Editorial
El escritor y ensayista Hans Magnus
Enzensberger, uno de los pensadores de referencia de Alemania, ha publicado en Der
Spiegel1 un polémico artículo titulado «Golpistas en el
laboratorio» en el que enciende el debate sobre la ética de la investigación
científica –por lo menos de una parte de ella y sobre todo la relacionada con
la biología molecular y genética− y su explotación social y comercial.
Enzensberger señala que «las nuevas utopías
−que llegan de los institutos de investigación y de los laboratorios de
ciencias naturales− se presentan a la opinión pública con campañas sin
precedentes (...). Y mientras los medios saludan con titulares cualquier progreso, sobre
todo en la investigación médica, los riesgos comerciales y los efectos
secundarios, siempre que no tengan dimensiones catastróficas, quedan relegados
a una nota marginal en la sección científica del diario. Invencible parece la
tendencia del público a la fácil creencia y la incorregibilidad de los deseos.
Cada vez se hace más difícil distinguir entre la gran ciencia y la ciencia
ficción. (...) Esta ofensiva va acompañada de la queja ritual sobre la falta
de aceptación por parte de aquella opinión pública, que no es preguntada en
todas las decisiones relevantes, y sobre el afán sensacionalista de los medios,
como si no fuera precisamente todo lo contrario, que los voceros del mercado de
las tecnologías de futuro han aprendido a instrumentalizar los medios para sus
fines. Tanto es así, que cada vez que un Parlamento se ocupa de cuestiones
biopolíticas, la televisión muestra desgraciadamente a pacientes que sufren
raras enfermedades hereditarias. ¿Quién se atrevería a negarles la necesaria
ayuda? ¿Quién quiere escatimar admiración a una industria que está dispuesta a
invertir millardos para aliviar su destino, aunque sea a muy largo plazo? Pero
el imperativo terapéutico sería más creíble si se tratara de enfermedades como
la malaria o la tuberculosis, de las que año tras año mueren millones de
personas, aunque su combate apenas avanza. Aquí no parece importar nada la tan
cacareada relación coste-beneficio. Eso infunde la sospecha de que cada vez
tiene menos importancia el juramento hipocrático. Lo que está en juego es un
proyecto mucho más volcado en el futuro: la nueva cría de la especie».2
El
provocador artículo de Hans Magnus Enzensberger pone fundamentalmente el dedo
en la llaga de la actual investigación científica, de los recursos que se le
destinan sectorialmente, del papel que desempeña la industria y del nuevo
imaginario social que se está creando. Quark
utiliza su propuesta como punto de partida para abordar una parte del debate
que propone Enzensberger: cómo los medios de comunicación se han erigido en los
vehículos de configuración de la opinión pública y de conocimiento de la
sociedad sobre determinados avances de las ciencias.
El
tema hace años que se debate en estas páginas, por ello elegimos en este caso
como voz autorizada una opinión externa al colectivo que elabora Quark. La corresponsal científica
de El País, Malen Ruiz Elvira, expresaba en su intervención del
encuentro internacional «Salud, comunicación y sociedad», celebrado en
noviembre de 1997 en Madrid:3 «El objetivo de la información médica
no es promocionar la medicina, sino permitir al público formarse una opinión
con criterio (informada) sobre temas que le están afectando todos los días y de
forma directa. No se trata de servir a los médicos, ni por supuesto, a los
laboratorios farmacéuticos, sino de proporcionar una información que los
ciudadanos necesitan verdaderamente para llegar a vivir sanos. Soy una
convencida de que la información científica en general tiene un resultado directo,
lento, que es educar en la racionalidad, y una de las consecuencias que yo creo
se derivan de la información médica seria es dar a la gente la posibilidad de
cuidar de su propia salud (...) Estos temas tienen una vida muy limitada, su
interés muere cuando se ha repetido demasiadas veces lo mismo; en estos casos,
el periodista debe buscar continuamente nuevos enfoques para hacerlo de nuevo
atractivo».
El
resultado es que los periodistas de noticias médicas casi siempre ejercen su
trabajo sobre el filo que separa la información pura de la espectacularidad,
todo ello acrecentado por cómo están evolucionando en los últimos tiempos los
grupos editoriales. «Tratar de forma sensacionalista los temas de salud y
medicina es, por un lado, una tentación constante en los medios de
comunicación, que estamos viendo que sucede, pero al mismo tiempo, los
periodistas no podemos por menos que darnos cuenta que cuando la información no
responde al principio de veracidad, termina por socavar la credibilidad de
todos los medios de comunicación. Y entonces la gente tiende a no creerse
nada».4
Esta
preocupación es la que llevó a la Fundación Hefame a organizar el 17 de
noviembre de 2000 un encuentro internacional sobre «Información y genes» en
Barcelona, de cuyo contenido académico se responsabilizó el Observatorio de la
Comunicación Científica y Médica de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona).
Este número monográfico de Quark
recoge la totalidad de ponencias y mesas redondas de este II Foro sobre Salud y
Medios de Comunicación en el que participaron algunos de los mejores
especialistas del tema. Naturalmente en el proceso de edición se han
actualizado los contenidos ya que en estos meses se han producido novedades y
publicaciones que hemos incorporado y referenciado cuando era necesario.
La
más reciente es la que nos ha servido de introducción. Enzensberger destaca el
hecho de que el tiempo entre descubrimiento científico y aplicación industrial
se acorta cada vez más... No hay duda de que, desde la caída del muro de Berlín
en 1989, el mundo de la ciencia ha sufrido, como en el caso de las ideologías y
de la política, profundas transformaciones. La ciencia básica es la parienta
pobre de todas las políticas de desarrollo científico y sólo la ciencia con
rápidas y, sobre todo, comerciales aplicaciones tiene vía libre. Este hecho
hace que la investigación pierda cada vez más su independencia y permite que en
algunos casos los intereses industriales sean determinantes. «La ciencia
fusionada con la industria –asegura Enzensberger− se presenta como
autoridad suprema que decide sobre el futuro de la sociedad». Y el problema es
que ya no se trata tanto de un debate sobre los límites del conocimiento
científico, sino sobre comercio y cultura pública. Decía The Economist
en un amplio tema que ocupaba su portada del mes de abril: «Muchos de estos
debates llevan a una división fundamental de la opinión: o contemplan la vida
humana en términos de su valor intrínseco o en términos de su valor utilitario.
Un gen es o bien la vida misma o nada más que una pieza útil de un kit.
Algunos consideran este conflicto como parte de una guerra emergente entre
comercio y cultura».5
Esta es una de las claves profundas del problema: la ciencia se debate entre sus connotaciones comerciales y sus implicaciones culturales, en las que los medios de comunicación ejercen un papel perturbador y sobre los que incide sólo tangencialmente el polémico ensayista alemán, más preocupado por la relación entre la ciencia y la industria que por la influencia en la opinión pública. Los medios de comunicación están seguramente en el momento más conflictivo de su historia y nada hace pensar que puedan ser los vehículos adecuados para poder mantener la reflexión y el debate críticos que requiere la gravedad de la situación y la rapidez de la investigación científica. Informar y formar a la ciudadanía debería ser su único norte. Sin embargo, los muchos intereses que hay en juego en el mundo de la comunicación han pervertido por completo esta función, que es la esencia de su razón de ser. Los golpistas quizás estén en algunos laboratorios, pero lo que es seguro es que hay muchos en los equipos directivos de los grandes grupos de comunicación.
1 Der Spiegel, 2 de junio de 2001. Texto original en alemán: http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,137510,00.html
2 La Vanguardia publicó el texto traducido en su edición del 10 de junio de 2001, en las páginas 10 y 11 de su suplemento Revista.
3 Informe «Salud, Comunicación y Sociedad» de la Fundación BBV, Bilbao, 1999.
4 Ibidem, página
58.
5 The
Economist, 14-20 de abril 2001, «The ethics and politics of human cloning»,
págs. 19-21.