C.P. Snow
Routledge, Roddey Reid & Sharon Traweek,
2000
The
one culture?
Jay A. Labinger & Harry Collins
Chicago, The
University Chicago Press, 2001
La noción
de que el sistema educativo y la vida intelectual de nuestra sociedad está
caracterizada por la división en dos culturas –artes y humanidades, por una
parte, y las ciencias, por otra– tiene una larga historia. Sin embargo, fue un
científico y alto cargo público, C.P. Snow, quien le dio carta de naturaleza y
la definió en una conferencia que dictó el 7 de mayo de 1959 en la Senate House
de Cambridge. Desde aquel momento este concepto de «las dos culturas» se ha
incorporado al debate público en todos sus niveles y sigue estando de plena
actualidad hoy en día. Con toda seguridad no ha habido otro texto en la histora
sobre el papel de las ciencias en la sociedad que haya tenido este impacto. Ya
lo tuvo desde el principio, hasta el punto de que cuatro años después, en 1963,
el propio C.P. Snow escribió un nuevo texto The Two Cultures: A Second Look
para responder a la controversia que había originado con su primera
conferencia. Ambos textos están recogidos en una obra de Cambridge University
Press de 1998 con una amplia introducción de Stefan Collini en el que
contextualiza el debate. Una lectura de referencia obligada.
A partir de la famosa conferencia de Snow se han publicado innumerables
textos en los que se reflexiona sobre la relación de las ciencias con la
sociedad o en los que se realizan estudios culturales sobre la ciencia , la
tecnología y la medicina. Este es el caso de Doing Science+Culture, en
el que se analiza qué significa «hacer ciencia» hoy en día y su impacto en
nuestra sociedad. En The one Culture se abordan diferentes ámbitos
científicos, sus controversias y se intercambian ideas y opiniones sobre esta
complicada relación de las ciencias con la sociedad. ¿Cómo han de interactuar
los científicos con el resto de la sociedad? ¿Cuál es el rol del conocimiento
científico en nuestro mundo? ¿Quiénes están realmente autorizados para hablar
sobre ciencia? Estas y otras muchas cuestiones similares son esenciales dado el
espacio vital que ocupan la ciencia y la tecnología en la nueva sociedad del
conocimiento en estos principios del siglo xxi.
Xavier Duran y Mercè Piqueras
Barcelona, Ayuntamiento de Barcelona, 2002
[edición en castellano, en catalán y en
inglés]
Muchas veces se plantea el problema de hacer llegar el conocimiento
científico a la sociedad. Problema que surge cuando en los medios de
comunicación se dan informaciones, muchas veces poco contrastadas de supuestos
avances científicos. Ante los malentendidos y el distanciamiento que se
produce, surge la necesidad de dejar claros los logros y las carencias de la
ciencia, es decir, lo que la ciencia no sabe o no puede hacer y los problemas
que no puede o no sabe resolver. Ésta es una de las tareas de la divulgación
científica que no debe perder de vista las dimensiones humanística y ética,
absolutamente imprescindibles en el campo de la ciencia y de la tecnología.
En su obra conjunta Paseos por la Barcelona científica, Xavier
Duran y Mercè Piqueras proponen una vía alternativa y poco convencional de
aproximación al conocimiento científico y tecnológico a partir de los rastros
que podemos encontrar en la ciudad de Barcelona. Con un formato de guía
turística, profusamente ilustrada y complementada por planos de situación,
trata de llamar la atención sobre los elementos urbanos que recuerdan la
actividad científica e industrial, incluso en aquellos en los que no solemos
reparar, como por ejemplo los que facilitaron la distribución de agua y de
energía, o los que permitieron la movilidad del ciudadano. Del mismo modo,
sugiere una mirada científica de los edificios y de los museos y sus
contenidos. Pero esta mirada no se queda en el pasado, sino que pretende una
conexión con la actualidad. Por ejemplo, si visitamos el primitivo Hospital de
la Santa Creu, deberá tenerse en cuenta el hilo conductor que nos conduce
inevitablemente a los actuales hospitales universitarios de la ciudad (Clínic,
Sant Pau, Mar). O también, si nuestro centro de interés es el Laboratorio
Municipal, éste deberá contemplarse como referente de los actuales centros de
investigación. Pero no se trata solamente de edificios e instituciones, sino
también de personas. Así pues, podremos averiguar que Santiago Ramón y Cajal,
estableció su teoría de la neurona mientras fue profesor en la Universidad de
Barcelona y vivió en la calle del Notariat.
Pero la divulgación científica también deberá tener en cuenta el
conocimiento del entorno. Personas e instituciones son importantes y deben ser
conocidas por el ciudadano, pero no debe olvidarse la estructura de la ciudad
en su conjunto. Pensemos en el proyecto inicial del Ensanche de Ildefons Cerdà
que ya tenía en cuenta las zonas verdes. Sin duda, es de interés saberlo, y
también qué especies de plantas encontraremos en los parques y jardines de la
ciudad de Barcelona, posibilidad que nos ofrece esta guía.
Cabe preguntarse si los Paseos por la Barcelona científica
superan los malentendidos planteados al principio de esta reseña. La respuesta
es afirmativa ya que, con frecuencia, la divulgación científica se confunde con
la actualidad más inmediata ofrecida por los medios de comunicación, que por
otra parte, suelen ceñirse al último gen decodificado o al último modelo de
expansión del universo. Este tipo de información se presenta, en la mayoría de
las ocasiones, fuera de contexto sin tener en cuenta que todo hecho científico
adquiere pleno significado en un tiempo y en un espacio histórico y cultural.
El gran mérito de este libro es justamente el de presentar la ciencia y la
tecnología en su contexto y de este modo hacerlas comprensibles a un público
amplio que, no lo olvidemos, que constituye la mayoría de la sociedad. Algunos
ejemplos: si se habla del descubrimiento de una nueva galaxia, debe recordarse
que todo empezó con los telescopios ópticos, que todavía están en activo, como
el del Observatori Fabra. Si se habla del genoma humano, debe indicarse que los
centros de investigación de Barcelona que están en el proyecto, cuentan con una
larga historia, como es el caso del Institut Municipal d’Investigació Mèdica
(IMIM).
En la
presentación del libro, Joan Clos, alcalde de Barcelona, afirma que los
científicos contribuyen de forma decisiva a dibujar una parte esencial de la
imagen del mundo y que podemos considerar a la ciencia y a la tecnología como
los ejes básicos de los cambios que conocemos día a día. Añade, que estas
percepciones no quedan exentas de un cierto desasosiego por la aceleración con
que se dan y por la sensación que tiene el ciudadano de ser un objeto relativamente
pasivo. El problema se centra, pues, en aproximar al ciudadano a los hechos
científicos y tecnológicos para que éste adquiera conocimiento, confianza y
criterio. Este libro puede ayudar a alcanzar ese objetivo.
La edición de este libro ha sido posible gracias a la Concejalía de
Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, organizadora entre otros
actos, de la Setmana de la Ciència, en cuya inauguración se presentó
públicamente esta obra.
Santiago Riera i Tuèbols
[edición en catalán]
La revolución científica pasó tímidamente por Cataluña. A partir del
siglo xviii, nuevos aires
liberales impulsaron el interés por la ciencia en un país periférico como el
nuestro. Periférico en el sentido de que ha sido receptor más que
creador y que ha ido adaptando a sus necesidades los conocimientos científicos
que se han difundido desde países centrales (Reino Unido, Francia, Alemania o
Estados Unidos). Riera destaca las discontinuidades por las que la ciencia
catalana ha ido configurándose en los últimos siglos hasta llegar a la
actualidad que, por cuestiones de perspectiva histórica, voluntariamente decide
finalizar en 1975. A pesar de que en su libro no faltan interpretaciones y
sugerencias, se trata de una obra positivista.
Afirma el autor que aunque se ha avanzado en el estudio de la historia de la
ciencia, como consecuencia de la lentitud en la aparición de obras de
divulgación, el gran público todavía no ha podido asimilar los nuevos temas y
enfoques que la moderna historiografía presenta.
Un capítulo que merece especial atención es el dedicado a la oscura
época franquista, período en que está casi todo por hacer y por decir. En su
forma, el autor, lo diferencia del resto de los capítulos y ha evitado todo
intento de sistematización de instituciones o materias. Por el contrario,
grandes períodos como el Renacimiento o la Ilustración, los presenta ordenados
por los distintos temas de interés (matemáticas, navegación, astronomía,
medicina, botánica, etc.) relacionados con las instituciones públicas o
privadas con las que se conectan.
Uno de los episodios que marcan un punto de inflexión ocurre después de
la Guerra de Sucesión española cuando se cierran los centros universitarios
catalanes y en su lugar se erige la Universidad de Cervera. Las pocas
aportaciones científicas de este centro académico y su emplazamiento alejado de
los centros de producción e intercambio científico, hacen que la burguesía
catalana tuviera que buscar otros caminos. A su vez, la monarquía ilustrada
española impulsó la ciencia a través del Ejército y la Armada. La Academia
Militar o el Colegio de Cirugía de Barcelona son buena prueba de ello. La
burguesía catalana –contando sólo con la Universidad de Cervera, la Academia
Militar y el Colegio de Cirugía– se preocupó en crear sus propios instrumentos:
la Junta de Comercio, la Real Academia de Ciencias o la Real Academia de
Medicina, centros de enseñanza científico-técnica que permitieron modernizarse
y avanzar hacia la industrialización. En todos los casos las instituciones y
centros creados en Cataluña tuvieron una característica común: regirse por un
criterio utilitarista, de servicio a la sociedad, y por una noción de
modernidad entendida como un deseo de pertenecer a Europa.
En la Cataluña del siglo xix
hay una revolución capitalista a expensas de las transformaciones agrarias de
finales del siglo xviii y una
voluntad de modernizar el país hacia la industrialización.
La restauración de la Universidad de Barcelona en 1837 marca el inicio
del siguiente capítulo que discurre hasta el establecimiento de la
Mancomunitat, y de ésta hasta el advenimiento de la Generalitat, constituye la
materia de la que se ocupa el siguiente. Riera remarca el período de 25 años de
plenitud que va desde la Mancomunitat de 1914 a la Generalitat republicana.
A partir de la Lliga Regionalista y la Diputación de Barcelona, surge
la creación del Institut d’Estudis Catalans en 1907 y sus sucesivas secciones,
entre ellas la de ciencias en 1911, sección que a partir de ese mismo año
publicó anualmente sus Memòries
llenando de este modo el vacío de publicaciones científicas existentes en ese
momento. Se comenta el hecho insólito de la visita de Einstein a Cataluña y la
repercusión que esta visita tuvo en la prensa: La Vanguardia o La Publicitat.
Dentro del ámbito de la divulgación, la revista Ciència marcó y representó el mundo científico catalán de 1926 a
1933.
En el ámbito tecnológico, en 1911, se constituía la Barcelona Traction Light and Power,
conocida como La Canadenca ubicada en
Cabdella, central hidroeléctrica que repercutió en la producción industrial:
química, textil, cemento, gas, etc.
En el siglo xx, Cataluña
tuvo tres períodos de autogobierno separados por dos dictaduras. De este modo,
se llega al último capítulo dedicado al franquismo, a la «diáspora», como
indica en su primer subtítulo Riera Tuèbols. En efecto, el desenlace de la
guerra, el exilio, provocó un empobrecimiento notable de la comunidad
científica catalana. Comenta aquí el autor cómo era la docencia y la
investigación dentro de la universidad franquista, o la creación del centro de
investigación por excelencia del momento, el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC).
Santiago Riera Tuèbols es ingeniero industrial e historiador, profesor
de historia de la ciencia y de la técnica en el Departamento de Historia
Contemporánea de la Universidad de Barcelona y miembro del Institut d’Estudis
Catalans (IEC). Dispone de una extensa producción, entre las que destacan las
obras Ciència i tècnica a la
il.lustració: Francesc Salvà i Campillo (1751-1828),
obra merecedora del premio Lluis Sayé en 1985, Narcís Monturiol una vida apassionant, una obra apassionada (1986),
o Més enllà de la cultura tecnocientífica,
ganadora del premio a la creación y a la investigación, categoría de ensayo en
1994, primera obra una trilogía que finaliza en Ciència, romanticisme i utopia (2001).
Introducción al
periodismo científico
Mariano Belenguer Jané
Serie Comunicación
Sevilla, Padilla Libros
Editores y Libreros, 2002
Faltan libros de periodismo científico. Faltan manuales y
textos para quienes quieran aprender a escribir periodísticamente sobre la
ciencia y sus avances, cuya importancia en nuestro desarrollo económico y
social aumenta día a día. Y es a partir de esta base que la aparición de un
libro de introducción al periodismo científico, como el publicado por el profesor
Mariano Belenguer, es un acierto editorial que ayuda a esclarecer una parte del
camino de los que quieran dedicarse al periodismo científico.
Belenguer, profesor de periodismo científico en la
Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, recorre algunos de los
conceptos más importantes que debe tener en cuenta quien desee dedicarse a la
divulgación de la ciencia, desde el periodismo, en España: historia y conceptos
más relevantes de la ciencia moderna, la caracterización del periodismo especializado,
los tipos de fuentes más importantes (con un resumen de las instituciones
científicas españolas existentes) y los géneros periodísticos utilizados a la
hora de dar forma al trabajo periodístico. Los cuatro capítulos que forman el
libro compilan un muy interesante resumen pedagógico sobre esta especialidad,
en una progresión deductiva desde la teoría hasta las formas de redacción
periodísticas.
En este sentido, destaca el capítulo sobre Géneros
periodísticos en el periodismo científico, que presenta una visión muy completa
sobre el discurso periodístico y sus géneros. La experiencia profesional de
Belenguer, unida a un muy interesante trabajo de investigación, resultan en un
buen manual de inicio a quienes se interesen por el periodismo científico.
Como explica el autor, su libro «sólo pretende añadir una
pequeña aportación a lo existente en el periodismo especializado en ciencia»
desde su experiencia profesional y docente. Por lo mismo, y por ser un libro
dirigido a jóvenes redactores, quizá faltaría una mayor profundidad en algunos
temas actuales. Los recursos electrónicos, Internet y las versiones online de
las publicaciones científicas, las nuevas rutinas periodísticas y la influencia
que ejercen ciertas fuentes y son temas explicados muy brevemente, al final del
tercer capítulo. Desde cualquier perspectiva es un aporte, sin duda, en un
campo en el que faltan textos que profundicen en una de las especializaciones
periodísticas de mayor importancia en nuestra sociedad, cada vez más
dependiente de la ciencia y la tecnología para su desarrollo.
Es
imposible terminar esta reseña sin detenerse en el diseño de la portada,
inspirada en las aventuras de los descubridores de inicios del siglo pasado.
Aunque es un detalle estilístico interesante, puede confundir a sus potenciales
lectores y desmerecer la actualidad de este libro, de lectura amena, y
necesario tanto en las bibliotecas de periodismo especializado como en las de
los jóvenes redactores.
Raimundo
Roberts M.