Manifestaciones
clínicas y métodos de diagnóstico del HIV
Clinical manifestations and HIV
diagnostic methods
José Mª Gatell
Las manifestaciones clínicas que presenta la
persona infectada por HIV evolucionan en función del tiempo transcurrido desde
el primer momento de la infección. El progresivo deterioro del sistema
inmunitario, es el que marca la aparición de los diferentes grupos de
manifestaciones clínicas. Un nuevo grupo se ha incorporado a los ya existentes,
se trata de los efectos secundarios derivados de los tratamientos
antirretrovirales.
The clinical manifestations of an HIV-infected person will progress
according to the period of time passed since the first moment of the infection.
The progressive damage in the inmune system is the sign of the appearance of
the different groups of clinical manifestations. A new group has been added to
the existing ones, the side effects arisen from antiretroviral treatments.
Podemos distinguir diferentes grupos de
manifestaciones clínicas que se producen en los pacientes infectados por el
virus del HIV, en función del tiempo transcurrido desde que la persona se
infecta. Uno de los grupos corresponde a unas manifestaciones clínicas, que son
escasas y muy limitadas en el tiempo, producidas por el propio virus en el
primer momento de contacto con éste, llamado «infección aguda» o
«primoinfección». Posteriormente, pueden pasar «pequeñas» cosas durante muchos
años en que el paciente está más o menos asintomático. Sin embargo, a medida
que avanza la enfermedad se produce un deterioro del sistema inmunológico,
pueden venir complicaciones graves llamadas «infecciones oportunistas» o
«cánceres oportunistas» y que constituyen el tercer grupo de manifestaciones
que puede sufrir una persona infectada por el HIV. Finalmente, si decidimos que
el paciente empiece un tratamiento, puede aparecer otro gran grupo de
manifestaciones clínicas no relacionadas con la enfermedad. Estas últimas
corresponden a los efectos secundarios relacionados con el tratamiento. Es
decir, aunque el tratamiento da una serie de beneficios evidentes que nadie
duda, puede tener algunos problemas en forma de efectos secundarios, a veces
relativamente importantes, y esto dar manifestaciones clínicas al paciente.
Antes de tratar en profundidad los diferentes
grupos de manifestaciones clínicas, explicaré brevemente los métodos
diagnósticos de presencia del HIV en el paciente.
Cualquier persona, incluso un deportista de
élite, a pesar de tener muy buena apariencia física, puede estar infectado por
el virus del sida con una salud y una vida perfectamente normal.
¿Cómo podemos saber si se está infectado?¿Qué
podemos hacer? Debe tomarse una muestra de sangre y buscar directamente el
virus. Esto es relativamente difícil de realizar, es muy complicado y no es lo
que se suele utilizar para hacer el diagnóstico. Lo que habitualmente se hace
es buscar los anticuerpos.
¿Qué son los anticuerpos? Cuando la persona
se infecta por el virus, el individuo lo reconoce como algo extraño y fabrica
los anticuerpos. Para obtener el diagnóstico se recurre a métodos de
laboratorio que nos permiten detectarlos. Se buscan directamente los
anticuerpos porque es más simple, más barato y más fácil de automatizar que el
método de detección del virus en la sangre. Como todo método de laboratorio,
tiene sus inconvenientes, errores, falsos positivos, falsos negativos y
problemas de interpretación. Pero esto es, grosso modo, lo que ocurre con
cualquier método de laboratorio. Por eso las personas que trabajan en él, procuran
buscar los métodos que tienen el mínimo de errores, que son más fáciles de
interpretar, que tienen el mínimo de falsos positivos y el mínimo de falsos
negativos. También las casas comerciales se afanan en comercializar reactivos
más sofisticados para minimizar estos factores.
Aunque
lo habitual es que se busquen los anticuerpos, existen casos excepcionales como
en recién nacidos, en los que se busca directamente el virus en sangre.
Podemos distinguir tres grandes apartados:
Son pocas. Cuando una persona se infecta, al cabo de pocos días o pocas semanas, tiene millones de virus circulando en la sangre y sorprendentemente, en el 50-60 % de los pacientes no da tipo alguno de manifestación clínica. Es decir, puede ser totalmente asintomático y pasar desapercibido. Únicamente un pequeño porcentaje de los pacientes, quizás un 30-40 % de los casos, presentan manifestaciones clínicas. Éstas aparecen en forma de fiebre, dolor en todo el cuerpo, cefalea, una pequeña erupción cutánea que dura unos días, etc., y esto en medicina es un cuadro clínico tan inespecífico que, muy a menudo, se confunde con gripe, infecciones víricas, mononucleosis infecciosa, etc. Hay decenas de personas que cada día en los servicios de urgencias de Barcelona consultan por un cuadro clínico que se parece a esto y lógicamente muy pocos acaban de tener una infección por HIV. Por ejemplo, comer marisco en mal estado o tomar un antibiótico al que eres alérgico, puede dar algo parecido a este cuadro.
Después de que el individuo se haya infectado
tendrá durante muchos años millones de virus en la sangre que dan pocas
manifestaciones clínicas. Pero, el virus no es inocuo para nuestro cuerpo, sino
que nuestro organismo paga un precio por tener el virus en la sangre durante
tantos años. El precio consiste en que nuestro sistema inmunitario se va
deteriorando poco a poco y llega un momento que cuando se ha deteriorado lo
suficiente < 200-300 linfocitos CD4, pueden empezar a aparecer problemas o
complicaciones que en el argot médico son denominadas infecciones o cánceres
oportunistas. En el momento en que aparecen estos problemas, la enfermedad
cambia de nomenclatura y si hasta ahora hablábamos de ser portador del virus
del sida en este momento pasa a denominarse sida. Además, debemos rellenar un
documento en el que conste que estás afectado, porque se ha convertido en una
enfermedad de declaración obligatoria. Este documento es el que permite a los
epidemiólogos o a las autoridades sanitarias dar estadísticas acerca de la
situación de la enfermedad en la población. Pero, las estadísticas son datos
referidos al número de pacientes que se encuentran en esta fase de la
enfermedad, no del número de pacientes que están infectados, en los que todavía
no han aparecido las complicaciones.
¿Cuáles son las complicaciones que aparecen?¿Qué síntomas dan?
Cuando el paciente tiene un deterioro
intermedio del sistema inmune, pueden aparecer una serie de síntomas que
cualquier persona inmunocompetente las puede tener. De manera que es difícil
saber si hay o no infección por el HIV, pero lo podemos sospechar. Por ejemplo,
la aparición de ganglios en el cuello, hongos en las uñas de las manos, eccema
seborreico detrás de las orejas, herpes zoster, etc., puede presentarse en los
inmunocompetentes pero, en el caso de los pacientes infectados por HIV que
están en la zona intermedia, lo tienen con un poco más de frecuencia. Además,
cuando vemos estas complicaciones en una persona joven, podemos sospechar que
tiene una infección por HIV, aunque la mayoría de las veces no la tendrá y le
podremos sugerir que se haga un test diagnóstico para descartar esta
posibilidad. Se trata de un conjunto de manifestaciones clínicas frecuentes en
la población en general, pero que son algo más frecuentes en la gente infectada
por el virus del sida.
Llega un momento en que el sistema
inmunológico (esto normalmente ocurre cuando han pasado varios años) se ha
deteriorado mucho y aparecen una serie de complicaciones que indican poseer un
sistema inmunitario en muy malas condiciones; de lo contrario no se
manifestarían. La gente inmunocompetente, la población en general, no suele
tener dichas complicaciones como pueden ser las neumonías por Pneumocystis
carinii, toxoplasmosis cerebral, infecciones por Citomegalovirus,
tuberculosis diseminada, diarreas por Criptosporidium, sarcoma de
Kaposi, linfomas cerebrales, etc. Los pacientes infectados por HIV suelen morir
a causa de estas complicaciones.
Para que esto no ocurra, hay que dar
tratamiento. Lo que se pretende con los tratamientos es que el sistema inmune,
que estaba deteriorado, vuelva a recuperarse de forma muy rápida. Si se recupera,
dejan de darse complicaciones (en el caso de que las padeciera), y si no las
hay, nunca las llegará a tener. En la mayoría de pacientes, que actualmente
están realizando tratamiento, las carga virales son muy bajas o indetectables,
el sistema inmunitario no se deteriora e incluso se consiguen recuperaciones
importantes, no tienen complicaciones y, en consecuencia, la mortalidad se
reduce de forma considerable.
¿Cuál es el precio que pagamos por esto?
Tenemos cada vez más pacientes recibiendo
tratamientos complejos y, algunas veces, relativamente tóxicos, durante muchos
años. Esto provoca frecuentes efectos secundarios que, a veces, son graves y,
en ocasiones o con cierta frecuencia, están relacionados con el tratamiento.
Basándonos en datos de la cohorte suiza, aproximadamente más de la mitad de los
pacientes, en algún momento de su vida tendrán algún efecto secundario. Estos
efectos secundarios están relacionados un 30-50 % con los tratamientos que
reciben y pueden ser desde moderados a severos. La industria farmacéutica se
esmera en desarrollar tratamientos que cada vez sean más sencillos y menos
tóxicos. Uno de los efectos secundarios más temibles relacionados con el
tratamiento, aunque su origen es multifactorial, es la lipodistrofia.
Consiste en una redistribución de la grasa corporal que adelgaza la cara, las
piernas, las nalgas, se acumula grasa en las vísceras abdominales y en el
cogote. Es uno de los más problemáticos, que aún no conocemos bien, que más
preocupa a los pacientes (pueden aparecer en un 20-30 % de los casos) y, por
tanto, también a los médicos.
Médico
especialista en enfermedades infecciosas. Actualmente es consultor senior
y jefe de Sección del Departamento de Infecciones y Sida en el Hospital Clínic
de Barcelona y profesor asociado médico de la Universidad de Barcelona. Es
copresidente de la XIV Conferencia Internacional del Sida. Sus principales
líneas de investigación en el campo del sida se centran en la investigación
clínica de nuevos fármacos antivirales, en la respuesta al tratamiento de los
pacientes en fases precoces de la infección por el HIV-1 y en la tuberculosis y
otras infecciones oportunistas asociadas al sida. Ha coordinado varios estudios
internacionales sobre antivirales y sobre tuberculosis y forma parte del comité
director de una acción concertada con la Comunidad Económica Europea para
analizar las características del sida en Europa y coordinar estudios
multicéntricos (EUROSIDA). Ha sido presidente de la Sociedad Española de
Infecciones y Microbiología Clínica (SEIMC) entre 1997 y 1999.