Libros
Decir la ciencia: las prácticas divulgativas en el
punto de mira
Revista iberoamericana de Discurso y Sociedad
Helena Caslsamiglia (ed. nº monográfico)
Gedisa Editorial, junio 2000, vol. 2, nº 2
Esta edición de la revista se plantea la cuestión del aislamiento o la expansión del conocimiento científico en relación con el discurso con el que se representa. En efecto, se tiene la percepción de que la producción científica ha estado desde la segunda mitad del siglo XX confinada en espacios institucionales --la universidad y los centros de investigación--, enunciada predominantemente por escrito, en un registro alejado de lo que normalmente es comprensible para el público general. Esta percepción se nutre de la progresiva especialización y tecnificación a la que ha llegado el cultivo de las ciencias en el siglo. Para más abundamiento, se ha separado el ámbito de las ciencias y de las letras, tanto en la formación secundaria como en la especialización de las carreras universitarias, cosa que ha resultado en la ya clásica división en dos culturas, la científica y la humanística, en detrimento de la primera, en términos de cultura general.
Sin embargo, en las dos últimas décadas, los medios de comunicación social, responsables de la información en todos los ámbitos, se han hecho eco y cargo, cada vez con más intensidad, de proporcionar información sobre los avances científicos; de tal modo que actualmente la construcción social del conocimiento científico se está procurando en gran parte a partir de los medios. Éstos han sido incluso considerados como «espacio de encuentro» entre los especialistas y el público general (Moirand, 1997). Así, las corrientes democratizadoras han alcanzado también al conocimiento y han ido paulatinamente obligando a dos mundos tradicionalmente separados, el de la comunidad de expertos y el del público general, a poner en marcha un proceso de aproximación no exento de dificultades o de desviaciones de distinto orden. Uno de los problemas radica en que la perspectiva con que los actores de ambos mundos consideran los objetos de ciencia es muy distinta: para los primeros, el objeto tiene un valor inmanente al contexto científico y de los especialistas. Para los segundos, el valor es externo a teorías y métodos: importa su aplicación, su utilidad y sus consecuencias en la vida de las personas.
La separación entre estos dos mundos se hace patente en las diferencias entre el discurso de las ciencias y el discurso común. El discurso científico se ha ido configurando a través de las particulares condiciones de producción e interpretación de sus textos. Teorías y modelos, explicaciones, descripciones y demostraciones se formulan y se construyen a través de un registro especializado que se manifiesta en todos los niveles de expresión lingüística: desde el microtextual (terminología, preferencia por determinadas construcciones sintácticas) al macrotextual (géneros y pautas muy estrictas, restricciones estilísticas; máximas de economía y precisión, neutralidad, objetividad y despersonalización, etc.). El acceso a este particular uso del lenguaje no sólo requiere una disciplina y un entrenamiento sistemático, administrados en la formación superior universitaria, sino una dedicación al campo de la investigación que exige trabajo paciente, largo y arduo. El alto coste de la preparación tiene su contrapartida en la adquisición de una competencia cognitivo-lingüística muy específica, que está alejada de la comprensión y del uso común de la lengua del hablante medio, tanto por su abstracción como por su combinación con lenguajes formales.
Podríamos decir, por tanto, que las disciplinas científicas se expresan hoy en un lenguaje desconocido, hermético y difícil para quien no es especialista. El uso lingüístico que encontramos en ellas está condicionado por una retórica aprendida, muy particular, que lleva a seleccionar modos de decir y de formular, y a construir textos en géneros específicos propios de la comunicación en el ámbito estricto de los expertos. Por esta razón, en un momento como el actual en que aumenta decididamente la presión y la demanda para la comunicación de las aportaciones de determinadas disciplinas científicas, convertidas en vitales para la información y la formación de los ciudadanos, su presentación en contextos distintos a los estrictamente profesionales aparece como un gran reto que se concreta en preguntas como las siguientes: ¿qué decir? (selección y relevancia), ¿cómo decir? (¿con términos específicos? ¿con sustituciones léxicas? ¿con paráfrasis?); ¿cómo explicar? (¿con qué procedimientos discursivos, con qué recursos expresivos?), ¿cómo motivar? (¿desde qué perspectiva vale la pena presentar el tema para que tenga sentido en la vida social?), ¿a través de qué canales? (¿Internet, exposiciones, revistas, prensa diaria, televisión?), ¿con qué intención? (¿hacer saber?, ¿mover a la acción?). Lo que se pone en cuestión es no sólo el tratamiento de la información científica para el público (la textualización de otra mirada), sino además cómo acercar el estilo de trabajo de los científicos a los de otros oficios y profesiones, y sobre todo a la actividad periodística, sometida al ritmo diario, a la demanda del mercado y a la constante competencia con medios cada vez más diversificados.
Para el análisis del discurso éste es un campo nuevo que puede remover muchas de las preconcepciones (si no prejuicios) sobre la ciencia, extendidas y enraizadas en el mundo social y que orientan las expectativas del público: el hecho de considerarla como una actividad neutral; el hecho de que la ciencia procura verdades estables universalmente válidas; el hecho de que la comunidad científica está legitimada para dar cuenta de la realidad natural, humana y social; el hecho de la «sacralización» del conocimiento científico y de sus «sacerdotes»; el hecho de concebir la representación lingüística de la ciencia como opuesta a todo uso retórico, dotada de informatividad y transparencia; el hecho de que la ciencia sea una actividad pura, exenta de contactos con el mercado y la política, etc. Desde la perspectiva del análisis crítico, la exigencia es explorar los distintos ámbitos de circulación del conocimiento partiendo del supuesto de que la ciencia forma parte de las prácticas de las comunidades humanas y como tal tiene un desarrollo dinámico y cambiante, está traspasada por las vivencias, los conflictos y las relaciones de poder presentes en la vida social y se manifiesta a través del lenguaje, que, en su variedad de figuraciones discursivas, orienta la interpretación a fines determinados.
Desde el punto de vista del discurso, tres son los ámbitos que concurren en el estudio del discurso divulgativo. En primer lugar, el de la reflexión sobre el lenguaje científico, sobre la base de la observación y descripción de las pautas y máximas que rigen su uso en las diferentes disciplinas científicas (Gutiérrez Rodilla, 1998). Este es un campo iniciado por los estudios de los lenguajes de especialidad y terminológicos, como indica y revisa Ciapuscio en la introducción de su trabajo en el presente número; pero una redefinición desde el punto de vista discursivo de los rasgos que identifican un uso lingüístico como científico se hace necesaria como referencia principal. En segundo lugar, el del fenómeno de la divulgación que, si bien se ha interpretado como «traducción», «traslación» o «reformulación» de contenidos de ciencia, debería replantearse para incluirlo en el proceso de recontextualización inherente y definitorio, desde el punto de vista pragmático, de toda actividad divulgadora. Tanto Jeanneret (1994) como Jacobi (1999) plantean reflexiones de interés en este punto. En tercer lugar, el de los conceptos e instrumentos que aporta la lingüística discursiva: la noción de contexto, de registro, de género y tipo de texto y las condiciones que imponen en el desarrollo discursivo los distintos canales de comunicación. En su forma más propiamente textual, el del análisis de los procedimientos microdiscursivos derivados de la situación canónica de asimetría entre interlocutores, propia de la divulgación del conocimiento (de la relación entre quien sabe y quien no sabe). Entre ellos, los rasgos de didacticidad, de reformulación y de analogía, usados en mayor o menor medida para lograr no sólo efectos estéticos y persuasivos, necesarios para captar la atención de los interlocutores, sino también efectos cognitivos que logren hacer pasar con eficacia de un estado de conocimiento de partida a un estado de conocimiento superior.
Los trabajos que presentamos abordan aspectos concretos pero en todos ellos encontramos ecos de los principales problemas planteados en la práctica de la divulgación. Abre el presente número de la revista el artículo de Semir, desde la óptica del periodismo especializado en comunicación científica. Ha sido una opción clara de los editores introducir los análisis de textos de comunicación pública de la ciencia con la reflexión de uno de sus actores. Se cumple así el propósito interdisciplinario de poner en contacto la reflexión del analista del discurso con la de quien protagoniza esos discursos, especialmente para favorecer que el analista no idealice las prácticas divulgativas y las pueda situar en ese contexto sometido a múltiples presiones, bien sean ideológicas o comerciales, de tiempo o de espacio. En el artículo se ponen de relieve los retos y dificultades de la práctica profesional, tomando como referencia el tratamiento de la noticia científica durante su proceso de elaboración. Un momento clave es el que se refiere a las fuentes de las noticias, en donde se manifiesta cómo la actitud colaboradora de determinadas revistas científicas de prestigio podría esconder una adaptación peligrosa a las exigencias de los medios de comunicación y del mercado.
Quizás una de las cuestiones de más interés teórico que plantea la divulgación para los estudios discursivos es el proceso y la puesta en práctica de la recontextualización, la cual implica, debido al extrañamiento y a la nueva mirada, un riesgo de desviación y utilización para fines diversos, con lo que cada instancia de comunicación divulgativa está expuesta al mismo tipo de tensiones y conflictos de intereses que el resto de temas sociales. Por ello es de vital importancia para la investigación sobre las prácticas divulgativas tener presente las distintas dimensiones del cambio de contexto, que para la comunicación del conocimiento tiene que ver, en primer lugar, con cambios en la dimensión cognitiva (con el juego que se activa entre saber establecido y conocimiento nuevo, a veces desestabilizador de creencias y valores). En segundo lugar, con los cambios en la dimensión situacional, en concreto, con los intereses, las intenciones y las finalidades de emisores y receptores, los cuales generan puestas en escena diversas (Charaudeau, 1997). En tercer lugar, con la dimensión social en cuanto al ámbito de las mismas prácticas sociales: en este caso, las prácticas de la investigación transpuestas a otras prácticas, como por ejemplo, las del periodismo.
En el marco de la indagación sobre el proceso de recontextualización y los resultados que éste puede producir en el discurso en su nivel micro y macrotextual se sitúan los trabajos presentados por Ciapuscio, por un lado, y por Cassany, López y Martí, por otro, basándose en corpus de la prensa escrita general. Se proponen, con una metodología empírica y cualitativa, describir tanto los tipos de texto como las formas de expresar, mantener o evitar conceptos científicos en textos de la prensa argentina y española. A partir del examen lingüístico-textual detallado, contribuyen a desvelar cómo el lenguaje funciona como configurador general del conocimiento común y de dominio público.
Un aspecto relevante relacionado con la dimensión social de la recontextualización es la imagen de los científicos como actores sociales, de la ciencia como institución de referencia para la producción de conocimiento y del objeto concreto bajo consideración en la comunicación de contenidos de ciencia. En el artículo de Berruecos se trata de captar qué tipo de percepciones públicas existen sobre la ciencia y sus protagonistas, entre los divulgadores y sus destinatarios, a través del discurso con que se presentó un caso de innovación científica de fuerte impacto social en revistas mexicanas generales y de divulgación.
Cerramos el monográfico con el artículo de Gutiérrez Rodilla, quien se sitúa en una perspectiva funcional, aplicada al campo de la medicina en general, para desmontar la imagen que se ha dado del uso lingüístico en la ciencia, como modelo de uso reducido estrictamente a la función referencial; para ello señala el valor de la palabra hablada en la relación médico/paciente y la presencia de la función expresiva, persuasiva, conativa, metalingüística o poética en muchos de los discursos generados en situaciones de comunicación médica. Si alguien asocia el lenguaje médico con un lenguaje restringido, de terminología especializada y con géneros predominantemente neutros e informativos, encontraremos aquí pruebas de su necesaria variación en una actividad que se desarrolla en una relación asidua entre expertos y profanos y en la que ésta es particularmente delicada, por tratarse de la salud y la supervivencia de las personas.
Para terminar, me queda brindar a los analistas del discurso estos trabajos sobre aspectos concretos de la difusión actual de contenidos científicos, con la seguridad de que en ellos se pueden encontrar referencias fundamentales para situarse en el estudio del ámbito, supuestos de partida que permiten replantearse ideas preconcebidas que es necesario poner en cuestión y suficientes motivos de discusión y de estímulo para realizar trabajos, de un lado y otro del océano, sobre los distintos medios de comunicación de la ciencia en países de culturas latinas. Se trata de una temática todavía poco estudiada sobre una práctica a la que seguramente se augura un amplio porvenir, dada la demanda social, el desarrollo de nuevas tecnologías de la información y la actitud de las instituciones responsables de la investigación. La finalidad de este tipo de estudios es clara: para que la actividad divulgativa se pueda realizar con rigor y adecuación se necesita una adquisición de competencias tanto discursivas como críticas por parte no sólo de los comunicadores profesionales sino también de los mismos responsables de la investigación. Se trata pues de estimular e impelir a unos a comprender el estatuto singular de la comunicación de la ciencia, a la cual tanto repele la espectacularización sin base como la simple venta del conocimiento como producto (comercial o social), y a otros a expresar sus conocimientos con habilidad para un número amplio de personas no especializadas que necesitan obtener información para orientar su pensamiento y su acción. Y a todos, a adquirir la capacidad de poder controlar y orientar los procedimientos de contextualización que hacen la comunicación de la ciencia posible, útil y atractiva en un mundo sometido al fuego cruzado de propósitos e intereses no siempre manifiestos.
Vladimir de Semir
Bibliografía
Charaudeau, P.: Le discours d’information médiatique. la construction du miroir social, París, Nathan, 1997.
Jacobi, D.: La communication scientifique. Discours, figures, modèles, Grenoble, Presses Universitaires de Grenoble, 1999.
Jeanneret, Y.: Écrire la science. Formes et enjeux de la vulgarisation, París, Presses Universitaires de France, 1994.
Moirand, S.: «Formes discursives de la diffusion des savoirs dans les médias», Hermès 1997; 21: 33-44.
Gutiérrez Rodilla, B.M.: La ciencia empieza en la palabra. Análisis e historia del lenguaje científico, Madrid, Península, 1998.
Josep M. Trigo i Rodríguez
Editorial Pòrtic, Barcelona, mayo 2000
La curiosidad por conocer nuestro origen y el de aquello que nos envuelve es inherente al ser humano. Basándose en esta premisa, Josep M. Trigo Rodríguez, astrofísico con vocación de divulgador, da a conocer en esta obra las principales cuestiones sobre nuestro origen en el cosmos. La narración se desarrolla con un lenguaje fácil, lleno de metáforas y en ocasiones poético. La gran capacidad divulgativa del autor convierte al texto en ameno y apasionante. Su lectura es como hacer un viaje paso a paso en la evolución, desde la formación del sistema solar hasta la aparición de vida.
En el prólogo de la obra, Joan Oró destaca de Josep M. Trigo «su rigor en la difusión de la ciencia y su genialidad para hacerla llegar al público».
El origen del sistema solar está íntimamente ligado al origen de la vida. Hemos aparecido como una forma avanzada de vida en un planeta que gira alrededor de una estrella común en la Vía Láctea. Somos una especie consciente de sí misma, inteligente, con una curiosidad innata para responder a las dudas que se nos plantean.
Durante siglos hemos creído que nuestro planeta era único, que sus condiciones habían sido elegidas para la creación de la vida. El desarrollo de la astrofísica y de la planetología ha permitido conocer con más detalle la formación y evolución del sistema solar dentro de nuestra galaxia y cambiar así una serie de falsas creencias. Al contrario de lo que nos imaginábamos, ahora sabemos que el planeta Tierra, dentro del sistema solar (ínfima parte de la galaxia), es un diminuto punto indetectable en el inmenso océano cósmico. El Universo consta de 50 000 millones de galaxias todas tan inmensas y ricas en sistemas planetarios como la nuestra.
El considerable avance en el conocimiento de los fenómenos ocurridos en las estrellas ha motivado que la astrofísica nos sugiera «que no somos sino polvo de estrellas». En su composición encontramos los elementos que forman parte de los planetas y de los seres vivos como carbono, oxígeno, calcio y hierro. La aparición de vida se produce durante el enfriamiento de la Tierra, en su proceso de formación. En él se dieron las condiciones idóneas para el paso de la evolución química a la biológica.
Entre las macromoléculas formadas en la Tierra primitiva fundamentales para el desarrollo de la vida, destacan los ácidos nucleicos ribonucleico (RNA) y desoxirribonucleico (DNA), que contienen la información genética y tienen capacidad de transmitirla. A la luz de nuestro conocimiento actual resulta muy difícil comprender la aparición de las macromoléculas en la Tierra primitiva, pero más complicado puede ser explicar cómo se han unido simbióticamente para formar las estructuras vivas.
En esta época de grandes avances científicos y tecnológicos no podemos ser ajenos a lo que el universo quiere decirnos sobre nuestro origen, a comprender su riqueza y que ha necesitado miles de millones de años de evolución para engendrar seres humanos.
Según el autor, esta nueva visión de nuestro nexo con el cosmos reúne las condiciones para interpretar que quizá no seamos únicos en el universo, de esta manera una parte de la investigación espacial está orientada a descubrir organismos extraterrestres que demuestren que la vida no es patrimonio exclusivo de la Tierra. La información obtenida de todas las líneas de investigación será única e imprescindible para evolucionar como especie, con la mentalidad de conservación y mejora de nuestro planeta.
Teresa Falgueras
Ver y comprender la ciencia
El documental de divulgación científica
Bienvenido León
Barcelona, Editorial Paidós, 1999
Acceder a un conocimiento científico riguroso no es fácil en una sociedad que, paradójicamente, cada vez está más influida por los avances en este ámbito. Amplias capas de la población tienen un contacto limitado con la ciencia; los grandes medios de comunicación la incluyen en su agenda sólo cuando tiene lugar un descubrimiento excepcional con gancho para la audiencia. Como consecuencia de ello, el público tiene una percepción parcial de la situación del conocimiento científico, lo que con frecuencia genera alarma social de manera gratuita.
La televisión es un medio de masas, el más accesible. Actualmente, casi todo el mundo tiene acceso a una «caja tonta», situación que la convierte en un instrumento ideal para transmitir cualquier forma de conocimiento. Si la ciencia pasara de su reducto a los horarios de máxima audiencia, sería divulgada de la forma más efectiva y más democrática posible.
Los documentales de divulgación científica conjugan el conocimiento científico con el formato audiovisual. Pensados primero para el cine, pasaron a la pantalla pequeña a mediados del siglo XX. Su evolución, el lenguaje que utilizan, su formato, entre otros muchos aspectos, se explican en el libro El documental de divulgación científica, de Bienvenido León, periodista y doctor en comunicación pública de la Universidad de Navarra.
El libro recoge de forma amena qué camino ha seguido el documental en ciencia desde sus inicios. No se limita a un listado de nombres y fechas, sino que analiza los cambios tecnológicos y su repercusión en el proceso creativo, así como las dificultades de plasmar un conocimiento reflexivo y de largo desarrollo, como es el científico, en un formato tan instantáneo y volátil, como es el audiovisual. Y tiene en cuenta que el soporte más indicado para explicar ciencia es el papel, que permite transmitir gran cantidad de información y releer aquello que no se ha comprendido. El documental, según el autor, debe paliar sus limitaciones con una imagen que complete la información hablada y con determinados recursos «dirigidos a conseguir una predisposición favorable del público hacia el discurso».
El autor, además de explicar las particularidades propias del documental científico, introduce al lector en la divulgación científica en general, un mundo desconocido por el gran público. Lo hace no únicamente desde el punto de vista del receptor, sino también del periodista o investigador que debe adaptar el saber científico, definido como un conocimiento sistemático, al saber común, que es asistemático. Para ello, se deben amalgamar los lenguajes utilizados en ambos saberes y obtener un lenguaje inteligible, alejado de la complejidad y especificidad del científico, pero a la vez que no devenga una simplificación de contenidos. Como afirma Bienvenido León, «el reto consiste en que la información, además de ser fácilmente comprensible, permita acceder a las cuestiones fundamentales».
El documental de divulgación científica consigue alcanzar los objetivos de inteligibilidad y rigurosidad que defiende. Es una obra de gran interés divulgativo, que analiza con clarividencia la interacción entre ciencia y sociedad vía documental. Explica, sucinta y claramente, las diferentes técnicas que se utilizan en este género, narrativas, dramáticas y argumentativas; y evalúa sus ventajas e inconvenientes.
El receptor suele sentirse más atraído por las aplicaciones que tiene que por la ciencia en ella misma. Algunas adaptaciones para hacer más accesible un mensaje, como simplificar contenidos o eliminar controversias, pueden comportar una pérdida de rigurosidad e incluso establecer equivocadamente verdades absolutas. Los planteamientos antropomórficos (la atribución de características humanas a seres que no las poseen) son un ejemplo de los pros y los contras de modificar el enunciado científico para captar el interés del público: utilizados con mesura acercan el contenido del documental al espectador y fomentan su interés, pero en exceso lo ridiculizan y le quitan seriedad.
El documental de divulgación científica constituye un intento exitoso de acercar este género a aquellos que, por necesidad o por interés, requieran una información completa y accesible sobre lo que es y debería ser un documental divulgativo sobre ciencia.
Annia G. Domènech
Este año 2000 es el año mundial de las matemáticas. No es de extrañar que numerosos libros apuesten por las matemáticas y por los matemáticos, ni tampoco que aparezcan libros sobre ellas en todos los géneros literarios.
Trataremos en esta ocasión de libros de divulgación e historia de la matemática en la colección La matemática en sus personajes, de Ediciones Nivola, que tiene por objetivo presentar, de una forma clara y al alcance de todos, cómo ha evolucionado esta ciencia hasta nuestros días.
William Dunham
Volumen 6, colección La matemática en sus personajes
Ediciones Nivola, Madrid, 2000
Euler fue el maestro de todos los matemáticos, tal y como afirma el subtítulo de esta obra de otro matemático, Dunham, con grandes dotes de divulgación. «Leonhard Euler es por calidad y cantidad de su obra, uno de los cuatro matemáticos más brillantes de la historia. Los otros tres, y que cada cual elija su orden, son Arquímedes, Newton y Gauss», dice otro matemático, Antonio Pérez Sáez, en el prólogo del libro.
El autor divide la obra en ocho apartados o capítulos. Cada capítulo está dedicado a un tema en el que Euler, hizo una aportación importante y cada uno empieza con una exposición de lo que se conocía del tema antes del mismo Euler; esto da la oportunidad de introducir a predecesores tales como Euclides, Herón, Briggs y Bernouilli, grandes matemáticos de los que Euler aprendió. Luego pasa a examinar un gran teorema euleriano y cada capítulo concluye con un epílogo que bien desarrolla subsiguientes trabajos de Euler sobre este tema, bien describe cómo otros matemáticos posteriores desarrollaron sus ideas.
Esta obra serpentea por la teoría de los números, el análisis, las variables complejas, el álgebra, la geometría y la combinatoria, siendo éstas sólo algunas de las áreas en las que Euler causó impacto. Euler. El maestro de todos los matemáticos es un libro para lectores familiarizados con conceptos tales como integración por partes, números primos, o progresiones geométricas. Pero no está incluido todo el trabajo del matemático. Tal como dice el autor, este libro representa sólo la punta del iceberg matemático, o más apropiadamente, del glaciar matemático. Y para todos aquellos lectores curiosos ávidos de las matemáticas, este volumen es un delicioso bocado que no se queda en narrar la vida y la obra del gran sabio del siglo XVIII, sino que invita a explorar con sus grandes aportaciones. Un cierto nivel de conocimientos o un poco de paciencia para recorrer la argumentación matemática ayudan a disfrutar de este libro.
Xaro Nomdedeu Moreno
Volumen 7, colección La matemática en sus personajes
Ediciones Nivola, Madrid, 2000
Xaro Nomdedeu presenta a mujeres de todos los tiempos que han cultivado las matemáticas, muchas veces de forma particular y sin reconocimiento académico. El libro está dividido en tres grandes apartados. El primero «Desde hoy a la ilustración» engloba tres generaciones sucesivas del siglo XX. Emmy Noether nos abre el siglo y da paso a dos científicas americanas que todavía trabajan: Fanya Montalvo y Evelyn Boyd Granville. Y entramos en el siglo XIX de la mano de Mary Fairfax Somerville, Mary Everest Boole, Ada Byron y Sonia Kowalevsky. El segundo apartado, «Génesis, mitos y leyendas», comienza con Eva y Lilit, con Dido y Penélope. Sigue con la sabiduría griega de Teano e Hipatia y viaja a Oriente con Lîlavatî, Tawaddud y Telassím. En el tercer apartado titulado «Siglo de las luces» se ven las paradojas de la época de la ilustración con María Gaetana Agnesi, la marquesa de Châtelet y Sophie Germain.
La autora dedica al final de la obra un capítulo a las mujeres matemáticas reconocidas, agrupadas según la época y la obra que estudiaron.
Arquímedes. Alrededor
del círculo
R. Torija Herrera
Volumen 1, colección La matemática en sus personajes
Ediciones Nivola, Madrid, 2000
En la época en que los científicos no existían aún como casta, Arquímedes se nos presenta como una persona interesada por la ciencia, contribuyendo a ella con aportaciones de trascendencia indiscutible en matemáticas y en física. Esta obra nos presenta lo más significativo de sus descubrimientos matemáticos, inscribiendo su trabajo en el contexto de la ciencia de entonces, señalando su influencia en el progreso posterior y poniendo de manifiesto cómo alguien que vivió hace 23 siglos puede seguir despertando polémicas en la actualidad.
Fermat. El mago de los
números
Blas Torrecilla Jover
Volumen 2, colección La matemática en sus personajes
Ediciones Nivola, Madrid, 2000
Este libro sobre Fermat es el segundo volumen de la colección La matemática en sus personajes.
El matemático Pierre de Fermat se limitaba a anotar sus hallazgos, a menudo sin demostración alguna como el hoy famoso “último teorema de Fermat”, en el margen de una edición del libro de Aritmética del matemático griego Diofanto. Aun así sus comentarios han seguido dando que hablar hasta casi entrado el siglo XXI. Fermat había afirmado que no se pueden hallar tres números naturales x, y, z que satisfagan x n + y n + x n. Para n mayor que 2. El libro de Blas Torrecilla empieza en el siglo XVII con unos apuntes biográficos de Fermat y de su época y repasa sus contribuciones matemáticas.
En Fermat. El mago de los números, el autor trata los grandes temas matemáticos trabajados por Fermat: los números primos, la representación de los números como sumas de los cuadrados, los números perfectos o la teoría de las probabilidades, entre otros tópicos.
La teoría de los números, explicada a este nivel, tiene la ventaja que puede representarse de manera lúdica y divertida. El lector puede entender, por ejemplo, la famosa conjetura de Goldbach: todo número par mayor que 4 es la suma de los dos números primos impares, aún hoy por resolver. Es interesante de este libro la explicación que da el autor de cómo la teoría de los números se ha convertido en una pieza clave de la criptología y, por tanto, de la seguridad en Internet.
Como conclusión diremos que aunque algunos quieran ver a la matemática como si fuera una ciencia autosuficiente en la que sólo se busca la transmisión del conocimiento de generación en generación, es bueno echar un vistazo a aquellas épocas en que las matemáticas constituían una de las muchas formas de ciencia, incluso una manifestación cultural más. Los libros de esta colección están escritos de manera simple y esquemática, básicamente orientados a despertar el interés por las matemáticas entre el público, para presentar, de una forma clara y para todos, cómo ha evolucionado esta ciencia hasta nuestros días.
Maria Roura Poch
Matemáticas y literatura
Apostoles Doxiadis
Ediciones B, Barcelona, 2000
Denis Guedj
Anagrama, Barcelona, 2000
También en el año mundial de las matemáticas
otros dos libros, El teorema del loro
y El tío Petros y la conjetura de
Goldbach, se sirven de las
matemáticas para contar historias y se sirven de la narrativa para introducir a
los lectores en el mundo de la matemática.
En El
teorema del loro que ya lleva, de hecho, como subtítulo Una novela para
aprender matemáticas, el autor construye una trama para poder explicar
soluciones matemáticas a través de la entrega a la familia protagonista de los
mejores libros de matemáticas de todos los tiempos. A través de sus deducciones
el lector puede repasar la vida y teorías de los grandes matemáticos: Euclides,
Pitágoras, Arquímedes, Newton, Descartes, Cantor... y se hace un repaso del
álgebra, el número pi, el número e, los logaritmos y otros conceptos
matemáticos. Se dice de esta obra que consigue hacer accesible las matemáticas
al igual que Gaader hizo en El mundo de
Sofía con la filosofía. El lector puede disfrutar con una trama y un
argumento bien construidos además de adornada con un lenguaje que no desmerece
el formato novelado elegido por el autor. El autor, Denis Guedj, es profesor de
historia de las ciencias en la Universidad de París.
El tío Petros y la
conjetura de Goldbach es un libro en el que los contenidos matemáticos son mucho más reducidos
que en el libro anterior. En este caso, Doxiadis, el autor, con el telón de
fondo de la investigación matemática, se centra en dos personajes de ficción y
nos adentra en la vida de Petros, que dedica su existencia a intentar comprobar
la denominada «conjetura de Goldbach» que afirma que todo número par superior a
dos es la suma de dos números primos y que no ha podido ser demostrada desde
1792, cuando fue formulada. Conjetura aún sin resolver y que, por cierto,
también en el libro de Guedj, desempeña un papel importante del argumento. Con
esta idea central, el autor de El tío
Petros y la conjetura de Goldbach nos sitúa en el universo de la teoría de
los números y nos da una idea de lo que era la profesión y la comunidad
matemática de las primeras décadas del siglo XX. Apostoles Doxiadis nos abre
las puertas de una extraordinaria aventura personal inscrita en el ámbito de
las matemáticas, sus personajes ficticios conversan con eminentes estudiosos
como Hardy, Ramanujan, Turing o Godel; teoría, enunciados y axiomas aparecen
ante los ojos del lector de forma que las obsesiones y las pasiones, como la
pasión del tío Petros, se desbordan.
Maria Roura Poch