseñar a la gente del norte a vivir y éstos, a cambio, nos aleccionarían sobre cómo organizarnos.
¿Tiene usted también morriña?
Después de vivir 30 años en Alemania considero ese país como mi casa. En pocos otros sitios podría vivir. Quizás en Estados Unidos..., aunque creo que de allí únicamente me adaptaría a Nueva York. A España no le digo que no. He hecho ya dos intentos de volver. El primero, justo después de la muerte de Franco, duró tres semanas. En la segunda ocasión, en la cual yo estaba bastante entusiasmado, se trataba de un proyecto interesante: el Laboratorio Andaluz de Biología. De hecho, el instituto está acabado. Se financió básicamente con fondos europeos. Sin embargo, cuando el centro estuvo construido, prácticamente nos echaron de allí.
¿Cree que los medios de comunicación hacen bien su trabajo, en el caso de la información de contenido científico?
Tengo la sensación de que, hasta ahora, la prensa se ha limitado a presentar una «crónica de sucesos». Un mero llamar la atención sobre nuevos descubrimientos. Personalmente creo que esto no debería ser todo. Tendría que intentarse dar una formación más básica sobre la ciencia. Pero para ello es importante también la propia formación del periodista. Se agradece cuando te entrevista un profesional que te entiende.
Y en cuanto a la sociedad en general, ¿cree que está preparada para asumir decisiones que afecten a la actividad investigadora, como en el caso del referéndum suizo sobre biotecnologías?
La sociedad española en general no está todavía preparada. Lo mismo sucede en otros países. En Alemania, por ejemplo, existe una fuerte oposición a la biotecnología. Pero en el fondo, ésta no es más que el resultado del pánico dominante. El pánico a lo desconocido. Para asumir decisiones importantes, lo primero que se debe evitar es este miedo irracional.