Los genes en la cultura popular de los medios

Genes in the popular culture of the media

 

Dorothy Nelkin

 

Las ideas de los genetistas han sido y son elementos susceptibles de abuso por parte de los medios de comunicación. La promoción de las explicaciones genéticas del comportamiento reflejan la tendencia de aplicar la impresión de la ciencia para dar un apoyo a una visión muy particular del mundo. La autora, especializada en la interacción prensa y ciencia, centra en el artículo algunas de sus principales áreas de investigación: terapia génica, reduccionismo y el papel que ha ejercido la prensa en todos los procesos de descubrimiento.

 

Genetists’ ideas have been and continue to be elements susceptible of abuse by the media. Promoting genetic explanations for behavioral issues reflects a tendency to provide a scientific sway in order to support a very particular vision of the world. The author, who specializes in press/science interaction, focuses the article on some of the main research areas: gene therapy, reductionism and the role the press has exerted in all the discovery processes.


Cuando comencé a estudiar la relación entre ciencia y prensa descubrí que algunos científicos se mostraban reticentes en su relación con la prensa e intentaban evitarla a toda costa; pero otros, en cambio, buscaban la cobertura de los medios como una forma de relaciones públicas, ya que para ellos suponía una vía para captar dinero en sus investigaciones. Dentro de este último grupo están los genetistas, si bien el resultado de sus relaciones públicas y esfuerzos no siempre ha dado como fruto aquello que buscaban.

En un primer momento, en los medios de comunicación, los informadores realizaban poca crítica sobre los escenarios futuristas que presentan los científicos. Se limitaban a amplificar las promesas de los científicos y, de hecho, los hallazgos preliminares se transmitieron casi como auténticos milagros. En 1989, un periodista del diario The Times señaló que «detrás de todos los sueños genéticos hay también una pesadilla». En este periódico se realizó una edición especial sobre el futuro de la terapia génica y se ofreció una visión distinta, relatándola como una forma de longevidad.

Los genetistas se perdían en las retóricas que intentaban captar soluciones deterministas y describían los genes como moléculas maestras, como un conjunto de instrucciones, una lectura de nuestros genes. Así, hicieron que el genoma fuera algo directamente salido del oráculo de Delfos o, lo que es lo mismo, que fuera una bola de cristal mágica. Los periodistas se apropiaron de esta metáfora y vieron al gen como una entidad determinista que prometía soluciones terapéuticas para todos.

 

Terapia génica y la mística del DNA

 

La primera terapia experimental, aprobada en 1990, fue una gran noticia porque era un hecho en el que se habían depositado muchas esperanzas. Con el número creciente de estudios clínicos que se realizaron en ese año, los médicos vieron nuevas esperanzas de curación instantánea. Era un camino que ofrecía nuevas esperanzas, con promesas de curación incluidas, a las víctimas de una enfermedad. Pero la muerte de Jesse Gelsinger, un joven de 18 años, durante un estudio clínico con terapia génica marcó un punto de inflexión en la cobertura de estos temas en los medios de comunicación. A partir de ese momento, los periodistas se centraron en ejercer presión para que se continuase con los experimentos de terapia génica, a pesar de las evidencias de riesgo. Pero a la par utilizaron este incidente para ampliar información sobre todas las implicaciones de interés comercial que había dentro de la investigación genética.

Los genes y el comportamiento humano, a pesar de la investigación limitada, han recibido una destacada cobertura en los medios de comunicación. Así, aparecieron informaciones que aludían a la base genética de una sorprende gama de características personales: timidez, obesidad, personalidad agresiva, exhibicionismo, dislexia, éxito en el trabajo, estilos de moda o tendencias político-religiosas. La información relacionada con la genética apareció como si estas características fuesen alteraciones similares a tener el cabello castaño o los ojos azules. Los medios se sintieron atraídos por las tendencias antisociales y aparecieron artículos en prensa que hacían referencia a «los genes malos», relacionándolos con futuros criminales o remarcando que el mal se encuentra en los cromosomas. La promoción de las explicaciones genéticas del comportamiento refleja la tendencia a aplicar la ciencia para apoyar una visión muy particular del mundo. Las ideas de los genetistas han sido y siguen siendo elementos susceptibles de abuso por parte de los medios, tanto en prensa como en radio o televisión; sin olvidar las películas populares que relatan temas que la mayoría de la población siente como un problema social, por ejemplo los crímenes o la importancia de encontrar las raíces genéticas.

 

Los genes y la agricultura

 

Los medios de comunicación han realizado una importante cobertura de la genética y las implicaciones agrícolas. Al principio de la década de los noventa, los periodistas americanos, quizás influenciados por el activismo de los derechos animales, respondieron de forma muy crítica a la creación de animales transgénicos. Era frecuente ver imágenes en las que aparecían animales distorsionados, compuestos por mitad cabra mitad cordero, o imágenes de animales mutantes acompañadas de científicos locos y de consumidores que, sin elección, se veían cautivos dentro de una industria enloquecida. Pero en la sociedad, a finales de esa década, los intereses comerciales americanos superaron a las precauciones, mostrando un progreso claro. En los medios de comunicación se ignoraron las cuestiones de riesgo en la producción de alimentos y aparecieron las cosechas de alimentos manipulados genéticamente.

El tema de las relaciones de precaución es uno de los elementos prevalentes en la prensa europea, pero no tanto en la norteamericana. Yo diría que los intereses de la prensa en las implicaciones biotecnológicas parecen centrarse más en implicaciones socioéticas. Por ejemplo, con el caso de Dolly, los periodistas relacionaron la noticia con la clonación en los seres humanos y lanzaron mensajes tales como que la clonación permitiría la resurrección de los muertos o la réplica de celebridades; pero, por otro lado, también se presentaron escenarios de ansiedad de nuevos monstruos, como el creado por el doctor Frankenstein o Hitler.

En la historia de la clonación, el contexto de la ansiedad, en cuanto a la manipulación genética, se convirtió en una preocupación y en la cobertura de la información sobre terapia génica los mensajes iban desde la promesa de los milagros hasta la generación del desastre.

 

El papel de la prensa

 

A la hora de informar al público, la prensa ejerce un papel de hilo conductor. En el caso de la biotecnología, los periodistas han ayudado a alterar las promesas y cada vez más advierten acerca de malas decisiones y los mensajes morales de las aplicaciones. En los contextos sociales de la ciencia cada vez se invita más al civismo en la prensa y algunos llaman la atención respecto a los intereses no científicos, las inversiones y los beneficios que genera la biotecnología, tanto desde la óptica de las aplicaciones clínicas como agrícolas.

Desde mi punto de vista, nos encontramos en el momento de pedir un periodismo crítico, que informe, a medida que se va desarrollando la era tecnológica que vivimos, sobre las implicaciones del nuevo futuro para la humanidad. Los periodistas deberán estar al acecho para cuestionar los aspectos comerciales y éticos de los experimentos científicos.

 

Reduccionismo y poder social

 

Las teorías reduccionistas no son nuevas. Son unas directrices morales para justificar las creencias sobre un comportamiento adecuado y unas políticas eficaces. La iluminación científica de lo natural justificaba la política; y hoy en día, el valor que se da a la predictibilidad está fomentando teorías que intentan explicar los problemas sociales en las patologías individuales.

Las tendencias de reducir el comportamiento agresivo a los genes han abierto el camino a las especulaciones sobre las medidas de gestión de riesgos para prevenir el crimen de una manera más eficaz, identificando los derechos de las personas que tenían una tendencia criminal. Los modelos preventivos invitan a unos cálculos de probabilidades de riesgo, basadas en las predicciones que podrían indicar un riesgo preventivo. Así, las medidas preventivas podrían identificar a los predispuestos, manteniendo una vigilancia de ciertos grupos. Las explicaciones reduccionistas de la violencia no vienen tanto de la ciencia, como de las ideas políticas del castigo o de las desilusiones en los planes de rehabilitación o la intención de ahorrar dinero. Además, las teorías genetistas sobre el comportamiento parecen justificar estas tendencias.

Las teorías del reduccionismo también se utilizan para explicar las diferencias sociales, es decir, la gente limitada por sus genes. Ni las acciones individuales ni las oportunidades sociales importarían si todo se pudiese reducir a los genes. Así, la oportunidad parece menos importante que la predisposición, porque la creencia en el destino genético implica límites naturales del individuo y también de la moral, ya que no hay un sistema social posible que pueda cambiar el estado de las cosas. Esto es útil sobre todo para los que buscan la reducción de los costes de los servicios sociales. Este ejemplo, entre otros, sugiere cómo estas filosofías se traducen en políticas sociales. Y el uso de estas explicaciones reduccionistas puede ayudar a los programas económicos y comerciales. Así, por ejemplo, encontramos que en un centro de investigación se identifican las causas biológicas del abuso del alcohol; se identifica un gen responsable que produce una proteína encargada de obstruir las señales que avisan a una persona para que deje de beber. Pero estas explicaciones genéticas del alcoholismo también sirven para objetivos comerciales en la industria del alcohol, que podría argumentar que la causa del alcoholismo es producto de un DNA vulnerable. O, por ejemplo, en los tribunales, un demandante podría aludir que la causa del problema se debe a taras de nacimiento, a un fallo genético.

En resumen, en mi opinión, las explicaciones reduccionistas se utilizan en las agendas sociales y políticas. El comportamiento individual se reduce a un mecanismo biológico envuelto en un discurso científico. En acciones institucionales y políticas sociales, estas explicaciones pueden utilizarse para justificar prejuicios y reforzar divisiones que pueden desviar la culpa de los problemas sociales hacia el individuo aludiendo predisposiciones biológicas. Las explicaciones genéticas se pueden utilizar para absolver al Estado de la responsabilidad a la hora de ofrecer servicios sociales. Se trata del poder del gen como entidad biológica que está sobrepasando su poder social, sus posibilidades comerciales y la importancia política.

 

Dorothy Nelkin

Profesora en la Escuela de Derecho en la Universidad de Nueva York desde 1990. Su área de investigación profesional se ha centrado en la interacción entre ciencia, política y cultura, y últimamente algunos de sus trabajos se dirigen más en concreto al estudio de la biotecnología en los medios de comunicación y los temas relacionados con la terapia génica. Ha escrito numerosos libros y artículos en colaboración con otros abogados. Una de sus recientes obras es The business of bodies, en colaboración con L. Andrews.

dorothy.nelkin@nyu.edu