El español en relación con la comunicación técnica y científica

 

Spanish in technical and scientific communication

 

Francisco A. Marcos-Marín

 

 

El español se ha convertido en la segunda lengua internacional no por un factor demográfico, sino por una serie de razones de diferente peso. El autor detalla el importante crecimiento del periodismo científico y nos aporta un análisis con los rasgos más destacados de la lengua que espontáneamente utilizamos en Internet.

 

Spanish has become the second international language, but for other reasons than mere demographic presence. The author describes the significant growth of scientific journalism and provides an analysis of the most important traits of the language spontaneously being used on the Net.

 

Nuestro tratamiento, precisamente por la relevancia de la cuestión, debe ser acorde con nuestras especialidades e intereses. Entendemos, en primera instancia, que este trabajo se presenta como un lugar de discusión de los aspectos relacionados con los medios de comunicación, más restringido que el alcance del problema general. Nos plantearemos por ello cuáles son los aspectos científicos y técnicos que se reflejan en los medios de comunicación, para revisar las principales consecuencias lingüísticas.

Al mismo tiempo, tendremos que tener en cuenta cuáles son, precisamente, los condicionantes que inciden de modo especial en el asunto que tratamos, si los hubiere.

Podemos partir, en consecuencia, de las siguientes propuestas:

 

a) La necesidad de una acción de política lingüística sobre la comunicación en ciencia y técnica se incrementa por la incidencia que las telecomunicaciones tienen en la sociedad de la información, es decir, por la caracterización de nuestra época como la transición a la sociedad del conocimiento.

b) Las comunicaciones permiten hoy ejercitar una acción común sobre la lengua, de manera que exista una norma consensuada que, en el caso del español, es la norma hispánica, fijada por la Asociación de Academias de la Lengua Española.

c) La transmisión de la ciencia y la técnica a los individuos se realiza por dos procedimientos generales: la formación, es decir, el sistema académico, y la información, es decir, el divulgativo o general.

d) Las lenguas están sujetas a mecanismos de influencia que no han variado a lo largo del tiempo, lo que ha variado es la rapidez de aportaciones y supresiones, junto a la capacidad de decisión consciente de los hablantes y la voluntad de estos de imponer restricciones al uso lingüístico, por el bien general, que se identifica con la unidad del idioma.

e) Por primera vez, uno de los mecanismos de modernización de la lengua española incluye como componente el propio medio, nos referimos a Internet y el cyberspanglish.

 

La incidencia de las telecomunicaciones

 

Rafael Arias Salgado, cuando era ministro español de Fomento, en su intervención en la exposición Telecom 99, celebrada en octubre de ese año, recordó que el sector español de las telecomunicaciones aportó en 1998 el 3,5 % del Producto Bruto Interno (PBI). Según Arias Salgado, el sector creció un 5,1 % respecto al año anterior, con una facturación de dieciséis mil millones de dólares, el 11,5 % más que en 1997. En España, a partir del año 2000, las telecomunicaciones serán el segundo sector productivo, sólo aventajado por el turismo.

Entre 1997 y 1999 se invirtieron en España 7600 millones de dólares en telefonía móvil, mientras que las operadoras del cable han comprometido 7800 millones de dólares en los próximos diez años. A finales del 2000, el 74 % de la población española puede estar cubierto por el servicio de televisión digital terrestre, que contará con 14 programas.

El cambio es un cambio cultural. La presencia de los medios de conexión a Internet, que serán múltiples (computadoras de diversos tipos, teléfonos celulares, televisión digital) permite y exige reajustes de carácter fundamentalmente educativo, para que la población pueda acceder a los nuevos servicios y reconvertir los canales comerciales.

Las cifras que se reiteran en todas las publicaciones, sin embargo, no rinden cuenta de lo que realmente ocurre. La verdad es que hay dos internets, la que usa el alfabeto latino y la otra, y la que verdaderamente importa al conjunto del mundo es la primera, la Internet en alfabeto latino. La segunda o las demás, por definición, están reducidas a su propia área de escritura.

 

Ciencia, divulgación y léxico

 

Tradicionalmente se han contrapuesto dos tendencias, la tendencia castiza o purista, conservadora, y la tendencia innovadora, llamada también barbarista. En nuestros días ocurre lo mismo. Para unos, el español está seriamente amenazado por el inglés, porque se dice chatear, chat, file, link, web, frame, y otras palabras.

Quienes así argumentan podrían recorrer una casa tradicional, de adobe, con su zaguán, las alcobas separadas por tabiques, con sus alfombras o alcatifas, apoyarse en el alféizar para mirar al exterior, subir a la azotea o buscar en la alacena el aceite, las alcachofas, los albaricoques o las aceitunas. Todos los sustantivos de la lista proceden del árabe, pero ningún hispanohablante los siente hoy como ajenos, se han incorporado en el lento transcurso de los siglos. Hay más, si miramos al exterior, al jardín, donde una monja reza y un fraile cava, esos tres sustantivos también proceden de otras lenguas, galorrománicas, como la propia palabra español, nacida al norte de los Pirineos para designar a los habitantes de la latina Hispania, originariamente a los catalanes, que eran sus vecinos.

Parece más importante detenerse en la cuestión de la divulgación científica, precisamente porque el periodismo científico tiene hoy unas dimensiones espectaculares, en número y calidad de sus practicantes, en número y calidad de los productos.

Los periodistas científicos son los auténticos introductores de las novedades en ciencia y técnica, porque, además, ese tipo de escritura ha incrementado el número de lectores.

Está por resolver la pregunta de si los divulgadores de la ciencia deben ser los propios científicos o los periodistas científicos. Hay respuestas para todos los gustos: unos se inclinan por la exactitud de la información, que exige un científico, otros por el valor del tiempo de investigación, que aconsejaría que los científicos hicieran ciencia y dejaran la divulgación a otros.

Responder a la pregunta no es asunto nuestro, quedamos limitados a señalar que cualquiera de las dos tiene consecuencias propias en el fenómeno de incremento de las variantes léxicas por mejora de nuestros conocimientos sobre las cosas. Los científicos pueden tender más al mantenimiento del léxico estándar, a la homologación. Los periodistas pueden tener menos contacto con otros autores del mismo tipo de textos y carecer por ello de elementos de homogeneización. Naturalmente, ciertos factores individuales intervienen en el proceso y complican un asunto por sí nada simple.

Lo que ha crecido, de todos modos, es el número de personas que disponen de la posibilidad de «publicar», de alguna manera, su obra. Está al alcance de cualquiera tener una página personal o un portal en Internet, y mucha gente la tiene. Se introducen así nuevas variantes y se tiene una impresión de variedad incontrolada que posiblemente no sea real. Por ello es preciso analizar más detenidamente el fenómeno de la lengua de Internet.

 

El español de Internet

 

El desarrollo de los medios de comunicación comporta un cambio en el canon. La lengua escrita, la lengua leída, por tanto, ya no es sobre todo la lengua literaria, más cuidada, sujeta a las convenciones retóricas tradicionales. Los hablantes reciben una avalancha de información lingüística desde su nacimiento, sobre todo de lengua oral, a través de la radio y la televisión, también de lengua escrita, en los libros escolares y los periódicos. A todo ello se añade el nuevo refuerzo que supone Internet.

A medida que Internet va desplazando a la televisión como ocupación a la que los adolescentes dedican el mayor número de horas, a medida que va ocupando espacios escolares y penetra en las empresas, su papel lingüístico como soporte de textos crece, y lo hace hasta alcanzar una dimensión que obliga a nuevas actitudes. Un ejemplo claro es la incidencia de los manuales e instrucciones de sistemas operativos y programas, que son los que realmente imponen los nuevos términos de la informática, términos que pasan cada vez más deprisa a la lengua de la calle. Es cierto que, para buena parte de los hispanohablantes, palabras como navegar, bajar(se), descargar, tienen nuevas acepciones, otras son nuevas y homónimas de otras bien asentadas, como chatear, que no tiene relación con chato, ‘vaso de poca altura’, sino con el inglés chat, ‘conversar por Internet’. Préstamos crudos, como hardware y software, están perfectamente instalados en la lengua.

El análisis de la lengua que espontáneamente se usa en Internet proporciona datos interesantes. Es fácil recoger corpus de correo electrónico, de anuncios y notas o de intervenciones en listas. En general, podemos señalar los siguientes rasgos, empezando por lo más externo:

 

1. Todavía existen muchos sistemas que permiten sólo una representación imperfecta de los grafemas del español. Los diacríticos, en general, se representan con dificultad y, en muchas conversiones, desaparecen. En el mejor de los casos, queda la letra a la que se sobreimponen, es decir, a por á, n por ñ, en otros el resultado es imprevisible. Es preciso seguir insistiendo en la necesidad de que se pueda escribir en español, con toda su riqueza gráfica, desde cualquier sistema.

2. Aunque menos patente, el problema es mayor en lo que se refiere a la ordenación alfabética. Los programas o rutinas de sort no suelen reconocer que tras la n va la ñ o que las vocales acentuadas deben ordenarse en el mismo lugar que las correspondientes inacentuadas. No hablamos aquí del orden tradicional de ch o ll, razonablemente resuelto hoy. Ni siquiera el diccionario académico en CD-ROM es capaz de resolver esa dificultad y, cuando se hacen búsquedas de esquemas, empleando comodines, las formas con ñ aparecen descolocadas.

3. La necesidad de suplir la falta de contacto visual ha llevado al desarrollo de un nuevo sistema de «símbolos de expresión», que completan los signos de puntuación y que se forman dibujando caras expresivas con éstos [:)], [;)], [:(]. Estos símbolos no son dependientes de las lenguas, sino universales. Nuestra experiencia, sin embargo, es que su uso puede deparar algún malentendido.

4. El semicultismo y la ultracorrección se pasean por las frases de los internautas (pero eso no es diferente de lo que ocurre si examinamos la correspondencia interna de las empresas, en soportes tradicionales).

5. La presencia de anglicismos crudos es muy abundante, sobre todo en comunicaciones de informáticos («listas de managers», por ejemplo).

6. El nivel estilístico dominante es el informal. Hay una notable relajación en las formalidades sociales y una simplificación de las fórmulas de tratamiento.

7. El uso del subjuntivo se simplifica y tiende a reducirse a las formas simples o sólo al presente, cuando no desaparece. Esta tendencia está también presente en la lengua de los escolares, en general.

8. Contra lo que pudiera pensarse (y pese a las limitaciones de nuestro corpus) no se aprecia una diferencia entre la estructura de las frases (longitud de las oraciones, por ejemplo) en los mensajes electrónicos y los correspondientes en papel.

9. Los usuarios desarrollan mecanismos de consulta para paliar lo que consideran lentitud de las instituciones, especialmente las academias. Esta afirmación está probada en terminología.

10. La conciencia lingüística de los usuarios es grande, así como su confianza en la capacidad del español para adaptarse a las necesidades de los tiempos.

La realidad de conciencia de unidad y preocupación por el uso de la lengua puede ser peligrosa si conduce a conclusiones de falsa euforia. Se puede pensar, equivocadamente, que el bilingüismo, o la especial situación lingüística de algunas partes del país es perjudicial. Insistiremos en que no es así. El bilingüismo favorece la conciencia lingüística y no supone, en personas sanas, traba alguna para el dominio de dos o más lenguas. Lo que sucede es que el grado de educación lingüística es bajo en general y lo es especial y gravemente en España. La educación idiomática en Hispanoamérica ha gozado del favor de la escuela, mientras que, en España, las fórmulas de los últimos años no han dado resultado. Tal vez por ello, el clamor por el descenso de los niveles de buen uso y por las deficiencias del sistema de enseñanza, aunque general, sea más intenso en América, especialmente en las naciones, como Argentina, que tuvieron un sistema modélico.

Incluso en la universidad, está claro que el problema mayor para el estudio es que los alumnos no saben leer, es decir, que no han adquirido la capacidad de comprender y asimilar a medida que leen.

Para hablar y escribir bien hay que leer mucho, para hablar bien hay que leer mucho en voz alta. Eso significa muchas horas, en la escuela y en casa. Tres o cuatro horas semanales son insuficientes. Los índices de lectura de los hispanohablantes son bajos. Imponer una lengua unificada y normalizada implica aceptar un cierto grado de diglosia, es decir, que esa lengua unificada funcione como una variedad A, para exigencias comunicativas más complejas, acompañada de una variedad B para la comunicación ordinaria, para el tráfico diario. Mantener en equilibrio una lengua común y sus variantes dialectales sólo es posible si las segundas se van acercando a la primera, en vez de diversificarse. Es un empeño difícil que requiere mucho cuidado. Internet es un medio, no una solución.

 

Spanglish y cyberspanglish

 

Los puristas lanzan sobre la cabeza de los hablantes comunes una terrible amenaza, una hidra de dos cabezas, llamadas spanglish y cyberspanglish o cyberspanish. La realidad nos enseña que se trata de dos cuestiones radicalmente diferentes. En el primer caso, el spanglish, se trata de un dialecto del inglés, bien marcado en términos diastráticos, originado a partir de una lengua que se abandona, que es el español. Lo que afecta al español está consumado: hay spanglish si hay tendencia al inglés, si lo que se pretende, en suma, es hablar inglés.

En cuanto al cyberspanish, se trata, indudablemente, de una exageración. Unas decenas de términos no son nunca un peligro real para una lengua. La pobreza sintáctica sí lo es, pero echar la culpa a la escritura en Internet, es una hipocresía del sistema. La lengua se utiliza con limitaciones y pobreza porque la ampliación del sistema educativo se ha hecho a costa de la calidad de la enseñanza.

 

Claves y explicaciones

 

Para las lenguas no hay recetas, pero se pueden buscar explicaciones. El incremento del peso del español en el mundo no se debe a un factor demográfico. Competiríamos con el hindi o con el bahasa indonesio, en ese caso, lo cual está muy lejos de la realidad.

El español es la segunda lengua internacional, es más, es la única lengua que sirve para todo el continente americano, desde el punto de vista práctico. Es más fácil, para un filólogo, tener trabajo en Nueva York que en Madrid o en Buenos Aires. Son hechos reales.

Las razones de este tremendo cambio en los últimos diez o cinco años son diversas y de diferente peso, pero pueden enumerarse:

 

1. Homologación de los sistemas de gobierno del mundo hispánico con las democracias, que se consideran sistemas avanzados y prestigiosos por sí.

2. Coherencia del sistema gramatical, que incluye una ortografía sencilla y fácil.

3. Cohesión lingüística, no hay grandes diferencias entre las variantes, incluso en países muy alejados.

4. Amplia masa demográfica, pero que ahora se ve como homogénea, que es lo esencial.

5. Cultura coherente, que se convierte en un bien económico. De ahí que el español se haya convertido en una lengua práctica.

6. Instituciones que trabajan por la unidad lingüística de manera consensuada, que se ayudan y apoyan y se dan prestigio unas a otras, sin que nadie se atribuya la propiedad del idioma, ni por razones históricas, geográficas o demográficas.

7. Desarrollo económico rápido y sostenido, más visible de momento en el caso de España, apoyado en una inversión fuerte, no sólo en la zona hispanohablante, frente a lo que se cree, sino en los ámbitos de contacto cultural: España es ya el segundo inversor en Marruecos, tras Francia, con tendencia a ser el primero. Los españoles ponen su dinero en mundos culturalmente próximos, con voluntad de permanencia, lo que ha estabilizado, por ejemplo, el sistema bancario de diversos países.

8. Incremento espectacular de la participación en programas de ciencia y técnica: materiales, químicas, industria aeronaval, automovilística.

9. Mejor conocimiento, por incremento de movimientos de la población: viajes, turismo.

 

Este es el mundo del español de hoy, un reto lingüístico, porque la lengua responde al reto económico, político y cultural de las sociedades hispanohablantes. No es una invitación al oro de las Indias, sino a un trabajo conjunto, paciente y sostenido. Mantenerse como segunda lengua internacional, en el mundo cambiante y variopinto actual, es una dura exigencia. Dura, pero posible, si la llevamos a cabo entre todos.

 

Francisco A. Marcos-Marín

Director Académico del Instituto Cervantes. Catedrático de Lingüística General de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Posee una amplia experiencia docente a nivel nacional e internacional: director de Departamento en la Universidad de Valladolid y en la UAM, coordinador de la División de Filología de la UAM, y presidente de distintas comisiones y tribunales de la Universidad y el Ministerio de Educación. Especializado en Lingüística informática en la International Summer School de Pisa y en el Linguistic Institute de la Linguistic Society of America. Diplomado en Problemas del lenguaje por la Facultad de Medicina de la UAM. Entre las numerosas publicaciones, es autor de más de 25 libros y más de 200 artículos en revistas especializadas.

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