Entrevista
PIERO ANGELA
«H ACER CULTURA EN TELEVISIÓN NO
SIGNIFICA
NECESARIAMENTE RETOMAR UN ESPÁCTUCULO
TEATRAL»
«SCIENCE ON TV CAN BECOME A CULTURAL
EXPERIENCE»
Massimiano Bucchi
Trabajar mucho, con honestidad y competencia son los
pilares básicos sobre los que se asienta el éxito de los programas de divulgación
científica que Piero Angela prepara para la RAI (Radio Televisione Italiana). El objetivo
principal que persigue este divulgador es conseguir suscitar la curiosidad del público
por los temas científicos.
En primer lugar querría preguntarle cómo funciona su
redacción, sobre todo en lo referente a la elección de los temas.
Antes que nada, debo hacer una pequeña aclaración:
nuestro país tiene una consolidada tradición literaria y humanística, pero no
científico-tecnológica. Para enfrentarse a la competencia impuesta, sobre todo por la
globalización de los mercados, es necesario que la investigación científica y la
tecnológica marquen el desarrollo. En el transcurso del último siglo, la tecnología ha
cambiado completamente nuestro mundo; mi padre nació en el año 1875 y, en aquella
época, la vida de las personas no era tan diferente de la de los antiguos romanos.
Así por ejemplo, una riqueza natural, como el
petróleo, no vale nada sin un invento como el del motor, que haga posible su
utilización. Como dice el proverbio, «no se puede ser rico e ignorante durante más de
una generación». Por tanto, quiero decir que la comprensión del papel social y
económico de la tecnología es uno de los pilares sobre los que siempre he construido mi
actividad como divulgador. El segundo pilar es la ciencia como cultura, que en definitiva
es filosofía, es decir las grandes preguntas sobre nuestro pasado y nuestro futuro. En
este sentido se puede llegar incluso a disciplinas como la arqueología y la
antropología.
¿Cuántas
personas trabajan en la redacción?
Existen tres redacciones: una de «Superquark», en la
que trabajan unas 20 personas, otra para la elaboración y transmisión de «Il Mondo di
Quark», por la tarde, tiene cuatro o cinco personas, y la tercera es la que corresponde a
«Quark Speciale».
¿Por
lo general proceden de un entorno periodístico?
No, no necesariamente. Muchos no tienen ni siquiera una
formación científica, sino que son licenciados en disciplinas humanísticas, porque lo
importante no es poseer las informaciones específicas relativas a un tema en particular.
Para eso, basta con documentarse según el tema y contactar de vez en cuando con expertos
para entrevistarles y pedirles que revisen lo que se ha redactado, y que también es lo
que yo hago con los libros. Lo importante es haber comprendido el cuadro en conjunto,
saber encajar cada pieza.
Pero esto a menudo resulta difícil para los
mismos científicos...
Claro que sí. Una vez una persona del mismo CERN me
pidió consejo porque tenía que ocuparse precisamente de esto, de una comunicación
interna que diera a entender el sentido general del Centro a las personas que se ocupaban
de cada uno de los microproyectos.
El otro elemento fundamental en el trabajo que
realizamos es el lenguaje. Yo siempre digo que hay que estar del lado de los científicos
en lo relativo a los contenidos y del lado del público en cuanto al lenguaje con el que
se expresan estos contenidos.
Los científicos que escogen para consultar o verificar el
material de un programa, ¿cambian siempre según el tema específico?
Actualmente disponemos de un equipo de expertos
consolidado, pero según el tipo de tema se consultan también otros expertos en ese
campo.
Su sección «La ciencia en la cocina» me ha impactado
especialmente porque me da la impresión de que adopta una estrategia ligeramente
diferente de la habitual en la divulgación, que tiende a mostrar lo milagroso, lo
distante...
Es cierto, en ese caso decidimos partir de un ámbito
muy cercano a la vida cotidiana, como la cocina y la alimentación en general, en los que
en realidad hay también gran cantidad de pseudociencia, como por ejemplo en el campo de
las dietas.
He observado que tienden a no tomar en consideración temas
científicos de particular actualidad, como por ejemplo en su día fueron los casos de las
vacas locas o Di Bella.
En el caso de las vacas locas probablemente no
estábamos en antena; en el caso Di Bella la cuestión es más compleja. Cuando un caso se
convierte de forma espectacular en un suceso, se hace difícil tratarlo desde el punto de
vista de la divulgación, porque en estos casos la televisión debe seguir criterios
«políticos» como la par conditio. No se
podía hacer un programa sobre Di Bella sin invitarle, pero esto lo han hecho precisamente
los programas de actualidad política. Para un programa divulgativo habría sido como
enfrentar a los defensores de la Tierra redonda contra los de la Tierra plana. Nosotros, a
decir verdad, habíamos preparado con este fin un espacio sobre el procedimiento de
experimentación y de aprobación de los fármacos, pero no resultó nada comprensible.
Parecía que quisiéramos hablar del tema sin asumir responsabilidades. Al final decidimos
hacer cosas más «picantes», como informar lo que ya a finales de los años sesenta las
instituciones americanas más reconocidas, que se ocupan de investigación sobre el
cáncer, habían dado a conocer como perfil del portador de grandes remedios: procedencia
de fuera de la comunidad científica, ausencia de publicaciones significativas, etc.
Y es que en Italia hay aún mucha ignorancia, sobre todo
desde este punto de vista sobre cómo funciona la ciencia y su método, cuáles son los
procedimientos de control y de verificación que necesita la comunidad científica, y
sobre la falta de mentalidad científica. Yo, por ejemplo, me he ocupado durante mucho
tiempo de temas paranormales, he aprendido quizá más de la pseudociencia «por
eliminación», en cuanto a métodos y reglas, que de la ciencia propiamente dicha. Pero
en ese terreno uno se encuentra con el lobby de
los magos y los parapsicólogos, que es muy poderoso, y con otras actitudes que no tienen
nada que ver con la racionalidad. Recuerdo haber oído de niño una ópera de Giancarlo
Menotti, La Médium, en la que ésta decía confesar a sus clientes que no tenía
ningún poder que les hiciera hablar con sus difuntos, sino que se trataba sólo de
trucos. Ellos se quedan muy afectados, pero al final, aun así, todos siguen
implorándole: «Bueno, es igual, vuélvamelo a hacer».
Su
programa de divulgación científica existe desde 1981. ¿Qué ha cambiado?
Diría sobre todo que el contexto y la televisión en
general. Piense que en aquella época teníamos una audiencia de más de siete millones
empezando a las nueve y media de la noche. No existía aún la competencia de las
televisiones privadas, y la misma noche había tres o cuatro programas diferentes. Hoy, en
cambio, la tendencia es la de coger al espectador a las ocho y media de la tarde y no
soltarlo hasta las once de la noche o incluso más tarde. Esto acaba con la variedad de
los programas y hace que la programación sea extremadamente rígida. Como consecuencia,
nuestro programa se ha alargado hasta contener secciones incluso bastante diferentes entre
ellas, y hay que estar muy atento a la ubicación de las diversas secciones. Los análisis
de audiencia en un programa como el nuestro son importantes. Por ejemplo, nuestra sección
de libros marcaba un descenso claro de la audiencia, y la hemos cambiado de lugar,
poniéndola dentro de la sección de sexualidad, para meterla en una especie de sandwich, como ocurre con la publicidad en las
películas.
Recientemente, en una intervención sobre el problema
del bajo nivel cualitativo que reina hoy en día sobre gran parte de las producciones
televisivas, se propuso que fuera obligatorio para todas las emisoras dedicar una cuota de
su programación a programas de educación y de divulgación. Lo que no significa la
cultura pomposa y tradicional que parece que se tenga que imponer a toda costa al público
por aburrida que sea. Hacer cultura en televisión no significa necesariamente retomar un
espectáculo teatral o una manifestación cultural. La televisión tiene su especificidad
como lenguaje; actualmente puede recurrir también a tecnologías muy sofisticadas. Lo
importante es conseguir suscitar la curiosidad del público.
Piero Angela
Nacido en Turín en 1928. Es periodista y pionero en la
divulgación de la ciencia en la televisión italiana. «Quark Travels into Science» fue
su primer trabajo en el medio audiovisual en los años ochenta. Y en los últimos 30 años
ha trabajado en el campo de la divulgación científica no sólo audiovisual, también lo
ha hecho colaborando en periódicos y revistas. Ha editado numerosos libros relacionados
con la ciencia. Recibió el premio internacional Kalinga de la UNESCO por la divulgación
científica.
superquark@rai.it