Crónica

CPCT-Berlín:

una década de estudios sobre comunicación social de la ciencia

CPCT-Berlin:

a decade of studies on the social communication of the science

Martín F. Yriart

Entre el 17 y el 19 de setiembre de 1998, se realizó en Berlín la V Conferencia Internacional de la Red de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, que reunió a científicos, periodistas, investigadores de la comunicación, y organizadores de museos, exposiciones y actividades participativas. Con el lema «Ciencia sin fronteras», brindó un panorama del estado actual del campo de la comunicación social de la ciencia y la tecnología, tanto desde el punto de vista de las investigaciones como de las prácticas vigentes. Este artículo se centra en las aportaciones al marco teórico de la comunicación social de la ciencia que fueron eje de la conferencia y en las perspectivas que abre la expansión de la comunicación on-line, todavía insuficientemente estudiadas.

Between 17 and 19 September 1998, Berlin was host to the 5th International Conference of the Network of Public Communication of Science and Technology, which brought together scientists, journalists, communication researchers and organisers of museums, exhibitions and participatory activities. Under the slogan «Science without frontiers», it provided a panorama of the current state of the field of social communication of science and technology, from the point of view of both research and current practices. This article focuses on the contributions to the theoretical framework of the social communication of science which formed the backbone of the conference and on the prospects opened by the expansion of on-line communication which have not yet been satisfactorily studied.

Si bien aún estamos muy lejos de encontrarnos frente a un campo ordenado y delimitado sistemáticamente, en la década que concluye los estudios acerca de la comunicación social de la ciencia han alcanzado un nivel y un volumen sin precedentes.

Es verdad que salvo esfuerzos aislados y en realidad parciales como los de Burkett (1986), Calvo Hernando (1992) y Friedman, Dunwoody y Rogers (1988), carecemos todavía de un Handbuch que presente el estado del arte de este campo.1 Y que las únicas recensiones críticas de conjunto disponibles, además de la incluida en este último libro (Dunwoody y Long, 1991, y Cronholm y Sandell, 1981), están sumamente desactualizadas, y que el esfuerzo de William Evans de suplir esta deficiencia en la sección bibliográfica de Public Understanding of Science data sólo de principios de 1998.

Pero también es cierto que en la década de los noventa hemos visto la aparición y consolidación de esta revista, que se ha convertido rápidamente en un reconocido journal de investigación sobre comunicación social de la ciencia en todos los órdenes; la publicación de Alliages, con su proyecto de trascender los límites estrechos, impuestos artificialmente a la ciencia en la cultura del siglo xx, y el resurgimiento de Knowledge, con su nuevo y elocuente título: Science Communication. Y que entre 1989 y 1998 se han realizado cinco conferencias de la Red Internacional de Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología (CPCT) (Poitiers, 1989; Madrid, 1991; Montreal, 1994; Melbourne, 1996; Berlín, 1998).

Aunque la década culminará con la ii Conferencia Mundial de Periodistas Científicos, convocada por la UNESCO, que se realizará en Budapest, en junio de 1999, dada la amplitud temática, la representatividad de sus participantes y el alcance de los trabajos presentados, podemos afirmar sin temor a exagerar, que la V Conferencia Internacional de la Red CPCT, realizada en Berlín, en setiembre de 1998, es lo más parecido a un balance del estado del arte en estudios sobre la comunicación social de la ciencia y la tecnología que tenemos hoy a nivel internacional, como lo refleja el contenido del Delegates Manual.

No hay mejor evidencia del estado todavía fundacional del campo de los estudios sobre comunicación social de la ciencia (a pesar de que puedan citarse trabajos que pronto tendrán medio siglo) que una lectura del índice temático de los talleres que se desarrollaron en la conferencia: «La imagen de la ciencia», «Cómo se vende la ciencia», «Centros participativos de ciencia», «Ciencia y sociedad», «Científicos y periodistas», «Periodismo científico y estudios sobre comunicación», «Destrezas comunicacionales», «Estrategias de comunicación de la ciencia», «Ciencia on-line», «Salud y opinión pública», «La ciencia en televisión», «La ciencia en la prensa», «Cursos de periodismo científico», «La ciencia en los medios masivos», «Los medios y la medicina», «Riesgos y ética», además de tres monográficos dedicados a «La experiencia australiana», un «Panorama de Europa Oriental» y los «Estudios del Institut für Publizistik», de Berlín.

A la heterogeneidad temática es necesario agregar la diversidad de los perfiles académicos y profesionales de los participantes, consecuencia del objetivo que se plantearon inicialmente los promotores de la Red CPCT de reunir en ella no sólo a investigadores de comunicación social, sino también a periodistas, comunicadores, investigadores científicos, profesores de todos los niveles y organizadores de museos, muestras y actividades participativas.

Una buena parte de las ideas prevalecientes hoy en este campo no proviene de las ciencias de la comunicación sino del trabajo crítico, analítico y programático de profesionales de otras disciplinas, preocupados por el papel de la ciencia en la sociedad contemporánea y por su comunicación y recepción, algo que refleja claramente el programa, compaginado por el comité organizador local, que presidió Winfred Göpfert e integraron, además, Utz Lederbogen, Ilona Richter y Wolf Scheel, con la asistencia del Comité científico internacional, y que abarcó más de un centenar de conferencias plenarias, comunicaciones y paneles.

Todo esto obliga, al reseñar la conferencia, a hacer una selección muy restrictiva de las plenarias y las comunicaciones de interés más general, pero quienes deseen conocer de primera mano los trabajos presentados pueden recurrir a la página www.kommwiss.fu-berlin.de/ab/wissjour, donde encontrarán el programa y los resúmenes completos, y los textos de las principales conferencias y comunicaciones.

Nosotros nos ceñiremos aquí a las exposiciones que más contribuyeron a cuestionar y replantear el marco teórico de la comunicación social de la ciencia, implícito tanto en las prácticas de los comunicadores como en las de los propios investigadores de la comunicación, y de los científicos mismos en tanto que interactúan a través de los medios con la sociedad.

Un marco teórico para la CPCT

Como si hubiera habido un acuerdo previo, las principales plenarias y comunicaciones de Berlín giraron alrededor de la necesidad de definir el marco teórico de la comunicación social de la ciencia y explicitar y reconsiderar críticamente sus supuestos. John Durant, subdirector del Museo de Ciencias de Londres, profesor del Imperial College, primer editor de Public Understanding of Science, y uno de los principales promotores de la creación de la Red CPCT, planteó la necesidad de renegociar la relación entre ciencia y sociedad, que en los estudios sobre comunicación social de la ciencia ha sido uno de los puntos centrales de la década.

Por una parte, puso énfasis a la crítica a que ha sido sometido el «modelo de déficit» sobre el que se asentó la divulgación científica durante gran parte de este siglo: los legos sufren una carencia de conocimientos científicos, fruto de la velocidad de expansión del conocimiento científico y de su creciente especialización, que les impide apreciar verdaderamente la ciencia y conocer la realidad. También señaló la aparición en la última década de una corriente crítica hacia la divulgación de la ciencia que la considera una nueva forma de «relaciones públicas» de la comunidad científica destinada a afianzar su prestigio social y su poder.

La realidad, señaló Durant, es que el campo de la «comprensión pública de la ciencia» (public understanding of science) es heterogéneo y complejo y conviven en él intereses algunas veces contradictorios, pero «este obvio pluralismo de intereses dentro de la comunidad de la comprensión pública de la ciencia es un signo de vigor y no de debilidad».

Por encima de las disidencias, además, hay un factor común de unidad: la convicción de que la actual relación entre ciencia y sociedad no es lo que debiera. La misión de quienes trabajan en este campo es hoy «cuestionar el papel de la ciencia en la sociedad» y «contribuir --ya sea como investigadores o como comunicadores de la ciencia-- a la renegociación de esa relación».

Matthias Kohring, catedrático e investigador de medios de comunicación de la Universidad Friedrich Schiller, de Jena, puntualizó el descuido del marco teórico de la comunicación en las investigaciones sobre periodismo científico, que han sido probablemente el eje principal alrededor del que se ha constituido el campo de los estudios sobre la comunicación social de la ciencia. Por el contrario, la ausencia de teoría ha sido disimulada por la amplitud de la investigación empírica acerca de los procesos productivos del periodismo científico, y sustituida por un enfoque normativo acerca de lo que el periodismo científico debiera ser.

Detrás de la investigación empírica, señaló, subyace generalmente el «modelo de déficit», que implica la existencia de «una necesidad de comunicar el conocimiento científico desde ‘la’ ciencia hacia ‘el’ público no científico». Este «programa» implícito de la divulgación «no describe satisfactoriamente la verdadera función social de la cobertura periodística de la ciencia, y las relaciones entre ciencia y sociedad». Acercándose más a un segundo «modelo», el de la «responsabilidad social», Kohring señala que la comunicación científica pública es evaluada exclusivamente en función de su capacidad de equipar a los ciudadanos de criterios de decisión política acerca de la ciencia, la tecnología y su impacto sobre la calidad de vida.

Estos modelos normativos obligan al periodismo científico a realizar la cobertura de una ciencia «ideal» --por oposición a la que verdaderamente se hace en la realidad-- y «niegan la independencia de la perspectiva periodística». Esta postura normativa impone al periodismo una concepción de la racionalidad científica y su representación de la realidad como un estamento que se ubica por encima del resto de la sociedad. Por el contrario, un modelo teórico del periodismo científico debiera tener en consideración que «la ciencia no es más una fuente incuestionable de orientación para la sociedad».

La principal conclusión del planteamiento de Kohring es que «la función social del periodismo científico debe ser estrictamente diferenciada de los conceptos tradicionales de divulgación y comprensión pública de la ciencia».

Una tercera crítica a la debilidad conceptual del actual marco teórico de la comunicación social de la ciencia fue planteada por Carol L. Rogers, editora de Science Communication, y decana de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Maryland: la representación del público que parecen suponer gran parte de los medios, los propios científicos y muchos de los investigadores en comunicación social que estudian este campo. «En muchos sentidos, sostiene, comprender a la audiencia sigue siendo el eslabón más débil de la comunicación pública de la ciencia y la tecnología.» La investigación empírica se ha ocupado ampliamente del interés de las audiencias en la ciencia y en su presentación en los medios de comunicación masiva. Sin embargo, afirma Rogers, sabemos mucho menos acerca de cómo esas audiencias procesan la información compleja sobre la ciencia que le suministran los medios.

La comunicación científica pública subestima la capacidad de las audiencias de abordar temas complejos y alejados de la experiencia cotidiana; además, la forma en que organiza y presenta la información científica no es coherente con los procesos cognitivos de la adquisición y comprensión de la información. En nuestro modelo de la comunicación social de la ciencia urge introducir un enfoque basado en la audiencia, que dé cuenta precisamente de esos procesos cognitivos para generar mensajes que resulten relevantes y comprensibles para ella.

Brian Trench, periodista científico y profesor de la Universidad de Dublín, por su parte, señala la necesidad de incorporar un enfoque multicultural en los estudios sobre comunicación social de la ciencia, virtualmente ausente hasta ahora. De hecho, la gran masa de la investigación sobre comunicación social de la ciencia se refiere a Estados Unidos y Gran Bretaña, con un volumen considerablemente menor para Europa y prácticamente inexistente para el Tercer Mundo.

Desde hace tres siglos, la ciencia es un fenómeno eminentemente internacional, pero las «culturas científicas» difieren de país en país y, aunque no necesariamente influyen sobre la ciencia misma, sí inciden sobre la forma de integración de la ciencia en la cultura, en el sentido más amplio del término y, consiguientemente, en la forma en que los medios reportan la realidad científica.

La crítica a este reportaje se basa en normas de precisión y apropiación que conducen a una argumentación circular en la que los críticos sólo pueden encontrar aquellos preconceptos que su particular visión de la comunicación social de la ciencia los induce a introducir. Un tratamiento comparativo permite poner en evidencia los valores noticiosos implícitos, las propiedades específicas del discurso periodístico frente al científico, y las actitudes hacia la ciencia adoptadas por periodistas, científicos y audiencias.

La interacción entre periodistas y científicos en el reportaje es otro flanco débil de la teoría sobre la comunicación social de la ciencia, sostiene Hans Peter Peters, investigador del Centro de Investigaciones de Karlsruhe. A pesar de que la psicolingüística se ha ocupado extensamente de este tipo de interacciones, la teoría de la comunicación lo ha descuidado, aunque en los estudios empíricos sobre comunicación social de la ciencia es un tema recurrente.

La particularidad de los científicos como fuente es que su actividad --a diferencia, por ejemplo, de la de los políticos-- no está dirigida hacia audiencias masivas, sino hacia sus pares, y que no tienen en general experiencia para desempeñarse como interlocutores de los periodistas, ni por consiguiente poseen las rutinas comunicativas adecuadas. Todo esto, a juicio de Peters, hace que la investigación acerca de estas interacciones pueda resultar especialmente rica y reveladora.

Tres rasgos característicos de estas interacciones debieran ser incorporados a la teoría: su naturaleza intercultural, los conflictos de interés implicados y la doble responsabilidad en la producción de mensajes. Peters propone integrar a ella elementos de la teoría de la comunicación intercultural, la teoría de juegos y la teoría del discurso.

El periodismo científico futuro

La importancia de estos toques de atención con referencia al marco teórico de la comunicación social de la ciencia y a los estudios sobre ella no escapan a nadie. En resumen puede decirse que tanto en la práctica profesional, como en la investigación, como en el debate público acerca de la función de la ciencia y de los medios en la sociedad, conviven teorías científico-sociales y normativas, con otras del tipo que McQuail (1987) califica como «operativas» y «de sentido común».

Pero más importante todavía es que estas lúcidas críticas a la investigación actual sobre comunicación social de la ciencia parecen reflejar una realidad que se aleja rápidamente hacia el pasado y que desde el inminente siglo xxi veremos en gran medida como obsoleta. Pocas veces la ciencia social puede acompañar los fenómenos que estudia manteniéndose a la par de ellos. La ciencia social es, en gran medida, una ciencia de lo transitorio y lo irrepetible. La vigencia temporal de sus leyes está limitada no sólo por el avance continuo de la investigación --como en las demás disciplinas científicas--, sino además por la naturaleza cambiante de su objeto.

Nada más elocuente que el ejercicio de comparar la visión de las comunicaciones que poseen hoy quienes nacieron y crecieron en la era de la televisión, frente a las generaciones anteriores, que formaron sus hábitos informativos en una sociedad en la que el medio de comunicación por excelencia era el periódico. Y más aún si esa comparación puede hacerse con alguien que haya alcanzado la edad adulta antes de la aparición de la radiofonía.

Por eso, a la vez que se explica la escasa presencia todavía de investigaciones acerca del impacto de Internet sobre la comunicación social de la ciencia y la manifestación de actitudes acríticas e ingenuamente optimistas o alarmistas, también se evidencia la necesidad de incorporar este nuevo ingrediente al campo de los estudios sobre la comunicación social de la ciencia y su marco teórico. No podemos cerrar esta reseña de la V Conferencia Internacional de la Red CPCT sin referirnos aunque sea brevemente a las comunicaciones dedicadas a la información on-line.

Si las referencias a la Internet brillaron por su ausencia en las conferencias plenarias que fueron escenario de las principales discusiones sobre el marco teórico de la comunicación social de la ciencia, los enfoques prácticos privaron en el taller que coordinó Jaap Willems, profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Nimega.

El taller se desarrolló en la Sala Internet del Centro de Formación de Siemens y se basó casi exclusivamente en la presentación de experiencias de comunicación científica a través de Internet, ya sea dirigida a públicos legos o especializados.

Respecto de las del primer tipo, Ian Allen, de la Australian Broadcasting Corporation, se refirió a The Lab, una experiencia on-line dirigida a estimular el interés por la ciencia de jóvenes de entre 15 y 35 años; la experiencia catalana denominda Aiguarium, que plantea a los miembros de la audiencia la posibilidad de influir sobre los contenidos de la comunicación, fue expuesta en un trabajo de Montserrat Daban, Pierre Fayard, Mónica López y Mariona Grau; Elke Reinecke presentó la edición on-line de Spektrum der Wissenschaft, una revista científica electrónica; Margarete Pauls se refirió al programa de comunicación on-line del Instituto Alfred Wegener de Investigación Polar y Marina, y Manfred Ronzheimer lo hizo con respecto a BerliNews, un servicio informático gratuito de noticias científicas para la región de Berlín. Con sus distintos matices de interés, relativos a los objetivos y las estrategias comunicacionales de cada una de estas experiencias, su impacto está definido por los públicos a los que se dirigen en cada caso y su carácter, a veces, experimental.

El resultado del taller estuvo caracterizado más por el entusiasmo y las expectativas que por la crítica de los resultados obtenidos y la evaluación de las premisas implícitas en las experiencias presentadas.

Capítulo aparte merece la desembozada «venta» del servicio Eurekalert, de la American Association for the Advancement of Science (AAAS), destinado a permitir el acceso de periodistas e investigadores al contenido de más de un centenar de publicaciones científicas, favorecer el contacto con los autores de sus artículos, presentado por Ellen Cooper y Nan Broadbent, responsables del mismo.

Si es posible observar una creciente dependencia de la información científica que ofrecen los medios masivos respecto de los journals de ciencias, la expansión de los servicios on-line parece destinada a acentuar aún más esa tendencia. Así lo indica una investigación de la Universidad Libre de Berlín presentada por Utz Lederbogen y Joachim Trebbe, que se propone realizar un relevo del uso de los medios interactivos por las instituciones científicas alemanas. Ursula Stamm, de la misma universidad, presentó una encuesta en la que se indica que un creciente número de periodistas científicos alemanes utilizan Internet para documentarse y acceder a sus fuentes.

Por su parte, William Evans, de la Universidad Estatal de Georgia, presentó una comunicación acerca de las tendencias de utilización de la información científica on-line, en la que puso en duda que vaya a afectar radicalmente la forma en que los periodistas científicos obtienen noticias, aunque señaló que la creciente participación de las audiencias puede forzarlos a reconsiderar su papel de «mediadores sociales». Un caso específico es el del servicio de información alemán sobre el cáncer Oncolink, expuesto por Anke Scheiber.

El limitado alcance del taller «Ciencia on-line» y de las escasas comunicaciones (tres, incluida la de Evans) salpicadas en los demás grupos, así como las aportaciones teóricas acerca del impacto de la información on-line en la comunicación social de la ciencia, limitadas a la aislada comunicación de este investigador estadounidense, han sido quizás el flanco más débil de la conferencia de Berlín. Pero al mismo tiempo es un indicio de que también en el ámbito de los estudios sobre la comunicación social de la ciencia, la comunicación on-line es un tema que en el futuro próximo adquirirá cada vez más peso.

Bibliografía

5th International Conference on Public Communication of Science and Technology: Delegates Manual, Berlín, Universidad Libre de Berlín, 1998.

Burkett, David Warren: News Reporting: Science, Medicine and High Technology, Iowa, The Iowa State University Press, 1986.

Calvo Hernando, Manuel: Periodismo científico, Madrid, Paraninfo, 2ª edición, 1992.

Cronholm, Margareta, Rolf Sandell: «Scientific information: a review of research», Journal of Communication 1981; spring: 85-96.

Dunwoody, Sharon, Marilee Long: Annotated bibliography of research on mass media and science communication, Madison, Center for Environmental Communications and Education Studies, 1991.

Friedman, Sharon M., Sharon Dunwoody, Carol L. Rogers: Scientists and journalists: reporting science as news, Nueva York, The Free Press, 1986.

McQuail, Denis: Mass communication theory: an introduction, Londres, Sage Publications, 1987.

 

Notas

1 Aunque la anunciada publicación de Science in Public, de Jane Gregory y Steve Miller (Londres, Plenum) a finales del 1998, abre una interesante perspectiva en este sentido.

 

 

Martín F. Yriart

Nacido en Buenos Aires, en 1942, es periodista científico, profesor de la Escuela de Letras, de Madrid, y coordinador del módulo de comunicación del Máster de cultura y comunicación en ciencia y tecnología de la Universidad de Salamanca, además de director de Formación, organización y métodos editoriales de RBA Revistas, que publica las ediciones españolas de La Recherche y National Geographic. Es miembro del Comité científico de la Red internacional sobre comunicación pública de la ciencia y la tecnología, y del Comité asesor editorial de Public Understanding of Sciencie. Su último trabajo de investigación publicado es un estudio sobre la cobertura del «Caso crotoxina», un fraude científico, en los medios de comunicación argentinos [REDES-Revista de Estudios Sociales de la Ciencia 1998; 11 (5): 113-139].

martin-yriart@rba.es