Los parques científicos y tecnológicos como herramienta de
transferencia
Science and
technology parks as a knowledge transfer tool Felipe Romera Los parques científicos y tecnológicos han experimentado un importantísimo crecimiento en número y tipología en los últimos años. Desde estas instalaciones, concebidas según distintos modelos, se considera que pueden definirse nuevas plataformas para la generación de conocimientos y la transferencia de tecnología, además de ser instrumentos para el desarrollo tecnológico, económico e industrial. Over the last few years, science and technology parks have experienced a significant increase in number and variants. These facilities, which follow various models, are expected to improve the definition of new platforms for generating knowledge and technology transfer. Science and technology parks are also tools for the technological, economical and industrial development. Cuando apareció en el mes de
abril de 1986 la Ley de la Ciencia, los primeros parques tecnológicos españoles
estaban en plena ebullición. Ya se había creado la sociedad de gestión del
Parque de Zamudio en el País Vasco, y Madrid y Cataluña estaban creando los
suyos, a los que seguirían los promovidos por otras comunidades autónomas. Con
estos proyectos se pretendía mejorar «la falta de conexión entre los objetivos
de la investigación y las políticas de los sectores relacionados con ella, así
como, en general, entre los centros de investigadores y los sectores
productivos», exactamente lo mismo que relataba en su exposición de motivos la
Ley de la Ciencia. Durante estos 15 años de
existencia de los parques científicos y tecnológicos, hemos asistido al
desarrollo del sistema de ciencia y tecnología español desde afuera. Los
primeros parques nacieron sin la presencia de las universidades y sin que por
ellas existiera interés alguno en el desarrollo económico. Por otra parte, el
tejido empresarial español vio a los parques con un gran recelo, fruto de las
barreras que tenían nuestras empresas hacia la modernización tecnológica. En
este escenario los primeros tiempos fueron muy difíciles para los parques, a
los que se les criticaba su escaso fruto en la transferencia de tecnología, aunque,
todo sea dicho de paso, en aquellos tiempos había poco que transferir. Todo cambió a partir de 1996,
cuando apareció Internet para el mundo empresarial y se desarrollaron las
tecnologías de la información y las telecomunicaciones en España y además la universidad,
animada por la Unión Europea, empezó a convencerse de que debía dedicarse
también al desarrollo económico. Es en este contexto que los parques existentes
se desarrollaron con gran éxito y empezó el actual período de crecimiento casi
exponencial en el número de nuevas instalaciones.
Un poco de historia
El origen de los parques
científicos y tecnológicos está íntimamente ligado a la experiencia de Silicon
Valley. En apenas dos décadas, el valle californiano experimentó un gran
desarrollo tecnológico que se vio acompañado por un alto crecimiento económico.
Como consecuencia, estableció también un modelo que todo el mundo ha tratado de
reproducir de una forma u otra. Países, regiones, municipios,
universidades, urbanizadores o empresarios han intentado copiar e innovar los
fenómenos que allí se produjeron de una forma natural (¿natural?). Esa
reproducción de las experiencias del Silicon Valley, en distintas
manifestaciones y procesos, es la que ha dado lugar a la creación en todo el
mundo de los denominados parques científicos y tecnológicos. España no ha sido ajena a este
proceso. A principios de la década de los ochenta, las recientemente creadas
autonomías ven en el desarrollo que están teniendo en Estados Unidos y en
Europa los parques científicos y tecnológicos, una oportunidad para impulsar
nuevas políticas en materia de desarrollo tecnológico, innovación y desarrollo
industrial. Son ellas las que inician el proceso de construcción de parques
tecnológicos en España. A partir de 1985 se constituyen
las sociedades que darán lugar a los parques tecnológicos de las comunidades
autónomas del País Vasco, Cataluña, Madrid, Galicia, Andalucía, Asturias,
Valencia y Castilla-León, los cuales comienzan su actividad entre 1987 y 1993.
En estas mismas fechas nace Cartuja 93, en Sevilla, como heredera de la Expo
92. A partir de 1993 surgen nuevas
iniciativas en España ligadas a otros promotores más allá del modelo
estrictamente autonómico. Así se inauguran los parques de Vigo, animado desde
la zona Franca, los de Miñano en Vitoria y San Sebastián, que completan el mapa
regional del País Vasco, el de Gijón promovido desde el Ayuntamiento, el de
Alcalá de Henares desarrollado por la Comunidad de Madrid una vez concluido el
proyecto de Tres Cantos, y el Parcbit de Palma de Mallorca, también
desarrollado por el Gobierno balear. Además, comienzan a surgir
parques de ámbito más científico desarrollados por universidades como los de la
Universidad de León, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Alicante,
el Campus de la Salud de la Universidad de Granada, la Universidad Carlos III y
el Parque de la Universidad Autónoma de Barcelona, entre muchas otras. En este
sentido, personalmente creo que esta va a ser la línea que se va a seguir en
los próximos años, de modo que la mayoría de las universidades españolas
desarrollarán parques científicos en el futuro.
El papel de la APTE
La Asociación de Parques
Científicos y Tecnológicos de España (APTE) se crea en 1998 por los gerentes de
las ocho primeras instalaciones de este tipo que se están desarrollando en ese
momento en nuestro país. Desde su creación, la APTE
cuenta con dos tipos de miembros, los titulares, que son aquellos que tienen o
están desarrollando un parque científico o tecnológico, y los llamados miembros
asociados, empresas o instituciones entre las que se encuentran universidades,
que tienen interés por el desarrollo de los parques científico y tecnológicos y
se encuentran en la fase embrionaria de los proyectos. La APTE tiene en estos
momentos 35 miembros, 16 de los cuales son titulares y otros 19 miembros
asociados. En conjunto, los
parques científicos y tecnológicos españoles han desarrollado un paquete de
características propias que son comunes en su definición. Las más generales son
las siguientes:
· Los parques
científicos y tecnológicos españoles han cuidado la imagen estética de sus
instalaciones en cuanto al urbanismo, las zonas verdes y las edificaciones,
siendo una referencia en España sobre un nuevo modelo de desarrollo
empresarial.
· Los parques
españoles tienen generalmente una gran extensión. Doce superan las 50 hectáreas
y de éstos, seis las 100 hectáreas. Excepto en el País Vasco, los parques de
mayor extensión se encuentran en las regiones de menor desarrollo económico.
Doce de ellos se encuentran en funcionamiento y cuatro en proceso de
planificación y desarrollo.
· En España se está
poniendo otra vez de moda la construcción de parques científicos y tecnológicos
y en los próximos años se va a incrementar el número de ellos provenientes de las
universidades con un modelo de parque científico.
· El número de
empresas e instituciones ubicadas en los parques científicos y tecnológicos
españoles se ha incrementado notoriamente en los tres últimos años. A finales
del año 2000, en los parques se habían ubicado 965 empresas e instituciones.
· En los parques
españoles trabajaban a finales del 2000, 25 144 personas, de las cuales
aproximadamente el 50 % poseía titulación universitaria.
· Un 19 % del empleo
total está dedicado a tareas de investigación y desarrollo.
· Los miembros de la APTE conforman una red del
conocimiento y la innovación donde coexisten junto a las empresas 14 centros de
empresas e innovación, 88 centros tecnológicos y centros de I+D y 36
universidades con presencia y participación en su desarrollo. El futuro Los parques científicos y
tecnológicos españoles constituyen una red de infraestructuras tecnológicas de
apoyo empresarial muy importante en España y uno de los mejores lugares para
desarrollar la innovación empresarial. Con estas premisas, el futuro
de la APTE se basa fundamentalmente en participar activamente como miembro del
sistema español de ciencia y tecnología. El pasado 20 de setiembre, la APTE y
el Ministerio de Ciencia y Tecnología firmaron un convenio de colaboración para
coordinar las políticas que favorezcan el desarrollo de estos proyectos. La incorporación de numerosas
universidades como miembros de la APTE va a favorecer que en el futuro los
parques científicos y tecnológicos sean un excelente lugar de encuentro del
mundo universitario y del mundo empresarial. También se prevé que aumente el
número de parques científicos procedentes de las universidades españolas y
también desde otras iniciativas, especialmente desde los ayuntamientos. Los
parques españoles también serán lugares desde donde se potencie la creación de
nuevas empresas tanto desde los ámbitos universitarios como empresariales. El modelo de los nuevos
parques científicos y tecnológicos está ligado a la participación de las
universidades y de la iniciativa privada y donde el gobierno central y las
comunidades autónomas apoyan con distintos programas su desarrollo. Felipe Romera es Ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad
Politécnica de Madrid. Presidente de la Asociación de Parques Científicos y
Tecnológicos de España (APTE) desde 1998. Director General del Parque
Tecnológico de Andalucía desde 1990. Es también miembro asesor del Consejo de
Administración Mundial de la Asociación Internacional de Parques Tecnológicos
(IASP) desde 1998 y miembro del Consejo Asesor para la Ciencia y la Tecnología
del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Frases destacadas
«El origen de los parques científicos y tecnológicos está ligado a Silicon Valley, una experiencia que ha servido como modelo de desarrollo tecnológico y económico que todo el mundo ha pretendido imitar.»
«Los parques científicos y tecnológicos españoles constituyen una red de infraestructuras tecnológicas de apoyo empresarial muy importante y uno de los mejores lugares para desarrollar la innovación empresarial.»
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