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Las dificultades en la transferencia de las
tecnologías de la información a la industria
Difficulties
in information technology transfer to the industry Vicente López Las tecnologías de la
información constituyen, sin lugar a dudas, el campo de mayor y más rápida
expansión tecnológica y económica. En pocos años se ha pasado prácticamente de
la nada al todo a una velocidad de vértigo, lo cual ha provocado desajustes y
tensiones que han llevado a la universidad y a la industria a tener que ejercer
papeles que no les correspondían plenamente o, simplemente, para los que no
estaban preparados. Ello ha dificultado, y condicionado, la transferencia de
conocimientos y tecnología entre ambos actores. Undoubtedly, information technology is the largest and
fastest growing in technological and economical discipline. In just a few
years, it has speedily progressed from practically nonexistence to ubiquity.
Disturbances and stress have arisen from this situation, leading universities
and the industry to play a role for which they were not ready, interfering and
affecting knowledge and technology transfer among all those involved. Entre los años 1996 y 2000, el sector de la tecnología de la
información pasó por un período de expansión descontrolada, una explosión. La onda
ha alcanzado a toda la sociedad, y mientras la recorría ha producido confusión,
dudas, y ha dejado huellas que son perennes. El proceso se ha analizado desde
muchas perspectivas y se seguirá haciendo. Durante esos años he sido testigo
directo de lo que sucedía en la universidad y en la industria y he podido
observar desde mitad de camino la relación entre ambas. La tensión que ha
acompañado esta expansión, que ha corrido paralela a la aparición de la
denominada nueva economía, ha dejado
en evidencia características peculiares que resumo a continuación. Primera observación: Medio siglo es poco para que
esté madura una disciplina técnica. Y eso es de aplicación tanto para la
industria como para la universidad. Ésta es una observación sobre los equipos
humanos, que son los que han de hacer una digestión adecuada de las novedades.
Los departamentos universitarios todavía no tienen la historia y la tradición
suficiente para configurar grupos estables con líneas de investigación
sostenidas y un flujo regular de estudiantes graduados. Son pocos los
estudiantes que se ven atraídos hacia la realización de una tesis doctoral, a
pesar de que existen bastantes escuelas de informática en formación y muchas
oportunidades para realizar una carrera académica. Es cierto que el primer
salario en la empresa prácticamente duplicaba la dotación de una beca, pero eso
no lo explica todo. En esos años de tecnoeuforia, los estudiantes tenían la
impresión de que era la industria la que lideraba los cambios tecnológicos y de
que la universidad estaba estancada en proyectos muy académicos. Así, todo se
juntaba para que fuera casi imposible encontrar recién licenciados en
informática que optaran por una beca de doctorado. En la industria, la juventud de esta disciplina se nota de otro
modo. Existen todavía bastantes puestos de responsabilidad en el área técnica
ocupados por profesionales con escasa formación de base para poder enfrentarse
con holgura a períodos de cambio cuando las decisiones son difíciles y no hay
suministradores «de referencia». La escasez de criterios se quiso compensar
recurriendo a empresas de consultoría que no han dado abasto al exceso de
trabajo y han tenido que, en más de una ocasión, dedicar profesionales en
formación a tareas que excedían sus capacidades. Pero es que las urgencias de
esos años han tenido efectos muy perniciosos sobre las carreras profesionales
de los jóvenes licenciados. Se les han ofrecido puestos saltando pasos en su
carrera profesional. Habrán cumplido mejor o peor el reto dependiendo de su
habilidad, pero una vez llegada la crisis se encuentran con que no pueden
recuperar lo perdido. Ya es demasiado tarde para ejercer sin frustración un
puesto inferior en el que podrían consolidar sus conocimientos técnicos antes
de empezar con tareas de gestión. Es cierto que hubo falta de gente formada en
el mercado, pero eso tampoco lo explica todo. Bastantes empresas se hubieran
ahorrado descalabros económicos si hubieran abordado exclusivamente aquellos
proyectos para los que podían configurar equipos sólidos que los sacaran
adelante. Estos equipos no se improvisan, y es ahora, en medio de la crisis
posterior, cuando han de empezar a actuar para que la siguiente onda de
expansión no les coja desprevenidos. La
falta de mecanismos de transferencia Segunda observación: Han faltado mecanismos de transferencia de
tecnología. La industria tuvo necesidad de adquirir ventajas competitivas
mediante la innovación tecnológica. Cuando se volvió hacia la universidad
encontró pocos centros de referencia a los que acudir y escasos mecanismos
apropiados para establecer la relación. Hubo casos en los que la relación
universidad-industria se llevó a cabo con beneficio para ambas partes, pero
abundaron las situaciones irregulares. No siendo fácil la comunicación, ambas partes
han jugado a suplantar el papel del otro. Por ejemplo, hubo grupos
universitarios que se vieron obligados a dedicar sus equipos de trabajo a
proyectos de desarrollo sin carácter innovador. Tuvieron que competir con las
empresas para conseguir fondos con los que complementar los salarios de sus
estudiantes de tercer ciclo y evitar que con su fuga se desintegraran equipos
que llevó años aglutinar. Del otro lado, las empresas crearon departamentos de I+D a
espaldas de las universidades. Los resultados fueron variados. En algunos casos
esos departamentos, formados por personas con más experiencia en el márketing
que en la investigación, se dedicaron a comprar a precios desmesurados, en los
efímeros hub californianos, tecnologías que existían mucho más elaboradas
y con mejor calidad en grupos universitarios españoles. Y es que no existen
bazares donde comprar una lámpara maravillosa que permita hacer el producto
soñado. Resulta mucho más fácil acertar en la compra con el asesoramiento de un
investigador de confianza. De entrada hablará el idioma adecuado con el
vendedor y hará las preguntas pertinentes para poner en evidencia la calidad de
una tecnología incipiente. Es más, un investigador que conoce las necesidades
de la empresa, será capaz de encontrar entre los grupos de investigación más
avanzados del mundo los ingredientes capaces de configurar un proyecto que
acabe dando el resultado que la empresa busca. Existen mecanismos de transferencia cuya eficacia ha sido
comprobada en otros países que abordaron la cuestión con anterioridad. Por
ejemplo, las cátedras dotadas con fondos de una empresa para mantenerse al
tanto de los nuevos desarrollos en un campo específico. Estas cátedras permiten
a la empresa, entre otras cosas, tener a su disposición como asesor y
consultor, a investigadores que están al tanto no sólo de cuanto está saliendo
de los laboratorios en cada momento sino también de lo que es sensato esperar
que surja en el futuro inmediato. El desarrollo de estas figuras, junto con
otras formas de convenios de colaboración que van más allá del proyecto
puntual, han de permitir que exista una guía clara para encauzar la
coordinación de la actividad investigadora de la universidad con la necesidad
de innovación de la empresa. También merece la pena mencionar que si bien en
otros campos existen bastantes centros de investigación de referencia en los
que la industria puede recabar ayuda a la hora de abordar proyectos ambiciosos,
en el campo de la tecnología de la información no es así. Queda pendiente que
la universidad sepa configurar adecuadamente y cuanto antes este tipo de
centros. Equipos
pluridisciplinarios Tercera observación: La tecnología de la
información ya no es un dominio exclusivo de los tecnólogos. El despliegue de
Internet y la telefonía móvil ha dado un giro hacia la comunicación en las
aplicaciones más extendidas de la tecnología de la información, y que necesitan
para su producción de equipos pluridisciplinarios. El ejemplo más común en esos
años ha sido el desarrollo de sitios web. Son publicaciones electrónicas, y
para desarrollarlas han de intervenir coordinadamente y con una metodología
sólida informáticos, diseñadores y periodistas. Pero en el futuro habrá muchos
más ejemplos. Cada vez más, los ordenadores son máquinas que sirven para la
comunicación. En ese contexto, la industria ha reaccionado con rapidez
configurando los equipos con la heterogeneidad apropiada. Pero la universidad
va a la zaga. Reacciona con la inercia propia de una institución que ha de
cumplir también con el papel de ser referente del corpus de conocimiento
establecido. La universidad empieza complementando la formación de los
tecnólogos en dominios hasta ahora reservados para los fabricantes de
contenidos, y viceversa. Hace que los estudiantes de periodismo, comunicación
audiovisual, lingüística u otras áreas acaben sus licenciaturas con un mayor
conocimiento de las herramientas técnicas. Pero queda todavía la investigación
y su transferencia. Lleva tiempo crear y consolidar equipos de investigación
pluridisciplinarios que puedan abordar los proyectos de investigación que
pueden ser la avanzadilla que la industria necesita para guiar su desarrollo.
Mientras esto sucede habrá que recurrir a la coordinación de grupos de
investigación que trabajan en campos que la industria pide que se complementen. La transferencia entre la universidad y la industria es un
asunto muy distinto dependiendo del campo. En ingenierías más asentadas, como
la civil o la industrial, los años han dado un equilibrio razonable a lo
papeles que, generalmente en una conversación de tú a tú, juegan unos y otros
para realizar la transferencia de conocimientos. Pero en el campo de la
tecnología de la información la estabilidad no ha llegado. Queda mucho por
hacer, ordenar las relaciones, establecer la confianza entre los dos mundos y,
sobre todo, aumentar la ambición de los proyectos que acometen unos y otros.
Sólo de ese modo se podrá competir en un campo de actuación global que es en el
que se desarrolla la partida de la economía asociada a la tecnología de la
información. Por último, mencionar que ni la industria ni la universidad
podrán avanzar sin que el ciudadano aumente su percepción de estar participando
de los cambios que están configurando esa nueva sociedad de la información. En
ese sentido, la universidad no tiene que olvidar en sus proyectos dar entrada a
los espacios urbanos que le permitan transferir adecuadamente a la sociedad
cuantos avances se estén produciendo y el anticipo de las consecuencias que
previsiblemente vengan asociadas. Vicente López es Catedrático de Ciencias de la
Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad Autónoma de Madrid
(UAM). En el período comprendido entre 1996 y 2001 colaboró con el Grupo PRISA
para establecer equipos de I+D en el ámbito de la publicación electrónica, la
televisión interactiva e Internet. En la actualidad está en comisión de
servicios en la Universidad Pompeu Fabra (UPF, Barcelona) dirigiendo la Cátedra
Telefónica de Producción Multimedia. También dirige la actividad I+D de la
Estación de la Comunicación de la UPF, un espacio pluridisciplinario de
formación, investigación, producción, y exhibición, en los ámbitos de los
contenidos y la tecnología de las nuevas formas de comunicación. Frases destacadas «La transferencia de tecnología
entre la universidad y la industria en tecnología de la información se está
viendo dificultada por una falta de estabilidad, de relaciones y de confianza
entre ambos mundos.» «Un investigador que conozca
las necesidades de la empresa será capaz de encontrar entre los grupos de
investigación más avanzados del mundo los ingredientes capaces de configurar un
proyecto que acabe dando el resultado que la empresa busca.»
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