Lo que tiene que decir el público sobre la información científica
Listening to audience for science information
Carol L. Rogers
Este artículo corresponde al capítulo «La importancia de entender al público» de la obra Communicating uncertainty: media coverage of new and controversial science, publicado en el mes de enero de 1999. En este texto, el objeto de análisis es el público y, para ello, la autora se centra básicamente en cuatro proposiciones: el efecto que provocan las noticias, el desconocimiento que tienen los periodistas de los destinatarios, las dificultades que encuentra el público para la comprensión de noticias relacionadas con ciencia y, por último, encontrar algún modo de salvar las distancias entre los intereses, las necesidades del público y el contenido de las noticias científicas.
This article corresponds to the chapter «The importance of understanding the public» from the book, Communicating uncertainty: media coverage of new and controversial science, published in January 1999. The subject of the analysis in this article is the public. For this purpose, Carol L. Rogers focuses basically on four propositions: the effect of news, the lack of information of journalists regarding the recipients, the difficulties of the public in understanding news related to science and finding a way of bridging the gap between the interests and needs of the public and the content of science news.
El efecto que provocan las noticias
Las noticias sobre ciencia, salud, tecnología y medio ambiente provocan un efecto. Yo no comulgo con la teoría de los poderosos efectos mediáticos. No hay duda de que los reportajes científicos de los medios de comunicación, aun en el caso que sean sobre temas científicos controvertidos, son sólo una fuente de información más a la que podemos acceder en un entorno informativo muy rico. Pero eso no significa que los medios no sean importantes. Y querría apuntar dos razones por las que considero que esto es así.
La primera es que, en muchos casos, las personas reciben la información sobre estos temas de los medios de comunicación. Por ejemplo, hace unos tres años, en agosto de 1996, cuando los científicos anunciaron que habían encontrado pruebas de posibles restos fósiles de bacterias en Marte, la mayoría de la gente se enteró del descubrimiento a través de los medios de comunicación.
Hace un par de años, en abril de 1997, cuando desde Escocia un grupo de científicos anunció que había clonado una oveja a la que llamaron Dolly, la mayoría de la gente oyó hablar de Dolly también a través de los medios de comunicación.
En marzo de 1998, unos científicos anunciaron que un asteroide podría chocar con la tierra en el año 2025, a lo que siguió la réplica de otro grupo de científicos que dijeron que el asteroide no pasaría siquiera cerca de la Tierra. La mayoría del público recibe esas noticias de los medios de comunicación.
Del mismo modo, también hace un año, cuando los médicos alertaron a las mujeres sobre la posibilidad de que las mamografías dieran resultados positivos falsos, la mayoría lo oyó por primera vez en los boletines de noticias.
El hecho de que la mayoría de la gente, la mayoría de las veces, consigan la mayor parte de la información científica a la que acceden (especialmente, noticias científicas nuevas y controvertidas) a través de los medios de comunicación no es ninguna novedad. Tal como señalaba la socióloga Dorothy Nelkin (Nelkin, 1995):
«Para la mayoría de la gente, la realidad de la ciencia es lo que leen de ella en la prensa. Entienden los temas científicos menos a través de la experiencia directa o de la educación recibida que a través del filtro del lenguaje y de las imágenes periodísticas. Los medios son su único contacto con lo que sucede en los campos científico y técnico, constantemente cambiantes, así como una fuente de información muy importante sobre las implicaciones que tienen estos cambios para sus vidas».
Como ya sabemos, los medios de comunicación pueden ser fuentes de información especialmente importantes sobre lo que el experto en comunicación Harold Zucker llamaba en 1978 «temas no personales», aquello con lo que no nos encontramos habitualmente en nuestra vida diaria. Muchos temas científicos entran en esa categoría. Por ejemplo, lo más probable es que la mayoría de nosotros no tenga grandes conocimientos sobre temas como la clonación o el calentamiento global o las especies en peligro de extinción.
Pero los medios de comunicación pueden ser una fuente de información primaria incluso en un tema aparentemente tan ubicuo como el sida. Hace sólo tres años, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos calculaba que más de 600 000 personas en Estados Unidos estaban infectadas con el virus HIV o enfermas de sida. Aun así, más del 60 % de los estadounidenses manifestaron que no conocían personalmente a nadie con sida o con el HIV o que hubiera muerto de sida (The Henry J. Kaiser Family Foundation, 1996b). Obtuvieron la información que tenían sobre el sida de los medios de comunicación. Más específicamente, dos terceras partes de los encuestados manifestaron que habían obtenido la información sobre el sida a través de la televisión, y más de la mitad reconocían haber accedido a esa información por los periódicos. Sólo algo más del 25 % de los americanos dijeron haberse informado sobre el sida por familiares, amigos o conocidos, y menos de uno de cada cinco sabían de la enfermedad por los médicos u otro personal sanitario (The Henry J. Kaiser Family Foundation, 1996c).
Más recientemente, el pasado verano, la Fundación Familia de Henry J. Kaiser y la Asociación Nacional de Periodistas Negros publicaron los resultados de un estudio conjunto sobre la población negra, los medios y la salud, conocido como estudio Kaiser/NABJ.
En este estudio, era más la gente que afirmaba haber recibido información sobre cuidados de la salud por la televisión que la que la había recibido de su médico u otro tipo de personal sanitario. Los periódicos quedaron en tercer lugar a poca distancia, mientras que las revistas y la radio quedaron muy atrás. En total, el 78 % dijeron haber recibido por lo menos una información de la televisión, cifra que contrasta con el 67 % que reconoció haber recibido ese tipo de información a través del personal sanitario (The Henry J. Kaiser Family Foundation y National Association of Black Journalists, 1998).
De hecho, el 25 % de los afroamericanos manifestaron que habían recibido la mayor parte de la información sanitaria por la televisión, en contraste con el 20 % que dijo que la habían recibido de los médicos u otro personal sanitario. Otro 10 % afirmó que había sido a través de familiares y amigos, el 9 % a través de su empresa, y el 8 % por medio de periódicos y revistas (The Henry J. Kaiser Family Foundation y National Association of Black Journalists, 1998).
En segundo lugar, en lo que se refiere a la razón de la importancia de los medios de comunicación, no tenemos una imagen muy clara de por qué la información científica de los medios de comunicación llega al público. Pero tenemos algunas pistas.
Por ejemplo, en el estudio dirigido por la Asociación Nacional de Autores Científicos de Estados Unidos en 1957, más de la mitad de los encuestados afirmaron que querían «estar al día», lo que llevó a los autores del estudio a la conclusión de que la gente consideraba que la ciencia era «en gran medida parte del espectro total de cosas sobre las que es importante tener conocimiento» (Survey Research Center, 1958). Los autores observaban que «la orientación hacia la ciencia parece cumplir las funciones más amplias de dar sentido al mundo y de contribuir a dirigir las propias relaciones con el mismo».
No obstante, la adquisición de conocimientos en general no es la única razón. En un estudio realizado en 1993, Lou Harris, del Scientists' Institute for Public Information (SIPI), observó una razón aún más básica. Según el SIPI, «el interés público por las noticias sobre ciencia no se debe simplemente a una fascinación irracional por las maravillas de la ciencia. El estudio indica que las noticias sobre ciencia ofrecen la información básica y funcional necesaria para la vida en el mundo moderno» (Scientists' Institute for Public Information, 1993).
El mencionado estudio Kaiser/NABJ del pasado verano parece apoyar esta tesis. Como consecuencia de las noticias recibidas sobre asuntos de salud, el 71 % de los encuestados afirmó haber hablado con un familiar sobre el tema; el 55 % dijo haber cambiado su comportamiento para mejorar su salud, el 49 % había hablado con su pareja sobre un tema relacionado con el sexo, y el 43 % había consultado a un médico u otro tipo de personal sanitario (The Henry J. Kaiser Family Foundation y National Association of Black Journalists, 1998).
¿Conocen los periodistas a su público?
Los periodistas, por regla general, no conocen bien a su público, se podría argumentar que este conocimiento es especialmente importante en el caso de los periodistas, puesto que su trabajo se basa en ofrecer información a esos mismos individuos.
Sin embargo, los periodistas trabajan de hecho partiendo de una idea «confusa y bastante simple» de su público (Levy, Robinson y Davis, 1986). Sólo hay que preguntar a los periodistas sobre el feedback que reciben de sus lectores, sus oyentes o sus espectadores: los periodistas dirán que raramente se produce, si es que se produce.
También sabemos que los periodistas son diferentes a la mayoría de lectores de periódicos, de espectadores de televisión o de oyentes de radio. Por ejemplo, los periodistas suelen ser más jóvenes, suelen tener una mejor educación y un mayor vocabulario, suelen leer más y tienen intereses más variados que su audiencia. También suelen tener una mejor situación económica (Gaziano y McGrath, 1987; McAdams y Elliott, 1996).
Además, se ha observado a través de los estudios realizados que los periodistas tienden a subestimar los intereses de sus lectores por las noticias y que tienden a adoptar una postura condescendiente hacia su público (citado en Gaziano y McGrath, 1987).
Por tanto, no resulta sorprendente que en un estudio de productores y audiencias televisivas, la investigadora Valerie Crane (Crane, 1992) descubriera que en muchos casos es difícil encontrar una relación entre lo que pensaba que estaba comunicando el productor y lo que percibía o interpretaba realmente la audiencia a partir de lo que veía. Por ejemplo, Crane observó que el personal de televisión evaluaba los programas según la calidad de sus características de producción, como la inclusión de imágenes en directo o la interpretación del presentador. En cambio, el público juzgaba los programas según la calidad de la información que presentaban.
Las dificultades del público para entender las noticias de ciencia
La tercera proposición surge de un análisis que he hecho a partir de mi reciente trabajo sobre la forma que tiene el público de interpretar la cobertura mediática de dos temas particulares relacionados con la ciencia: el sida y el calentamiento global.
Este estudio incluía una serie de seis grupos de estudio formados por adultos de entre 22 y 87 años de edad. Ninguno de los participantes en los grupos tenía especiales conocimientos sobre sida o calentamiento global. Cada grupo de estudio, compuesto por un número de entre cinco y 11 participantes, vio un noticiario de televisión, escuchó un boletín de noticias de una radio pública nacional o leyó un artículo de The Washington Post sobre cada tema.
Los participantes de los grupos, algo más de la mitad de los cuales eran mujeres, fueron seleccionados a través de propaganda impresa, anuncios de periódico y llamadas de teléfono. Resultaron tener una educación superior a la de la media de la población. Todos habían realizado estudios medios. Muchos de ellos tenían títulos superiores. Por tanto, aunque no eran representativos de una población general, la educación recibida debería facilitarles la comprensión de las noticias que se les presentaban.
El sida y el calentamiento global tienen una serie de parecidos y de diferencias que los convierten en temas especialmente interesantes para el análisis. En lo referente a los parecidos, aunque la historia de cada uno sea bastante diferente, ambos llegaron a oídos del público aproximadamente al mismo tiempo, a principios de la década de los ochenta. De modo que hemos tenido un plazo de tiempo similar para familiarizarnos con ambos temas y desarrollar opiniones y preocupaciones.
Por otra parte, la salud y el medio ambiente son de esos temas que aparecen de forma periódica en los estudios de público y de agendas mediáticas. Tanto el sida como el calentamiento global, en particular, han sido objeto de amplios estudios por parte de los investigadores de comunicación de masas, que han examinado la cobertura de los medios y, en un sentido más estricto, la reacción de las audiencias ante esa cobertura.1 Estos estudios demuestran la importancia de estos temas para nuestra sociedad y aportan un contexto más amplio para el presente estudio.
Sin embargo, el sida y el calentamiento global se sitúan en extremos opuestos de un espectro que coloca un tema inmediato y personal como el sida en un lado y un tema más a largo plazo, que puede parecer más remoto, como el calentamiento global, en el otro.
Por otra parte --y probablemente sea más importante-- los problemas del sida y del calentamiento global reflejan diferentes tipos de incertidumbre, cada uno de los cuales, a su vez, plantea cuestiones diferentes a las audiencias. Por ejemplo, la comunidad científica y el público en general comprenden bastante bien la causa del sida y su forma de transmisión. Las incertidumbres, en parte, tienen que ver más con el momento en que conviene empezar a usar las nuevas terapias de combinación de fármacos con pacientes, y qué efectos a largo plazo pueden tener los nuevos tratamientos, quién los pagará y qué posibilidades existen de desarrollar una vacuna.
El calentamiento global presenta un cuadro más complejo en lo referente a las dudas, entre las que se incluyen la magnitud del calentamiento, las contribuciones relativas de las poblaciones humanas a ese calentamiento, la distribución regional del fenómeno del calentamiento y los posibles impactos del calentamiento global en esas regiones.
Los temas del calentamiento global y del sida se diferencian en otro punto importante. Aunque existe un consenso entre la mayoría de científicos expertos en climatología en que el calentamiento global se está produciendo efectivamente y que las actividades humanas ejercen un papel en él, las incertidumbres se ven subrayadas por el enfrentamiento público de opiniones recogido periódicamente en la cobertura mediática que se hace del tema. Pocas veces se ven opiniones enfrentadas en las noticias sobre el sida.
Las noticias sobre el sida usadas con los grupos de estudio provenían de la 11ª Conferencia internacional sobre el sida celebrada en Vancouver (Canadá) en julio de 1996. Las noticias hablaban en primer lugar del éxito de las terapias de combinación de fármacos en pacientes de sida. Estas terapias incluyen el primer fármaco contra el sida, el AZT, que altera la capacidad de reproducción del HIV en una fase precoz de su ciclo vital, y los potentes inhibidores de proteasa, un nuevo tipo de tratamiento antirretrovírico que interrumpe la replicación del HIV en una fase posterior de su ciclo vital.
Además, la mayor parte del texto de dos columnas de la noticia impresa trataba de la prevalencia de sida en jóvenes varones homosexuales. Tanto la noticia de radio como la de televisión tocaba el tema de los efectos secundarios y los costes del tratamiento.
Las noticias sobre calentamiento global utilizadas en este estudio se basaban en el informe emitido por la Comisión intergubernamental sobre cambio climático (Intergovernmental Panel on Climate Change, IPCC) en otoño de 1995, en el que se aprobó una declaración de consenso que afirmaba que existe «una apreciable influencia humana sobre el clima global». Gran parte del texto de la noticia impresa estaba centrada en la discusión del lenguaje utilizado en el documento, con un par de frases que explicaban la progresión del calentamiento global hacia el final del texto. Las tres noticias incluían entrevistas con científicos participantes en el congreso internacional que había aprobado el informe.
Independientemente de si el tema trataba del sida o del calentamiento global e independientemente del medio en que había aparecido el tema, se destacaron dos características que provocaban problemas de comprensión a los participantes del grupo de estudio: la falta de información y la falta de contexto. La estructura del texto también planteaba un problema, en especial en las noticias impresas. En las noticias de televisión, las imágenes resultaron ser problemáticas. Y en las noticias sobre el calentamiento global, el contexto en que se enmarcaba la historia parecía inhibir la comprensión de las incógnitas planteadas. Analicemos cada caso de forma particular.
Falta de información
Una de las mayores preocupaciones expresadas por los participantes de los grupos de estudio era que las noticias carecían de la información básica que consideraban necesaria para comprender el contenido de las mismas. En particular, los participantes entendieron que las noticias suponían niveles de conocimiento por parte del público, tanto de los lectores de periódicos como de los telespectadores o de los oyentes de radio, que éste no tenía.
Los comentarios de un participante sobre los conocimientos requeridos para entender una
noticia de periódico sobre sida son una muestra típica:
«Tenía que hacer muchas suposiciones, que es más barato no usar los nuevos
fármacos... que puede que no desarrolles resistencia a alguna de las otras opciones.
Tenía que ir haciendo esas suposiciones sobre si lo que decían sobre los nuevos
fármacos... no sucedía con algunos de los otros tratamientos menos eficaces. Y me
habría gustado que me hubieran dado una mayor orientación sobre esos temas.»
Al analizar una noticia de radio, un participante dio aún más detalles sobre la
información que le faltaba:
«La noticia hacía un montón de suposiciones. Se suponía que sabías lo que era el
sida, la relación que tenía con el HIV, qué era un inhibidor de proteasa, qué es el
AZT... todo eso.»
Los participantes de varios de los grupos de estudio dijeron que les faltaba mayor
información sobre los efectos secundarios y los costes.
«Tenía curiosidad sobre los efectos secundarios. Mencionaban claramente que los
había, pero no decían cuáles eran. Esas dosis enormes de fármacos de las que hablan
deben tener algún tipo de consecuencias, de efectos secundarios. Bueno, de hecho, me sorprendió la brevedad con la que trataban el tema de los efectos
secundarios. Quiero decir que pusieron a una persona para que hablara unos dos segundos...
Creo que otras personas han mencionado que eso daba una imagen bastante mala, y me habría
gustado oír algo más del tema.»
Los participantes también querían mayor información sobre los diversos aspectos del
tema de los costes asociado con las terapias.
«Bueno, ¿a quién se los van dar [los nuevos inhibidores de proteasa]? ¿Por qué no
los administran primero, si parecen tan efectivos? Es que se trata de un asunto
económico. ¿Habéis cogido algo sobre los aspectos económicos?... Ya sé que, en parte, el hecho
de que un médico haga eso [prescribir inhibidores de proteasa] depende de si el paciente
tiene o no seguro médico o de si puede pagarse la medicación... Quizá se convierta en
un caso en el que los pobres no sólo tengan mayores probabilidades de contagio [del HIV],
sino que además tengan menores oportunidades de recibir tratamiento, y eso se lo han
dejado.»
Los participantes de los grupos de estudio señalaron que consideraban que también se perdía información importante en las noticias sobre calentamiento global. Parecían buscar en primer lugar los motivos que habían sentado la base de una declaración de consenso.
Por ejemplo, aparecieron diversos comentarios relacionados con la noticia por
televisión sobre la declaración de la Comisión sobre calentamiento global de Naciones
Unidas:
«Creía que era muy difícil que se llegara a un consenso y, en segundo lugar, aun
cuando se haya alcanzado, creo que es un tema muy complicado, y me gustaría saber
exactamente en qué consistía el consenso y no creo que eso se viera en la noticia. Lo cortaron, me parece, tan rápido... Me dio la sensación de que necesitaba más
información. Realmente no lo entendí del todo. Era como confuso.»
Y la causa de la falta de pruebas de apoyo de la noticia no se debía sólo a la
brevedad de un noticiario típico de televisión. La noticia impresa generó el mismo tipo
de críticas. Los siguientes comentarios de dos participantes tras leer la noticia sobre
el tema son un ejemplo típico:
«No daban grandes pruebas. Afirmaban que el equilibrio de pruebas sugería que existe
una apreciable influencia humana sobre el clima global. Pero realmente no vi cuáles eran
las pruebas... Creo en el calentamiento global. Pero lo que quiero decir es que me habría gustado
haber visto cuáles eran las pruebas tan importantes que analizaban estos comisionados
para llegar a esta conclusión. Y aquí no da ninguna sensación de que se sepa...»
Los participantes también querían saber quiénes eran las personas implicadas en la
declaración de Naciones Unidas. Especialmente querían que se les diera alguna idea de la
formación de los expertos (si eran científicos o representantes gubernamentales). Los
siguientes comentarios, procedentes de individuos de diferentes grupos, son típicos:
«Un grupo de científicos, no necesariamente... [como] científicos sino como
representantes de diferentes campos y también de diferentes países, han llegado a un
consenso. Y no daban ningún dato sobre quiénes eran los actores, o quién proponía las
resoluciones. No había siquiera una constancia de que el tema tuviera un aspecto
político. O, por lo menos, ¿cuál era la formación, la formación profesional, de estos
delegados? Como he dicho, querría saber... ¿se solicitó la presencia de algún
científico investigador además de los políticos? ¿Eran la mayoría políticos... y les
llega el informe a su despacho y lo compran o no, dependiendo de su postura particular o
de la seguridad que les ofrece su puesto?»
Los participantes también querían saber qué efectos tiene el calentamiento global.
Querían más detalles sobre las actividades humanas que contribuían en particular al
calentamiento global y sobre los pasos que podía dar la gente para minimizar el problema.
«Está bien que la temperatura suba de 2 a 7 grados. Odio los inviernos fríos, pero
¿qué significa? ¿Qué efecto tiene? ¿Voy a ganar algo?, o ¿me va a afectar de otro
modo? Estaría bien que dijeran: bueno, éste es el patrón climático de calentamiento y
enfriamiento y si cambias el curso de esto vas a encontrarte con un cambio en aquello. Y
eso se traduce en
Por lo que respecta a mi vida diaria, esto no me dice nada. No me dice si sirve de algo que tire las latas en el contenedor de reciclaje. No dicen claramente en qué medida influye el hombre. O sea, ¿qué es lo que hemos estado haciendo? ¿Hemos dejado de usar aerosoles y hemos arreglado algo? No sé.»
Con un breve repaso a estos comentarios se observa que existían diversos y variados problemas de contenido (o de falta de contenido) en los temas, que inhibían la comprensión de las incertidumbres presentadas. En las noticias sobre sida, por ejemplo, el público echaba en falta una mayor explicación que les permitiera encontrar el sentido a la información. Necesitaban conocer los conceptos básicos sobre los fármacos de los que se hablaba y la relación entre sida y HIV. En el mismo nivel de importancia, había dos asuntos que eran especialmente significativos para los participantes del grupo de estudio y de los que hablaron ampliamente: los efectos secundarios y los costes, apenas mencionados en las noticias.
En cuanto a las noticias sobre calentamiento global, los participantes del grupo de estudio también querían una mayor información, en este caso sobre cómo habían llegado a «saber» los expertos que había una influencia humana, y de dónde provenían los hechos. Querían que se les «dejara entrar» en el proceso de toma de decisiones. Y aún más, querían saber más de los propios expertos para poder evaluar su credibilidad. No se mostraban dispuestos a creer todo lo que dijeran las personas de las que hablaba la noticia sin más. Por otra parte, aunque una de las noticias mencionaba la «presencia de incógnitas» en el asunto, no daba información alguna sobre la naturaleza de esas incógnitas.
Falta de contexto
Los participantes en el grupo de estudio expresaron de forma repetida su frustración por la falta de contexto ofrecido en las noticias. Tanto en el caso del sida como en el del calentamiento global, querían saber el lugar que ocupaba esa información en el marco general de lo que había antes y lo que venía después. Sin ese contexto, encontraban dificultades para sacar conclusiones de la información y para decidir sobre la importancia de la misma en un contexto mayor de cosas.
Un comentario sobre la información dada por televisión sobre las nuevas terapias
contra el sida sirve de ejemplo típico:
«Pero no se da una idea exacta de la importancia real del asunto... No se da una idea
de cuál fue el último gran paso dado y cuánto hay que avanzar aún, o de la importancia
real que tiene.»
Las noticias impresas no obtuvieron resultados mejores. Un participante criticó de
forma específica la noticia del periódico porque no ofrecía «un contexto claro»,
mientras otro participante se limitaba a expresar su frustración.
«Me quedé algo decepcionado cuando llegué... como al final de la primera mitad y
hablaba tanto de todo lo que hacían los nuevos fármacos y sólo daba una referencia de
paso a la comparación con otros tratamientos, y yo no sabía nada de eso. Me quedé con
ganas de que alargaran la noticia un par de líneas más por alguna parte...»
Otro participante, al comentar también la noticia del periódico sobre el tema de las terapias contra el sida, manifestaba:
«Me sentía como si sólo me dieran parte de la información. No podías estar seguro de las implicaciones que tenía.
Me preguntaba si, tal como habían dicho al principio, podía inhibir el virus o hacerlo desaparecer durante un año pero entonces podía volver a aparecer, o si no lo sabían porque no lo habían estudiado lo suficiente. O sea, ¿que sólo estás bien durante un año y luego vuelves a estar como antes?»
Los participantes plantearon cuestiones parecidas sobre la cobertura del tema del calentamiento global:
«No queda claro si están diciendo que la temperatura global podría aumentar un 7 % o siete grados, o si en algunas zonas va a ser especialmente grave, si en algunas zonas el aumento será de dos grados y en otras de cinco, o de siete en otras, y además, dicen que es considerablemente inferior a los cálculos anteriores, en parte, debido a las acciones preventivas ya iniciadas por los gobiernos. Esta frase podría ser mucho más informativa. Quiero decir, que podrían haberse extendido otro párrafo para decir cuáles eran los cálculos anteriores y también qué acciones preventivas han sido las que han funcionado.»
Otro participante tenía la impresión de que habría sido útil que la información
ofrecida por televisión sobre el calentamiento global hubiera relacionado el fenómeno
con otros sucesos meteorológicos.
«También tengo conocimiento de condiciones meteorológicas previas que me han hecho
preguntarme por qué no estaban incluidas en esta noticia para darle contexto, como las
desertizaciones de los años treinta. Cosas así. Quiero decir que, ¿toda la experiencia
anterior no vale para nada?... Llegó un momento en que me di cuenta de que iba perdiendo
interés por la noticia porque al cabo de un rato no tenía nada más que las imágenes.
Era como una declaración que han hecho esos científicos, pero sin dar razonamientos,
pruebas, o justificaciones.»
Los participantes hicieron un claro esfuerzo por entender las noticias, pero las noticias no ofrecían el contexto necesario para que lo pudieran hacer. Tanto en el caso del sida como en el del calentamiento global, los participantes querían saber la relación que tenía la nueva información con otras cosas; por ejemplo, querían poder relacionar el calentamiento global con los patrones meteorológicos anteriores. Parte del contexto que les faltaba estaba relacionado con las dudas inherentes a los propios temas. En el caso del sida, por ejemplo, entre el contexto que se echaba de menos, faltaba la información sobre los efectos a largo plazo de la medicación. En el caso del calentamiento global, faltaba hablar de las consecuencias que tenía para el planeta y para la humanidad.
Estructura de la noticia
Podría esperarse que las noticias aparecidas en los periódicos, especialmente en los del estilo de The Washington Post, fueran bastante largas y complejas. No obstante, los participantes de ambos grupos de estudio que habían leído las noticias del periódico afirmaron que el artículo sobre el sida era especialmente difícil debido a la diversidad de los dos aspectos del sida que trataba. Tal como explicaron varios participantes:
«Supongo que una de las grandes preguntas es por qué incluyeron el último fragmento. Quiero decir que estaban hablando de la combinación de fármacos, que en sí es muy interesante, pero entonces... empezaron a hablar sobre los diferentes aspectos de comportamiento en la transmisión... parecía como un artículo diferente, y no me pareció que en conjunto fuera un artículo coherente.
Para mí eran dos artículos diferentes y no sé por qué estaban juntos... ambos, ambas mitades del artículo eran sin duda avances en el tratamiento del HIV y del sida, fuera mediante la educación de la comunidad gay o por los avances científicos en el tratamiento. ¿Están relacionados? No lo sé... Ambos me parecieron interesantes. No sé, es algo raro que los hayan puesto juntos.»
Las preocupaciones expresadas por los lectores acerca de la noticia del periódico sobre el sida son especialmente interesantes porque el artículo está escrito en forma de típica noticia estándar. Sigue el modelo periodístico de la estructura de pirámide invertida e incluye otra información si el espacio lo permite. Pero lo que desde un punto de vista periodístico está perfectamente justificado aparentemente no contribuyó a que los lectores comprendieran la complejidad del asunto.
Aunque los participantes tuvieron menos problemas con la estructura de las noticias de radio, el tema del sida sí presentó alguna dificultad. Por ejemplo, en relación con la información por radio sobre el sida, un participante dijo que había «demasiadas ideas». Otro expresó frustración por el hecho de que la noticia de la radio contuviera «todas esas cosas diferentes y que no las englobaran todas».
Las imágenes
Las imágenes contextuales pueden ser un apoyo efectivo para ayudar a que el público entienda asuntos complejos. Se podría esperar que las noticias de los informativos de televisión consiguieran plenamente este objetivo. Pero los participantes de los grupos de estudio manifestaron haber tenido algunos problemas con las imágenes tanto de la noticia sobre el sida como de la noticia sobre el calentamiento global.
Los participantes afirmaron que las imágenes de la noticia sobre el sida les
distraían del contenido de la noticia y que, en algunos casos, contradecían la
narración.
«Lo que quiero decir es que todo el mundo parecía sano, feliz y alegre. No lo
entiendo. En realidad, ni siquiera me di cuenta ni por un segundo de que eso fuera un
país del Tercer Mundo. Parecía como un barrio bajo de Estados Unidos, desde fuera. Pensé que las imágenes estaban cargadas de ironía. Una de las imágenes mostraba los
laboratorios Abbott, y las compañías farmacéuticas son el objeto de la protesta de
muchos de los activistas contra el sida por el precio de los fármacos, y esa era una de
las desventajas subrayadas en toda la noticia. Así que creo que usar esas imágenes
supone una cierta ironía.»
Los participantes plantearon problemas aún mayores sobre las imágenes de la noticia que trataba del calentamiento global. Algunos de los participantes opinaban que las imágenes eran decepcionantes, mientras que otros simplemente consideraron que no estaban relacionadas con la noticia.
«Me sentí manipulado... al mostrar la subida de las aguas y las inundaciones... me sentí manipulado.
Hacían que la noticia pareciera falsa porque es evidente que no estamos en el límite en que todos esos desastres naturales puedan suceder. No creo que el centro de la noticia sea que hayan empezado a desencadenarse desastres naturales porque los casquetes de hielo polar se estén derritiendo y todo eso, y sin embargo eso es lo que mostraban, lo que restaba credibilidad a la noticia.»
Según parecía, las imágenes usadas en las noticias de televisión hacían que las dudas inherentes tanto al sida como al calentamiento global aumentaran en vez de disminuir. En el caso del sida, por ejemplo, uno de los problemas de las nuevas terapias es que los efectos secundarios a veces pueden resultar intolerables. No obstante, las imágenes usadas presentaban el problema como insignificante. En la noticia del calentamiento global, una de las incertidumbres es la amplitud y localización de los efectos de un clima más cálido. Pero las imágenes usadas (de huracanes y de otros desastres naturales) sugerían a los espectadores que estos efectos ya habían sido definidos y que habían empezado a producirse.
Contextualización de la noticia
La contextualización de la noticia puede tener un efecto característico en la forma que tiene el público de entender la noticia presentada. Por ejemplo, en las noticias analizadas, el sida se presenta como una enfermedad cuyos orígenes y medios de transmisión se conocen bien. Por otra parte, las noticias sobre calentamiento global normalmente muestran el tema como un asunto sobre el que los científicos tienen considerables dudas en lo referente a si se está produciendo realmente y, en caso afirmativo, si se debe principalmente a causas naturales o humanas. Los periodistas que cubren noticias sobre el calentamiento global parecen verse impulsados a adherirse a la tradición periodística de equilibrio, aportando diferentes puntos de vista en la misma noticia.
Aunque a los grupos de estudio se les presentaran noticias que hablaban de que una
comisión de Naciones Unidas había llegado a un consenso sobre el hecho de que la
actividad humana tenía una «influencia apreciable» en el calentamiento global, muchos
participantes en el estudio no quedaron convencidos de ello. Querían ver las pruebas
presentadas. Mencionaron específicamente que eran conscientes del desacuerdo que había
sobre el calentamiento global en el seno de la comunidad científica.
«Realmente me sorprendió oír eso. Porque siempre he pensado que existía un
conflicto claro entre la teoría de que se estaba produciendo un calentamiento global
debido a la actividad humana... y la que sostenía que se trataba sólo de un proceso
natural. Pero supongo que aún no estoy convencido. Está claro que esto no me ha convencido...
Ha habido cambios que se han producido de forma natural, y no estoy del todo seguro de que
esto no sea uno de esos casos de los que se habla tanto. Durante toda la entrevista se hablaba de posibilidad, de podría
ser y de creemos. No existe consenso en la comunidad sobre lo que está
sucediendo, si podría ser el hombre o si podría ser la madre naturaleza que hace
estallar otro Monte Santa Elena, que afecte a la temperatura de la Tierra durante tres
años aumentándola en tres grados.»
Hablando de un tema como el del calentamiento global, en el que las dudas son muchas pero el consenso es bastante firme, estos participantes parecían manifestar que todas esas noticias que decían «según.../ en opinión de...» y que habían visto en el pasado favorecían más la confusión que la comprensión.
Conclusión
Debemos tener en mente que las informaciones que difunden los medios de comunicación sobre temas científicos, como sobre cualquier otro tema, son sólo una fuente de información de las que llegan al público durante el día a día. Pero eso no exime a los periodistas de su obligación de hacerlo lo mejor posible para intentar que sus artículos y reportajes sean informativos, inteligibles y útiles para el público. Esta tarea supone un desafío especialmente importante cuando los periodistas se enfrentan a temas nuevos y controvertidos.
Salvar las distancias entre los intereses y las necesidades del público y el contenido de las noticias científicas
En primer lugar, en un sentido estricto, los periodistas deben hacer un esfuerzo mayor por entender al público para el que trabajan. No pueden suponer sencillamente que el público comparte sus conocimientos, su formación o que está tan al día como ellos.
Se han realizado gran cantidad de investigaciones durante muchos años sobre la dinámica que sigue el procesamiento de la información por parte del público para entender el mundo y poder enfrentarse a las incógnitas que forman parte de sus vidas. Las facultades de periodismo harían bien en incorporar estos conceptos a la instrucción en las aulas del mismo modo que se enseña el arte de la redacción.
El avance hacia un periodismo público también supone una promesa en este sentido. Una de las características más importantes del periodismo público es el desarrollo de una mejor comprensión del público y la presentación de noticias de modo que tengan un significado para el mismo.
Además, Internet y la World Wide Web podrían aportar nuevas medidas para que los periodistas se familiaricen con los intereses y necesidades del público. La posibilidad de que el público pueda enviar mensajes de correo electrónico a los periodistas y a los medios, haciendo preguntas y comentarios sobre las noticias, es ya una realidad. En este punto debemos hacer un par de advertencias: ahora mismo, aunque ya existen estos canales de comunicación vía correo electrónico, no es tan claro que los periodistas y los medios presten atención a los mensajes que reciben. Por otra parte, aunque el acceso del público a Internet y a la World Wide Web esté aumentando en progresión exponencial, este acceso aún es privilegio de un segmento limitado de la sociedad.
Este estudio también ha revelado algunas características de las noticias que dificultan la comprensión por parte del público.
En primer lugar, los periodistas deben ir más allá del elemental «quién, qué, cuándo, dónde, por qué y cómo» a la hora de escribir sobre ciencia, al igual que cuando lo hagan sobre otros temas complejos. Pero curiosamente, el público consultado nos manifestó que incluso se echaba de menos parte de la información básica, las «W» (en inglés) del periodismo explicadas en las primeras lecciones en la facultad.
Incluso en los casos en que esta información básica sí estaba presente, no era suficiente. Estos individuos consideraban que tenían que hacer gran cantidad de suposiciones para sacarle un sentido a las noticias sobre sida y sobre calentamiento global. Los autores y periodistas deben presentar una información completa y evitar dar por sentado que el lector tiene un nivel de formación y conocimientos determinado.
Tal como ha señalado el periodista y profesor William Zinsser, uno de los principios básicos del periodismo es que «'El lector no sabe nada'. No puedes suponer que tus lectores saben lo que supones que todo el mundo sabe, o que aún se acuerdan de lo que se les explicó en una ocasión (Zinsser, 1994). Los periodistas necesitan recordarse periódicamente a sí mismos que deben incorporar esta perspectiva a sus textos.
Parte del problema, sin duda, es que gran parte del ejercicio periodístico se orienta hacia los sucesos, con noticias que se centran en lo que ha sucedido en un momento determinado. Puede que hayan aparecido otros detalles sobre el tema anteriormente, el día o la semana anterior. Pero tal como nos recordaban los participantes en nuestro estudio, no podemos suponer que el público ha leído noticias anteriores o que, si lo ha hecho, les han prestado atención o aún las recuerdan.
Los participantes en este estudio tuvieron que hacer un esfuerzo por comprender la información que recibían. Los periodistas podían haber facilitado en gran medida la labor del público si hubieran seguido el consejo de Levy y de sus colegas en The Main Source (Levy et al., 1986). Una de las cosas que sugerían es que se debía hacer que la información fuera explícita en vez de implícita para que el público no tuviera que «trabajar» demasiado para captar el sentido. También hacían un llamamiento a los periodistas para que «redujeran el ritmo» de las noticias y que construyeran la noticia alrededor de un punto o tema central. Varias de las noticias analizadas, y especialmente la que trataba sobre el sida en el periódico, habría podido beneficiarse de este consejo.
Los profesores de redacción suelen hacer hincapié una y otra vez en la necesidad de explicar los términos técnicos o especializados. Hace mas de una década la experta en comunicación Katherine Rowan (Rowan, 1988) trazó una estrategia explicativa de redacción que puede haber establecido una diferenciación importante. Proponía tres tipos de explicaciones que pueden facilitar la comprensión: las explicaciones aclaratorias, las explicaciones casi científicas y las explicaciones transformativas. Como ya es habitual en las noticias, en las piezas analizadas por nuestros grupos de estudio faltaban estos tipos de explicaciones.
¿Se habría notado la diferencia si se hubieran dado esas explicaciones? Sólo podemos especular. Pero consideremos por un momento las noticias sobre el calentamiento global y la confusión provocada por las noticias anteriores que hablaban de «científicos enfrentados». ¿Habría entendido mejor el público las noticias si los periodistas hubieran empezado con un reconocimiento explícito de las ideas que podían tener los lectores y posteriormente hubieran explicado la relación entre la información de la que ya disponían y la que pasaban a dar en esta ocasión?
Por supuesto, además de información y explicaciones, este público quería contexto. En la línea de la conclusión del informe emitido por la Asociación Nacional de Escritores Científicos de Estados Unidos hace 40 años, los autores científicos deberían «presentar la ciencia en su contexto, se trate de un tema abstracto o concreto, y no deberían presentar fragmentos y partes de los hechos aisladamente» (Survey Research Center, 1958).
Los periodistas deben subrayar la razón por la cual es importante la noticia, hacerse la pregunta del «¿y qué?». El público necesita que se le dé una razón por la que debería importarles la noticia y que se le facilite un contexto suficiente para que pueda entenderla (Crane, 1992; Levy et al., 1986). Como si trataran con una persona, estos grupos de participantes pedían que se les diera ese tipo de información.
El contexto es especialmente importante en temas de ciencia en los que existen incógnitas y que tratan de riesgos para la salud o el medio ambiente, como el sida o el calentamiento global. Al destacar lo que denominaban un «protocolo ético de comunicación de riesgos», los expertos en comunicación JoAnn Valenti y Lee Wilkins (Valenti y Wilkins, 1995) llegaron a la conclusión de que los periodistas que cubrían estas noticias «se encontrarían con que estaban produciendo noticias más largas que incluyen contexto... El riesgo, con esta estructura, se trataría más como un tema que como un suceso periodístico». El contexto que ellos, al igual que otros, consideran tan importante, era una de las cosas que se echaban de menos en estos artículos, según los participantes de los grupos de estudio.
Los participantes en el estudio también plantearon preocupaciones serias sobre las imágenes usadas en cada una de las noticias. No sólo consideraban que las imágenes no apoyaban al texto, sino que incluso afirmaban que la imagen, en algunos casos, en realidad contradecía al texto. Crane (1992) subrayaba la importancia de usar imágenes convincentes que apoyaran al texto en las noticias de televisión. Su consejo es aplicable también a otros medios. Unas imágenes de calidad pueden aumentar el valor incluso de una noticia impresa, contribuyendo en muchos casos a la comprensión de noticias complejas por parte del público.
Sería fácil rechazar la validez de los individuos de los grupos de estudio por poco representativos y la de estas noticias por atípicas. Y de hecho es importante no generalizar a partir de la experiencia con los grupos de estudio y transportar las conclusiones al conjunto de los usuarios de los medios. Pero la elevada formación de estos individuos debería haberles dado una capacidad aún mayor que la de una persona media para entender estas noticias periodísticas. Además, las propias noticias, aunque habían sido escogidas para el estudio, eran noticias de producción normal, en la mayoría de los casos obra de periodistas especializados en temas científicos.
Con el paso de los años, las rutinas de trabajo de los periodistas y las noticias resultantes han ido evolucionando en gran medida para ajustarse a las necesidades y a las demandas de las organizaciones mediáticas y a sus fuentes. Si escuchan lo que tiene que decirles el público sobre el tipo de información que deben tener las noticias para que resulten comprensibles, será más fácil para los periodistas producir un producto que se ajuste también a las necesidades del público.
Notas
1
Véase, por ejemplo, en referencia al sida: Kinsella, 1989; Konick, 1993; Neuman, Just y Crigler, 1992; Rogers, Dearing y Chang, 1991; y sobre el calentamiento global: Trumbo, 1995; Wilkins, 1993; Wilkins y Patterson, 1991.
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Carol L. Rogers
Es profesora en el Colegio de Periodismo en la Universidad de Maryland, College Park. Con anterioridad, y durante un período de 14 años fue la directora de comunicación en The American Association for the Advancement of Science (AAAS). Ha trabajado como escritora científica en la National Academy of Sciences, American Chemical Society y Biospherics Research. Coeditora del libro Scientists and journalists: reporting science as news (The Free Press,1986) y miembro de la International Science Writers Association.
cr46@umail.umd.edu
http://www.inform.umd.edu/JOUR/FacultyStaff/crogers