Salvador Moncada
«La comunidad científica debe vivir en sociedad»
Mònica López
Salvador Moncada es un hombre de verbo fácil. Sin embargo, es difícil arrancar a este hondureño algunas palabras sobre los premios Nobel de este año. A pesar que la Academia Sueca ha ignorado a Salvador Moncada en el Nobel de Medicina, han corrido ríos de tinta para explicar que precisamente él es quien, para muchos expertos, ha realizado las investigaciones más importantes sobre la acción del óxido nítrico en el cuerpo humano, la sustancia que ha valido el Nobel de Medicina a los galardonados, Robert Furchgott, Ferid Murad y Louis Ignarro. No es la primera vez que Moncada ve pasar de cerca uno de los premios más codiciados del mundo. En 1982, Robert Vane, con quien trabajaba en la compañía farmacéutica Wellcome, recibió también el premio Nobel por trabajos realizados entre ambos investigadores.
Actualmente, Salvador Moncada lidera el Instituto Wolfson, dedicado a la investigación biomédica, en Londres y ha estado en Barcelona para hablar sobre la integración entre la investigación clínica y básica. La pregunta es inevitable: su opinión sobre el fallo del jurado de los premios Nobel de Medicina de este año. Sobre el tema se pronuncia breve: «La discusión específica sobre el premio Nobel es un tema que me envuelve a mí personalmente, y esa discusión debe tenerla la comunidad científica y no yo, porque estoy envuelto de forma directa y emocionalmente». El apoyo de sus colegas no le ha faltado. El fallo de la Academia Sueca causó sorpresa e indignación entre la comunidad científica hispana.
Los descubrimientos sobre el óxido nítrico han revolucionado el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares y de la impotencia. Fue en 1987 cuando Moncada publicaba los resultados de sus investigaciones en Nature. Doce años después, aquellas investigaciones han dado pie a diferentes tratamientos.
«El conocimiento debe convertirse en conocimiento productivo»
En estos momentos, a Salvador Moncada le preocupa la modernización de la ciencia. Desde el centro que lidera en Londres intenta cerrar la brecha entre la producción del conocimiento y su aplicación práctica. No duda en afirmar que «las tripas de la ciencia también tienen patologías». Explica que, durante muchos años, especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, la ciencia ha estado en torno al concepto de que cuanto más aislada estaba de su aplicación mejor era porque se dedicaba simplemente a buscar la verdad. En su opinión, «esto es correcto tan sólo hasta cierto punto, porque el científico debería estar interesado en las posibilidades de aplicación práctica de la ciencia y empezar a pensar Bueno, voy a hacer esto, pero ¿con qué fin?. Estamos en un momento en que los científicos también debemos tener una conciencia y una responsabilidad hacia lo que se está haciendo. La cuestión está en saber cómo cerrar la brecha para lograr que el conocimiento básico se torne en conocimiento productivo».
Moncada se muestra crítico con la comunidad a la que pertenece y no le resta culpas: «Los académicos han estado interesados en hacer buena investigación, publicarla en Nature, ganar reconocimiento y nada más. Se hace un descubrimiento, la gente de la industria lo lee y hace honestamente el trabajo que sigue. Pero el investigador no tiene ninguna participación en los beneficios finales. La universidad que hace el descubrimiento original debería tener algún tipo de participación en eso, en los descubrimientos que después utiliza la industria. Pero no se ha tenido ningún interés en ello y ahí es donde debe empezar a cambiar la filosofía. Nosotros estamos creando conocimiento, por lo menos una tajada».
Un filón por explotar ya que, por otro lado, Salvador Moncada afirma que la misma industria necesita de la base académica y «cada vez está más convencida de que no puede hacer los descubrimientos fundamentales que necesita para desarrollar nuevos productos». Para defender su idea de vincular la industria y la universidad afirma que «lo único que se establece es una relación de negocio en la cual la universidad es mucho más consciente de lo que tiene y que es perfectamente válida».
«Una sociedad consciente es lo mejor que puede haber»
La percepción social de la ciencia desempeña un importante papel en ello: «Una sociedad consciente es la mejor para llevar a cabo estos objetivos. Y en este sentido estoy de acuerdo en que los científicos muchas veces no se llevan su tiempo para explicar a la sociedad qué es lo que están haciendo y por qué lo están haciendo. La comunidad científica debería comunicar mucho más y participar mucho más en la discusión general de la sociedad de porqué se hace investigación. En este sentido se están haciendo cosas, pero no suficientes. Los textos científicos están escritos de tal manera que ni tan siquiera un científico que está a cinco milímetros del campo de otro es capaz de entenderlo. Hay que trabajar mucho para resolver este problema y es que la comunidad científica tiene que vivir en sociedad y ser responsable para buscar su apoyo».
No cabe duda sobre el carácter conciliador de Moncada, que afirma que «para iniciar una discusión como mínimo deben haber algunos puntos de acuerdo». La primera premisa sobre el debate social de la ciencia es que «la inversión en ciencia y tecnología va a redundar a medio o largo plazo en beneficios para la sociedad, en creación de riqueza, de empleo, y en mejores condiciones de vida». La segunda, como resultado de la primera, que «el país debe tener una estrategia de desarrollo científico-técnico acelerada con la máxima inversión posible». Visto desde fuera, afirma que en el caso de España, este cambio de mentalidad «sería un cambio cualitativo que permitiría desempeñar un importante papel en la Unión Europea y apostar por una estrategia clara, de apoyo a los investigadores». A continuación, lanza al aire la gran pregunta: «¿Cuánta gente formada en España está en Estados Unidos u otros países investigando pero desearían volver?». Él mismo encuentra la respuesta y afirma que «hay que decidir y apostar. Hay que tomar una decisión estratégica clara para crear una base de élite internacional».
Salvador Moncada
Nacido en Tegucigalpa, Honduras, en 1944. Después de estudiar medicina en la Universidad de El Salvador, obtiene el grado de PhD en farmacología en el Universidad de Londres, y el Doctorado en ciencias en la misma universidad. Desde 1973 y hasta la actualidad ha residido en esta ciudad. A lo largo de estos años su actividad en el campo de la investigación ha estado ligada a los Laboratorios Wellcome, donde trabajó durante 20 años. Precisamente su último cargo en la compañía fue el de director de Investigación. Desde 1995 dirige el Proyecto Cruciforme para la Investigación Médica Estratégica, de la Universidad de Londres. Sus principales áreas de investigación han sido los efectos farmacológicos de sustancias vasoactivas, especialmente el oxido nítrico y productos del metabolismo del acido araquidónico; la biología de la formación y las acciones del oxido nítrico; la inflamación; la conducta de las plaquetas e interacción de las mismas con el endotelio vascular; la trombosis y la aterosclerosis. Ello le ha llevado a registrar 10 patentes relacionadas con su investigación y a publicar cerca de 700 artículos en diversas revistas de prestigio científico internacional, siendo uno de los 25 científicos más citados del mundo (según datos del ISI, correspondientes al período 1981-1994). Ha sido nombrado doctor honoris causa en siete universidades: Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Honduras, la Universidad de Cantabria; la Universidad Pierre y Marie Curie, París, Francia; la Universidad de Amberes, Bélgica; la Universidad de Turí, Italia, y la Universidad de El Salvador. Además ha recibido tres doctorados honoríficos en ciencias, por parte de la Universidad de Sussex, Brighton, Inglaterra; la Escuela de Medicina Mount Sinai, Nueva York, EUA, y la Universidad de Nottingham, Inglaterra.