Crónica
I Foro de debate sobre medios de comunicación y salud
INFORMACIÓN SANITARIA,
¿PERIODISMO BASADO EN LA EVIDENCIA?
MEDICAL INFORMATION, EVIDENCE-BASED
JOURNALISM?
Pilar Laguna
La necesidad de establecer unas relaciones apropiadas
entre periodistas y científicos, especialmente en el ámbito de las ciencias de la salud,
los principios éticos que deben regir ese entendimiento mutuo, y la formación del
periodista que se dedica a este campo informativo, son algunos de los temas abordados en
el I Foro de debate sobre medios de comunicación y salud, que la Fundación Hefame
organizó en Murcia los días 20 y 21 de noviembre, con la intervención de periodistas y
científicos.
El I Foro de
debate sobre medios de comunicación y salud, en el que participaron un centenar de
personas, planteaba ser una actividad formativa a la vez que un marco de confrontación de
ideas dirigido a periodistas, médicos, farmacéuticos, biólogos..., interesados en
estrechar la comunicación entre el mundo de los medios de comunicación y el de la salud.
Mundos conceptualmente distintos, pero cuya colaboración es esencial para una buena
calidad de la información biomédica, sanitaria o de salud, según las perspectivas con
que se afronten las noticias, el lugar donde se ubican en el medio escrito o audiovisual y
el tratamiento que se les da como información especializada o de la sección de Sociedad.
De hecho, el seminario se celebró con el epígrafe de «La información sanitaria:
¿periodismo basado en la evidencia?», estableciendo un juego de palabras que aluden al
concepto actual de la medicina basado en la evidencia. Se trataba de ver si esa búsqueda
del rigor se da también en nuestra profesión periodística.
No podemos
citar exhaustivamente a todos los ponentes en estas breves líneas, pero sí hacer un
«muestreo» de los ya tradicionales en estos ámbitos de discusión: científicos como
Julio Rodríguez Villanueva, director de la Fundación
Areces, y Luis Valenciano, que está al frente de la Fundación Welcome;
periodistas como José Luis de la Serna (El Mundo), José María Fernández Rúa (ABC),
José Ramón Zárate (Diario Médico), Javier López Iglesias (Jano) y
Sergio Alonso (La Razón); la entente médico-periodista que forman los
responsables del máster de Comunicación Científica de la Universitat Pompeu Fabra
(Barcelona), Gemma Revuelta y Vladimir de Semir; y también la representación de la
industria farmacéutica, una de las fuentes principales de información biomédica,
materializada en la intervención de Paloma Fernández Cano, directora de Comunicación de
MSD, hasta llegar a una veintena de ponentes.
La conferencia
de clausura estuvo a cargo de Gunther Eysenbach, especialista en informática médica,
epidemiología y salud pública de la Universidad de Heidelberg (Alemania), que se centró
en los estudios de calidad de la información sanitaria en Internet publicados en JAMA, Lancet
y British Medical Journal.
Podríamos
preguntarnos qué conclusiones se han extraído de la reunión, que ha resultado
enormemente fructífera, no sólo por el prestigio de quienes han participado como
ponentes, sino también por la multidisciplinariedad de las ideas expuestas, y por la
«amable» discrepancia que se advierte entre quienes pertenecen a sectores específicos
de esos mundos profesionales. Por supuesto, se buscaba la reflexión y no el planteamiento
unánime. Así, una de las mayores divergencias de pensamiento se ha observado al
relacionar educación con información. ¿Se debe el periodista a este cometido educativo?
O ¿sólo debe informar, sin pensar en los efectos de las noticias sobre la audiencia? Se
intuye que, al menos, hay un valor educativo, no buscado directamente por el informador,
pero que resulta de la buena calidad de la información. Y, casi como consecuencia de
esto, sí hubo una idea en la que todos los ponentes han hecho hincapié: la sólida y
permanente formación que debe buscar el periodista que se dedica a este campo
informativo.
Cómo adquirir
esa formación depende de la procedencia de los periodistas o de los científicos. Para
quienes dirigen suplementos especializados de salud y ciencia, parece que es importante
disponer de una preparación técnica previa, incluso una licenciatura científica,
mientras que quienes se dedican a la información diaria, más relacionada con la
política sanitaria, aunque también con los nuevos avances de la biomedicina, suelen
preferir un buen entrenamiento en habilidades periodísticas y una posterior formación en
temas políticos, económicos o científicos. Es obvio que quienes trabajan en suplementos
semanales tienen más tiempo para tratar en profundidad las noticias (que incluso pueden
haberse lanzado ya desde una sección diaria, a veces sin demasiado rigor), cuentan con
mayor espacio y hacen su propia valoración y jerarquización.
Por su parte,
los periodistas dedicados a la información diaria, además de contar con una formación
general, tienen que decidir en muy pocas horas qué noticias escogen para «vendérselas»
a un intermediario (llámese «redactor jefe»), que no siempre está convencido del
interés de esa información, porque no la ha tratado directamente, y que puede que
conceda una columnilla después de negociar, con más o menos ganas, con sus superiores.
Éstos
podrían considerarse problemas ya seculares de la profesión periodística pero, lejos de
resolverse, se están agudizando con la velocidad a la que se producen y comunican los
avances científicos en la actualidad, sobre todo con la cada vez más apabullante
cantidad de información, que podríamos llamar información
omnidireccional, y que, al margen de los
cauces tradicionales, hoy se suman a las que llegan por fax, teléfono móvil o correo
electrónico.
En otro orden
de cosas, la información sanitaria en Internet fue también motivo de debate, tras la
conferencia de Gunther Eysenbach, uno de los pioneros de estudios de calidad en la red.
Este experto trabaja en un proyecto de la Unión Europea para evaluar páginas de
información sanitaria en la red, de forma que haya una garantía de calidad para quien
accede a ellas. Un método de selección consiste en que un programa de software avise,
mediante etiquetas electrónicas, de qué fiabilidad tiene el web al que accedemos, incluso de los enlaces que aparecen en dicha página, ya que al
utilizar el navegador aparecerán algunas características de la
información que se proporciona, por ejemplo, si ya ha sido evaluada, si es actual, si la
han elaborado expertos o si lleva publicidad camuflada.
Éste y otros
campos que involucran a científicos y periodistas seguirán abordándose en próximos
foros organizados por la Fundación Hefame, que tiene la intención de continuar con estas
actividades, en la línea de apostar por los aspectos relacionados con las ciencias de la
salud que más interesan a la población.
Pilar Laguna
Licenciada en
ciencias de la información por la Universidad de Navarra. Experta en protocolo por la
Universidad Miguel Hernández (Alicante). Desde 1992, es corresponsal de Diario Médico
en Murcia. En los años ochenta ha ocupado diversas responsabilidades como redactora de La
Gaceta Regional de Salamanca, Universidad y Sanidad; coordinadora del programa
latinoamericano de la Biblioteca de Estudios sobre el Pacífico en la Universidad de
California (UCSD), y directora del Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de
Salamanca. Sus áreas de interés en periodismo se centran en salud, biomedicina y
política sanitaria, con una tesis doctoral en ese ámbito. En la actualidad, prepara el
II Foro de debate sobre medios de comunicación y salud, patrocinado por la Fundación
Hefame, que tendrá lugar en Barcelona el próximo mes de noviembre.