Hacia un cambio del sistema español de ciencia y tecnología

 

Toward a change in Spain’s science and technology system

 

Ramon Marimon

 

El Ministerio de Ciencia y Tecnología ha iniciado un proceso de transformación gradual del sistema de I+D+I cuyos objetivos son la creación de un entorno favorable a la innovación, el apoyo a una investigación pública de calidad y presencia internacional, y la cooperación entre instituciones públicas, sector privado y la sociedad. Los pasos llevados a cabo, detallados por el autor, tienen como finalidad última consolidar un proceso de crecimiento que, de forma definitiva, garantice el objetivo de convergencia con Europa.

 

The Science and Technology Department (Ministerio de Ciencia y Tecnología) has begun a gradual transformation of the R&D system. Its goal is to create a favorable environment for innovation, supporting internationally relevant quality public research and increasing cooperation between public institutions, private enterprises and society. The author believes these steps may lead to the definitive consolidation of a process capable of guaranteeing convergence with Europe.

 

Este número especial de la revista Quark, dedicado a un cuarto de siglo de política científica española, recoge la visión de todos aquellos que durante los últimos 25 años han trabajado con dedicación para constituir y desarrollar el sistema nacional de ciencia y tecnología. Gracias a su esfuerzo, y por supuesto, al de la comunidad científica e innovadora del país, hemos ido creciendo y conformando un sistema en el que existen muchos grupos de trabajo de calidad y empresas que llevan a cabo interesantes iniciativas de innovación y desarrollo tecnológico.

Sin embargo, hace falta lograr la integración completa del sistema. Es necesario trabajar para que la investigación, tanto básica como aplicada, la innovación y la mejora de la calidad de vida, formen un conjunto bien consolidado, sin fisuras ni fragmentaciones. Alcanzar esta meta requiere, sin duda, una reforma en profundidad de nuestro sistema de ciencia y tecnología a favor de la competitividad y la innovación, en sintonía con los objetivos establecidos en el Consejo Europeo de Lisboa, celebrado en marzo del año 2000.

La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología ha sido el primer paso en este nuevo camino, a partir del cual se ha empezado a trabajar en un cambio estructural que consolide y potencie la buena base de la que partimos, y que logre integrar, en la máxima armonía, a todos los agentes implicados.

Como responsable actual de la política científica y tecnológica, me cabe la satisfacción de afirmar que en la actualidad nos encontramos ante una consolidada tendencia de crecimiento. De hecho, hemos alcanzado una situación que se podría calificar de histórica para el país: el gasto en I+D se sitúa ya en el 0,94 % del producto interior bruto (PIB) y ha crecido, en los últimos cinco años, a un ritmo medio del 3 % anual, frente al 0,2 % de la Unión Europea y el 1,4 % de Estados Unidos.

La innovación en las empresas también se ha incrementado hasta alcanzar el 1,67 % del PIB en 2000, según los datos del Instituto Nacional de Estadística publicados muy recientemente. El gasto en I+D financiado por las empresas ha crecido en España desde 1995 hasta 2000 a un ritmo medio del 7 % anual (más del doble que en la Unión Europea) y el número de investigadores ha aumentado a un ritmo del 10,1 % cada año, con un importante salto en el año 2000, en el que se produjo un 24 % de aumento.

Por tanto, el sistema de I+D+I español está creciendo más que el de los países de su entorno, y se acerca progresivamente a la convergencia con la media europea, en particular en su potencial humano, ya que nuestros 4,5 investigadores por cada mil activos de población rozan ya la media europea de 5,3. Para el Ministerio de Ciencia y Tecnología estos valores perfilan el camino que este organismo ha trazado para alcanzar, a finales del año 2003, una inversión en ciencia del 1,3 % del PIB y una ampliación significativa del sistema científico-técnico español.

El nacimiento de este Ministerio ha coincidido con el de un nuevo siglo y, por tanto, resulta obligada una reflexión global sobre los retos que un futuro con fuerte acento europeo plantean a nuestras actividades científicas y tecnológicas. Desde esa reflexión, la transformación gradual del sistema que el Ministerio de Ciencia y Tecnología ha puesto en marcha se enmarca en tres grandes objetivos: la creación de un entorno favorable a la innovación que potencie la competitividad industrial y la internacionalización; el máximo apoyo a una investigación pública de gran calidad y presencia internacional, y la cooperación entre todos los agentes implicados: las instituciones públicas, las industrias y empresas y la sociedad.

 

Esfuerzo innovador

 

El esfuerzo de sus actuaciones se ha centrado en el enriquecimiento del sistema, tanto en recursos económicos y humanos como en infraestructuras y proyectos, y en el fomento de la máxima integración de las actividades innovadoras en el tejido empresarial. Todo ello sin perder de vista los obligados cambios normativos que la experiencia y el paso del tiempo recomiendan para alcanzar una gestión más ágil y lograr una mayor participación del sector privado en el desarrollo tecnológico y la innovación.

En el año 2001 el incremento de los presupuestos del Estado destinados a la investigación y el desarrollo triplicó el aumento medio del gasto total, situándose en un 15,5 %. Este esfuerzo inversor se complementó con el gran impulso que el Ministerio de Ciencia y Tecnología está promoviendo para lograr el incremento de los recursos humanos en investigación. Los significativos cambios introducidos en la convocatoria de becas predoctorales llevaron a un crecimiento notable tanto en el número (un total de 750 becas frente a las 509 del año 2000) como en su dotación, que se aumentó hasta una cuantía única; para los más de 1100 becarios actuales esto supuso un incremento de retribuciones situado entre el 28 % y el 39 %.

Por otra parte, el lanzamiento del programa Ramón y Cajal ofreció la posibilidad de poner en marcha 800 proyectos liderados por jóvenes doctores con una nueva modalidad de contratos por un período de cinco años. Este programa, que llegará a completar un total de 2000 proyectos en sus dos próximas convocatorias, ha marcado un importante impulso para la definición de la carrera investigadora en España al permitir que los investigadores que han completado su etapa de formación se integren, como profesionales de la ciencia, en el sistema público de investigación.

En esta dirección es también definitiva la participación de las empresas, que, a través del programa Torres Quevedo, tienen la posibilidad de incorporar a investigadores con grado de doctor y tecnólogos en sus actividades de investigación e innovación. En el año 2002 el Ministerio de Ciencia y Tecnología tiene prevista una nueva acción como broche de la carrera investigadora que permitirá la incorporación de investigadores líderes de nuevos programas de alto impacto, en el ánimo de mejorar la competitividad española en el Espacio Europeo de Investigación e Innovación. Será, al igual que el programa Ramón y Cajal, una iniciativa cofinanciada con los centros receptores y las comunidades autónomas

Otro de los grandes objetivos estratégicos del Ministerio, la cooperación entre los agentes del sistema de ciencia, tecnología y empresa, ha tomado forma a través de diversas iniciativas, entre las que destaca el Programa de Fomento de la Innovación Técnica (Profit), que incentiva las actividades de I+D+I en las empresas a través de ayudas a la inversión. Los resultados de la convocatoria del año 2001 reflejaron un notable incremento tanto del interés empresarial (6391 proyectos presentados frente a 3500 del año 2000), como de los aprobados (3148, un 44 % más que el año anterior). El mencionado programa Torres Quevedo, la iniciativa Neotec (que favorece la creación de empresas de base tecnológica) y la mejora del tratamiento fiscal de los gastos en I+D+I han sido sucesivos pasos encaminados a que las actividades de innovación formen parte de la realidad del tejido industrial y se traduzcan en un beneficio para la sociedad y los ciudadanos.

Para seguir caminando, el Ministerio de Ciencia y Tecnología se propone apoyar a las entidades financieras de capital riesgo, con el objetivo de alcanzar la creación de 100 empresas de base tecnológica hasta el año 2003, y establecer un sistema de acreditación técnica de la innovación que facilitará a las empresas el acceso a los beneficios fiscales mediante una certificación de sus actividades de I+D+I.

En cuanto a las infraestructuras científicas para I+D, el Ministerio de Ciencia y Tecnología está estudiando diversos proyectos, ya informados por el Comité Asesor de Grandes Instalaciones, que permitirán un mayor desarrollo de la política de inversiones en grandes instalaciones, con financiación de fondos FEDER.

 

Convergencia europea

 

Las prioridades de la política científica española tienen, por supuesto, como objetivo la convergencia con los países europeos y el impulso de la participación de nuestros científicos y empresas en los proyectos internacionales. La Presidencia española de la Unión Europea pone a nuestro alcance la oportunidad de lograr la adopción del VI Programa Marco de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración (2002-2006), y de impulsar el Espacio Europeo de Investigación e Innovación, fomentando su dimensión internacional.

Asimismo, durante este semestre España tratará de reforzar los compromisos adquiridos en el Consejo de Lisboa para la creación de una zona europea de investigación que resulte un entorno propicio para las empresas innovadoras y, en particular, las pequeñas y medianas empresas. Todos estos esfuerzos beneficiarán a nuestro país y le ayudarán a consolidar en su sistema de ciencia y tecnología la cultura de la innovación, alcanzando la excelencia en la investigación, la competitividad internacional y el desarrollo tecnológico impregnado en su tejido industrial.

 

 

Ramon Marimon Suñol es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona y PhD por la Universidad de Northwestern. Catedrático de Teoría Económica en el Instituto Universitario Europeo (Florencia) y en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), de la que fue uno de sus fundadores (en excedencia). Es Research Fellow del National Bureau of Economic Research (NBER) y del Center for Economic Policy Research (CEPR). Anteriormente fue profesor en la Universidad de Minnesota, y ha sido profesor visitante en numerosas universidades internacionales e instituciones. Es secretario de Estado de Política Científica y Tecnológica desde mayo de 2000.

 

Frases destacadas

 

«El esfuerzo del MCYT se ha centrado en el enriquecimiento del sistema, tanto en recursos económicos y humanos como en infraestructuras y proyectos, y en la integración de las actividades innovadoras en el tejido empresarial.»

 

«Las prioridades de la política científica española tienen como objetivo la convergencia con los países europeos y el impulso de la participación de nuestros científicos y empresas en los proyectos internacionales.»