Editorial
DEL
PERIODISTA AL PROVEEDOR DE CONTENIDOS
FROM
JOURNALIST TO CONTENT PROVIDER
«La
relación de la sociedad con la ciencia está en una fase crítica.» Con esta frase
comienza un amplio informe del Select Committee on Science and Technology of the House
of Lords de Gran Bretaña hecho público a mediados de marzo del 2000 sobre Ciencia y
sociedad.1 Los lores británicos señalan que existe una crisis de confianza en
la ciencia y que muchos valores son puestos
en duda, entre otras razones, porque existe fundamentalmente una reticencia del público
sobre la autoridad científica y porque la mayoría de la información que recibe la
ciudadanía una vez superada la escuela está determinada por la creación de una realidad
deformada por los medios de comunicación, a los que se señala como uno de los
principales responsables de la trivialización de los mensajes culturales que se está
produciendo. «Además de la negativa imagen de la ciencia real, afirma el informe, los
medios ofrecen un exótico abanico de material que va más allá de la respetabilidad
científica: horóscopos, lo paranormal y muchas otras cosas, por ejemplo bajo la
apariencia de temas de salud, que tienden a debilitar en la mente del público la validez
de una aproximación racional a los problemas planteados.»
Como
podemos observar, los argumentos del informe no son nuevos para los lectores de Quark,
pues la crisis a la que alude el Comité de la House of Lords no es exclusiva del
mundo británico, una crisis que sin duda hay que englobar en la deriva que padece el
sistema informativo mundial y que compromete la profesión y función social de los
periodistas.2
La
definición académica considera al periodista como el profesional que prepara o presenta
las noticias en un periódico o en otro medio de difusión. Por lo tanto, es en la
divulgación de un hecho antes desconocido para el receptor y en el proceso de
fabricación de esta información nueva donde radica el proceso de traslación del
conocimiento que protagoniza el periodista, convertido en mediador entre el que sabe y el
que no sabe. Una definición que hay que situar en el contexto actual, el de la sociedad
del conocimiento que sustituye a velocidad de vértigo a la sociedad heredada de la
revolución industrial, y que impone una actualidad marcada por el predominio y el
carácter estructurador que ejerce el propio conocimiento. Una sociedad en la que el saber
como ya avanzó Peter Drucker en los años sesenta y que ha ido desarrollando en su
importante obra - convierte al trabajador del saber en un capital no en un coste para el
mundo económico, de ahí también seguramente el creciente protagonismo que el periodismo
posee, en sus diversas formas, en nuestro mundo.
«Lo
he leído en el diario», «lo he oído en la radio» o «lo he visto en la tele» es la
percepción pública final de una compleja cadena de decisiones y acciones que se
vehiculan con el uso de la palabra y por la construcción de un discurso, condicionado por
múltiples factores entre los que el único espontáneo es la intuición del periodista.
Sin embargo, el trabajo de un periodista no consiste como podríamos pensar en
dar cuenta de una realidad, sino más bien en la representación de lo que se quiera dar a
conocer. La actual omnipresencia del mundo de la comunicación, con los múltiples
intereses que lo configuran, ha convertido a los medios de información en un universo en
sí mismo cuando antes eran parte de un sistema.3 Hoy este mundo (el mundo
mediático, como se ha convenido en llamar) construye realidades, establece sus propios
códigos, imágenes y lenguaje, incluso establece verdades. Haber aparecido en un medio de
comunicación sirve de argumento, sin que realmente sea necesario que aquello que aparece
sea reflejo de una traslación de una mediación del saber al no saber. Los medios ya no
sólo dan cuenta de una realidad, la construyen.
Hasta
tal punto se está produciendo una inversión que hoy la difusión se ha convertido en sí
misma en un objetivo sin que tenga demasiada importancia el contenido de la transmisión.
Un buen ejemplo lo constituyen los actuales contenidos de los medios de comunicación:
prácticamente todos hablan de lo mismo aunque esté permitido el que cada uno lo haga con
su óptica peculiar, dependiendo más de los intereses del grupo editorial o de las
directrices de los responsables del márketing de la publicación que de auténticos
criterios de novedad y actualidad. La consideración de que la comunicación, en su
sentido tradicional, es una herramienta para la transmisión de un mensaje ha quedado
modificada. Hoy existe una nueva ley en el mundo de la comunicación: los medios hablan de
lo que habla el público y el público habla de lo que hablan los medios de comunicación.
Es un círculo vicioso que explica esa aparente paradoja de que sólo se abordan
determinados aspectos del a priori inmenso mundo de las noticias. La selección de
lo que es o no es noticia sigue, por tanto, unas reglas en las que la práctica
periodística es sólo un aspecto más de un cúmulo de factores y estrategias, muchos de
ellos y de ellas claramente alejados de esa vocación de poner en contacto los colectivos
de los que saben y de los que no saben. La cruda realidad es que hoy hay que llenar
espacio (papel de diario o de revista) y tiempo (minutos de radio y de televisión) con
temas sólo emparentados con el concepto estricto de lo que es una noticia, inserciones
que por encima de todo capten la atención del lector, oyente o televidente, que hurguen
en sus emociones y que los hagan reincidentes y por ello cautivos de un determinado medio
de comunicación. El auténtico objetivo de las noticias convertidas en un producto
comercial es que la audiencia se enganche, de ahí la gran proliferación del género
tertulia, en la que se habla de todo mientras concentre a oyentes y televidentes, aunque
ninguno de los protagonistas sea realmente especialista en algo lo importante es que
comuniquen bien, y también la frecuente reconversión del periodista en showman.
Hoy el objetivo primordial es que las noticias, con independencia de que realmente lo
sean, hagan vender más diarios y revistas o consigan cotas de difusión adecuadas gracias
a la creación de emociones en los receptores, con el fin de que el mundo publicitario
inserte sus mensajes y pague por ello y para que el correspondiente grupo de comunicación
sea cada vez más poderoso.
Sin
olvidar un aspecto muy importante: los diferentes colectivos sociales, que son los
generadores de los mensajes iniciales, han aprendido a establecer líneas estratégicas de
comunicación para ser tomados en consideración y poderse ver reflejados en las noticias.
Buscan, en suma, el impacto social por mediación de su aparición en un diario, radio o
televisión. Por lo tanto, en el punto de partida del proceso de fabricación de las
noticias se provoca ya una orientación interesada que puede afectar al trabajo del
periodista. El mundo de las ciencias no es ajeno a este fenómeno y también utiliza a los
medios de comunicación de masas para vender (en todos los sentidos metafóricos, buenos y
malos) no sólo sus descubrimientos y aplicaciones, sino canalizar sus propios intereses
en un mundo global que ha sustituido el cogito ergo sum por el comunico para
existir.
El
conflicto es constante. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el contenido de una reciente
sección de El Defensor del Lector del diario El País publicada con el título de
'No tomar la ciencia en vano':4
'Los
científicos aceptan la teoría de que el gusto por la belleza o el paisaje es
hereditario'. Este titular, tan claro, rotundo y espectacular, se publicó a cuatro
columnas, como primera noticia de la sección de Sociedad.
Noticia
sorprendente y atractiva, sin duda, pero falsa. No era eso lo que decía el texto de la
información, firmada desde Washington por Malén Ruiz de Elvira. En síntesis, y porque
el asunto es complejo, la noticia daba cuenta de que Edward O. Wilson, considerado el
«padre de la sociobiología», considera que su teoría sobre la influencia de la
evolución y la herencia en la naturaleza de los animales se ha visto reforzada, después
de las duras críticas que recibió tras publicar en 1975 su obra Sociobiología: una
nueva síntesis.
Wilson
hizo esta afirmación ante los asistentes a la reunión anual de la Asociación Americana
para el Avance de la Ciencia (AAAS). El científico argumentó, entre otras cosas, que
algunos estudios demuestran que hay bastante coincidencia en el gusto por el paisaje ideal
o por la estética del rostro femenino y que, con ello, empieza a tener apoyos para su
controvertida teoría. De ahí al titular con que se publicó la crónica hay un buen
trecho. Suficiente como para que José Miguel Fernández-Fernández, del Departamento de
Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, haya protestado por
carta y otros dos lectores lo hayan hecho por teléfono.
El
lector escribe que el titular da por definitiva la aceptación de la teoría de Wilson,
que atribuye tal aceptación a «los científicos y, por lo tanto, a todos, o la inmensa
mayoría de quienes se dediquen a este tipo de estudios. Pero eso es algo que no ha
ocurrido y que no se decía en la información. (...) Muestra el alto riesgo del
periodismo científico. Acercar el contenido de disciplinas completamente ajenas a la
inmensa mayoría de los lectores es una tarea ciertamente complicada. Pero dar honores de
verdad científicamente aceptada a lo que sólo es una teoría, tan atrayente como
controvertida, es un paso vedado para el rigor que merecen los lectores, al margen de las
dificultades. Si el periódico decide dar información científica, el lector tiene
derecho a exigir, como mínimo, que no se ofrezcan títulos engañosos. No se ha
demostrado, ni mucho menos, que los hijos de padres aficionados a contemplar bellos
paisajes estén predestinados a extasiarse con una puesta de Sol.»
Es
sólo un ejemplo, uno más, de los muchos problemas que hemos señalado una y otra vez en Quark
en la transmisión del conocimiento a la sociedad por la mediación del mundo del
periodismo. Pero hay que contextualizar en un conflicto mucho más amplio y que está
comprometiendo el mundo de la información. Un mundo que hoy está sometido a una profunda
transformación que compromete la propia función social de la profesión periodística.
La práctica periodística está evolucionando por la pendiente del deterioro debido a
muchos factores, entre los que uno de los primordiales es el papel que desempeñan hoy en
día las macroempresas periodísticas convertidas en conglomerados de intereses producto
de las fusiones del mercado, con el fin de convertirse en grupos de presión social,
económica y política. En este contexto, el periodista ha perdido no sólo peso
específico en el seno de sus empresas, sino que incluso hoy comienza a ser transformado
en un «proveedor de contenidos» simple rellenador de espacio y de tiempo,
cuanto más espectacular mejor, en los medios de comunicación, expresión que ya es
habitual cuando oímos o leemos las noticias de fusiones como la de AOL y Time Warner o la
absorción del poderoso Los Angeles Times por el grupo Tribune de Chicago.
La
Federación Internacional de Periodistas dio a conocer un comunicado con motivo de la
fusión entre AOL y Time Warner5 en el que expresaba su alarma por «la
posible amenaza para la democracia y la libertad de expresión: vamos hacia la dominación
de unas cuantas empresas que controlarán la información y los medios de su
transmisión». Esta organización profesional independiente, con sede en Bruselas y que
cuenta con
450
000 miembros en un centenar de países, estima que si no se produce una movilización del
mundo periodístico «las empresas acabarán definiendo el contenido de la información
para que corresponda a sus estrategias comerciales». Observemos a nuestro alrededor...
¿no está ocurriendo ya así? Es en esta crisis global del mundo de la información y de
la transmisión del saber, en la que hay que insertar la crisis de la que nos hablan los
prohombres de la House of Lords.
El
Director
Notas
1
El documento puede ser consultado in extenso en:
http://www.parliament.the-station...900/ldselect/ldsctech/38/3802.htm
2
Para profundizar en la crisis del periodismo recomendamos la lectura de Algo más que
periodistas. Sociología de una profesión, de los profesores Félix Ortega y Mª
Luisa Humanes (Barcelona, Ariel Sociología, 2000).
3
Aubenas,
F., Benasayag, M.: La fabrication de linformation, París, Éditions La
Découverte, 1999.
4
El País, 27 de febrero del 2000.
5 Libération, 12 de enero del 2000.