Artículos

 

Lenguaje y arquitectura cognitiva

 

Language and cognitive architecture

 

Sergio Balari*

 

 

El autor presenta una hipótesis sobre su concepción del lenguaje que contrasta con la visión clásica que ha adoptado las ciencia cognitiva en los últimos 50 años. Balari considera que el lenguaje no es un sistema interno de la mente, basado en reglas formales estáticas, que el cerebro pone en uso cuando se necesitan. En su opinión, es necesario volver a los fundamentos de la lingüística para repensar el lenguaje, y en concreto a tres de sus propiedades básicas: su dependencia de estructura, su recursividad y su multimodalidad.

 

The autor presents an hypothesis about his conception of language, contrasting with the classic view defended by cognitive science during the last fifty years. Balari considers that language is not an internal system of the mind, based on formal static rules used by our brain whenever needed. In his opinion, we it is necessary to come back to the fundamentals of Linguistics to rethink language, particularly to three basic properties: structure dependence, recursivity and multimodality.   

 

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* Quisiera ante todo agradecer a Jaume Bertranpetit, Ignacio Morgado y Óscar Vilarroya, organizadores del curso sobre Lenguaje y Cognición de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, celebrado en Barcelona del 15 al 19 de julio de 2002, que me brindaran lo oportunidad de participar en él. Muchas de las ideas que aquí se exponen son el fruto de largas conversaciones con el Dr. Günter Neumann (DFKI, Saarbrücken) y pertenecen a un trabajo en preparación conjunto. Mi agradecimiento más sincero para el Dr. Neumann por permitirme sacar a la luz algunas de estas ideas antes de tiempo. Cualquier error o imprecisión en lo que aquí se expone es, sin embargo, de mi única y exclusiva responsabilidad.

Esta investigación se ha llevado a cabo en el marco de la ayuda 1999SGR/0013 al Grup de Gramàtica Teòrica de la UAB, concedida por la CIRIT, y del Proyecto TIC2000-1681-C02-02, concedido por el Ministerio de Ciencia y Tecnología. La mayor parte del trabajo, sin embargo, se desarrolló durante mi estancia en el Language Technology Lab del DFKI en Saarbrücken, financiada por el propio laboratorio.

Mi agradecimiento al Prof. Hans Uszkoreit por su amable invitación y por los esfuerzos realizados cuando supimos que la beca del Ministerio no llegaría nunca.

 

 

 

Concepciones del lenguaje

 

En los últimos 50 años, las ciencias cognitivas en general y lingüísticas en particular han estado dominadas por una concepción del lenguaje que resumo a continuación:

 

a) El lenguaje es un objeto interno; es decir, un módulo de la mente/cerebro.

b) El lenguaje es un sistema de conocimiento estático; es decir, una gramática interna.

c) El lenguaje, en tanto que sistema de conocimiento, es utilizado por algún tipo de mecanismo de procesamiento; es decir, el lenguaje (o la gramática) se pone en uso.

d) El lenguaje se desarrolla en nuestras mentes de un modo no muy diferente a como otras partes de nuestro cuerpo crecen durante el proceso de desarrollo.

 

Nótese que esta concepción ejerce una importante influencia sobre el modo en que se lleva a cabo la investigación dentro del ámbito de las ciencias lingüísticas. Así, por ejemplo, las afirmaciones de a y de b comportan que el lenguaje es un sistema bien definido, con unas fronteras discretas y, por tanto, diferenciable de otros sistemas similares (por ejemplo, el sistema visual). Asimismo, a y b también conllevan que tiene sentido hablar de conocimiento lingüístico y de conocimiento extralingüístico, aunque en caso alguno comportan que sólo participe conocimiento lingüístico en el proceso de uso del lenguaje. La afirmación de c, por otra parte, es el fundamento de la distinción entre gramática y analizador, común, por ejemplo, entre aquellos que trabajan en campos como la lingüística computacional. Así, escribimos gramáticas utilizando un determinado formalismo y desarrollamos algoritmos específicos para procesar lenguaje natural que sean capaces de usar esas gramáticas. Éste no es el tema principal de este artículo, pero en la medida en que esta idea también está presente en el campo de la psicolingüística, no está de más ponerla de relieve.

No quisiera asociar un nombre concreto a esta colección de ideas. Así pues, aunque es innegable que el pensamiento de Noam Chomsky ha desempeñado un papel fundamental en su construcción, no es del todo evidente que Chomsky asumiera esta relación punto por punto, a pesar del hecho de que, a mi modo de ver, refleja de manera bastante precisa la visión más aceptada en este campo.

Sea como sea, la importancia que estas ideas han tenido es incuestionable. Estoy plenamente convencido de que hoy no estaríamos aquí, ocupándonos de estos temas, si no fuera por ellas. Sin embargo, y precisamente quizá a causa del poder que ellas han ejercido y ejercen sobre nosotros, nadie –o apenas nadie– ha intentado nunca ponerlas en cuestión. Lo cierto es que yo no voy a ser menos. No me propongo aquí plantear un desafío en toda regla a la concepción del lenguaje que hemos construido sobre esa base. Sí me gustaría, de todos modos, sugerir, aunque sea tímidamente, que quizás ha llegado el momento de volver la mirada hacia los fundamentos de nuestra disciplina y, tomando en consideración las muchas cosas que hemos descubierto acerca del lenguaje y la cognición de los humanos en estos 50 años, reflexionar y, si es necesario, repensar un poco esos fundamentos.

La tarea que me propongo aquí es, por tanto, altamente especulativa y programática, abierta a todas las críticas y, sin duda, susceptible de ser revisada en profundidad. Por consiguiente, aunque estoy plenamente convencido de la necesidad de llevar a cabo esta reflexión, mi seguridad se quiebra en el momento de afirmar que lo que aquí diré es correcto.

 

¿Repensar el lenguaje?

 

Edmund Husserl, padre de la fenomenología, en su obra Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologische Philisophie sugiere un principio metodológico de «suspensión» (Ausschaltung) o «puesta entre paréntesis» (Einklammerung) del juicio frente al contenido doctrinal de toda filosofía dada, a fin de realizar todas nuestras comprobaciones dentro del marco de tal suspensión. En cierto modo, lo que propongo al lector es que llevemos a cabo un cierto ejercicio de epojé husserliana en relación con la concepción del lenguaje descrita en la sección anterior, que la pongamos entre paréntesis y que nos concentremos, exclusivamente en los tres puntos siguientes:

 

1. El lenguaje es estructuralmente dependiente.

2. El lenguaje es potencialmente recursivo.

3. El lenguaje es potencialmente multimodal.

 

La primera propiedad tiene que ver con el hecho de que, en español, por ejemplo, las oraciones de (1) forman un par declarativa/interrogativa, mientras que las oraciones de (2), no:

 

(1)       a. El niño está en casa.

            b. ¿Está el niño en casa?

(2)       a. El niño que vino ayer está en casa.

            b. ¿Vino el niño que ayer está en casa?           

 

Como cualquier hablante del español sabe, (2b) no es la forma correcta de formular la pregunta correspondiente a (2a), sino que, en todo caso, ésta debe ser como la oración que tenemos en (3):

 

(3)       ¿Está el niño que vino ayer en casa?

 

Efectivamente, en esta lengua, como en muchas otras de la familia indoeuropea, las preguntas polares se forman alterando el orden relativo del verbo principal y del sujeto tal y como estos aparecen en una declarativa básica. Pero nótese que tenemos que apelar a nociones como las de «verbo principal» y «sujeto», o algo parecido, si queremos que nuestra descripción de cómo se forma una interrogativa polar en español sea lo suficientemente precisa. Claramente, no podemos decir algo así como Tómese el primer verbo en una secuencia de palabras y colóquese éste al principio de la oración. Ello es así porque, de un modo u otro (eso no nos concierne de momento), los humanos percibimos las proferencias en lenguaje natural como objetos estructurados, no como meras secuencias de palabras.

La segunda propiedad de nuestra lista tiene que ver, en cambio, con el hecho de que los humanos poseemos el potencial de producir un número infinito de oraciones infinitamente largas, como se ilustra en (4):

 

(4)       a. Juan me ha dicho que María vendrá.

            b. Juan me ha dicho que Pedro piensa que María vendrá.

            c. Juan me ha dicho que Pedro piensa que Luis considera que María vendrá.

 

Esta propiedad es lo que Chomsky denomina «infinitud discreta» y, claramente, está relacionada con la primera: la recursividad es imposible sin estructura. Antes de seguir adelante, conviene despejar un posible malentendido en relación con la recursividad: no debemos confundir el potencial de producir oraciones infinitamente largas con el hecho de que realmente produzcamos oraciones infinitamente largas o, simplemente, muy largas. El potencial existe, como lo evidencian los ejemplos, aunque nunca le saquemos todo el partido. Son cosas distintas.

Me queda una propiedad, la tercera, que, por ser la última, no es la menos importante, aunque a menudo los lingüistas se olvidan de ella. El lenguaje no está intrínsecamente orientado hacia el habla. Cierto, el habla es la manera más frecuente que utilizamos los humanos para externalizar proferencias en lenguaje natural, pero no debemos tomar este hecho como evidencia de que el lenguaje está adaptado o cortado por un patrón especial que lo orienta hacia el habla como único medio de expresión posible. Existen humanos sin habla (los sordomudos, por ejemplo), pero no son humanos sin lenguaje. De hecho, como todo el mundo sabe, los sordomudos son perfectamente capaces de desarrollar un sistema que les permite comunicarse a través de signos. Ese sistema no es, en sentido alguno, una forma más simple o reducida de lenguaje, sino que posee también las propiedades de la dependencia estructural y de la recursividad, la única diferencia es que se procesa con el sistema visual en vez de con el sistema auditivo: siempre lenguaje, pero en modalidades distintas.

Resumiendo lo dicho hasta ahora. Los humanos poseemos la capacidad de producir/comprender un número potencialmente infinito de proferencias en lenguaje natural. Dichas capacidades de comprensión/producción no están adaptadas a una modalidad específica, ya que tan lenguaje es un conjunto de estímulos vocales/auditivos como lo es un conjunto de estímulos gestuales/visuales. En ambos casos, nuestros mecanismos de comprensión son capaces de percibir una estructura en esos estímulos, lo cual nos permite atribuirles una interpretación.

Como habrá podido apreciar el lector, nuestra estrategia de suspender determinadas concepciones sobre lo que es el lenguaje y de concentrarnos en las tres propiedades que acabamos de comentar ha tenido como consecuencia que, poco a poco, fuera tomando forma una percepción un tanto diferente de lo que es el lenguaje. En efecto, hasta aquí, la concepción que ha ido tomando cuerpo es la de lenguaje en tanto que proceso cognitivo. No se trata, sin embargo, de negar (ni de afirmar, insisto) que no haya nada en todo este asunto que eventualmente merezca el título de sistema de conocimiento o gramática: simplemente se trata de demostrar que, como principio metodológico, tan legítimo es conceder prioridad epistemológica al problema del uso del lenguaje, como conceder esa prioridad a cualquier otro problema (el de la adquisición de un sistema de conocimiento, por ejemplo). No creo que exista elemento alguno a priori que nos permita valorar las virtudes y los defectos de uno u otro enfoque.

Si lo que queremos explicar, por tanto, es de qué modo consiguen los humanos comprender y producir proferencias en lenguaje natural, debemos buscar mecanismos cognitivos capaces de llevar a cabo esa tarea y que, además, posean las tres propiedades que hemos comentado.

 

Cognición social y procesamiento visual

 

En un contexto ligeramente distinto al presente, he sugerido que las propiedades de las dependencias estructural y de la recursividad no son exclusivas del lenguaje humano.1 Limitaciones de espacio me impiden hacer una exposición detallada de esta propuesta, desarrollada dentro del marco de una teoría de los orígenes del lenguaje, pero intentaré presentar algunos de sus puntos esenciales.

Si hemos de hacer caso de lo que los etólogos nos cuentan sobre la organización de las sociedades de primates (véanse, especialmente, las obras de De Waal2,3), la complejidad de las múltiples relaciones sociales que los diferentes individuos establecen de manera permanente o temporal, especialmente en grupos de chimpancés y bonobos, nos lleva necesariamente a tener que asumir que éstos disponen de algún tipo de categorías cognitivas que les sirven para representar dichas relaciones. El sistema contendría, como mínimo, categorías para la representación de los diferentes tipos de relaciones y, además, categorías para identificar a los individuos que pueden entrar en cada relación. Supongamos que se trata de esquemas abstractos muy simples como los siguientes:

 

(5)       a. aliado (X, Y)

            b. madre (X, Y)

            c. enemigo (X, Y)

            d. hermano (X, Y)

 

Antes de seguir adelante, un aviso. Los esquemas de (5) no son una teoría sobre cómo representan las relaciones sociales los chimpancés. No son más que un ejemplo que me sirve para poner de relieve algunas propiedades fundamentales del sistema. Lo que me interesa es que dichos esquemas son potencialmente recursivos, como se muestra en (6):

 

(6)       enemigo (hermano (X, Y), madre (W, Z))

 

La idea de que el lenguaje puede tener sus orígenes en la cognición social no es nueva, numerosos autores han elaborado propuestas similares (véanse algunos autores,4-7 entre muchos otros). De hecho, entiendo que una intuición similar está en la base de la propuesta de Derek Bickerton de que el lenguaje es, principalmente, un sistema de representación,8,9 no un sistema de comunicación.

Coincido plenamente con el Prof. Bickerton en rechazar la idea de que el lenguaje humano debe haber tenido sus orígenes en un primitivo sistema de comunicación animal compuesto por un número finito de llamadas. Necesariamente, las complejidades del lenguaje humano nos obligan a suponer que éste surgió a partir de un sistema ya inherentemente más complejo que, eventualmente, pasó a asumir funciones comunicativas. Supongamos que fue así y, obviando algunos detalles sobre cómo pudo haber ocurrido, imaginemos que uno de nuestros antecesores fue capaz de vocalizar (o gestualizar) el contenido de (6) como algo parecido a lo que tenemos en (7), cuya traducción es (8):

 

(8)       enemigo hermano Luit Tarzan madre Amber Nikkie

Luit, que es el hermano de Tarzan, es el enemigo de Amber, que es la madre de Nikkie

 

Me he permitido utilizar los nombres con los que Frans de Waal bautizó a los chimpancés del zoo de Arnhem para su exhaustivo estudio publicado en 1982.2 El ejemplo de (7) posee muchos elementos comunes a lo que Bickerton denomina protolenguaje.8,9 En principio, una proferencia como ésta no precisa nada más que un sistema de representación como el descrito y, evidentemente, la capacidad de exteriorizar el «pensamiento» que subyace a ella, construido sobre la base del sistema de representación. Pero lo que nos interesa en relación a este punto no es tanto el punto de vista del emisor del mensaje como el de su interlocutor. Efectivamente, este último tiene un problema, un problema de análisis. Si asumimos que la interpretación de (7) es (8), entonces el receptor debe ser capaz de procesar el estímulo y de asignarle una estructura que le permita llegar a la interpretación correcta. Es decir, tiene que ser capaz de conseguir algo como lo que tenemos en (9):

 

(9)       [enemigo [hermano Luit Tarzan] [madre Amber Nikkie]]

 

Y, eso, no es trivial. Se necesita algo más que un sistema de representación, se precisa un principio constructivo, un mecanismo capaz de producir estructura.

En su libro Language & Species, Derek Bickerton sugiere, tímidamente, que los orígenes de dicho principio constructivo podrían estar en las capacidades de procesamiento visual de nuestros antecesores. Por lo que sé, Bickerton no ha llevado adelante esta sugerencia, que volvemos a encontrar en un breve comentario de L. Brothers y M. Raleigh10 y, desarrollada de forma más explícita, en un artículo de M. Sereno.11

La propuesta de Sereno se basa en la observación de que la distribución en el espacio de los diferentes miembros de un mismo grupo de primates nunca es aleatoria. Al contrario, un análisis detallado de sus desplazamientos nos revela que cada individuo tiende a elegir su posición en función de la posición de otros individuos y de la relación social que mantiene con ellos, de tal modo que aliados y familiares suelen estar más próximos entre sí que enemigos y/o individuos sin relación de parentesco. Según Sereno, ello comporta necesariamente disponer de mecanismos capaces de procesar en tiempo real escenas visuales complejas, de analizar los diferentes elementos que las componen. Pero ese análisis debe poder realizarse sobre la base de un conjunto de categorías de representación de las diferentes relaciones sociales y de los diferentes individuos que componen el grupo.

Mi propuesta sería, por tanto, que el lenguaje, con sus propiedades actuales, habría surgido de la conexión casual entre un sistema de representación y un sistema de procesamiento de escenas visuales complejas, formando lo que podríamos denominar un sistema de sistemas (por utilizar un término neuroanatómico acuñado por A. Damasio.12 En este escenario, como en el propuesto por Bickerton en sus trabajos,8,9,13  nuestras capacidades protolingüísticas antecedían en el tiempo a nuestras capacidades sintácticas (por decirlo de alguna manera), las cuales habrían surgido de forma casual y repentina. No puedo extenderme en este punto, cuyos detalles he expuesto en mi trabajo citado anteriormente,1 aquí, me interesa hacer hincapié en algunas consecuencias de lo dicho hasta ahora, lo que me servirá, además, para extraer algunas conclusiones finales.

 

Lenguaje y arquitectura cognitiva: a modo de conclusión

 

Ya advertí al principio de este artículo que mucho de lo que aquí se expone es altamente especulativo y programático. Por este motivo, me limitaré a terminar enumerando lo que, a mi modo de ver, son algunas de las consecuencias más importantes de lo expuesto. Lo haré sin ánimo de defenderlas ni justificarlas, sólo espero que sirvan como provocación, como elemento de reflexión para todos aquellos que intentamos conocer mejor los misterios del lenguaje y la cognición.

En un sentido estricto, el concepto tradicional de gramática (por ejemplo, el heredado de la teoría de los lenguajes formales) no tiene cabida alguna aquí, ni tampoco la idea de que hay un procesador que «usa» esa gramática.

En una interpretación muy restrictiva, el lenguaje es, solamente, un sistema computacional, un principio constructivo regido por una operación de fusión, de unificación o de adjunción (aquí que cada cual utilice el término que le resulte más familiar).

Todos los sistemas de entrada (el fonético, el visual) y el léxico (o el sistema de representación) son externos al sistema computacional. Si se prefiere, son extralingüísticos, aunque me temo que una lectura tan restrictiva de lo que es lingüístico y de lo que no lo es tiene un interés muy relativo en este contexto.

De hecho, el «léxico», el sistema de representación, podría identificarse con el sistema central de la mente de Fodor,14 aunque, en lugar de ser una colección heterogénea de procesos que operan sobre las representaciones construidas por los sistemas de entrada, sería lo que podríamos denominar una Unidad de Gestión de Memoria (UGM) estructurada, un almacén de información de diferentes tipos organizado como una red de unidades interconectadas o, quizá, como una red de redes. Ya Bickerton ha observado que el cerebro humano contiene múltiples representaciones de un mismo concepto en modalidades diferentes e interconectadas entre sí: la UGM no sería más que eso.9

Los sistemas de entrada no estarían directamente conectados con el sistema computacional. Toda relación con este último estaría siempre mediatizada por la UGM, que sería la encargada de proporcionar la información de entrada al sistema computacional. El proceso de comprensión de un estímulo lingüístico en formato acústico, podría describirse, más o menos, así: el sistema de procesamiento de la señal recibiría el estímulo el cual se enviaría, segmentado en unidades prosódicas (palabras, por ejemplo), a la UGM. Ello produciría un patrón de activación que constituiría la matriz de unidades con las que el sistema computacional debe operar. La representación resultante sería enviada por el sistema computacional a los centros de control motor para su eventual «exteriorización» y al módulo fonético, el cual la devolvería a la UGM como nuevo estímulo en un proceso de realimentación del sistema. Muchos reconocerán aquí algunos puntos de contacto con el modelo propuesto por Chomsky en el marco del programa minimista.15,16

En este sentido, el «pensamiento» (en una de sus formas, al menos) no es más que un patrón de activación de unidades en la UGM. Este patrón se produce por la acción de algún estímulo externo o de forma espontánea, a través de la interacción de los propios componentes de la UGM entre sí y con el sistema computacional. Es en este sentido que podemos decir que el lenguaje «estructura» nuestros pensamientos.

Bien, pues eso es todo, que no es poco. El tiempo dirá cuánto merece la pena conservar y cuánto debemos rechazar definitivamente.

 

 

Bibliografía

 

1 Balari S.: «El simi peramòrfic. Desenvolupament, evolució i orígens del llenguatge» (El simio peramórfico. Desarrollo, evolución y orígenes del lenguaje), texto de una conferencia dictada en la Facultad de Ciencias de la UAB y organizada por el Grup d'Evolució Humana i la Societat Catalana de Biologia, marzo 2002.

2 De Waal F.B.M.: Chimpanzee Politics, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1982.

3 De Waal F.B.M. (ed.): Tree of Origin, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 2001.

4 Donald M.: «Mimesis and the Executive Suite: missing links in language evolution», en: J.R. Hurford, M. Studdert-Kennedy, C. Knight (eds.), Approaches to the Evolution of Language. Social and Cognitve Bases, Cambridge, Cambridge University Press, 1998: 44-67.

5 Dunbar R.I.M.: Grooming, Gossip, and the Evolution of Language, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, 1996.

6 Dunbar R.I.M.:  «Theory of mind and the evolution of language», en: J.R. Hurford, M. Studdert-Kennedy, C. Knight (eds.): Approaches to the Evolution of Language. Social and Cognitve Bases, Cambridge, Cambridge University Press, 1998: 92-100.

7 Worden R.: «The evolution of language from social intelligence», en: J. R. Hurford, M. Studdert-Kennedy, C. Knight (eds.): Approaches to the Evolution of Language. Social and Cognitve Bases, Cambridge, Cambridge University Press, 1998: 148-166.

8 Bickerton D.: Language & Species, Chicago, The University of Chicago Press, 1990.

9 Bickerton D.: Language and Human Behavior, Seattle, University of Washington Press, 1995.

10 Brothers L., Raleigh M.J.: «Simians, space, and syntax: Parallels between human language and primate social cognition», Behavioral and Brain Sciences 1991; 14 (4): 613-614.

11 Sereno M.I.: «Language and the primate brain», CRL Newsletter 1990; 4 (4). Disponible en: http://crl.ucsd.edu/newsletter.

12 Damasio A.R.: Descartes' Error, Nueva York, Avon Books, 1994.

13 Bickerton D.: «Catastrophic evolution: the case for a single step from protolanguage to full human language», en: J.R. Hurford, M. Studdert-Kennedy, C. Knight (eds.): Approaches to the Evolution of Language. Social and Cognitve Bases, Cambridge, Cambridge University Press, 1998: 341-358.

14 Fodor J.A.: The Modularity of Mind, Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 1983.

15 Chomsky N.: The Minimalist Program, Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 1995.

16 Chomsky N.: «Minimalist inquiries», en: R. Martin, J. Uriagereka (eds.): Step by Step. Essays in Minimalist Syntax in Honor of Howard Lasnik, Cambridge, Massachusetts, The MIT Press, 2000.

 

 

 

Sergio Balari Ravera

 

Profesor titular de lingüística general en la Universitat Autónoma de Barcelona, donde se doctoró en filosofía y letras 1n 1993, después de pasar diversos períodos en la City University of New York y la Stanford University en Estados Unidos, así como en la Universidad del Sarre en Alemania. Entre 1978 y 1991 fue miembro activo del equipo de investigación EUROTRA-España, en el marco del proyecto de traducción automática EUROTRA financiado por la Unión Europea. Ha publicado diversos artículos en revistas y libros sobre temas diversos relacionados con la teoría gramatical y la lingüística computacional.

 

Sergi.Balari@uab.es