Editorial
El
imperio de la marca
(la ciencia y el pensamiento único)
El pensamiento único nos invade. Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, acuñó la expresión en un editorial1 en el que reflexionaba sobre el hecho de que los ciudadanos de las democracias actuales se sienten sometidos a una doctrina omnipresente e indefinida. Este pensamiento único ahoga cualquier razonamiento libre que no sea la traducción ideológica, con pretensión universal, de los intereses del conjunto de fuerzas económicas que representan el capital internacional. Este pensamiento único tiene muchas formas de materializarse. "Es un discurso anónimo como expresaba Ramonet- que recogen y reproducen las biblias de los inversores y de los que mueven las bolsas del mundo: The Wall Street Journal, Financial Times, The Economist... y que en su mayoría son propiedad de grandes grupos industriales o financieros. Luego todos estos conceptos son tomados por profesores, periodistas, escritores y políticos que, por mediación de los grandes medios de comunicación de masas, los repiten hasta la saciedad, sabiendo pertinentemente que en nuestra sociedad mediática la repetición equivale a demostración." Naturalmente, forma parte de este pensamiento único el uniformismo del consumo de todo tipo y que incluso se refleja en la inauguración del mismo tipo de cafés y centros de ocio en todas las grandes capitales, mientras sucumben aquellos lugares autóctonos con la atmósfera local atesorada con muchos años de existencia. Es el imperio de la marca mundial, contra el que los valores locales no pueden luchar.
También forma parte de este pensamiento único la gran coincidencia de temas informativos que ofrecen los medios de comunicación, que curiosamente hasta se copian las portadas, dejando para la diferencia sólo pequeños matices.Y es que, como bien dijo Noam Chomsky, "la falta de tiempo y de espacio induce a reproducir el discurso dominante". Esto es lo que está ocurriendo de forma creciente en los medios de comunicación, ya que, además, fomentar un análisis crítico de las noticias que nos llegan necesitaría más trabajo, más espacio y más tiempo del que normalmente tenemos. Por ello, salvo excepciones, acabamos sucumbiendo de una forma u otra al pensamiento único.¿Tiene este fenómeno una traslación en el mundo de las ciencias? Es posible que las ciencias y los científicos puedan continuar sobreviviendo sin someterse al pensamiento único. Sin embargo, cada vez más los condicionantes económicos van a impulsar que cualquier actividad humana se vea involucrada en los objetivos de ese pensamiento único, una de cuyas características es el dominio de lo económico por encima de cualquier otro argumento. En este sentido, estamos asistiendo a una cierta forma de eclosión del pensamiento único en el campo de la biología al reiterar hasta la saciedad ese mensaje, ciertamente determinista, que expresa una enorme confianza en el avance que estamos dispuestos a efectuar en el campo del conocimiento genético. Sin minusvalorar las aplicaciones que se podrán obtener del desarrollo de la llamada medicina predictiva, está claro que estamos ante un fenómeno de masiva reiteración de los grandes valores que se derivarán del conocimiento del genoma humano, al que algunos consideran como la solución a los problemas médicos de nuestro futuro. Este ejemplo nos hace pensar que no es tanto en el propio desarrollo del conocimiento científico en el que se puede imponer el pensamiento único (que ciertamente lo hará en determinados campos de la mano de los intereses económicos), sino precisamente en el ámbito de la comunicación científica, que es la que al final realmente marca las prioridades sociales y políticas en nuestra sociedad.En los últimos tiempos, estamos asistiendo a la uniformización del mensaje aplicado al periodismo científico, puesto que los grandes medios de comunicación escritos y audiovisuales marginan el análisis crítico y se limitan a reproducir y convertir en "verdad" noticias que sólo son el reflejo de unos descubrimientos o ideas del momento y que, en realidad, necesitan investigaciones mucho más profundas para llegar a una conclusión cercana a esa verdad que se transmite como casi absoluta, ya que es la autoridad científica la que está en su origen. Recientemente vivimos el ejemplo del pretendido descubrimiento en la Tierra de vida fosilizada de origen marciano,2 pero hay muchos más casi cada día en nuestros medios de comunicación, quizá no tan sensacionales, pero que reflejan que el periodista científico ha perdido también su capacidad de crítica y de análisis. Las verdades parciales de los descubrimientos que se publican en Nature, Science, The Lancet y otras revistas de referencia, acreditadas por la práctica del "peer review", sufren una ampliación en los medios de información general al haberse extendido la práctica de la influencia de los "press release" sobre los periodistas.3 El periodista científico recibe en su mesa de trabajo o en su ordenador el avance de los principales artículos científicos que van a publicar las revistas en cuestión y con un mínimo esfuerzo, ya que estos "press release" promueven y ofrecen noticias ya "digeridas" e, incluso, el contacto directo con el equipo científico que ha protagonizado el artículo y que lógicamente es una fuente interesada, al facilitar su fax o correo electrónico. Naturalmente, por este motivo los principales periodistas científicos y médicos de todo el mundo se fijan en las mismas noticias y ofrecen a sus lectores análogos titulares sobre, casi siempre, espectaculares avances científicos. La mayoría de las veces, verdades parciales que se presentan como verdades casi absolutas. En este fenómeno de pensamiento único en la comunicación científica, las "biblias" no son The Wall Street Journal y similares, sino las revistas de referencia, que buscan prestigio y un mayor impacto social y cultural para mejorar su propia imagen de marca, ya que también la competencia ha llegado hasta ellas. Pugnan por publicar los artículos científicos que luego pueden ser más sensacionales u oportunos en los medios que actúan como amplificadores de su existencia, desde The New York Times a La Vanguardia y que, a su vez, suelen ser fuente de "inspiración periodística" para muchos otros medios menos poderosos y que ni siquiera pueden contar con el lujo que supone una plantilla de periodistas especializados.¿Influye este proceso incluso en el propio "peer review"? Empezamos a sospechar que sí, pero habrá que probarlo. Si fuera así, uno de los pilares de la actual metodología científica estaría en entredicho. Un argumento más a favor de aquellos que propugnan volver al estricto debate de las ideas en el momento de dar a conocer resultados científicos, con una validación a posteriori surgida de esa discusión científica, y que estiman que para ello la vía electrónica y masiva de Internet puede ser el vehículo ideal. Habrá que pensar si ésta es una forma útil de luchar contra el imperio de las marcas.
El Director
1. Enero de 1995.2. Quark, núm. 5.3. Véase sobre esta cuestión el artículo "Journalistes scientifiques sous influence" de Suren Erkman, en Le Monde Diplomatique de octubre de 1996.