Crónica
Nueva dimensión de una tendencia: la comunicación social del conocimiento
New dimension of a trend: social communication of science
Manuel Calvo Hernando
«Un nuevo compromiso social de la ciencia que afecte a todos.» Esta es una de las conclusiones más interesantes del I Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia celebrado en Granada, durante los días 25 y 27 del pasado mes de marzo. El autor nos presenta los aspectos más destacados sobre esta reunión que con el título de «Comunicar ciencia en el siglo xxi», reunió a los profesionales mas importantes en este campo.
«A new social commitment of science which affects us all.» This is one of the more interesting conclusions of the First Conference on Social Communication of Science, held in Granada between 25 and 27 March. The author presents us with the more salient aspects of this encounter under the title «Comunicar ciencia en el siglo xxi» (Communicating science in the 20th century), bringing together the most notable professionals in this field.
La celebración del I Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia ha puesto de manifiesto una tendencia que no es nueva, pero que cobra una nueva dimensión, en el umbral del siglo xxi. Ha sido un encuentro cultural para que personas de diverso origen y formación hayan trabajado en armonía sobre un problema que hace poco tiempo se consideraba minoritario pero que ahora empieza a interesar a un número creciente de personas y de sociedades.
No es casual el número de participantes en aumento ni la calidad de la respuesta.
Tampoco lo es la coincidencia con el I Congreso Mundial sobre la Ciencia que la UNESCO ha
convocado para este mismo año en Budapest. Organizadores y participantes abandonaron
Granada con la impresión de que ha llegado el tiempo de la ciencia, el momento en que
esta actividad se convierta en un acontecimiento social, integrado en la conciencia de
todos los ciudadanos. El diálogo entre los científicos y la comunidad en la que
desarrollan su trabajo debe dejar de ser un hecho esporádico o arbitrario para
convertirse en una actividad regularizada y rigurosa.
Como producto del pensamiento humano, la ciencia es una parte medular de la cultura, y
urge llevar a la consideración de todos, pero especialmente de los intelectuales de
formación humanista, que no es un hecho ajeno a la vida y que, por tanto, sus respuestas
también son de carácter cultural. No se reconoce a veces cómo las ideas científicas
condicionan, en ocasiones de modo oculto, las ideas sociales. Lo cierto es que para
resolver muchos de los problemas de nuestro mundo se requiere más investigación
científica, un nuevo talento y una articulación permanente con las demás formas
racionales de aproximación a la realidad. La ciencia puede cambiar nuestro destino como
seres humanos.
Un nuevo compromiso social con la ciencia
En este sentido, comienzan a vislumbrarse signos esperanzadores de quiebra del
desencuentro tradicional entre comunidad científica y sociedad. Hay que desterrar la idea
de que el debate científico concierne únicamente a los especialistas. Al mismo tiempo
que la sociedad demanda más información, los científicos empiezan a dar muestras de
interés por no trabajar aislados, aunque haya quien considere la divulgación científica
como un detrimento intelectual.
No es arriesgado afirmar que está comenzando a fraguarse un nuevo compromiso social de la ciencia que afecta a todos: a los científicos, a los ciudadanos, a los gobiernos, a los educadores, a las instituciones públicas, a las empresas, a los medios de comunicación. Hoy, sin embargo, sigue siendo notorio el desequilibrio entre el interés ciudadano hacia la ciencia y la escasa oferta informativa sobre este tema.
Como consecuencia de todo lo dicho, comunicar a la sociedad lo que hacen los científicos ya no puede estar ligado a la voluntad personal, a la eficiencia de los gabinetes de prensa, a la mayor o menor simpatía del investigador, a la concepción más o menos social de su trabajo. Es un deber para unos y un derecho para los otros. Hay que pensar en el público, aprender a dirigirse a la sociedad no desde la suficiencia, sino desde la modestia, y saber dar una información inteligente y al mismo tiempo inteligible, aunque la claridad no puede ser nunca sinónimo de simplificación, sino de calidad comunicativa. Hay que advertir constantemente de los riesgos de la comunicación científica: la trivialidad, la búsqueda desesperada de titulares sorprendentes, el efectismo, la demagogia, la prisa, la confusión entre los ensayos y los resultados reales, etc.
En cuanto al lenguaje con que se ha de comunicar la ciencia, sigue siendo un problema. Si bien se han incorporado al lenguaje corriente muchos términos científicos, no parece abolida la barrera que impide una comunicación eficaz y fluida. Los científicos deberán vencer sus resistencias a hacer comprensibles sus investigaciones, a hablarle a la sociedad de un modo diferente a como hablan a sus colegas. Los periodistas, por su parte, deberían hacer un esfuerzo para mejorar su preparación y buscar una mayor especialización. Las empresas editoriales y de comunicación deberían ser sensibles a este desafío y tratar, en consecuencia, de ensanchar los espacios dedicados en sus medios a la ciencia.
Teniendo en cuenta todos estos problemas, parece oportuno recomendar la elaboración, por parte del mejor grupo de expertos posible, de un plan de divulgación científica asumido y financiado por los gobiernos y las instituciones públicas y privadas. Es urgente incrementar la cultura científica de la población. La información científica es una fecundísima semilla para el desarrollo social, económico y político de los pueblos. Como se ha repetido en este congreso, el conocimiento debe ser considerado de enorme valor estratégico. La complicidad entre los científicos y el resto de los ciudadanos es una excepcional celebración de la democracia. Pero es que, además, esa nueva cultura contribuiría a frenar las supercherías disfrazadas de ciencia, aumentaría la capacidad crítica de los ciudadanos, derribaría miedos y supersticiones, haría a los seres humanos más libres y audaces.
Lo que antecede está tomado de las principales conclusiones del congreso de Granada y realmente nos da la impresión de que se inicia una nueva era en la relación entre ciencia y sociedad. Pero la reunión ha supuesto más que eso. Los discursos, ponencias, mesas redondas, informes, talleres y comunicaciones han consistido en análisis rigurosos y complejos sobre uno de los más importantes desafíos que esta generación dejará a las siguientes, un reto que el siglo xx plantea para que las sociedades lo aborden con seriedad en el siglo xxi.
La educación, una prioridad del fin de siglo
En el Palacio de Congresos de Granada se celebró, del 25 al 27 de marzo, el I Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, convocado por la UNESCO, la Junta de Andalucía, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Universidad de Granada y el Consorcio del Parque de las Ciencias. Este último tuvo a su cargo la organización del mismo.
En el acto de apertura, el representante de la UNESCO, el profesor Albert Sasson, recordó que la urgencia de educación para todos es una prioridad del fin de siglo. No hay desarrollo sin ciudadanos informados. Ha llegado el momento, añadió, de hacer lo mismo con la ciencia y la investigación.
Para el profesor Miguel García Guerrero, vicepresidente del CSIC, se han conseguido más ayudas y el reconocimiento social de la investigación, pero no así la creación de una cultura científica en la sociedad española.
El director del Parque de las Ciencias y coordinador del congreso, Ernesto Páramo, subrayó la anomalía de que en un mundo dominado por la ciencia, ésta parece estar excluida de la cultura general.
Cerró el acto el consejero de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía, Manuel Pezzi Ceretto. Comenzó glosando los cuatro grandes ámbitos en torno a los cuales se había organizado el congreso: ciencia, cultura y educación; ciencia y medio ambiente; los nuevos museos de la ciencia y, por último, ciencia y periodismo. El eje sobre el cual giran las transformaciones de la nueva sociedad es el papel que representa el conocimiento en el desarrollo de la sociedad. Vivimos en un mundo lleno de ciencia y tecnología. No se puede participar seriamente en un medio de tales características sin tener un mínimo conocimiento científico y sin estar familiarizado al menos con lo que podríamos denominar los rudimentos de la lógica científica.
Ponencias marco
Dos catedráticos de la Universidad Complutense de Madrid han tenido a su cargo las ponencias marco del congreso: los profesores Antonio Fernández Rañada, catedrático de física, y Fernando Savater, catedrático de filosofía.
Fernández Rañada trató el tema «Por qué comunicar la ciencia hoy» y expuso dos razones: la crisis de la idea de la modernidad y la situación de España en este campo.
En cuanto a España, existe una visión pobre, unidimensional e incompleta de la ciencia. A diferencia de los demás seres vivos, los humanos pretendemos profundizar en los secretos y no quedarnos como estábamos. Los españoles abandonaron la ciencia por tres razones: la expulsión de los judíos, el problema de la administración del Imperio y el triunfo de la mentalidad antirreformista, con prohibición de estudiar fuera de España.
El profesor y escritor Fernando Savater expuso el tema «Valores morales y valores científicos». Existe una contraposición entre la forma de razonar y de valorar, en lo cultural y ético y en el campo científico. Son dos posturas contrapuestas y otras tantas explicaciones divergentes. En el debate científico hay un árbitro muy eficaz, la realidad objetiva externa. Esto impone que las polémicas no sean tan radicales como en el campo de la ética y de la moral, porque no existe una moral objetiva como la realidad objetiva del conocimiento científico.
La moral, añadió Savater, no puede orientar a la ciencia, pero tampoco lo contrario. En este sentido es muy importante la comunicación social de la ciencia. La ciencia trata de lo que es y la moral de lo que debe ser, pero por ello hay que comunicar la base científica de la ciencia y saber que el conjunto de la sociedad debe estar capacitado para debatirlo.
Mesas redondas
Las mesas redondas versaron sobre los temas siguientes:
«Cultura, ciencia y educación», con intervenciones del escritor y académico Antonio Muñoz Molina; Francesco Tonucci, del Instituto de Psicología del CNR de Roma; Cayetano López, catedrático de física teórica de la Universidad Autónoma de Madrid, y Amando Albert, representante español en los Programas Europeos de Biotecnología. El moderador fue el profesor Miguel Ángel Quintanilla, director del Máster en Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de Salamanca.
«Ciencia y medio ambiente». Intervinieron Miguel Delibes, biólogo y profesor de investigación del CSIC; José Luis Rosúa, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada; Hermelindo Castro, del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Almería, y José María Montero, director del programa de televisión Espacio protegido, del Canal 2 Andalucía. Como moderador actuó Enrique Salvo Tierra, director general de participación ciudadana en la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.
«Los nuevos museos de la ciencia», con intervenciones de Ramón Nuñez Centella, director de Domus y Casa de las Ciencia de La Coruña; Jorge Wagensberg, director del Museo de la Ciencia de Barcelona; Ernesto Páramo, director del Parque de las Ciencias de Granada, y Montserrat Gomedio, directora del Museo Nacional de Ciencias Naturales. El moderador fue Javier Armentia, presidente de la Asociación para el Avance del Pensamiento Crítico.
«Ciencia y periodismo», con participación de Luis Ángel Fernández Hermana, de El Periódico de Catalunya y director de la red electrónica En.red.ando; Malen Ruiz de Elvira, redactora de ciencia de El País; Vladimir de Semir, profesor de periodismo científico de la Universidad Pompeu Fabra; Manuel Toharia, director del Mueso de la Ciencia de Madrid y vicepresidente de la Asociación Española de Periodismo Científico, y José Pardina, director de la revista Muy Interesante. El moderador fue el presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico, Manuel Calvo Hernando.
«Ciencia y medios de comunicación», moderada por Javier Fernández Carvajal, jefe del Gabinete de Prensa del CSIC, y en la que participaron Borja Echevarría, de El Mundo; Alberto Aguirre de Cárcer, de ABC; María Jesús Cañellas, jefa de la sección de sociedad de Informativos de TVE; Ignacio Bravo, redactor de Mundo Científico, y Elda Moreno, directora del Centro Naturopa.
Periodismo y comunicación científica
Exponemos con algún detalle los contenidos de la mesa redonda sobre «Ciencia y periodismo» por entender que sus temas están muy relacionados con la problemática de la comunicación social de la ciencia.
Los nuevos sistemas para transmitir y recibir información están cambiando la esencia de la comunicación social. Las redes permiten la comunicación diversificada, interactiva y personalizada. La ciencia en las redes funciona sin convertirse en el nuevo proceso de comunicación, que vendrá también de la cultura de las redes y de la lógica de lo virtual, una nueva cultura científica emergente (Luis Ángel Fernández Hermana).
La información sobre ciencia debe ser actual. A veces se le exige la divulgación, que en unos casos es necesaria y en otros no. No siempre es necesario explicar los términos. Los avances del conocimiento sólo existen cuando se comunican y cuando han superado los filtros establecidos. Esto tiene un enfoque educativo para la sociedad. La población necesita conocer los grandes temas para poder participar en la toma de decisiones en cuanto a quienes hacen el periodismo científico, necesitan una especialización, al menos para controlarlo (Malen Ruiz de Elvira).
A los problemas del periodismo científico se añade la trivialización de este tipo de información: periodismo en busca de titulares, búsqueda de sensaciones y de lugares en primera plana o en sitios destacados, etc. En cuanto a las revistas científicas como fuente, facilitan la selección pero uniformizan la información en los medios y a veces suscitan falsas esperanzas (Vladimir de Semir).
Desde los ya lejanos tiempos en que Luis Bru y después Luis Miravitlles explicaban experimentos sencillos de cátedra desde las pantallas de televisión en blanco y negro, la ciencia nunca ha estado ausente de la pantalla chica. Lo malo es que esta presencia permanente ha adolecido de defectos que nunca se han corregido: escasez de tiempo, horarios de emisión casi imposibles con vocación de horario infantil, cortedad de medios humanos y técnicos (Manuel Toharia).
Muy Interesante utiliza fórmulas periodísticas sólo aparentemente simples, junto con espectacularidad, rigor, amenidad, respeto, calidad, humor, mezclados en las dosis adecuadas. La principal caracterísitca de la revista es su capacidad de interrogarse y de plantear preguntas. Desde hace quince años, Muy Interesante explica la ciencia a partir de la curiosidad (José Pardina).
Informes y talleres
Los informes expuestos en el I Congreso de Comunicación Social de la Ciencia en sesiones plenarias fueron los siguientes:
José María Quintana, profesor de investigación del CSIC: «Informe mundial sobre la ciencia en la UNESCO».
Fátima Rojas y Antonio Clavo, responsables del Gabinete del Consejo de Seguridad Nuclear: «Los gabinetes de comunicación en las instituciones científicas».
Rosa Cobo Mayoral, subdirectora general de programación y análisis presupuestario en el Ministerio de Economía y Hacienda: «Ciencia, tecnología y desarrollo regional».
Gemma Revuelta, responsable de las publicaciones del Observatorio de la Comunicación Científica (Universidad Pompeu Fabra): «Situación del periodismo científico en la Unión Europea».
Graciela Merino, secretaria ejecutiva de la Red POP/UNESCO para América latina: «Situación de la divulgación científica en Iberoamérica y el Caribe».
Manuel Calvo Hernando, presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico, y Javier Fernández Carvajal, jefe del Gabinete de Prensa del CSIC: «Líneas generales de un programa de difusión de la ciencia al público».
Por su parte, Luis Alfonso Gámez, redactor del diario El Correo; Victoria Torio, periodista de ciencia en Diario 16, y Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, presentaron el taller que llevaba por título «Ciencia y medios de comunicación ante las pseudociencias (o qué hacer cuando aterrizan los marcianos...)». Las pseudociencias son un tema marginal, que versa sobre el mundo de lo «oculto», desde horóscopos y futurólogos a los platillos volantes, pasando por las medicinas llamadas «alternativas», productos milagro o mágicos poderes de la mente. A pesar de su marginalidad, las pseudociencias mantienen una alarmante presencia en la sociedad. Y quienes están vinculados con la comunicación social de la ciencia no pueden permanecer al margen del fenómeno: todo lo contrario, son precisamente quienes pueden aportarle racionalidad.
Manuel Calvo Hernando
Secretario general de la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico. Presidente de la Asociación Española de Periodismo Científico. Profesor de la Universidad de San Pablo-CEU, en Madrid. Su libro La ciencia es cosa de hombres (Homo sapiens) obtuvo el Premio de la Casa de las Ciencias de La Coruña 1996. Otros títulos publicados son La ciencia en el Tercer milenio (Madrid, McGraw-Hill, 1995) y Manual de periodismo científico (Barcelona, Editorial Bosch, 1997).