Libros

 

DE MUJERES MATEMÁTICOS

 

Matemática es nombre de mujer

Susana Mataix

Rubes Editorial, Barcelona, 1999

 

«Si el pecado incluye la pasión desmesurada, entonces debo confesar mi culpa y he de dar el nombre de mis delirios: las matemáticas.» Días antes de ser martirizada, apaleada y asesinada en plena calle por una turba de cristianos encabezados por el arzobispo Cirilo, Hipatia ya había tomado la decisión de afrontar su destino y no huir. Esperando el momento, la alejandrina Hipatia redactó un manuscrito en el que dejaba constancia de su amor por las ciencias matemáticas, de los grandes enigmas que estaban aún por resolver, de los logros que ya se habían alcanzado y, sobre todo, de su esperanza por que su legado sirviera para alentar a otras personas a dedicar sus mismos esfuerzos por avanzar en el conocimiento de las matemáticas.

Y así fue, el manuscrito de Hipatia pasó de mano en mano a través de la historia, como una antorcha, despertando vocaciones o ayudando a reavivar aquellas que empezaban a flojear de tanto luchar contra la incomprensión y las adversidades. Quizá las más beneficiadas por este legado han sido precisamente otras mujeres que también tuvieron que enfrentarse a sociedades poco dispuestas a aceptar que el conocimiento no fuera un bien exclusivamente masculino.

Esta obra de Susana Mataix recoge, en tono de novela, la historia de este manuscrito imaginario y su influencia sobre otras mujeres ahora célebres. La autora, debido en parte a su formación e incluso a su entorno familiar, ha demostrado aquí una especial sensibilidad por revivir las circunstancias que marcaron las vidas y la labor profesional de algunas mujeres dedicadas al estudio de las matemáticas, tales como madame de Châtelet, Maria Gaetana Agnesi, Sophie Germain, Ada Lovelace, Florence Nightingale o Emmy Noether.

La dedicación a las matemáticas y la condición de ser mujer en un mundo concebido para hombres es el hilo conductor de esta obra que figura entre la realidad y la ficción. Pero el libro es también un perfecto ejercicio de divulgación científica, en el que se exponen con sencillez conceptos tan complejos como la duplicación del cubo, la cuadratura del círculo o el teorema de Fermat. Aún más, la autora consigue explicar estos enigmas que han tenido en vilo a generaciones de científicos sin necesidad de utilizar una sola fórmula matemática, esfuerzo que –sin menospreciar la belleza del «lenguaje sincopado»– solemos agradecer los lectores no iniciados.

 

Gemma Revuelta

 

 


 

¿SABER HACER O SABER PENSAR?

 

 

1 Jean-Jacques Salomon

Survivre à la science. Une  certaine idée du futur

Albain Michel, París, 1999

 

2 Sharon M. Friedmann, Sharon Dunwoody y Carol L. Rogers

Communicating uncertainty. Media coverage of new and controversial science

Lawrence Erlbaum Associates, Publishers, Mahwah (Nueva Jersey), 1999

 

3 Julian Morris y Roger Bate

Fearing food: risk, health and environment

Butterwort Heinemann, Oxford, 1999

 

 

Nuestras verdades son relativas. Desciframos el mundo y construimos nuestro conocimiento a base de eslabones científicos, tecnológicos y en general culturales. Así avanzamos -con nuestras contradicciones y nuestros egoísmos- desde el tiempo inmemorial en el que comenzamos a ser capaces del raciocinio y de convertir la trascendente cualidad de pensar en la transformación intencionada del medio que nos envuelve. Hoy hemos iniciado ya la revolución de la sociedad del conocimiento que sustituye a la que heredamos de la revolución industrial, una nueva sociedad en la que nada es ajeno al fenómeno comunicacional. Estas verdades relativas (relativas porque evolucionan a medida que profundizamos levantando las capas de la cebolla del conocimiento) están inmersas en ese mundo de la aparente instantaneidad comunicacional y por ello fuertemente condicionadas por la rápida percepción pública que se crea en torno al avance del saber, sin demasiado tiempo para la reflexión y para la asimilación, pero sobre todo con la extraordinaria facilidad de ser malinterpretadas o manipuladas por los fenómenos mixtificadores que impone la espectacularización de las noticias a las que estamos sometidos, queramos o no, seamos conscientes o no. Por ello es necesario abrir -ahora ya de forma imprescindible y con más fuerza que nunca- canales de debate y de reflexión ética. No hemos de dejar que se nos adormezca (o nos adormezcan) nuestro espíritu crítico y nuestra capacidad de discernimiento. Por suerte, muchas voces se levantan y se movilizan para combatir el marasmo intelectual que el «Gran Hermano» de la bulimia comunicativa nos pretende imponer. Por ello es bueno que en esta coyuntura histórica en la que nos encontramos y en la que existe una tendencia a convertir a la tecnología en la ideología dominante surjan voces como la de Jean-Jacques Salomon,1 titular de una cátedra de tecnología y sociedad y profesor honorario del Conservatorio de Artes y Oficios de París, que no justifiquen el «todo vale», que reclamen una cierta desacralización de las ciencias y que nos oriente, o por lo menos nos haga reflexionar, sobre las promesas y las trampas del cibermundo en el que se intenta imponer abusivamente el «saber-hacer» sobre el «saber-pensar».

Precisamente para no perder de vista el problema de transformar verdades relativas (verdades científicas) en verdades absolutas (verdades periodísticas), que es el principal inductor de esa enorme distorsión del avance del conocimiento en la percepción pública que acaba convirtiendo en categoría la simple anécdota, Sharon M. Friedmann, Sharon Dunwoody y  Carol L. Rogers2 nos ofrecen ejemplos concretos de que la incerteza es parte del proceso científico y de cómo esa incerteza es malinterpretada por los medios de comunicación hasta desvirtuarla ante la necesidad de crear verdades periodísticas. Las contradicciones inherentes a este modelo social que hemos ido construyendo se traducen en el surgimiento de nuevas necesidades y estrategias para formar e informar. El análisis de la sociedad del riesgo como un nuevo paradigma social es hoy inextricable de su componente comunicativa, caracterizada por el impacto directo que tienen los avances científicos y tecnológicos en la sociedad, el desarrollo industrial y empresarial y por la toma de conciencia de los efectos colaterales de cualquier actividad económica, motor del progreso de nuestra sociedad. El debate y polémica surgidos en torno a los riesgos alimentarios está hoy planteado en muchos frentes, ya que intereses de todo tipo se entrecruzan y se enfrentan. De nuevo, la información, la buena información, es más necesaria que nunca. Julian Morris y Roger Bate3 intentan aportar verdadero conocimiento al problema y a la desinformación que nos invade. Una vez más hay que huir de las ideas recibidas o inducidas. Hemos de crear nuestra propia capacidad crítica.

 

Vladimir de Semir

 

UNA AUTOCRÍTICA A LA INFORMACIÓN AMBIENTAL EN CATALUNYA

 

Es una realidad que los medios de comunicación dedican cada vez más espacio a la información científica y, en particular, a la relacionada con el medio ambiente. Y lo es también, que, pese a ello, la cantidad y calidad de la información medioambiental resulta a todas luces insuficiente. En parte, porque comparte las dificultades del periodismo científico: se trata de conceptos técnicos que hay que divulgar de manera clara y rigurosa, sin las presiones de determinados grupos políticos y económicos. Pero también porque la problemática del medio ambiente se ha convertido en un excelente indicador de la capacidad del ser humano para lograr un progreso social y económico sin deteriorar el entorno natural. Y amplios sectores de la sociedad reclaman cada vez más información sobre los temas ambientales que les atañen de cerca: la contaminación de las grandes ciudades, el tratamiento de los residuos sólidos urbanos, el calentamiento del planeta... Éstas y muchas otras cuestiones se plantea cada día el ciudadano ante las noticias que le llegan, a menudo relacionadas con catástrofes ecológicas. A partir de aquí, la pregunta es evidente: ¿disponen los medios de comunicación de profesionales especializados capaces de dar respuesta a esta demanda creciente de información ambiental? Según un reciente informe elaborado por el Grup d’Informació Ambiental (GIA) de l’Associació Catalana de Comunicació Científica sobre la situación en Cataluña (ACCC), la respuesta no invita precisamente al optimismo.

El estudio del GIA, que lleva por título Informe sobre la informació ambiental. Mitjans de comunicació a Catalunya 1999, presenta los datos más importantes de los medios de comunicación de esta comunidad autónoma y la cobertura que realizan en temas de medio ambiente. La información incluye el nombre de los periodistas especializados en medio ambiente, así como las características de su dedicación. Una agenda para estar al día, pero también un proyecto autocrítico de la situación de esta especialidad periodística.

En esta visión crítica del estudio radica, precisamente, su valor. De su consulta se desprende que la mayor parte de los medios de comunicación de Cataluña ­–situación que se puede extrapolar al resto del Estado­– no disponen de periodistas especializados en la información ambiental. Y cuando el medio cuenta con recursos humanos, estos profesionales deben cubrir simultáneamente otras áreas informativas. Una situación que, según los propios autores del estudio, «no depende casi nunca de los mismos periodistas sino que está motivada y alimentada por la estructura de los medios de comunicación, por sus requerimientos económicos y, en una visión más amplia, por la misma sociedad que hace posible esta realidad».

Aparte de esta reflexión, el trabajo del GIA es de suma utilidad. La primera parte del informe está formada por una colección de fichas de los principales medios de comunicación con sede principal o delegación en Cataluña. En estos documentos se detallan los datos básicos del medio –dirección, teléfono, fax, dirección de Internet y correo electrónico–, así como el nombre y datos de contacto del redactor especializado en información medioambiental y la respuesta a un cuestionario sobre el grado de especialización en medio ambiente.

La segunda parte, Quién es quién en la información ambiental, está constituida por dos listas de los periodistas que aparecen en las fichas de este informe, que incluyen los datos básicos sobre el grado de especialización, teléfono, fax y correo electrónico.

 Pese al trabajo exhaustivo que ha hecho el GIA, el Informe sobre la informació ambiental –que puede consultarse también en Internet (http://info.ictnet.es/gia)– no recoge los datos de los periodistas especializados que trabajan en gabinetes de comunicación, fundaciones, centros de documentación, instituciones públicas o en los nuevos medios de comunicación a través de Internet. Una carencia que no invalida los logros de esta publicación, cuyo título es un rendido homenaje al Informe sobre la información de Manuel Vázquez Montalbán. Treinta y cinco años después, la comunicación, está vez medioambiental, sigue necesitada de reflexión y autocrítica.

 

Francesc Vázquez