|
Entrevista
Derek
Bickerton
«Las capacidades cognitivas propias de los humanos son todas debidas al lenguaje» «All human cognitive capacities are
possible due to the existence of language»
Óscar Vilarroya __________________________________________________________________ El profesor Derek Bickerton participó el pasado mes de julio en el curso «Lenguaje, cognición y evolución» organizado por la Universidad Menéndez y Pelayo y patrocinado por la Concejalía Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona. En la siguiente entrevista, el profesor Bickerton explica alguno de los temas favoritos de su investigación: el origen del lenguaje, su carácter adaptativo, las capacidades cognitivas necesarias para su aparición, y otras cuestiones que están en el punto de mira de la ciencia cognitiva contemporánea. ______________________________________________________________________
El
libro Lingua Ex Machina que ha escrito usted con el neurocientífico
William H. Calvin, y que acaba de ser presentado en el Ayuntamiento de
Barcelona por el alcalde de Barcelona, ha sido definido como una síntesis entre
la lingüística, la neurociencia y la teoría de la selección natural. ¿Cree que
es justa esta descripción?
Sí, por
supuesto, aunque la obra toma también en cuenta la prehistoria, aspecto que no
todas las teorías de la evolución del lenguaje consideran.
[Más
información sobre Lingua Ex Machina, en el recuadro adjunto, a cargo de
Álex Alsina.]
Entre
ciertos científicos hay la creencia que los lingüistas todavía no son suficientemente
científicos, es decir, que anteponen sus creencias sobre el lenguaje. ¿Cree que
tendrían que haber más interacciones con neurociencia cognitiva, matemáticas,
biólogos, antropólogos? ¿O, como creen otros, que nada de lo que nos diga la
neurobiología nos dará o modificará las reglas del sistema lingüístico?
Todavía
no sabemos precisamente cuáles son las verdaderas reglas del sistema
lingüístico, aunque sabemos mucho más de lo que sabíamos hace 10 o 20 años. Por
mi parte, creo que los lingüistas deben siempre tomar en consideración lo que
han descubierto y que siguen descubriendo los neurólogos. Esto no quiere decir
que estos descubrimientos vayan a determinar el modo en que se desarrolle la
lingüística, ni mucho menos: cada disciplina debe seguir su propio camino. Pero
mientras que hay más de doce versiones distintas de la gramática, hay una sola
manera mediante la cual el cerebro construye las oraciones.
En
el curso que ha dirigido en la UIMP, usted ha defendido que el lenguaje es una
capacidad cognitiva humana que apareció por selección natural en un momento de
nuestro pasado filogenético. ¿Qué etapas marcan esta evolución?
El
lenguaje humano se desarrolló en dos etapas. Primero apareció un protolenguaje,
que consistía en la utilización de símbolos sin estructura; luego, mucho tiempo
después, apareció la sintaxis. La aparición del protolenguaje no precisó de
mecanismos cognitivos diferentes a los que ya disponían nuestros antepasados, y
fue seleccionado por la necesidad de comunicarse entre individuos de una
especie que estaba sujeta a muchos depredadores en una clima seco, donde la
alimentación era pobre y distribuida en amplios territorios. La sintaxis
apareció cuando el cerebro dispuso de bastantes neuronas «libres», es decir, no
dedicadas a funciones específicas. El por qué el cerebro creció tanto todavía
nadie lo sabe, aunque hay muchísimas teorías.
Esta
evolución en etapas evolutivas, ¿no contradice la idea de Chomsky de que el
lenguaje es una mutación que apareció de manera espontánea en un momento
determinado?
Según
la biología moderna, lo que dice Chomsky no puede pasar de ninguna manera. Lo
pensé yo hace tiempo, pero estaba equivocado.
Siguiendo
con Chomsky, ¿qué papel adaptativo piensa que jugaba el lenguaje cuando
apareció? ¿Piensa usted como Chomsky que el lenguaje no es un sistema
comunicativo, sino más bien de pensamiento?
En mi
opinión, tuvo que ejercer un papel primordial en la obtención de alimentos. Si
no fuera por una razón así, no hubiera podido fijarse en la especie humana. Por
tanto, primero fue por motivos comunicacionales, y luego se empleó como medio
de pensamiento. Sin embargo, no estoy de acuerdo con los que opinan que el
lenguaje se necesita por motivos sociales; los demás primates son igualmente
seres tan sociales como nosotros, pero no han creado ni una palabra por sus
propios medios. La necesidad de comunicación es lo más importante, sobre todo
teniendo en cuenta las condiciones difíciles en que un intercambio de
información es, literalmente, cosa de vida o muerte.
Si
el lenguaje es un sistema comunicativo, ¿qué papel tienen las convenciones
sociales frente a las restricciones inherentes al funcionamiento «innato» o
«prefijado» del sistema que lo soporta, si es que tenemos una definición clara
de lo que significa «innato» actualmente?
Bueno,
no tenemos tal definición. Yo creo que lo único innato que necesita el
lenguaje es, en primer lugar, un sistema de «estructura argumental» que impone
el patrón siguiente sobre la memoria episódica: una acción, un estado o un
acontecimiento, y los participantes en tal acción y acontecimiento. La segunda
característica necesaria es la capacidad del cerebro para saber el orden en el
cual se inician los impulsos electroquímicos. Ni el uno ni el otro mecanismo
tenían, en principio, algo que ver con el lenguaje. Los dos fueron
seleccionados por motivos no lingüísticos. Pero, la suma de los dos nos da la
sintaxis.
Entonces,
¿cuáles son los requerimientos imprescindibles para que un sistema, artificial
o natural, pueda tener lenguaje?
En primer
lugar, tiene que ser «portátil». Ninguna máquina anclada a una mesa va tener
lenguaje. En segundo lugar, tiene que ser capaz de interaccionar con el mundo.
Tercero, necesita un cerebro bastante amplio, con áreas no dedicadas a
funciones específicas. Cuarto, tiene que disponer de un patrón que imponga una
estructura automática sobre la producción lingüística. Ahora bien, no sé si la
estructura de la que disponemos los humanos es la única que permitiría el
lenguaje. Supongo que seres de otro planeta pueden tener mecanismos
estructurales distintos de los nuestros. Pero eso es cuestión para la ciencia
ficción.
¿Qué
relación hay entre la capacidad lingüística con otras capacidades cognitivas?
El
lenguaje surge de una combinación de capacidades básicas, algunas comunes a
muchas especies, otras propias de los humanos. Las capacidades cognitivas
propias de los humanos son todas debidas al lenguaje. Hay otras capacidades que
son las que compartimos con los demás animales, como la capacidad de formar
conceptos. Estas capacidades son fundamentales para la aparición del lenguaje.
Es necesario un conocimiento bastante amplio del mundo para que pueda aparecer
el léxico. Sin palabras no hay sintaxis.
¿Cuál
es la relación entre cultura y lenguaje?
Ninguna.
Entre cultura y lenguas particulares, en cambio, existe una relación, pero no
es muy estrecha. No soy de la opinión de Whorf, por ejemplo, que sostiene que
una lengua determina la manera que sus hablantes conceptualizan el mundo. Todos
nosotros vemos, más o menos, el mismo mundo. Ahora bien, muchas cosas
relativamente superficiales sí que están condicionadas por la cultura, como el
tipo de palabras honoríficas que, por ejemplo, el japonés tiene.
¿Qué
escuela lingüística cree que usted que está acercándose más a la comprensión
del lenguaje humano?
Creo
que el minimalismo de Chomsky es el que se acerca más, pero esto no es decir
mucho, puesto que hoy día hay muchas variedades del minimalismo. De entre estas
variedades, la que defiende Epstein y sus colegas, llamada «derivacional»,
es la que promete más. Si además añadimos las ideas de Colin Phillips, que cree
que debemos eliminar la distinción chomskyana entre competencia y actuación,
aún mejor.
¿Estamos lejos o cerca de conocer la
gramática universal?
Bastante
cerca, creo. Actualmente trabajo con una teoría que limita los elementos de la
gramática universal a sólo tres: 1) las palabras y las condiciones que
determinan cómo unir unas palabras con otras; 2) el concepto de
«dominio», que consiste en una palabra «cabeza» y todas las palabras que la
modifican , y 3) el orden en que las palabras se añaden una a otra.
Parece poco, pero me ha sorprendido a mí mismo lo que se puede hacer con
mecanismos tan simples.
¿Qué
desarrollos tecnológicos en traducción automática, o en otros campos
tecnológicos lingüísticos, le han sorprendido más?
No me
han sorprendido mucho todavía, ya que las traducciones automáticas siguen
estando llenas de tonterías. Lo que si me ha sorprendido algo han sido los
nuevos modos de conocer lo que pasa dentro del cerebro cuando realiza tareas
lingüísticas. Las áreas que toman parte en estos procesos son muchas más que
las áreas tradicionalmente implicadas de Broca y de Wernicke.
¿Cree
que pueden producirse cambios en el futuro en la capacidad lingüística humana?
No, en
absoluto. La evolución ha terminado para el ser humano, a menos que una
catástrofe reduzca la población humana mundial a unos miles de personas. Hoy en
día hay tanta gente que, aunque hubiera una mutación lingüística, se perdería
enseguida. Derek Bickerton
Profesor
emérito de lingüística en la Universidad de Hawai (Estados Unidos). Ha sido
profesor de literatura en Ghana, de lingüística en la Guyana, en donde empezó a
interesarse por las lenguas criollas, interés que se convirtió en su especialidad
cuando se instaló definitivamente en la Universidad de Hawai, a mediados de la
década de los setenta. A partir de ese momento, el profesor Bickerton se ha
convertido en una de los investigadores más respetados y citados en el campo
del estudio del origen, desarrollo y naturaleza lingüística de las lenguas
criollas.
Tiene
numerosas publicaciones en las revistas más prestigiosas de lingüística, así
como los libros Roots of Language (Raíces del lenguaje), 1981, Language
and Species (Lenguaje y especie), 1990, y Language and Human
Behavior (Lenguaje y conducta humana), 1995, así como el
recientemente publicado Lingua ex Machina.
|
El libro Lingua ex machina está
escrito por dos autores de gran prestigio en dos ámbitos muy diferentes que
normalmente no pensamos que tengan mucho que decirse entre sí. El profesor William Calvin es un neurofisiólogo
que ha investigado experimentalmente desde las neuronas de la langosta hasta
las neuronas corticales humanas, lo que le ha llevado a interesarse en el
problema del gran tamaño del cerebro en la evolución de los homínidos. Se
define como «un neurofisiólogo teórico que intenta investigar el funcionamiento
de los circuitos neuronales que intervienen en las funciones intelectuales
superiores», lo que periódicamente le desvía hacia la lingüística y los
orígenes del hombre. El profesor Derek
Bickerton es un lingüista que se ha forjado una posición destacada en el
campo de la lingüística gracias a sus estudios sobre las lenguas criollas,
especialmente sobre el surgimiento de los criollos a partir de unas formas de
comunicación lingüística carecientes de gramática llamadas pidgins. Estos estudios le han inducido a preguntarse por el origen
del lenguaje y por las causas de su actual complejidad.
Esta obra demuestra que sí tienen mucho que decirse la neurobiología y la
lingüística, si lo que queremos es avanzar en nuestra comprensión de las bases
neuronales del lenguaje y de los procesos evolutivos que dieron lugar a un
cerebro que tiene la facultad del lenguaje. Siguiendo a Chomsky, la mayor parte
de los lingüistas actuales aceptan que, cuando estudiamos el lenguaje, estamos
estudiando la facultad mental capaz de generar e interpretar todas las
estructuras de una lengua. Si el lenguaje es una facultad mental, tiene que
estar ubicado físicamente en el cerebro y, si se trata de un órgano –el órgano
del lenguaje de Chomsky–, es lógico que nos preguntemos cómo surgió desde un
punto de vista evolutivo, qué pasos podemos suponer en esta evolución, cuáles
fueron las presiones ambientales que seleccionaron este órgano, etc. Éstas son
algunas de las preguntas que se hacen Calvin y Bickerton en el libro.
Los capítulos que conforman la estructura de la obra van mezclando las
voces de ambos autores. En cada capítulo, uno de los autores desarrolla un
tema, mientras que el otro va incluyendo sus comentarios y observaciones sobre
el tema. Aunque ambos son grandes especialistas en sus respectivas disciplinas,
tienen el mérito de transmitir sus ideas de un modo perfectamente accesible a
cualquier lector sin preparación técnica, ni en lingüística ni en
neurofisiología. Además, para facilitar la comprensión del texto, el libro incluye
un glosario de términos.
El título del libro contiene un juego de palabras doble. En primer lugar,
está claro que se establece una analogía con el concepto «deus ex machina»
extraído la dramaturgia de la Grecia clásica. El «deus ex machina» era
una solución a la que recurrían los dramaturgos antiguos cuando la situación
argumental parecía no tener más que un desenlace catastrófico; entonces sólo
quedaba el recurso de hacer bajar del cielo a un dios mediante una máquina, y
el dios en cuestión resolvía la situación. La expresión «lingua ex machina»
sugiere que, desde el punto de vista de la evolución de la especie humana, la
lengua (o el lenguaje) apareció sin seguir el curso natural de la evolución,
como por arte de magia, como un «deus ex machina». Pero es evidente que
Calvin y Bickerton no pueden estar de acuerdo con esta idea. Entonces, ¿por qué
la sugieren? Sin llegar a atribuirla directamente a Chomsky, dejan implícito
que éste rechaza la idea que la aparición de la facultad del lenguaje en los
humanos haya podido ser el resultado de la selección natural. Aunque no citan
pasaje alguno de Chomsky en el que se rechace la selección natural como
explicación para la formación de la facultad del lenguaje (quizá por respeto a
la figura omnipresente de Chomsky), queda claro que Chomsky defiende una
posición antagónica a la de Darwin respecto a la evolución del lenguaje. En
este contexto hay que interpretar el subtítulo del libro: «La conciliación de
las teorías de Darwin y Chomsky sobre el cerebro humano». Los autores adoptan
gran parte de las ideas de Chomsky, como la idea que el lenguaje es una
facultad mental, innata y compartida por toda la especie humana, pero rechazan
la idea de que esta facultad haya podido surgir como el resultado de una macromutación
o en todo caso sin ser el producto de la selección natural. Si todos los
órganos complejos son el producto de las presiones de la selección natural,
¿por qué no lo va a ser el lenguaje? Por lo tanto, en este sentido, «lingua
ex machina» representa la posición contraria a la que defienden los
autores.
Personalmente, creo que los autores han querido dar un segundo sentido a la
expresión «lingua ex machina». La idea es que el cerebro, o las partes
del cerebro dedicadas al lenguaje, es como una máquina que produce, casi
milagrosamente, la lengua, es decir, todas las oraciones y expresiones
lingüísticas de una lengua. En este sentido, la expresión «lingua ex
machina» representaría el modo de pensar tanto de los autores como también
de Chomsky.
Uno de los objetivos de este libro es proponer una explicación plausible
sobre la aparición de la facultad del lenguaje en la especie humana que esté
plenamente integrada en una visión darwinista de la evolución, es decir, una
visión en la que la selección natural tiene un papel principal. La pregunta que
se hace Bickerton es: si los humanos comparten tanto con los chimpancés,
genéticamente y desde el punto de vista del comportamiento social, ¿qué provocó
que se desarrollase el lenguaje en los humanos y no en otros primates?
Algunos autores han propuesto que la fuerza impulsora del lenguaje fue la
inteligencia social: la inteligencia motivada por las presiones sociales y la
necesidad de competir con otros individuos de la comunidad. Bickerton descarta
esta hipótesis. Si el lenguaje apareció sólo en los homínidos, debió ser por
alguna causa que caracterizara exclusivamente a los homínidos, lo que excluye
la inteligencia social porque todos los primates evolucionados se encontraban
en una situación que les obligaba a competir entre sí, confabulando y
manipulándose unos a otros. Lo que distingue a los primeros homínidos de los
chimpancés y otros monos es la ecología. Los chimpancés vivían en zonas
forestales muy densas en las que encontraban alimentos suficientes y estaban
fuera del alcance de sus depredadores. Los primeros homínidos, en cambio,
habitaban extensas sabanas en las que estaban continuamente acechados por
depredadores temibles como el león y en las que la comida era difícil de encontrar.
En esta situación necesitaron organizarse para protegerse de los depredadores y
transmitirse la información sobre dónde y cómo se podía encontrar comida:
raíces que se identifican por la planta que crece en la superficie, plantas que
dan fruto durante breves períodos del año, etc. En este contexto, la aparición
de alguna forma primitiva de lenguaje fue esencial para la supervivencia de la
especie. Bickerton propone que el lenguaje apareció primero en forma de
protolenguaje, un sistema de comunicación en el que las palabras se encadenan
sin ningún tipo de sintaxis.
El paso siguiente en la evolución del lenguaje fue la introducción de la
sintaxis en el lenguaje, que es lo que distingue el protolenguaje del lenguaje
humano tal como lo entendemos. En este proceso evolutivo sí fue determinante la
inteligencia social, concretamente lo que Bickerton denomina altruismo
recíproco. Si el hecho de ayudar a alguien nos ayuda indirectamente a
nosotros mismos, resulta ventajoso tener los genes que propician este tipo de
altruismo. Pero el único modo de que el altruismo recíproco sea realmente
ventajoso para el que lo tiene es poder identificar a los aprovechados, a los
que no dan nada a cambio. Para esto se necesita una forma de calcular los
favores dados y recibidos. Y en este cálculo debe haber una representación
mental de los papeles que desempeña cada uno de los actores que participan en
una determinada acción, que corresponde aproximadamente a lo que en la
lingüística se llama estructura argumental. Según Bickerton, el cálculo
social estableció las categorías de papeles semánticos, como agente, paciente,
receptor, etc. A partir de aquí se desarrolló la sintaxis como una serie de
mecanismos destinados a reducir la ambigüedad de las oraciones. La recién
surgida sintaxis actuó como una presión selectiva e inclinó la balanza a favor
de cualquier cambio en el sistema nervioso que hubiera conducido a la
construcción de oraciones más fáciles de analizar.
Con este esbozo sólo he pretendido presentar algunas de las ideas que
Bickerton expone en su libro Lingua ex machina. Para hacer justicia a
las explicaciones que propone el profesor acerca del origen y evolución del
lenguaje, es necesario leer el libro. En muchas partes es una lectura
apasionante que nos acerca a las condiciones de vida de nuestros antepasados y
nos aclara muchos conceptos sobre el cerebro y el lenguaje. Es cierto que
muchas de las explicaciones propuestas se mueven en un terreno especulativo y
resultan difíciles o imposibles de comprobar. Como dice Bickerton, si algún día
conseguimos clonar a un homo erectus,
tendremos la confirmación o refutación que buscamos para algunas de estas
ideas.
Doctor en lingüística por la Universidad de Stanford y actualmente
profesor de lingüística y catalán en el Departamento de Traducción y Filología
de la Universitat Pompeu Fabra y director del programa de doctorado de este
departamento. Su investigación se ha centrado principalmente en fenómenos
sintácticos relacionados con la estructura argumental: la alternancia
activa–pasiva, la alternancia causativa, etc. La búsqueda de universales
lingüísticos le ha llevado a trabajar en una diversidad de lenguas, entre las
cuales se encuentran el catalán y el chichewa (lengua bantú hablada en Malawi).
alex.alsina@trad.upf.es