Media and scientific culture
Podemos considerar los
medios de comunicación como un importante transmisor de conocimiento
científico. Ello se desprende de los estudios realizados acerca de qué medios
prefiere el gran público y cuál es su opinión acerca de los mismos; datos
proporcionados por el Eurobarómetro, el Estudio General de Medios o el Informe
Quiral ayudan a entenderlo. El uso de Internet y del correo electrónico,
así como la dinámica de las agencias de noticias también han modificado la
difusión de la información.
Media can be
considered as an important transmitter of scientific knowledge. This is
revealed in the studies carried out about which media the general public prefer
and which is the opinion about them, data provided from the Eurobarometer,
the General Media Study or the Informe Quiral, help to understand it.
The use of the Internet, e-mail, the dynamics of news agencies have also
modified the information dissemination.
Los medios de comunicación se han convertido en una
pieza fundamental para la transmisión del conocimiento científico y médico al
público y para la configuración de una cultura científica y médica en la
sociedad. Jane Gregory y Steve Miller en su libro Science in Public nos
recuerdan que «incluso los museos científicos más importantes, como por ejemplo
el Museo de Historia Natural de Londres, sólo pueden esperar tener tantos
visitantes en todo un año como los que ven una única edición del programa
semanal divulgativo Horizon (BBC) de
televisión».1
El
Eurobarómetro Europeos, ciencia y tecnología de diciembre del 2001
mostró claramente cuáles son las fuentes de información (no excluyentes entre
sí) sobre temas científicos para los ciudadanos de los Estados miembro de la
Unión Europea:
Televisión:
60,3 %
Prensa: 37 %
Radio: 27,3 %
Escuela y universidad: 22,3 %
Revistas científicas: 20,1 %
Internet: 16,7 %
Los medios de
comunicación han sustituido, por tanto prácticamente de forma exclusiva, la
diversificación de las muchas fuentes de información que alimentaron los
primeros días de la transmisión del conocimiento científico en siglos
anteriores. Otros datos avalan este hecho: 85,8 % de los habitantes de grandes
ciudades reciben información sobre avances científicos, médicos y tecnológicos
de la televisión, la prensa, periódicos o revistas especializadas, radio e
Internet, y sólo un grupo limitado de personas incorpora los libros, las
conferencias sobre divulgación científica y las visitas a los museos de ciencia
como fuentes adicionales en su acceso a la cultura científica.2
Es interesante
conocer con cierto detalle la segmentación por países en el citado
Eurobarómetro para conocer cuáles son las fuentes de información sobre temas
científicos preferidas en cada caso (los datos correspondientes a España ocupan
la quinta columna).3 Véase para ello la tabla I.
El
Eurobarómetro también aborda una serie de preguntas referentes a las actitudes
hacia los diversos medios de información científica y los resultados se
expresan en la tabla II.
La primera
consecuencia es que dos tercios de los europeos «prefieren ver programas de
televisión sobre ciencia y tecnología antes que leer artículos sobre ese tema»,
lo cual proporciona una respuesta coherente con la elección abrumadora de la
televisión que hemos visto anteriormente. Aproximadamente el mismo número de
encuestados (60,6 %) afirma que «en pocas ocasiones leen artículos sobre
ciencia y tecnología». Sin embargo, esta respuesta sólo la dan el 48,6 % de las
personas que ha cursado estudios durante más tiempo (que dejaron la escuela o
la universidad cuando tenían más de 20 años). Esta baja tasa de lectores
declarados no implica que haya «demasiados artículos y programas sobre ciencia
y tecnología», opinión que es rechazada por el 65,8 % de los encuestados y el
75,9 % de los que ha realizado estudios durante más tiempo.
En cuanto a las
preguntas relacionadas con la calidad de la información proporcionada por los
medios, el 36,5 % de los europeos cree que «los desarrollos científicos y
técnicos se presentan demasiado negativamente», pero una proporción mayor (39,1
%) está en desacuerdo. Además, el 53,3 % cree que los periodistas que escriben
sobre temas científicos no tienen los conocimientos o formación adecuados.
Estas opiniones
demuestran que el 25 % de los europeos cree que la información científica es
demasiado pesimista y que los periodistas no están bien formados. Este punto de
vista no varía en función de la edad. Sólo es ligeramente superior entre las
personas que se definen como «informadas» e «interesadas» por la ciencia (31,5
%).
El público se siente poco informado
Con el objetivo de comprender las
actitudes de los europeos hacia la información científica de forma más precisa
es interesante combinar el grado de información y los términos de interés
exteriorizado:
· Informado e interesado: 29,1 %
· Interesado pero no informado: 14,7 %
· Ni informado ni interesado: 45,8 %
· Otros: 10,4 %
Cuando se combinan estos resultados
podemos ver que ligeramente menos del 75 % de los europeos (29,1 %) afirma que
están informados e interesados por la ciencia y la tecnología mientras que, en
el otro extremo, el 45,8 % cree que no están ni informados ni interesados.
Finalmente, una proporción que se debe tener en cuenta (14,7 %) busca información,
puesto que estas personas declaran que están interesadas pero no informadas. Es
destacable que esta tasa se halla en su máximo nivel en Grecia (25,5 %).
Otras muchas encuestas además del
Eurobarómetro obtenidas de toda Europa4 corroboran inequívocamente
que el público general se siente atraído por la información científica, pero
este interés no va unido a una sensación de estar bien informado por los medios
de comunicación. De hecho, dos de cada tres ciudadanos europeos consideran que
no reciben toda la información que querrían sobre los últimos avances
científicos y tecnológicos, a pesar de que la mayoría revela un gran interés
por aprender sobre ellos. Ésta es la conclusión general a la que se ha llegado
tras leer el informe del Eurobarómetro Europeos, ciencia y tecnología.
Hay que
destacar que el Comisario Europeo para la Investigación, Philippe Busquin,
afirmó al conocer los resultados del eurobarómetro específico sobre ciencia y
sociedad que estos datos debían considerarse como «inquietantes», y animó a los
Estados miembro a que hicieran todo lo posible por dar la vuelta a esta
tendencia. Los suecos, daneses y holandeses son los europeos más interesados
por la ciencia, en oposición a la escasa atracción demostrada por los
irlandeses y portugueses. Los españoles se sitúan en una posición intermedia.
Paradójicamente, los alemanes, ciudadanos de un país científicamente avanzado,
parecen mucho menos interesados en la investigación que los ciudadanos griegos.
Un sector poco estudiado
En el ámbito europeo,
existen pocos estudios sobre cómo los medios de comunicación transmiten temas
científicos a la sociedad, pero hay diversos trabajos que determinan que los
medios de comunicación trivializan en exceso la información científica y
tienden a convertir las noticias científicas y médicas en un espectáculo.
Fundamentalmente por el fast thinking
que imponen los medios audiovisuales, tal como lo definió el sociólogo francés
Pierre Bourdieu,5 independientemente del grado de dificultad que la
recontextualización del discurso científico plantea a la divulgación de las
ciencias y la medicina. Esto con frecuencia reconvierte las noticias
científico-médicas en simples anécdotas y puede comportar un cierto grado de
desinformación.6
Por otro lado,
es patente que el volumen de noticias científicas que aparecen en los medios de
comunicación ha aumentado de forma considerable en los últimos años. Un buen
ejemplo empírico lo tenemos en el estudio denominado Informe Quiral que
cubre las noticias sobre medicina y salud publicadas en los cinco periódicos
españoles más leídos (El País, ABC, El Mundo, La Vanguardia y El Periódico).7 Este análisis pone de relieve
que el número de noticias médicas y sobre salud ha experimentado una gran
evolución, tal como se refleja en la figura 1.
Así pues, entre
1997 y 1999, el número de noticias sobre medicina y salud se dobló en la prensa
española, para estabilizarse posteriormente hasta el 2001 y volver a dar un
salto cuantitativo significativo en el 2002 (los criterios de selección de
noticias fueron obviamente los mismos y abarcaron desde noticias breves hasta
artículos de opinión).
El estudio
revela asimismo el hecho de que el número de periodistas especializados en los
periódicos mencionados casi no ha variado. Esto significa que algunos
redactores científicos han tenido que gestionar y elaborar prácticamente 200
artículos, concretamente en el año 2000. El problema fundamental en este punto
es evidente: ¿se pueden mantener las normas de calidad sin invertir en recursos
humanos? ¿Los periodistas aplican las suficientes normas de calidad, rigor y
profundidad cuando es necesario cubrir un número tan grande de noticias?
¿Diversifican suficientemente sus fuentes en beneficio de una mejor información?
Lo veremos más adelante en las conclusiones.
Cambios profundos en la forma de difundir la ciencia
Todo ello en una coyuntura en la que se están
produciendo cambios profundos en la difusión de las noticias sobre ciencia y
medicina. El uso de Internet y los comunicados de prensa transmitidos por
correo electrónico han supuesto un notable aumento en las noticias que se
distribuyen desde fuentes originales como son las revistas especializadas y que
constituyen una referencia para los periodistas. Un trabajo de análisis
publicado por The Journal of the American
Medical Association8 señalaba que
existe una fuerte asociación entre la selección de temas y el orden de
prioridad que se da a los press releases
(comunicados de prensa) de las revistas científicas y la probabilidad que
tienen dichos temas de ser cubiertos posteriormente en la prensa, aspecto que
influye de forma determinante en la simplificación de los mensajes que llegan
al público. Al mismo tiempo, se debería reflexionar sobre si todos los temas que
aparecen en estas revistas de referencia son realmente importantes o buscan
simplemente un cierto impacto mediático, proceso que a medio y largo plazo
puede afectar de forma negativa a la divulgación de la ciencia y a la imagen
que el público se hace del avance científico. En 1995, cuando Philip Campbell
se convirtió en director de Nature en
sustitución de John Maddox, declaró «Nature
continuará su búsqueda de la excelencia científica y del impacto periodístico».9 ¿Son estos dos objetivos realmente compatibles
para una publicación científica de referencia?
Podríamos poner muchos ejemplos en el
campo del conocimiento científico y médico de noticias que de ser simples
probabilidades los periodistas convirtieron inmediatamente en verdades
noticiables, y que han acabado en el rápido olvido con el paso del tiempo, el
tiempo del periodismo, no así en el científico. Otro motivo de reflexión: el
casi nulo seguimiento que hacen los medios de las propias noticias que un día
incluso fueron portada, aunque con el tiempo se demuestre que no merecían ese
tratamiento informativo ya que no eran verdades, con la relevante carga de
desinformación que esta práctica induce entre los receptores, la mayoría de los
cuales se quedan con la idea recibida y la añaden a su acervo cultural,
creándose así representaciones erróneas del conocimiento. ¿Alguien se acuerda
de la famosa «bacteria jurásica» o de la no menos famosa «bacteria come carne
humana» que se extendía por los hospitales? ¡Cuántos telediarios abrieron con
estas noticias! ¡Cuántas portadas y páginas de periódicos se llenaron! Y para
no dejar el mundo de las bacterias aunque en otro ámbito científico, ¿qué ha
sido de la bacteria fósil de origen marciano –pretendida primera prueba de la
existencia de vida extraterrestre– que la NASA anunció haber descubierto en las
nieves antárticas a bombo y platillo y que llenó minutos de telediario y
portadas de medios de comunicación de todo el mundo?
Sin duda, el crecimiento de la
información científico-médica-tecnológica en los medios ha ido paralelo con el
interés que demuestra el público por todos los temas que tienen que ver con la
innovación, el descubrimiento, nuevas terapias y políticas sanitarias. En el
caso de la medicina resulta evidente que esta demanda del público no corresponde
sólo a la lógica curiosidad, sino que la implicación y preocupación por la
salud propia y de las personas cercanas son determinantes en esta actitud
social. Numerosas encuestas sobre la percepción pública de las ciencias, de las
tecnologías y de la medicina y salud demuestran en esta cuestión tomas de
posición muy similares de las poblaciones en diferentes países del mundo.10
Esta conjunción de la omnipresencia de
los medios de comunicación, del interés subjetivo de la opinión pública y de la
gran difusión de las investigaciones científico-médicas por mediación de las
revistas de referencia –que inundan actualmente las redacciones de los medios
de comunicación con sus propios comunicados de prensa (press release) en los que avanzan a los periodistas especializados
los temas que van a publicar, buscando una notoriedad mediática que redunda en
la propia revista de referencia– motiva una gran generación de expectativas en
la sociedad, sobre todo en relación con la medicina y la salud. El caso de la
aparición de la infección por el virus del sida en los años ochenta y su
continua presencia en los medios de comunicación puede ser un buen ejemplo para
ilustrar esta situación. Expectativa que puede llegar a configurar un factor
distorsionador de la formación de la opinión pública y de la cultura científica
y sanitaria de la población, ya que en muchos casos se está cayendo en la
banalización al ofrecer posibles avances científicos en forma de noticias que
tienen más de anecdótico que de otra cosa, sin perspectiva y contextualización.
Un buen ejemplo de ello lo constituye el abuso que los medios realizan de los
avances en el conocimiento genético, producto de las muchas investigaciones que
se publican continuamente en revistas de referencia sobre el descubrimiento de
«el gen de...» –desde la mucoviscidosis a la propensión a la violencia y un
largo etcétera... incluido la propensión a la... ¡infidelidad!–, con el
consiguiente impacto en el público que recibe tales informaciones, impacto que,
por un lado, puede crear falsas expectativas de «curación» y, por otro, una
clara trivialización de determinados descubrimientos científicos. Sin
menospreciar el factor de cansancio y desánimo de la sociedad cuando una y otra
vez oye hablar de «vías esperanzadoras de tratamiento y curación» que luego no
se traducen en nada efectivo.
Este es un proceso que comienza a
preocupar. Dominique Terré, filósofa de la ciencia e investigadora del Centre
National de Recherche Scientifique de Francia (CNRS), reflexiona sobre ello en
su libro Les dérives de l’argumentation scientifique (1998), en el que
arguye que la divulgación científica «navega entre diversos escollos –que
además pueden sumarse– como el realismo naif, que conduce a una cierta visión
encantada del mundo, o la disimulación de la auténtica relación de fuerzas que
subyacen en los descubrimientos o en los debates importantes, como puede ser la
financiación de la investigación o la aplicación de las terapias génicas».
Dominique Terré considera que «la divulgación oculta el tiempo de la creación
científica, su discurso, su razonamiento, su discusión y sus errores; sólo
interesan los resultados y se promueve una imagen superficial de la ciencia».
Quizás al mundo del periodismo científico
y médico le convenga reflexionar sobre la anécdota que se cuenta del famoso
físico Richard Feynman:
Un periodista le instó en una ocasión a
que le resumiera en pocas palabras las investigaciones que le habían llevado a
obtener el premio Nobel, y Feynman no dudó en contestar: «Si yo pudiera
explicarle mis trabajos en dos minutos, seguro que no hubieran merecido el
premio Nobel».
¿Será incompatible la correcta transmisión del conocimiento
científico con el discurso de la divulgación de las ciencias, de la medicina y
de la salud en el actual contexto de la fabricación de las noticias diarias?
La situación en España
En este contexto, la situación en
España, con una población de aproximadamente 40 millones de ciudadanos, se
puede medir con los datos de penetración de la audiencia publicados por el
Estudio General de Medios (abril 2002 – marzo 2003, con un universo de la
encuesta que es exactamente el de la población de 14 o más años, o sea 35 243
000 individuos). El Estudio General de Medios, además de confirmar la
abrumadora influencia de la televisión, afirma que en España del total de
lectores de revistas existen, aproximadamente, 5,5 millones de personas que
compran específicamente revistas de divulgación, y el número puede aumentar
hasta 7,5 millones si se incluyen las revistas especializadas en ordenadores e
Internet.
Es muy
significativo el hecho de que las revistas más vendidas en España (Pronto, Hola y Lecturas) vayan dirigidas a temas que se clasifican como
«femeninos» y «del corazón», pero que la cuarta en esta clasificación de las
más vendidas sea Muy Interesante, una
revista de divulgación científica que mensualmente distribuye casi 300 000
ejemplares. Podemos afirmar con seguridad que Muy Interesante es una de las revistas a través de la que muchas
personas (especialmente jóvenes lectores y lectoras) se interesan por temas
científicos, incluso si este interés empieza a un nivel claramente popular, que
más adelante puede dirigirles a la búsqueda de información científica en otros
medios de comunicación. Datos de la revista profesional sobre medios de comunicación
españoles Noticias de la Comunicación
(marzo del 2002) muestran que la distribución de difusión acumulada por
segmentos temáticos está encabezada por las llamadas «revistas femeninas», que
suman 2 642 636 ejemplares (el 20,9 % del mercado), y en segundo lugar figuran
las publicaciones de «decoración» con 1 682 562 ejemplares (13,3 %), ocupando
el tercer lugar las publicaciones de divulgación científica, con 1 118 841
ejemplares, es decir, el 8,9 % del mercado.
Esta tendencia
se mantiene e incluso se incrementa a favor de las revistas de divulgación. Los
últimos datos del Estudio General de Medios, marzo del 2003, atribuyen a Muy Interesante una audiencia anual
acumulada de 1 921 000 lectores, un 5 % más que en el año anterior. De hecho,
según la Oficina de la Justificación de la Difusión (OJD), en el período
auditado entre julio del 2001 y junio del 2002, esta revista ha alcanzado un
promedio de ventas de 271 109 ejemplares, cifra que la coloca en el primer
puesto del ranking de revistas mensuales españolas. Por lo tanto, podemos
afirmar que la divulgación científica goza de buena salud en el campo de las
revistas, y no olvidemos que éste es sin duda un buen indicador del interés
general del público ya que implica una actitud activa de compra selectiva, a
diferencia de los diarios en los que los motivos de compra pueden ser muy
variados o, en el caso de la televisión, que en buena parte corresponde a una
acción pasiva de la audiencia aunque comporte la elección de un determinado
programa.
¿Qué ocurre, pues, con la información
científica en televisión, el mayor vehículo potencial de diseminación cultural?
No existen estudios concretos sobre la presencia de ciencia en programas e
informativos, pero según un análisis de la revista Consumer11 los telediarios
españoles dedican en promedio el 45 % de su tiempo a deportes y política –casi
en partes iguales–, y sólo un 3,1 % a la sanidad, un 2,3 % al medio ambiente, y
un 2,1 % a la ciencia. Sumados los promedios, los temas relacionados con
ciencia, medio ambiente, salud, sanidad y consumo disponen casi del mismo
tiempo que el que se dedica a sucesos, o sea menos del 9 % del total. Según los
autores, «las conclusiones, aunque no sorprendan a nadie, invitan a una seria
reflexión», ya que mientras el deporte y la política ocupan cerca de la mitad
del tiempo de los informativos, otros temas de interés social apenas superan
promedios del 3 %.
El estudio fue realizado grabando los
informativos de mediodía y de la primera edición nocturna de 15 cadenas de
televisión, nacionales y autonómicas. Analizaron 15 700 noticias entre mayo y
junio del 2001, lo que significó la grabación de más de 500 horas de
informativos. De aquí, extrajeron los contenidos, el origen y ámbito de las
informaciones, más el tiempo dado a la publicidad durante los telediarios.
Para clasificar las noticias se
establecieron 16 temas. Después de los dos tópicos estrella: política y
deportes, que acaparan la mitad del tiempo informativo, siguen cinco temas de
interés medio: cultura, economía, sociedad, meteorología y sucesos, con
promedios de entre el 7 % y el 10 % y, por último, los otros nueve temas
incluidos en el estudio, que representan un 17 % del total.
Como destaca el informe, «si se
consideran las noticias culturales, sociales, de salud, de consumo, de
seguridad, de medio ambiente y meteorológicas» como las más cercanas al
ciudadano, «las cadenas más alejadas de éste son Canal+, ETB2 de Euskadi,
Antena 3 y TVG de Galicia», sin que cadena alguna destaque por ser cercana al
ciudadano.
En los ámbitos nacional y autonómico los
resultados muestran porcentajes similares: ocho cadenas dedican más tiempo a
deportes, y siete a política, aunque éste es el tema que en su totalidad
acapara más minutos. Cabe destacar la excepción de TVE2 en la cual, el segundo
tema en importancia –después de la política– es la cultura, con un 21 %,
mientras que los deportes alcanzan sólo un 9 %. En ciencia, sanidad y medio
ambiente es la primera del ranking,
dedicándoles un 11,1 % de total de información.
A la luz de los resultados del estudio,
parece contradictoria la poca importancia dada por los informativos a temas
como la ciencia y la salud frente al esfuerzo de las políticas públicas
europeas, que intentan fomentar el conocimiento de la ciencia y la tecnología
entre los ciudadanos. La propia Comisión Europea está desarrollando campañas
para acercar la ciencia y la tecnología al ciudadano con el objetivo de lograr
que en el año 2010 Europa se convierta en «la economía más dinámica basada en
el conocimiento», según palabras del comisionado europeo de Investigación,
Philippe Busquin. Pero al parecer, aún falta mucho camino por recorrer para que
la ciencia, la salud y otros temas relacionados pasen a formar parte, al menos
en España, del grupo de temas a los que los ciudadanos tienen fácil acceso
desde los medios de mayor influencia.
Mientras tanto, como sugieren los
realizadores del estudio, deberíamos pensar en las causas que explican por qué
entre los temas de interés de una sociedad desarrollada como la española pesan
más los sucesos dramáticos o los tratados por la prensa del corazón que las
informaciones sobre la salud y la ciencia, que paradójicamente se espera que
sean los pilares de la economía nacional y europea dentro de pocos años.
Un
ejemplo de buena práctica en una televisión local
En el proceso
de benchmarking que ha realizado la
Comisión Europea sobre la ciencia en el transcurso del año 2002,12 en el capítulo dedicado a la difusión y
percepción pública de la ciencia se incluye como un ejemplo de buena práctica
para la diseminación de la ciencia el caso del canal local BTV de Barcelona.
Durante el año 2001, el citado canal de
televisión municipal ofreció en diferido todos los martes por la noche al final
de la emisión regular la conferencia íntegra que se realizaba por las tardes en
el Ateneo de Barcelona dentro del ciclo «La ciencia en la calle» promovido por
la Concejalía de Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona. Esta
iniciativa tenía por finalidad explicar «qué hacen y por qué hacen lo que
hacen» los científicos y científicas de Barcelona con el fin de divulgar el
interés intrínseco que posee la ciencia. Los datos de esta propuesta cultural
son elocuentes de cuál puede ser uno de los caminos a seguir para impulsar la
divulgación de la ciencia y de la fuerza que posee la televisión –aunque sea
desde la modestia de un canal local– en este proceso. La asistencia a las
conferencias en el Ateneo osciló entre 75 y 250 personas, según el tema. El
seguimiento en los webs de los periódicos La
Vanguardia digital y Diari de
Barcelona on line –que colaboraron con el ciclo colgando de sus respectivas
webs en castellano y en catalán los textos de las conferencias– fue de
respectivamente 3200 hits mensuales de media en el primer diario citado
y de 80 hits diarios de media, en el segundo. Por su parte, las
audiencias en televisión tuvieron una media de 27 000 personas, llegando en
algún caso hasta 56 000, según el tema del que se trataba. ¡Seguramente pocas
conferencias de ciencia y medicina han tenido en la historia de la divulgación
audiencias de esta índole!
Un
caso especial: las biotecnologías
El crecimiento de la información
científico-médica en los medios ha ido paralelo con el interés que demuestra el
público por todos los temas que tienen que ver con la innovación y el
descubrimiento de nuevas terapias y políticas sanitarias, y en general con el
mundo de la medicina. El caso de las biotecnologías merece una atención
específica dado su rápido desarrollo informativo en los medios de comunicación,
que sin duda ha influido en ese gran aumento de noticias de índole médico y
sanitario. Así es y no sólo en el ámbito español. Las empresas farmacéuticas y
de biotecnología han disfrutado en los últimos años de un rápido aumento de la
cobertura mediática, principalmente en periódicos económicos y en las secciones
de salud de periódicos generalistas. Clive Cookson, editor científico del Financial Times explica: «Aunque la ciencia y la medicina cada vez atraigan
más la atención de los medios de comunicación, la cobertura a menudo aparece de
una forma sesgada, ya sea por el abuso de noticias sobre ‘fármacos milagrosos’
o por historias negativas generadoras de miedos sociales. Sin embargo, se
piense lo que se piense de los periodistas, no se puede ignorar su impacto. Las
noticias, positivas o negativas, afectan a las actitudes de los pacientes, a
posibles premios de investigación, a la satisfacción de los accionistas y a
muchas cosas más». Financial Times,
referencia mundial del periodismo económico y financiero, muestra un aumento
sostenido de la información relacionada con las biotecnologías en la década
1991-2000, pasando de 124 a 1117 artículos en este período. Un proceso que
también se detecta en The New York Times,
el periódico líder en Estados Unidos, que publicó 339 artículos sobre
biotecnologías en 1991 y 637 en el 2000.
Esta tendencia no debe ser ajena al hecho de
que en este último cuarto de siglo, en el mundo se ha producido un notable
incremento de las publicaciones científicas, y muy especialmente en el ámbito
biomédico. Mariano Barbacid, director del Centro Nacional de Investigaciones
Oncológicas de Madrid, recuerda en un artículo sobre «Investigadores en España»
que la productividad científica en España ha crecido espectacularmente: 4182
artículos en 1981, 10 688 en 1990 y 23 461 en 1998. Así, la producción
científica española representa el 2,9 % de la producción mundial, lo que nos
sitúa en un digno quinto lugar entre los estados europeos.13
Sin duda, esta conjunción de omnipresencia
de los medios de comunicación, del interés subjetivo de la opinión pública y de
la gran difusión de un sostenido incremento de las investigaciones científicas
–y muy especialmente las de índole médica– por mediación de las revistas de
referencia motiva una gran generación de expectativas en la sociedad. Este
aspecto no se puede disociar del, a veces, enorme salto cualitativo existente
entre las expectativas que crean los propios investigadores con sus
publicaciones especializadas y la realidad de la medicina que no sólo es
transmitida a la sociedad sino que puede ser realmente practicada en función de
criterios económicos y políticos..
Esta situación sin duda influye notablemente en la propia relación
existente entre médico y paciente, el cual acude a la consulta médica casi con
un parti pris o prejuicio que ha
acumulado con la «formación cultural médica» que ha adquirido por influencia de
los medios de comunicación de masas. Hoy acrecentada por la posibilidad de
acceder a todo tipo de información en Internet, contrastada o no, con los peligros
que ello entraña no sólo para la formación de una cultura científica y médica
sino incluso de una correcta educación sanitaria.
Las
grandes agencias de noticias internacionales como Reuters, Associated Press,
etc., y agencias de prensa nacional como EFE en España, LUSA en Portugal, DPA
en Alemania o France Press en Francia son difusores importantes de información
científica, médica, tecnológica y medioambiental. Desde hace algún tiempo,
aproximadamente todos tienen una sección específica para estos temas. Sus
noticias alimentan casi a todas las redacciones de forma continua: prensa
escrita, radio y televisión. Por ello debe tenerse en cuenta su importante
tarea difusora de conocimiento científico aunque su trabajo no sea visible para
el público general. En grandes redacciones su presencia no es muy obvia porque
las oficinas de prensa normalmente utilizan la agencia como fuente de
inspiración de sus propias noticias, que son reescritas en la redacción, sin
embargo el aviso inicial de la novedad procede de la agencia. Las radios y las
televisiones las utilizan como fuentes, pero no muy a menudo mencionan su
origen ni destacan la tarea de la agencia. Sólo en los periódicos que publican
menos artículos, principalmente regionales, aparece la firma de las agencias de
noticias. Debe destacarse que, para dichos medios de comunicación –menos
importantes, pero con una gran influencia en un territorio específico–, las
agencias de noticias son fuentes muy importantes para su tarea diaria
informativa, porque sus redacciones cuentan con pocos periodistas, y no suelen
tener periodistas especializados.
En ese sentido sería muy importante reconocer los contenidos científicos
y tecnológicos de la información que ofrecen, así como sus fuentes y su impacto
real en la difusión de la cultura científica. Estos datos de las agencias de
prensa podrían ayudar a crear algunos indicadores útiles acerca de la
percepción pública de la ciencia.
Internet, la
ruptura de la intermediación
En la historia del periodismo existen
algunos hitos que han marcado decisivamente la evolución de los medios de
comunicación. Uno de ellos fue el ataque japonés a Pearl Harbor (1941), que
supuso un salto decisivo de la radio al retransmitir el discurso del presidente
Franklin Roosvelt al Congreso, y que fue seguido masivamente por la nación
estadounidense. El asesinato de John Kennedy (1963) también comportó un enorme
seguimiento ciudadano en todo el mundo, esta vez en la televisión. Y lo mismo
ocurrió con la llegada del primer ser humano a la Luna (1969).
El 4 de julio de 1997 y los días que le
siguieron marcaron un nuevo hito en esta historia. Esta vez el medio
protagonista no fue ni la radio ni la televisión: el retorno a Marte mediante
la nave Pathfinder y su espectacular minirover fue seguido por 45
millones de personas a través de Internet, lo cual lo convirtió en el
acontecimiento de mayor magnitud en la hasta entonces corta historia de las
web. Un centro de seguimiento del tráfico de información en la red de redes,
existente en San Diego (California, Estados Unidos), ha calculado que en
algunos momentos se produjo un total de 80 millones de hits (contactos
electrónicos) en el web de la NASA y en otros vinculados a informaciones sobre
la misión. Algunos expertos han valorado que ello supuso el espaldarazo
definitivo a la nueva era de los medios de comunicación interactivos, que
muchos ciudadanos conectados eligieron para seguir la apasionante exploración
del planeta rojo prácticamente en semidirecto. La posibilidad de ir más allá de
la información estandarizada y pasiva que ofrece la televisión convencional
para adentrarse en aspectos que cada uno puede ir seleccionando según su
interés y curiosidad –y, sobre todo, en el momento deseado– son las claves del
auge que vivió Internet aquellos días. Marte sigue siendo la nueva frontera que
nos falta en nuestra capacidad de descubrimiento, pero forma ya parte de la
nueva revolución de los medios, esta vez online.
Hemos querido
poner este ejemplo para evidenciar el proceso que se abre con la nueva era de
Internet. La red supone un nuevo medio de divulgación con unas
características y un potencial que pueden comportar un cambio radical en la
relación de las fuentes originales de información y el gran público, y que
implicará una profunda modificación de hábitos de acceso a la información. El
papel central y decisivo que hasta ahora han desempeñado los medios de
comunicación convencionales en la intermediación del conocimiento está
destinado a sufrir cambios muy importantes. En el caso que hemos explicado, la
NASA mediante su web no ha necesitado intermediario alguno para acceder
ampliamente a la opinión pública y viceversa. Este fenómeno se irá
generalizando y los ciudadanos utilizarán este nuevo medio para ir directamente
a aquellas fuentes que pongan en la red sus fuentes originales de información.
Los intermediarios de la comunicación deberán evolucionar hacia nuevas
fórmulas, por ejemplo los diarios se irán convirtiendo cada vez en más
analíticos y suministradores de opinión, ya que las noticias –como ya ocurre en
parte con la radio y la televisión– serán perfectamente conocidas con
antelación a la compra de un diario por los lectores. Internet supone un salto
cualitativo respecto a los medios audiovisuales convencionales ya que ofrece
una fórmula mixta de texto y de audiovisual que permite la captación de la
información y su utilización en el momento que desea el usuario. Además,
Internet supone la posibilidad de recuperar a un sector de público joven que,
según los últimos datos del Eurobarómetro, se ha alejado tanto de las
vocaciones científicas como en buena medida de la divulgación científica. Por
ello, Internet debe ser un vehículo esencial en cualquier alternativa de
acercamiento de la ciencia y de la medicina a la sociedad.
En
este sentido son muy significativos los datos que nos ha ofrecido el último
informe de la National Science Foundation norteamericana.14 Es interesante observar cómo Internet se
ha convertido ya, en el caso de Estados Unidos, en la primera fuente del público
cuando se trata de ir a buscar más información específica sobre temas
científicos, aunque la televisión ocupe también allí el primer lugar en el caso
de la obtención, podríamos decir, pasiva de información (figura 2).
En el caso de España, la penetración del uso de
Internet, según el Estudio General de Medios, ya comienza a ser significativa
con un 23,8 % de la población que lo utiliza como fuente general de
información. Esta cifra está muy alejada de la televisión (90,3 %), pero ya no
tanto de los periódicos (38,8 %) y hace presuponer que, como en el caso de
Estados Unidos, Internet va a ser un medio para ir a buscar información
suplementaria específica en todos los ámbitos, incluidas la ciencia, la medicina
y la salud. De hecho así lo indica en general el uso que se le da: el acceso al
World Wide Web.
Bibliografía y notas
[1] Jane
Gregory y Steve Miller: Science in Public: Communication, Culture and Credibility, Nueva
York, Plenum Press, 1998.
2 Encuesta de la Concejalía Ciudad del Conocimiento del
Ayuntamiento de Barcelona, septiembre del 2001.
3 Los
datos completos del Eurobarómetro «Europeos, ciencia y sociedad» pueden
ser consultados en http://www.upf.es/occ/cat/Eurob-eng1.doc.
4 Por
ejemplo se puede consultar la encuesta del Science and Media Center de abril
del 2002, en http://www.sciencemediacenter.org.
5 Bourdieu,
P.: Sur la television,
París, Raisons d’Agir Éditions, 1996.
6 House
of Lords: Science and Technology
Third report, 2000. Se
consulta en http://www.publications.parliament.uk/pa/ld199900/ldselect/ldsctech/38/3801.htm
De Semir,
Vladimir (2000) «Periodismo científico, un discurso a la deriva», Revista iberoamericana de Discurso y
Sociedad 2000; 2 (núm. 2).
Tristani-Potteaux, Françoise: «Du laboratoire au citoyen: les trois étapes de
la communication scientifique», CNRS Info
nº 394 spécial 20 ans d’information et de médiation scientifiques, París,
CNRS, 2001 (http://www.cnrs.fr/Cnrspresse/n394/n394.htm).
7 Observatorio de la Comunicación Científica (UPF) – Fundación Vila
Casas: Informe Quiral: Medicina, Comunicación y Sociedad (1997,
1998, 1999, 2000, 2001 y 2002), Barcelona, Rubes Editorial. Se consulta en
http://www.quiral.org.
8 De Semir,
V.; Ribas, C., y Revuelta G.: «Press Releases of Science Journal Articles and Subsequent Newspaper
Stories on the Same Topic», JAMA 1998;
280 (núm. 3, 15 de julio). Se consulta en
http://www.ama-assn.org/public/peer/7_15_98/jpv80001.htm.
9 Editorial de Nature, 14 de diciembre de 1995.
10 Miller,
J.; Pardo, R. y Niwa, F.:
Public Perceptions of Science and
Technology, Bilbao, Fundación BBV, 1997.
11 Consumer, revista del consumidor que
edita el Grupo Eroski, septiembre 2002 (http://www.revista.consumer.es).
12
http://www.cordis.lu/rtd2002/era-developments/benchmarking.htm
13 Barbacid
M.: «Investigadores
en España», en: Reflexiones sobre la ciencia en España. El caso particular
de la Biomedicina, Barcelona,
Fundación Lilly-Ars Medica, 2003; 89-104.
14
http://www.nsf.org.
Vladimir
de Semir
Periodista, profesor y director
del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra.
Director de la revista Quark y del
Informe Quiral (Medicina y Sociedad). Presidente de la red internacional Public
Communication of Science and Technology y miembro de la Comisión de Expertos de
la Comisión Europea para la Cultura Científica, de la European Network of
Science Communication Researchers & Teachers, de la World Technology
Network, del Grupo de Percepción Pública de la Biotecnología de la European Federation
of Biotechnology y de la comisión científica del Museo de la Ciencia y de la
Técnica de Catalunya y del Museo del Hombre de A Coruña. Creador y editor de
los suplementos de Ciencia y Medicina de La
Vanguardia (1982–1996). Concejal de Ciudad del Conocimiento en el
Ayuntamiento de Barcelona (1999–2003).
|
|
BE |
DK |
GE |
GR |
ES |
FR |
IR |
IT |
LU |
NL |
AU |
PO |
FI |
SW |
UK |
EU15 |
|
TV |
63,6 |
60,6 |
67,7 |
62,2 |
52,5 |
64,6 |
61 |
48,8 |
42,3 |
59,4 |
64,6 |
59,1 |
59,1 |
66,2 |
60,4 |
60,3 |
|
Prensa |
37,3 |
39,3 |
43,9 |
30,1 |
25,8 |
34,7 |
39,1 |
28,1 |
29,5 |
49,2 |
41,2 |
22,8 |
50 |
46,4 |
42,2 |
37 |
|
Radio |
29,7 |
22,7 |
25,5 |
33 |
33,6 |
33,7 |
39,6 |
15,9 |
24,4 |
35,7 |
41 |
28,3 |
21,4 |
24,6 |
25,6 |
27,3 |
|
Escuela
|
24,8 |
27,9 |
14,2 |
28,7 |
24,7 |
17,4 |
20,5 |
34,3 |
19,1 |
26,9 |
14,3 |
19,1 |
26,6 |
23 |
22,9 |
22,3 |
|
Revistas |
20,9 |
16,9 |
15,4 |
13,2 |
16,9 |
20,8 |
14,4 |
33,1 |
13,9 |
21,2 |
16,1 |
8,1 |
22,4 |
21,2 |
18,7 |
20,1 |
|
Internet |
18,4 |
15,8 |
13,7 |
10,4 |
13,5 |
9,5 |
20,3 |
23,7 |
14,3 |
23,3 |
16,4 |
13,7 |
18,3 |
14,1 |
22,8 |
16,7 |
Fuente: Eurobarómetro Europeos,
ciencia y tecnología (diciembre 2001)
Tabla
II Actitudes ante los medios de
información científica
|
|
Acuerdo |
No acuerdo |
No saben |
|
Prefiero ver programas
de televisión sobre ciencia y tecnología antes que leer artículos sobre este
tema |
66,4 |
23,8 |
9,9 |
|
Casi nunca leo
artículos sobre ciencia y tecnología |
|