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Artículos
Barcelona
en busca de los sentidos
CS2002. I Encuentro Internacional de
Ciencias Sensoriales y de la Percepción 2002
Barcelona in the
search for senses CS2002. I International Meeting on Sensory Sciences and Perception 2002 Montserrat Daban
Este
artículo nos introduce en un espacio patrimonio de la ciencia sensorial,
guiándonos en este viaje a través de los sentidos y el conocimiento. Siguiendo
el planteamiento que propone, asistimos a la creación de las nuevas ciencias
sensoriales y de la percepción, entorno de fronteras difusas que invaden las
ciencias contribuyentes como la neurofisiología, la estadística o la
psicobiología. El hilo argumental que dibuja es a la vez crónica del encuentro
CS2002 y reflexión sobre las necesidades futuras de esta disciplina en
redefinición. This article drives us into a space land-marked
by sensory science, accompanying us along this trip through senses and
knowledge. Following the proposed approach, we witness the creation of the new
Sensory and Perception Sciences, environment of diffused borders invading other
contributing sciences, such as neurophysiology, statistics or psychobiology.
The argumental thread designed accounts, at the same time, for a chronicle of
the CS2002 and a reflection for the future requirements of this discipline
being redefined.
El
«universo local» de las ciencias sensoriales
Hace tan sólo cinco años, Armand Cardello (destacado investigador en psicología de la evaluación sensorial) se preguntaba, desde las páginas de la revista Cereals Food World, si nos hallábamos ante el final de las ciencias sensoriales. Lo que le inducía a interrogarse en estos términos era la constatación de que en los 30 años precedentes se había avanzado muy lentamente por ese camino y que los progresos en el conocimiento de los fenómenos sensoriales básicos eran deudores de los hallazgos de la bioquímica y la biofísica, no de las ciencias sensoriales. Asimismo, las herramientas estadísticas utilizadas en la interpretación de los datos, obtenidos y dimensionados por tests y escalas que apenas habían cambiado durante los últimos 30 años, se habían desarrollado en la década de los cincuenta. La pregunta de Cardello estaba formulada con una gran simplicidad, no exenta de cierta inocencia: «¿Hemos alcanzado la frontera del conocimiento futuro o estamos asistiendo al final de las ciencias sensoriales?». En el mismo año 1997 el entonces presidente de Estados
Unidos, Bill Clinton, defendía en la Universidad Estatal de Morgan en
Baltimore, Maryland, la idea de «conocimiento e inteligencia distribuida»,
KDI (Knowledge and Distributed Intelligence). Por supuesto que habíamos
alcanzado una nueva frontera con el conocimiento. Quienes nos guiaban por sus
accesos nos proponían imaginar un nuevo siglo, lleno de promesas, moldeado por
la ciencia, tallado por la tecnología e impulsado por el conocimiento. Es en
brazos de este conocimiento que podremos acelerar nuestra capacidad humana de
modelar los más complejos sistemas, como la vida. De simular las realidades más
inalcanzables, como el cerebro.
El conocimiento de las ciencias sensorialesLos sentidos como intermediarios
Al cruzar esta
frontera de la mano del conocimiento, es inevitable abrir los ojos y admirar la
forma en que estamos ganando la partida a uno de los enigmas más inexpugnables
y antiguos de la humanidad: cómo adquieren los seres humanos el conocimiento
sobre el mundo a través de los sentidos. A este lado de la frontera, la
percepción es información, conocimiento e inteligencia distribuida. La
conciencia y el conocimiento manipulan los procesos sensoriales y
la percepción. Cognición y sensación se alían en la
percepción. Disponemos de una disciplina científica que evoca, mide, analiza e
interpreta las reacciones ante los estímulos y a la cual debemos mimar, por su
insólito poder sobre las decisiones humanas. Los sentidos de la vista, oído,
olfato, gusto y tacto son intermediarios en la percepción de la materia y
objeto de la ciencia sensorial, universo local de disciplinas científicas y
tecnológicas en tanto que ciencia interdisciplinaria, y como tal, está aquejada
de limitaciones, como las impuestas por la dificultad de identificar todos los
fenómenos a tratar o las tecnologías a aplicar. Es una puerta abierta sobre la
que es difícil dibujar un marco o establecer restricciones, ya que destacando
alguno de los mundos que conforman este universo estaremos creando un perfil
nuevo, flexible y adaptable, con fronteras difusas y territorios constantemente
arrebatados a las otras ciencias contribuyentes. No estamos llegando al final de las ciencias sensoriales, estamos
asistiendo a su creación. Respecto a su concepción clásica, no hay duda de que
es necesario incorporar aspectos científicos básicos, como el estudio de los
mecanismos sensoriales que permiten la detección y la transducción de la
información del entorno, recogida por los sentidos, y su integración, o las
representaciones perceptivas y fenómenos de cognición y memoria asociados, así
como determinados aspectos aplicados como la evaluación y el análisis sensorial
o la identificación química exhaustiva de los componentes inductores de la
sensación, sin olvidar sistemas y tecnologías computacionales de detección que
emulan los sentidos naturales o el aprendizaje del procesamiento sensorial.
La información
y el desafío del medio
La
anticipación como señal de vida
La dificultad en la definición del ámbito de estas disciplinas es sólo
comparable a la minuciosidad con la que nuestros sentidos diseccionan la
información del medio. La identificación de sus desafíos y la incorporación de
la información que nos proporciona en una plasticidad cerebral, propiciada por
millones de años de evolución, han sido las mejores herramientas para la
adaptación y el dominio del entorno. A los curiosos y atentos observadores
inmaduros les fue otorgada, como premio a su plasticidad conductual, la
capacidad de anticipación al medio y, consecuentemente, de su manipulación.
Tal vez, por imposición de una de las más perentorias necesidades en
este ejercicio de supervivencia, nada merece un esfuerzo de percepción tan
intenso como lo que nos alimenta. Porque el medio es predominantemente
comestible, somos catadores instintivos, auténticos expertos sensoriales de
alimentos, capaces de extraer de nuestra dieta materia e información. La
alimentación es, de nuestras actividades, una de las que requiere mayor
atención sensorial. Por necesidades nutricionales, pero también por saciar el
ansia de conocimiento y percepción.
Raíces
históricas de las ciencias sensoriales
La
exuberancia mediterránea y los paradigmas dominantes
Para evaluar lo sensorial más allá del
instinto es imprescindible un entorno propicio a los sentidos. Cuna de
excepción, el Mediterráneo ha presenciado la evolución del color, la limpidez,
la fluidez, la efervescencia, el aroma, el bouquet, la astringencia...mensajes
organolépticos del entorno que alcanzan su clímax en los productos
mediterráneos por excelencia: trigo, aceituna, frutos secos, miel, uva... No
obstante, si es cierto que los modelos dominantes imponen sus paradigmas científicos,
deberíamos obviar las legítimas raíces mediterráneas de la sensorialidad para
relatar que la evaluación sensorial como disciplina se origina tras la Segunda
Guerra Mundial, en un centro de investigación sobre alimentos del ejército de
Estados Unidos, situado en Chicago. Sus investigadores observaron la necesidad
de un enfoque psicológico a la evaluación nutricional, ante el rechazo que
algunos de los alimentos provocaban en los soldados: aún cumpliendo las
especificaciones nutricionales al uso, no resultaban satisfactorios desde el
punto de vista sensorial. Esta misma reacción, observable incluso entre
miembros de poblaciones fuertemente golpeadas por el hambre que rechazan
alimentos energéticos por resultarles extraños al paladar, ilustra la determinante
influencia de la sensorialidad en la alimentación (nos lo recuerda Ann C.
Noble, una de las más influyentes científicas sensoriales del panorama
internacional). Con ese mínimo impulso que vincula percepción y necesidad
alimentaria se avanza en la década de los sesenta para establecer las bases de
la evaluación sensorial, sustituyendo la mera opinión experta por el método
científico en el análisis de alimentos. En esta nueva visión de la realidad
sensorial, la decisión está en manos del consumidor, que proporciona el
estándar último. De nada sirve que el experto ensalce la calidad de un
producto. Si el consumidor no es capaz de percibir esa calidad, es que no
existe.
Consolidación
de una ciencia aplicada
La esencia
de la organolepsis alimentaria
Y los expertos se lanzan a la caza de los paradigmas que
marcan las preferencias, con la ayuda de los instrumentos que tienen a mano. La utilización de la
percepción sensorial ha sido una constante en la química analítica. Todo el
análisis cualitativo se basaba en la observación de la turbidez y el color
(vista) y del desprendimiento de vapores (olfato) para caracterizar un elemento
o compuesto. Pero donde la aplicación de la percepción sensorial desempeñará un
papel decisivo es en la evaluación sensorial, la caracterización y evaluación
de alimentos que ya no sólo se sirve de los cinco sentidos, sino que también
contempla la intervención de una dimensión afectiva que induce a la aceptación
o rechazo. Con los sentidos se recibe información del color, la textura, la
frescura de los alimentos, su crujir, su aroma y su sabor, y también su dureza,
rugosidad y temperatura. Pero al añadir el factor afectivo se alcanza la
evaluación de un conjunto de percepciones patrimonio de la ciencia sensorial,
que contempla la medición y regulación de sensaciones, la definición de
umbrales y el tratamiento estadístico de datos que incluye, por supuesto, el
impacto hedónico en el consumidor. La consolidación de una disciplina aplicada requiere el establecimiento y la transmisión de principios y métodos basados en hechos científicos. En este proceso es vital la conjunción instrumental del análisis sensorial con los sentidos. Metodologías combinadas como la cromatografía de gases con detección sensorial humana, la olfatometría permite dotar al instrumento de la capacidad del operador de asignar y diferenciar, es decir, identificar con una sensación, el olor, la molécula que acaba de liberar el equipo. Las limitaciones prácticas a la sistematización e instrumentación en esta disciplina son la consecuencia directa de no disponer aún de una teoría completa sobre la percepción que nos permita obtener más información de la sensación recibida por el sentido del olfato. No podemos avanzar porque, hasta el momento, únicamente utilizamos este sentido como una herramienta, aunque juguemos con ventaja: la sensibilidad del olfato es mucho mayor que la de un detector electrométrico o, como no duda en afirmar André Holley, antiguo director del Centro Europeo de Ciencias del Gusto, los detectores físicos, llamados incorrectamente «narices electrónicas», resultan útiles para ciertas aplicaciones industriales, pero pueden no ser sensibles a matices entre olores que la nariz humana sí percibe y, además, son incapaces de tener en cuenta la dimensión hedónica de un aroma.
La comunicación
al servicio de la tecnología
Semántica,
ruedas de palabras y ecuaciones
La dimensión hedónica y
sensorial percibida en el encuentro con un alimento es tanto más intensa cuanto
más compleja es la constitución del objeto consumible. La riqueza organoléptica
del vino es, desde esta perspectiva, paradigmática para la percepción. Sin
embargo, a pesar de interesar a la totalidad de los sentidos, es su aroma el
atributo que alcanza mayor complejidad, hasta el punto de ser clasificado en el grupo de
aromas que no pueden ser reconstituidos por mezcla de los componentes químicos
que los forman. Tan rica como su aroma es la semántica resultante de la
acumulación de experiencias e íntimos contactos con la percepción bioquímica de
sus componentes. Si la palabra se incorpora a las vivencias como un proceso cognitivo más, y su valor semántico reside en la capacidad para evocar la vivencia, entonces el vino es una de las experiencias que merece cristalizar tanto esfuerzo analítico y descriptivo. La capacidad evocadora del vocabulario enológico, a menudo rozando la poesía, otorga al vino bondades, caracteres, atributos físicos, texturas y notas florales, en una transmisión de información cuyo éxito depende de la capacidad del emisor de evocar en el receptor vivencias que compartan propiedades semánticas. No sorprende, pues, que uno de los grandes logros de las ciencias sensoriales en los últimos años sea la sistematización de esta semántica por Ann Noble, en una rueda de aromas basada en la ordenación de palabras, no de cifras, cuyo propósito inicial era facilitar la comunicación relativa al aroma del vino gracias a una terminología estándar y cuya vigencia sigue intacta desde 1987, porque los términos que incluye son específicos y analíticos, no hedonistas.
No obstante, seguimos el camino
trazado por el nuevo conocimiento hacia la modelización de sistemas complejos.
Si
en el último tercio del
siglo pasado apenas éramos capaces de interpretar la percepción de los más de
800 compuestos identificados en la fracción volátil del vino, el progreso
tecnológico de los últimos años ha resuelto las notas aromáticas más
importantes de este alimento compuesto por delicados equilibrios moleculares.
Es tan sólo cuestión de tiempo que el aroma del vino y, por lo tanto, el de
cualquier producto, pueda expresarse mediante una ecuación química. Las
implicaciones que para la industria sensorial tendrá la situación descrita tal
vez paliarán cierta subestima del sector por la trascendencia del análisis
sensorial, generada tal vez por la falta de nuevas soluciones a los viejos
problemas de siempre.
El encuentro de Barcelona
Carencias del
sector vitivinícola
Motores de
innovación
enoalimentaria
Dicen, los que
conocen el tema, que en la industria vitivinícola la evaluación sensorial del
vino no es analítica, sino que las decisiones concernientes a la elaboración de
un perfil aún se basan en las evaluaciones informales de consultores, expertos,
elaboradores o por consenso entre varios agentes implicados. La disponibilidad
de métodos sensoriales sofisticados no es óbice para la infrautilización del
análisis sensorial por parte de la vitivinicultura mundial. Y resulta
sorprendente, ya que si se relacionan los resultados de los análisis
descriptivos con los estudios de preferencia de los consumidores (que,
recordemos, sigue siendo el árbitro final), es posible identificar diferencias
que encajan en los distintos segmentos del mercado.
Los promotores
y el diseño del CS2002
Realidad y
anecdotario del encuentro
Resulta por consiguiente inédito, pero también estimulante, que surja justamente del entorno vitivinícola primero la idea, después la necesidad, de celebrar un encuentro internacional de ciencias sensoriales y de la percepción, proyecto que en pocos meses se convertiría en el “CS2002”, celebrado en Barcelona y Sant Sadurní d’Anoia entre los días 20 y 22 de junio de 2002. Como estimulante e inédito resulta el patrocinio del Grupo Freixenet que, en una clara muestra de anticipación al entorno, se implicó institucional y científicamente en el proyecto. Al encuentro, cuyo ideario y organización nos remiten a Rubes Editorial y a su publicación Percepnet, fueron invitados medio centenar de científicos y profesionales sensoriales españoles, denotando la preeminencia de expertos en vino la importancia de esta industria sensorial en nuestro país. Compartieron espacio y debate con dos participantes de excepción: André Holley (Centro de Ciencias del Gusto, Universidad de Borgoña, Dijon, Francia) y Ann Noble (Universidad de California, Davis, Estados Unidos). El escenario dibujado en el transcurso de las sesiones se consiguió invitando, casi obligando, a todos los participantes a seguir de cerca el hilo argumental propuesto, y que partía de los principios científicos de las ciencias sensoriales hacia el análisis sensorial de los alimentos, la implicación de las nuevas tecnologías en estas disciplinas y las aplicaciones industriales en productos de elevado perfil sensorial. Para ello, se hizo confluir en el encuentro las diferentes disciplinas que coinciden en las ciencias sensoriales: la neurofisiología, la psicología, la ingeniería computacional, la química analítica y el análisis sensorial. Lo arriesgado del planteamiento arrancó alguna sonrisa inicial que rápidamente se convirtió en un guiño de complicidad al comprobar que el congreso promovía, sin renunciar lo más mínimo a la proximidad personal, el estricto seguimiento del programa, el diálogo apasionado y la proximidad intelectual y científicamente rigurosa con los sentidos, auténticos marcadores semánticos y referentes culturales del marco físico elegido para la reunión. Barcelona y, por justa tradición, Sant Sadurní d’Anoia, se convirtieron en escenarios en busca de los sentidos.
Los asistentes,
científicos e industriales
De la incomunicación
al debate
Es un defecto ecuménico que la especialización genere una dificultad para entablar comunicación entre los grupos de investigación y les mantenga cautivos en los estrictos contornos de sus competencias científicas, con escasa o defectuosa interdisciplinariedad. Sólo un gran esfuerzo de compatibilización permite enlazar correctamente los avances logrados por distintos colectivos en un continuo científico lo suficientemente denso como para sostener colaboraciones posteriores. Éste es el supuesto que induce a propiciar el encuentro de científicos y profesionales sensoriales que trabajan en campos complementarios, pero tradicionalmente inconexos, y éste era el objetivo primordial que se había fijado la organización del CS2002, porque una gran parte de los participantes no había coincidido nunca en otro foro científico. Incluso algunos de los invitados, desde su proyección industrial, raramente tienen ocasión de participar en encuentros con algún perfil interdisciplinario. Se trata de un planteamiento poco habitual, ya que normalmente los congresos científicos se orientan más como un escaparate de novedades en investigación y como un estímulo a la competitividad dentro de la especialización más estricta que como una oferta de transdisciplinariedad.
Necesidades
concretas de las ciencias sensoriales
Objetivos y
perspectivas del CS2002
La necesidad de
establecer una metodología robusta y consistente, de encontrar la solución a
una serie de preguntas experimentales que ahora carecen de respuesta y de
postular un marco teórico con principios válidos para todas las disciplinas
implicadas son prioridades de las ciencias sensoriales. La trasdisciplinariedad
y la verdadera transferencia de datos entre disciplinas conforman el camino
ineludible hacia la estructuración de las ciencias sensoriales. Los
acercamientos transdisciplinarios permiten borrar las fronteras de disciplina
al nivel de las asunciones, metodologías y estrategias explicativas. El
esfuerzo requiere una intencionalidad activa, ya que ninguna ciencia le exige a
la sensorial que avance porque necesita de sus logros. Pero lo contrario sí es
cierto. Las ciencias sensoriales necesitan que los avances en genética,
bioquímica, biofísica, psicología o estadística lleguen puntualmente. Precisan con
urgencia un nuevo diálogo entre disciplinas y entre industria y grupos de
investigación que comunique necesidades y plantee innovaciones. En palabras de
Óscar Vilarroya, miembro del Comité Científico del CS2002, «los grupos que
trabajan en ámbitos transdisciplinarios pueden preguntar cuestiones más
complejas y dar soluciones innovadoras a problemas de investigación. Con
miembros de diferentes disciplinas trabajando juntos, se puede ganar en
programas de investigación». Por ello, una de las consecuencias esperadas de
este encuentro es que se consiga identificar los retos e incluirlos en dos
agendas: la agenda científica y la agenda socioprofesional. La primera será una
herramienta para potenciar la investigación básica y su integración en el
desarrollo de aplicaciones, abriendo espacios de trabajo y publicación comunes.
La segunda se dirigirá a la creación de un marco institucional que estimule la
cooperación y el libre intercambio de información científica.
Rutas
sensoriales
De la
palabra a la ciencia
De la
ciencia a la tecnología
De la
tecnología a la aplicación
El interés de esta
segunda agenda no es desdeñable. Han sido fundamentalmente las aplicaciones
industriales las que han empujado el avance de las ciencias sensoriales en
general y del análisis sensorial en particular. Una semántica que concretice la
experiencia evocada es un primer paso ineludible en el acercamiento de un
producto de consumo a su destino final. Pero sin detenerse: de la evaluación
sensorial (palabra) a la sistematización de su metodología (ciencia) y, ya bajo
este nuevo prisma, a la tecnología y la aplicación industrial.
Hoy
es imposible separar industria de diseño y diseño de percepción sensorial. El
experto sensorial, entrenado en unidades científicas y tecnológicas, será un
elemento imprescindible en el desarrollo de procesos y productos de consumo,
desde las primeras etapas, empezando con la identificación y creación de
necesidades, a las finales, controlando la calidad de los productos industriales o
acercándolo al paradigma sensorial y, por tanto, cultural del consumidor.
Otorgamos el reconocimiento a la espectacularidad a sistemas que, de alguna
forma, imitan a nuestros sentidos, avanzando a medida que lo hacen las
herramientas computacionales y electrónicas. Por el momento, tenemos lenguas,
narices y sistemas más o menos rudimentarios de visión y audición, aplicaciones
que sustituyen el perceptor humano por sensores para la discriminación de
compuestos en mezclas complejas o la identificación de contaminantes en medios
tóxicos. No es descabellado hablar ya de cerebros electrónicos, en robots
capaces de «percibir» el mundo que les rodea, obligados a interactuar con el
medio y responder en consecuencia. Estos sistemas no han llegado a superar ni
en una diezmilésima parte la capacidad de discriminación humana, pero sus
numerosas aplicaciones industriales les auguran un futuro ciertamente
prometedor.
Más allá del 2002
El debate de la
perspectiva La necesidad
de un CS2004
La siguiente etapa llega por sí sola: reflexión sobre este futuro. Un futuro que tiene entorno y fecha, Barcelona 2004. Si seguimos los consejos de quienes nos guían por este lado de la frontera del conocimiento, adentrándonos en este siglo (cuyos límites son más tecnológicos que gregorianos), deberíamos encontrarnos ante un panorama lleno de promesas y modelado por la ciencia y la tecnología.
Ciertamente, para el 2004
habrá que reformular
el encuentro. Sabemos que el nivel de los grupos que investigan en ciencias
sensoriales es más que notable. Hemos constatado que la mayoría de ellos
anhelan este trasvase de conocimientos y agradecen puentes de comunicación como
el CS2002. Pero también hemos observado que en este momento las tecnologías
quedan mucho más lejos del día a día que los principios científicos, y hemos
concluido del CS2002 que las aplicaciones industriales deberán esperar un
tiempo precioso a su implementación, y que la inversión en ciencia básica y
aplicada debe ser mucho más generosa que lo que se prevé. Es necesario plantear
un CS2004 abierto a lo que pueda suceder en los próximos 20 meses. No olvidemos
que nos enfrentamos al siglo de los milagros: la necesaria anticipación al
entorno nos exigirá abrir los sentidos para percibir los cambios. Porque tal
anticipación requiere estrategia.
El horizonte
del estudio y diseño sensorial
Un salto con
Barcelona al fondo
Barcelona ha estado
trabajando en los últimos años con instrumentos muy precisos para proyectarse
en la próxima década como Ciudad del Conocimiento, para liderar la revolución
digital. Una de las imágenes de Barcelona que más impresionó las retinas del
mundo durante los Juegos Olímpicos de 1992 fue la del saltador de trampolín con
las azoteas de la ciudad al fondo. Este salto olímpico tiene su figura quiral
en el salto sensorial que debe realizar la ciudad en los próximos años, desde
algunos de los aspectos que se derivan de la puesta en común de ideas del
CS2002: la percepción sensorial como útil de aplicación directa y los
avances neurobiológicos sobre el funcionamiento de los sentidos, temas
capitales tratados, respectivamente, por Ann C. Noble y por André Holley. Este
liderazgo deberá culminar con la creación de estructuras de desarrollo
científico. En este sentido se dirige la voluntad de constituir un núcleo de
investigación y diseño sensorial y de incluir en el programa científico del
2004 personajes pioneros en el diseño sensorial que conocen la necesidad de
seguir el rastro de los mensajes del entorno en nuestras elaboraciones cognitivas.
Montserrat Daban Marín
Editora científica de Rubes
Editorial. Ha sido miembro del Comité Científico CS2002 y ha participado en la
organización de dicho Encuentro. Es licenciada en biología por la Universidad
de Barcelona, doctora en ciencias por la Universidad Politécnica de Cataluña y
máster en comunicación científica por la Universidad Pompeu Fabra. Sus
investigaciones en biología molecular se interesaban por la ingeniería de
proteínas, tareas que desarrolló también en el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas, la Universidad Autónoma de Barcelona, la
Université Pierre et Marie Curie de Banyuls, la Université de Lille II y la
Case Western Reserve University de Cleveland, Ohio. Es autora de artículos
científicos y de divulgación, y coordinadora de la publicación electrónica Percepnet
(www.percepnet.com). ciencia@rubes.es
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[CS2002: El
flujo de ideas]
El espacio
argumental del encuentro parte de los principios científicos que rigen la
sensorialidad y la percepción. Saber cómo funcionan los sentidos se hace
imprescindible para comprender el impacto de un producto sobre el consumidor,
aún a riesgo de acabar descifrando esencias del producto tanto como del propio
consumidor. Es capital retroceder hasta los principios de la psicobiología o la
neurofisiología para comprender los mecanismos de nuestra percepción de los
alimentos, siguiendo, en este innovador trayecto, por una disección que nos
permita determinar el espacio y los límites del análisis sensorial. Los
productos de consumo, susceptibles de establecer una relación con el consumidor
basada en la información que le llega a través de los sentidos, son los
objetivos a formular. Las herramientas al servicio de este análisis, tanto
instrumentales como estadísticas, son las que finalmente permiten poner la
ingeniería al servicio de la sensorialidad. Las herramientas son, pues, los
componentes del tercer espacio argumental del encuentro, el tecnológico. El
desarrollo de nuevos sistemas que imitan a nuestros sentidos avanza de la mano
de las nuevas tecnologías; podemos hablar de narices, lenguas, e incluso de
cerebros electrónicos. Finalmente, el hilo argumental del CS2002 se detiene en
las aplicaciones industriales de las ciencias sensoriales, las más potentes de
las cuales son el control de calidad del producto elaborado y su proximidad a
los gustos del consumidor. Cada producto requiere estrategias de márketing bien
establecidas, que pasan necesariamente por el establecimiento de un perfil
sensorial mediante el análisis continuado.
En este eje
argumental, los avances producidos en cada uno de los campos son un punto de
partida para el resto, de manera que, siguiendo el hilo de las diferentes
sesiones, se aprehenden evidencias que tendrán una poderosa influencia en las
nuevas ciencias sensoriales. El fantasma de la sospecha sobre la legitimidad
científica de las disciplinas sensoriales quedó suficientemente ahuyentado en
las primeras horas, tras quedar robustamente establecidos los principios
científicos de una ciencia, formada por subdisciplinas con un mismo objetivo y
un marco teórico relativamente común (a pesar de plantearse las preguntas en
distintos términos y aplicar metodologías propias), y cuyo rigor se extiende
desde el medio exterior hasta la mente, que interpreta en clave molecular las
señales fisicoquímicas que llegan hasta los sentidos. Una auténtica invitación a
la transdisciplinariedad.
[André Holley, de la impostura de las
moléculas al elogio de la literatura]
André Holley, una de las personalidades mundiales con un conocimiento más amplio del olfato, investiga los mecanismos de percepción de las moléculas odorantes, dotando su estudio de una gran dosis de reflexión, propia de un pensador que se pregunta acerca del espacio que el olfato ocupa en los ámbitos sociales y personales de los humanos.
Este destacado investigador sensorial destila una dualidad de científico y pensador, características que, sumadas a su aire reflexivo, le convierten en un personaje con una gran capacidad analítica. Holley empezó a interesarse por el olfato en la época de la electrofisiología. Los métodos disponibles en ese momento, hacia finales de los años sesenta, permitieron responder a cuestiones que se planteaban con el ánimo de conocer la sensibilidad y la selectividad de las células receptoras, generalmente obteniendo resultados de difícil interpretación que inducían a la deducción prudente. No ha sido posible conocer las propiedades moleculares de los receptores olfativos hasta la actual época de supremacía de la biología molecular, en la que se ha alcanzado a identificar su naturaleza y determinar que un solo tipo de receptor por célula es la hipótesis correcta.
Resulta interesante comprobar que los receptores olfativos guardan una fuerte similitud con numerosos receptores de neurotransmisores, péptidos y hormonas. Para Holley, este fenómeno se debe relacionar con restricciones de la detección química implicada en ambos casos y un posible origen evolutivo común. Olvidemos por unos momentos la necesaria prudencia científica, dadas las inextricables implicaciones emocionales del olfato y hagamos un elogio a Jean-Baptiste Grenouille, un genio loco que soñaba con recrear un perfume humano. Holley enciende su pipa entrecerrando los ojos. «Grenouille perseguía un fantasma». Recrear un perfume que se asemeje a los olores humanos es, en principio, posible. No obstante, existe dentro del intento desesperado de Grenouille la esperanza insensata de recoger la esencia humana, lo cual es una empresa completamente distinta. Desde siempre se ha soñado con encontrar sustancias capaces de ejercer sobre los otros humanos, sin que éstos lo sepan, un poder irresistible de seducción. La realidad que más se acerca a esta locura es la búsqueda de feromonas humanas, pero incluso si descubrimos que los humanos hemos conservado en cierto grado (lo cual está aún por demostrar) la capacidad de comunicarnos por estas moléculas, como se ha observado en otros mamíferos, las evidencias apuntan a que sus efectos serían discretos, carentes de la omnipotencia con que soñaba Jean Baptiste Grenouille en El perfume.