La divulgación científica en el siglo XX: de Wells a Gould
Science
popularization in the 20th century: from Wells to Gould
Ricard
Guerrero
H.G. Wells, científico y profesor, es conocido por sus
obras de ciencia ficción y sus obras de divulgación sobre biología. S.J. Gould,
a su vez también científico y profesor, hizo posible que la ciencia además de
ser comprensible pudiera ser divertida. La intención de estos autores es poner
al alcance del público los conocimientos científicos.
H.G. Wells, a scientist and teacher, is well-known for
his works on Science Fiction and his contributions to Popularization of
Biology. S.J. Gould, a scientist and teacher as well, made the possibility that
Science could be understandable and funny at the same time come true. The aim
of these authors was to place scientific knowledge at people reach.
El objetivo de la
divulgación científica es facilitar que la sociedad disponga de los
conocimientos básicos relacionados con las distintas ramas de la ciencia y de
la tecnología. Para lograr ese objetivo es imprescindible la claridad del
lenguaje y la utilización de términos y expresiones que puedan ser comprendidos
por el público no especializado. Si, además, el texto está bien escrito, gana
la lengua y mejora la cultura. Otro aspecto por considerar es la heterogeneidad
del público receptor de la divulgación. La composición de ese público incluye
personas que, sin ser especialistas, poseen una formación científica que les
permite la comprensión de conceptos y relaciones abstractas, pero también
aquellos que no han adquirido esa formación pero cuyo interés puede despertarse
con una comunicación científica seria y comprensible. La presentación de los
contenidos debe tener en cuenta esas diferencias.
Muchos autores consideran a Galileo (1564-1642) el primer
autor de divulgación científica. Con sus obras Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano
(1632) y Discorsi e dimostrazioni
matematiche sopra due nuove scienze (1638) Galileo deseaba acercar la
ciencia a la sociedad, especialmente sus nuevas ideas, que disentían del saber
oficial. Por eso escribió estas obras en toscano y no en latín, y en forma de
diálogo eminentemente didáctico. Desde entonces han sido bastantes los
científicos que se han dedicado también a la divulgación.
Durante el siglo xix
surge un género literario en el que se combinan las formas establecidas de la
narrativa de ficción con relatos imaginados de la ciencia del futuro. Es la
llamada «ciencia ficción» –traducción pésima del inglés science fiction, pero tan arraigada, que es difícil corregirla–. La
primera novela de este género fue Frankenstein
o el moderno Prometeo (1818) de Mary Wollstonecraft Shelley.
La
divulgación científica moderna
El género de ciencia ficción se hace popular con H.G.
Wells (Herbert George) (1866-1946), uno de los más famosos entre los primeros
autores de ciencia ficción. Entre sus obras destacan: La máquina del tiempo (1895), La
isla del Dr. Moreau (1896), El hombre
invisible (1897), La guerra de los
mundos (1898) y El primer hombre en
la Luna (1901). Especialmente famosa es La
guerra de los mundos desde que Orson Welles, en 1938, la transmitió por
radio con tanta convicción que mucha gente creyó que se trataba de una invasión
real. H.G. Wells, que ha pasado a la historia de la literatura fundamentalmente
por sus obras de ciencia ficción, es coautor de un excelente libro sobre
biología: The Science of Life (1929),
que escribió con Julian S. Huxley y George Philip Wells. Julian Huxley (hermano
de Aldous Huxley, conocido mundialmente por su novela Un mundo feliz [Brave New
World, 1932]) fue profesor de las Universidades de Oxford y de Londres,
pero es más conocido por su obra de alta divulgación de la teoría de la
evolución. G.P. Wells era hijo del propio H.G. Wells y tenía una formación
universitaria en biología.
Por medio de esas obras la sociedad tenía conocimiento de
los descubrimientos en el campo de la biología, y también de sus consecuencias,
aspecto éste en el que más podía intervenir la subjetividad del autor. Los
estudios biológicos de la época sólo podían encontrarse en revistas y libros
especializados, y estaban expresados con una terminología que era necesario
“traducir” al lenguaje corriente. The
Science of Life plantea cuestiones que hoy en día aún no están resueltas y
que parecen muy actuales: ¿Qué es la vida?, ¿cuáles son sus límites en el
espacio?, ¿hay vida fuera de la Tierra? Aunque es un solo volumen, The Science of Life está dividido en
nueve «libros»: El cuerpo vivo, Los principales modelos de la vida, El
incontrovertible hecho de la evolución, El cómo y el porqué del desarrollo y de
la evolución, La historia y las aventuras de la vida, El espectáculo de la
vida, Salud y enfermedad, Comportamiento, sentimiento y pensamiento, y Biología
de la raza humana. Todo, como podemos ver, plenamente actual.
Como comenta Ramon Margalef en su prólogo a la edición
española de La biosfera, de V.I.
Verndasky (Argentaria-Visor, Barcelona, 1997) «alrededor de 1930 se editaban en
España (principalmente por Espasa Calpe, Labor, Revista de Occidente)
traducciones muy correctas de libros científicos que en el momento eran de
actualidad, y recuerdo especialmente muchos textos de física y biología. Me
parece una deficiencia considerable de la época que estamos atravesando que
aquella política de traducciones se haya olvidado. Por supuesto no vale
argumentar que la bazofia ‘cultural’ que suele predominar en los medios de
difusión actuales puede reemplazar de manera efectiva un contacto más directo
con las mentes creadoras de cada época.» Con pocas excepciones, la mayoría de
las editoriales ha perdido la aureola de cultura que poseían antaño, cuando la
elección de títulos para sus catálogos se basaba ante todo en la calidad de las
obras. Se ha producido un movimiento global de acumulación sin selección,
mediante absorción de grandes grupos editoriales, que obedece principalmente a
las aparentes leyes de mercado. Lo cual, en este campo, supone anteponer el
beneficio económico al cultural, sin darse cuenta de que la baja calidad conduce,
en un plazo más o menos largo, al cansancio del público. Siguen traduciéndose
obras de autores extranjeros, principalmente anglosajones, pero la mayoría son best sellers, obras sobre temas que la
presión mediática ha puesto de actualidad en las que el editor apenas arriesga.
Estados Unidos, dada su corta historia, no poseía la
tradición de divulgación de algunos países europeos, aunque necesitó menos
tiempo para tomar la delantera. Cuando Galileo escribió sus Dialogo… y Discorsi…, hacía muy pocos años que el Mayflower había llegado a lo que hoy es Nueva Inglaterra. Y cuando
Buffon publicó su magna Historia natural,
Estados Unidos era aún una tierra de conquista y asentamiento de los europeos.
Sin embargo, actualmente puede hablarse de una tradición divulgativa, de una
«popularización» de la ciencia (popular
science es el término inglés equivalente a ‘divulgación científica’) en
aquel país. Entre los autores más famosos que se han dedicado a este género
científico dentro de la literatura –o género literario dentro de la ciencia– en
la segunda mitad del siglo xx
destacan dos figuras por su calidad literaria y científica: Carl Sagan
(1934-1997) y Stephen Jay Gould (1942–2002). Sagan era catedrático en Cornell
University, Gould en Harvard. También es forzoso mencionar a Isaac Asimov
(catedrático de Boston University), aunque su obra fue mucho más enciclopédica,
más prolija y menos profunda. Todos ellos arriesgaron mucho, porque la
divulgación no estaba bien vista en muchos sectores de la comunidad científica
académica, que la consideraban una frivolización de la ciencia. A Carl Sagan,
en concreto, le costó no ser aceptado nunca como miembro de la Academia
Nacional de Ciencias, a pesar de tener méritos científicos suficientes para
ingresar en ella.
Carl
Sagan, la fuerza de las ideas
Con la serie televisiva Cosmos, Sagan se arriesgó a ese juicio negativo por parte de sus
colegas. Pero el tiempo ha demostrado el valor de su contribución para combatir
lo que él llamaba «analfabetismo científico». En esa serie, Sagan exploró los
15 000 millones de años de evolución cósmica; el camino desde el origen del
universo al origen de la vida y de la humanidad. Se emitió en sesenta países,
con una audiencia que superó los 500 millones de telespectadores. En su versión
impresa, ha sido el libro científico más vendido de la historia. Como el mismo
Sagan dijo: «La humanidad es como un recién nacido abandonado en un portal, sin
ninguna nota que indique quién somos, de dónde venimos, cuál es nuestra
herencia ni quiénes nuestros antecesores». Cosmos
y otras obras suyas han permitido descubrir parte del misterio que acompaña a
ese recién nacido.
En sus últimas obras, Sagan se empeñó en combatir ese
analfabetismo científico y desenmascarar la superchería. En El mundo y sus demonios, publicado poco
antes de su muerte, expuso la necesidad de poseer unos conocimientos
científicos mínimos para combatir los demonios que acechan desde muchos
frentes, uno de ellos, el de las pseudociencias.
Stephen
Jay Gould, la magia de la conexión
Cuando Gould falleció, el 20 de mayo de 2002, hacía pocas
semanas que había aparecido su libro The
structure of evolutionary theory, un volumen de 1433 páginas que es una
síntesis extensa de sus ideas científicas. Al mismo tiempo, también había
publicado un libro de divulgación, I have
landed, recordando que su abuelo, un inmigrante judío húngaro, había
llegado a Nueva York el 11 de septiembre de 1901 (!). También en 1977, al
empezar su carrera literaria, había publicado un libro «científico», Ontogeny and Phylogeny, y otro
«divulgador», Ever since Darwin.
Aunque no todos los biólogos evolutivos coincidan con Gould, las originales
ideas de este paleontólogo sobre macroevolución no pueden dejar de tenerse en
cuenta; especialmente la teoría del equilibrio saltatorio, que planteó junto
con Niles Eldredge hace treinta años. No obstante, para el gran público, Gould
pasará a la historia como el autor de El
pulgar del panda, Brontosaurus y la
nalga del ministro, La vida
maravillosa o Las piedras falaces de
Marrakech, que son, entre otros muchos títulos, libros publicados también
en español. Sus teorías están explicadas en los centenares de artículos que,
desde 1977 publicó en Natural History.
Uno de los secretos de su éxito en el campo de la divulgación fue su estilo
fresco y divertido, provocador siempre, farragoso a veces, que contribuyó a
atraer el interés del público hacia los temas científicos. Y, por supuesto,
Gould mantiene que algunas de sus ideas científicas fueron expresadas y
desarrolladas por primera vez no en artículos publicados en revistas
especializadas, sino a través de esos artículos de aparente divulgación en
revistas para el gran público, como la mencionada Natural History, que es la publicación del Museo de Historia
Natural de Nueva York.
Algo que hay que tener en cuenta a la hora de comunicar
los avances de la ciencia y sus consecuencias sobre la sociedad es la
procedencia de esa comunicación. A veces se ha dicho que los científicos o
investigadores, aunque sean muy competentes en su campo, suelen ser unos
pésimos comunicadores; pero esto, las más de las veces es falso. En general, y
salvo excepciones, que siempre las hay, los buenos investigadores tienen la
capacidad de adaptarse al receptor al que quieren comunicar sus hallazgos. Otra
cosa es que no les interese o se desentiendan debido a experiencias
«mediáticas» desagradables, o sencillamente por falta de tiempo. En algún
momento habría que hablar de la comunicación científica a la inversa. Explicar
las condiciones en las que se desarrolla el trabajo de los científicos en
nuestro país. ¿Creen los medios y el público que solamente los científicos que
aparecen en televisión, radio o prensa son los que están trabajando y
produciendo cosas de interés para la ciencia y para la sociedad? Si esto es
así, flaco favor es el que hace la comunicación científica al avance de la
ciencia. Y flaco favor se hace a la ciencia si todas las noticias científicas
de los periódicos empiezan diciendo «según la prestigiosa revista (Science, o Nature) se ha demostrado científicamente que…», utilizando el
argumento medieval de «autoridad» que es la idea principal que la ciencia quiso
atacar.
Y, en este mismo sentido, hay que seguir rompiendo una
lanza en favor de los investigadores comunicadores que han sido capaces de
transmitir el entusiasmo por la ciencia, a partir de sus propias experiencias
como científicos, sin necesidad de intermediarios. Entre ellos, es preciso
destacar a autores cuyas obras pueden considerarse fundamentales. Algunos
combinaron ambas facetas, investigador y escritor científico. Otros, en un
momento de su vida, cuando habían adquirido una sólida experiencia optaron de
pleno por la literatura científica. De la decisión de unos y otros todos nos
hemos beneficiado, ya que han dejado obras que son joyas de la comunicación
científica en el campo de las ciencias de la vida.
Catedrático de Microbiología de la Universidad de Barcelona y Professor of
Graduate Studies de la University of Massachusetts-Amherst. Ha sido catedrático
de Microbiología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Miembro del Institut
d'Estudis Catalans, presidente de la Fundación Alsina Bofill, y Fellow de la
Linnean Society de Londres. Miembro de la American Academy of Microbiology. Ha
sido presidente de la Sociedad Catalana de Biología, vicepresidente fundador de
la Sociedad Española de Biotecnología, y actualmente dirige la revista International
Microbiology, de la Sociedad Española de Microbiología. Premio Narcís
Monturiol de investigación científica de la Generalitat de Catalunya. Autor de
250 artículos en libros y revistas internacionales sobre ecología, genética y
fisiología bacterianas. Sus estudios sobre ecología microbiana de las
comunidades fotosintéticas anaeróbicas de la zona cárstica de Banyoles y de los
tapetes microbianos del Delta del Ebro han contribuido de manera destacada al
conocimiento de las primeras etapas de la vida de los microorganismos sobre la
Tierra, y a que la comunidad científica internacional estudie esos tipos de
ecosistemas. Además de su labor investigadora y docente en microbiología, ha
desarrollado diversas actividades en programas de comunicación científica y de
percepción social de la ciencia. Actualmente está desarrollando dos proyectos
(subvencionado uno por la CIRIT de la Generalitat de Catalunya y el otro por la
FECYT, del Ministerio de Ciencia y Tecnología) para enseñanza y actualización
de la ciencia y técnica microbiológicas a través de Internet (proyectos
MicroNet y MicroBios, respectivamente).
Libros de divulgación
disponibles online:
http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/volumen3/ciencia3/menu.html
http://omega.ilce.edu.mx:3000/sites/ciencia/index.html
The decline of the
Nineteenth-century popular science tradition, de David J. Rhees (Chapel Hill, 1979): http://americanhistory.si.edu/scienceservice/thesis/rone.htm
http://webs.sinectis.com.ar/mcagliani/asimov.htm
Web dedicado a este
científico y divulgador. Contiene algunos ensayos completos de Asimov:
http://webs.sinectis.com.ar/mcagliani/ensayos.htm
The Sagan Planet Walk: http://www.sciencenter.org/SaganPW/
Breve resumen biográfico.
Listado de sus obras. Enlaces a otras webs dedicadas a Sagan:
http://admiralty.pacific.net.hk/~paulchui/sagan.html
Página dedicada a Carl
Sagan en el web de The Planetary Society:
http://www.planetary.org/society/tributes/
Astronomía
Además de
información sobre astronomía, contiene el artículo «Adiós a Carl Sagan»: http://casal.upc.es/~profx22/astro1.html