SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN:

LOS NUEVOS POBRES

 

INFORMATION SOCIETY: THE NEW POOR

Suman Naresh

 

La disponibilidad de la información con Internet permite hacerla más accesible a todos y en todas partes. Así, se produce un incremento en el nivel de educación y desarrollo socioeconómico de las personas. Los que se benefician de la sociedad de la información tienen la responsabilidad ética de fomentar este potencial. El autor señala la necesidad, por parte de los gobiernos, de establecer una legislación que pueda garantizar la confidencialidad de la información.

 

Availability on the Internet makes information easily accessible to everyone everywhere. This increases education and socio-economic development. Those benefiting from the information society are ethically responsible for promoting this potential. The author points out the need for governments to legislate for and ensure the confidentiality of information.

 

 

Hoy en día, existen unos 120 millones de internautas en el mundo y según los expertos este número aumenta en 5 millones al mes. Los países ricos pueden invertir más recursos en los equipamientos informáticos y tienen más infraestructuras de telecomunicaciones. Los países pobres no tienen ni lo primero ni lo segundo, y no podrán desarrollarse en el ámbito económico y social de los sectores abiertos de Internet.

Sin embargo, el abismo entre los países ricos en información y los otros no se debe solamente a diferencias económicas. Los regímenes de represión (incluso en países bastante ricos) intentan restringir a sus ciudadanos el acceso a la información. Los países asiáticos han visto en Internet un peligro para su seguridad nacional, ya que la red ha servido para organizar movimientos contestatarios.

La lengua también crea disparidades. Mientras que Internet refuerza la comunicación en el seno de un grupo, porque se efectúa en la lengua de esta comunidad, los internautas no anglófonos se adentran con dificultades en el discurso mundial.

Los sectores público y privado tienen, pues, un papel importante en la reducción de la desigualdad de acceso a la sociedad de la información, aportando las inversiones necesarias. No obstante, incumbe a los poderes públicos fijar el orden del día y crear así los elementos de incitación propios a movilizar las iniciativas privadas.

 

Propiedad intelectual

 

La problemática de la propiedad intelectual es muy parecida. La ley sobre los derechos de autor y la legislación en la protección de las bases de datos, disquetes de ordenador y marcas registradas, limitan la disponibilidad de la información. A la vista de la expansión constante de la propiedad intelectual en materia de información, ¿cómo garantizar a todo el mundo un verdadero acceso a la sociedad de la información? Los usuarios quizás acabarán por pagar informaciones provenientes de bibliotecas que, hasta el momento, están abiertas a todos.

El restablecimiento del equilibrio entre los sectores público y privado en materia de informaciones exige también acciones concertadas. Los países ricos en información podrían limitar, por ejemplo, la privatización de la información. También se tendría que conceder a los países menos desarrollados períodos de transición prolongados para ayudarlos a pasar de forma progresiva a un nuevo sistema de protección de la propiedad intelectual.

 

El riesgo de la vigilancia

 

El problema de la confidencialidad es también importante para la ética. La posibilidad de combinar y de analizar datos personales procedentes de diferentes fuentes, como por ejemplo la policía, el tesoro público, la justicia y las finanzas, crea masas de informaciones que pueden ser utilizadas en detrimento de los empleados, arrendatarios o deudores, y de los ciudadanos en general. Las sociedades comerciales tendrán tentaciones de explotar los datos confidenciales de información. Los especialistas de las organizaciones no gubernamentales también han expresado su temor al ver que se explota este progreso técnico con fines de vigilancia política.

A los gobiernos les toca decretar una legislación que garantice la confidencialidad de la información. Mientras, la industria privada establecerá los medios de protección técnica, como por ejemplo los disquetes que convierten la información en ininteligible a los intrusos. Dadas las inquietudes sobre la utilización delictiva de la red, no se trata de cerrar el acceso a los datos privados sino de mantenerlo en un mínimo umbral. Las leyes y las prácticas administrativas, que dan acceso a la información, deben definir con precisión qué objetivos justifican una investigación, quién puede efectuarla y las modalidades de autorización.

Conviene considerar el acceso a la información como un derecho del hombre, al menos en sentido general, teniendo en cuenta las obligaciones económicas y las necesidades como la importancia de una aplicación eficaz de la ley. Estas restricciones no atenúan en nada su naturaleza. En definitiva, incluso el derecho fundamental por excelencia, que es la libertad de expresión, no es absoluto. A comienzos de la era nuclear, muchos subrayaban que el progreso tecnológico de la humanidad había tomado ventaja respecto al progreso moral. Cincuenta años después, hemos aprendido a usar nuestras facultades morales y nuestra vigilancia para vivir junto a la bestia nuclear, y en cierto sentido domesticarla.

 

 

Suman Naresh

 

Suman Naresh pertenece Colegio de Abogados de Inglaterra y Gales, y es miembro de la Inner Temple de Londres. Ha ejercido tareas docentes en la Chicago Law School. En la actualidad es profesor asociado de derecho en la Universidad de Tulane en Lousiana (Estados Unidos). Sus áreas de interés se centran en el ámbito del derecho mercantil, la ley de propiedad intelectual, leyes de comercio internacional y legislación en la Comunidad Europea. Naresh prepara un tratado sobre la protección internacional de los derechos de la propiedad intelectual.

 

snaresh@law.tulane.edu