Tribuna

Barcelona, ciudad del conocimiento

El saber y el poder, aliados como instrumentos de cambio

Barcelona, city of knowledge

Vladimir de Semir

 

«La restricción del conocimiento adormece
el espíritu filosófico de un pueblo
y conduce a la pobreza espiritual de los ciudadanos»

Albert Einstein

 

El periodista Vladimir de Semir, director de Quark, se ha incorporado al equipo de gobierno municipal de Barcelona del alcalde Joan Clos para impulsar el proyecto «Barcelona, ciudad del conocimiento». En este artículo resume el programa que va a desarrollar desde su nueva responsabilidad, que le permite proseguir la línea de especialización que adoptó en 1982 al dedicarse al periodismo científico, primero en el diario La Vanguardia y, posteriormente, también en la Universidad Pompeu Fabra.

 

Para hacer frente a los desafíos del siglo XXI es necesario establecer una nueva estructura social y política en la que la redefinición de las relaciones entre el saber y el poder ocupen un lugar central, para impulsar una mejor utilización de los recursos que nos ofrecen la ciencia y la innovación tecnológica –y, en general, el conocimiento-- como poderosos instrumentos de cambio. Las elecciones municipales para la renovación del consistorio de Barcelona han comportado que por primera vez en una opción política de gobierno (la que lidera el alcalde Joan Clos) el saber y el poder se sitúen al mismo nivel, al adquirir el conocimiento el rango de estrategia fundamental para la transformación de una ciudad y para profundizar en el desarrollo del espíritu crítico de su población.

Equiparar el saber y el poder ha sido desde hace mucho tiempo una de nuestras principales precupaciones1 y ha sido la razón fundamental por la que me he unido a la opción política introductora e impulsora de ese apasionante concepto de «Barcelona, ciudad del conocimiento». Por ello, deseamos hacer una reflexión, desde esta tribuna de una revista que nació para fomentar el debate de las ideas, sobre lo que supone esta específica propuesta para Barcelona y su proyección para el mundo del saber en general.

Barcelona ha sido capaz de muchísimas cosas en los últimos años que están en la mente y en la retina de todos nosotros y que están sirviendo de ejemplo para muchas otras ciudades del mundo. Creemos que Barcelona ha de ser también capaz de más retos y, entre ellos, llevar el conocimiento científico a la calle y conseguir que sus ciudadanos y ciudadanas participen en el mundo del conocimiento, lúdica y profesionalmente, de la misma forma que lo hacen en una fiesta de la bicicleta, siendo protagonistas de los actos culturales y, sobre todo, en su desarrollo y actividad laboral e intelectual. En este sentido estamos convencidos de que, al igual que ocurrió con los acontecimientos olímpicos, estamos en condiciones de desencadenar una reacción en cadena y aglutinar las necesarias complicidades –por encima de opciones ideológicas– para que Barcelona se convierta en la capital mediterránea de aquel poderoso conocimiento transformador, heredero del mítico saber que fue la cuna de la civilización occidental.

¿Por qué no aspirar a que Barcelona sea una ciudad de referencia en el debate de las ideas? Para ello hemos de ser capaces de sentar las bases para capitalizar y proyectar la herencia del Forum 2004 de las Culturas, que sin duda significará un antes y un después en la historia de nuestra ciudad.

Hace tiempo que Barcelona aspira, con razón, a ser reconocida como un campus global universitario y de investigación; y aunque el municipio no tenga atribuciones directas sobre el mundo de la universidad y de la investigación, la importancia que ambas tienen en Barcelona nos obligan a ser corresponsables, desde la acción del gobierno municipal, para facilitar el desarrollo de la ciudad universitaria y a participar activamente en el fomento del despliegue de la investigación de excelencia que ha de repercutir directamente en la iniciativa económica y en la mejora de la calidad de vida. En definitiva, la ciudad ha de ser capaz de convertirse en una interfaz que haga más fácil la vida de los universitarios y científicos, tanto de los autóctonos como, para hacer más sencilla la integración, de representantes foráneos que acudan atraídos por nuestra ciudad del conocimiento. En este sentido, la ciudad tiene la obligación de facilitar la cohesión y la vertebración de nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación.

La transformación que va a experimentar Poblenou como una parte de esa ciudad global del saber, un distrito abierto y preparado para hacer realidad la integración del conocimiento en la vida cotidiana de sus ciudadanos y ciudadanas, es una privilegiada oportunidad que los impulsores de la idea sabremos aprovechar y gestionar. El apoyar con firmeza esta transformación del Poblenou desde un histórico barrio industrial hasta convertirlo en un distrito del conocimiento, que hemos bautizado expresivamente como el distrito 22@BCN,2 un distrito en el que convivan la vivienda, la actividad científica, cultural y económica con la calidad de vida, es el gran reto que tenemos para los próximos años. Y que ha de servir además para que en toda la ciudad aflore el espíritu del 22@BCN.

Para ello se han de promover, como ya se está haciendo, las herramientas básicas indispensables, por ejemplo un acceso fácil al mundo de Internet y al de las nuevas tecnologías de la comunicación (Internet para todos, red de cable, etc.) para que los ciudadanos y ciudadanas estén no sólo interconectados para aprovechar sus respectivos conocimientos, sino conectados a todas las redes por las que circula el conocimiento universal.

Pero al mismo tiempo debemos establecer nuevas fortalezas en la ciudad para la investigación y desarrollo del conocimiento sin dejar de afianzar las ya existentes.

Creo que podemos afirmar ya que la Diagonal va a ser el eje vertebrador de la ciudad global del conocimiento, desde el consolidado campus de poniente (Universidad Politécnica, Universidad de Barcelona, CSIC...), pasando por el núcleo central que se ha formado en torno al Hospital Clínico y el Instituto de Investigación August Pi i Sunyer, hasta el nuevo que se va crear en el levante de ese emblemático eje ciudadano, con la posible instalación de nuevas actividades de la Universidad Autónoma de Barcelona, la puesta en marcha del futuro Centro de Investigaciones Marinas y Ambientales del CSIC o la ya anunciada joint venture del Instituto Municipal de Asistencia Sanitaria del Ayuntamiento de Barcelona, por mediación del Instituto Municipal de Investigación Médica, y la Universidad Pompeu Fabra para la creación del Parque de Investigación Biomédica, en el que se proyecta un Centro de Investigación Genómica y Epidemiológica, y en el que deseamos que tenga cabida un vivero de empresas especializado inspirado en la feliz metodología y buen hacer del vivero de Barcelona Activa, que tan buenos resultados está dando desde hace unos años.

Son sólo algunos ejemplos de que hay la firme voluntad de que en este nuevo distrito, las ideas, el empuje y la creatividad de los cerebros más jóvenes puedan tener oportunidades para crear empresas en los nuevos ámbitos de la biotecnología y de la genómica, a título de ejemplo, pero sobre todo con la galopante sociedad de la información y de la cultura digital.

Por tanto, la Ciudad del Conocimiento es un proyecto destinado a fomentar la convivencia e interacción social al servicio de la formación y desarrollo de la imaginación para abrir la puerta a la realización de nuevas oportunidades. Para hacer realidad la existencia de una sola cultura en nuestra sociedad en la que la sinergia de letras y ciencias planteen una dinámica que abra la puerta a nuevas opciones de actividades económicas. Para conseguir que el mundo universitario sea realmente el caldo de cultivo y vivero en el que la imaginación de los jóvenes y la experiencia de las otras generaciones consolide una auténtica participación en el impulso de nuestra sociedad. Para incentivar la creación de nuevas actividades y empresas en las que la innovación científica, biomédica y tecnológica sea el embrión de un modelo de crecimiento sostenido que asegure nuevas oportunidades para los más jóvenes. Para conseguir que la ilusión por mejorar su formación y abrirse camino sea una realidad para las más jóvenes generaciones, transmitiendo que todas las ideas pueden hacerse realidad y demostrar al mundo empresarial que el conocimiento es un valor que vale la pena y en el que se ha de invertir.

No hay que olvidar que esta alianza entre el saber y el poder, con el conocimiento como herramienta de transformación social y cultural, significa revalorizar el mundo del saber para luchar contra la mediocridad uniformizadora que nos invade, porque conocimiento es la suma de información, de espíritu crítico y de poder de decisión, individual y colectivo, y la base de la credibilidad e independencia de los ciudadanos y de las ciudadanas para afrontar la creciente complejidad de nuestra sociedad. En definitiva, la ciudad del conocimiento aspira a ser la demostración de que la política puede ponerse al servicio del mundo de las ideas. Y esta es la razón fundamental que nos ha impulsado a afrontar este nuevo reto personal.

Notas

1 Nos referimos, en general, a la línea editorial de esta publicación. Más concretamente, véase: De Semir, Vladimir: «La comunicación contra la información», Quark 1995 (nº 1): 13-21.

2 «22» es la calificación urbanística que, en el Plan Metropolitano de Barcelona, recibe el suelo industrial.

 

Vladimir de Semir

Concejal del Ayuntamiento de Barcelona. Periodista. Profesor asociado de periodismo científico, director del máster en Comunicación Científica y director del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra. Director de Quark, Ciencia, Medicina, Comunicación y Cultura. Miembro del comité ejecutivo de la red internacional Public Communication of Science and Technology (PCST) y de la red europea Science Communication Teachers (SCT). Miembro de la Comisión asesora de Bioética del Departamento de Sanidad de la Generalitat de Catalunya.

vladimir.semir@peca.upf.es