EDITORIAL

La oveja Dolly y el cometa Hale-Bopp
Vladimir de Semir

Una oveja clónica y un cometa espectacular, dos acontecimientos científicos, han conmocionado el mundo. Dos noticias vinculadas con el conocimiento científico que han llenado espacios informativos en todos los periódicos, revistas, radios y televisiones, y que con toda seguridad lo seguirán haciendo en los próximas semanas y meses, incluso posiblemente en los próximos años. Parece que no tengan nada en común, pero no sólo las une su casi coincidencia en el tiempo, constituyen también excelentes ejemplos para reflexionar sobre lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que nunca sabremos. Vayamos por partes.Sabemos que el ser humano avanza a pasos agigantados en este final de siglo. Sus conocimientos se desarrollan con suma rapidez; su capacidad de desentrañar la complejidad del mundo parece tener unos límites muy lejanos; lo imposible se hace posible... Ni siquiera han pasado 50 años desde que el ser humano consiguió descifrar la estructura de la molécula de la vida y ya ha sido capaz de clonar un mamífero adulto. El ser humano se siente intrépido, seguro de sí mismo. Sus objetivos son nobles: la lucha contra la enfermedad y la búsqueda de alimento para una población humana cada vez mayor. Sueña con una vida cada vez más larga. Una vida mejor. Su curiosidad se hace infinita, mira al cielo, observa el cometa, predice su vuelta dentro de varios milenios. Creemos saber que seremos competentes en administrar nuestra capacidad de transformar la naturaleza, en establecer fronteras a tanta curiosidad y en dosificar esa aparente posibilidad ilimitada de intervención en la evolución de nuestro entorno e incluso en nuestra propia constitución biológica. Nos convencemos de que profundizar en el conocimiento nos hace mejores, más solidarios y quizá también más humanos. Observar es conocer, conocer es comprender, comprender es poder... Analizar el espectro de un cometa es un paso para interpretar el origen. Clonar una oveja es sólo un eslabón para dominar el futuro.Nunca sabremos (o quizá no desearemos saber) por qué a medida que avanzamos en el conocimiento seguimos construyendo un mundo más desigual. No sólo se agrandan las injusticias materiales en y entre las diferentes sociedades que componen nuestra civilización, sino que aspectos mucho más sutiles, como el acceso al complejo conocimiento o a la transmisión de simple información, poseen trasfondos cada vez más manipulados a pesar de que los logros tecnológicos --Internet incluida-- hagan aparentemente más equitativa la circulación del saber. Como tampoco seremos capaces de entender por qué crece la mixtificación y la crisis de valores en paralelo a nuestra capacidad de ser más certeros en el análisis de las causas y efectos de nuestras acciones para adaptar el mundo a nuestra necesidades. Una oveja abre las puertas a la inmortalidad genética de mentes ilusas y un cometa impulsa al suicidio a mentes sectarias para regenerar el planeta y a la especie humana.

Convulsión. Las imágenes de una oveja blanca y frágil llenan portadas, abren telediarios, suscitan debates. Poco después llega el cometa. Por un momento parece que la omnipresente cotidianidad de la política aparente, del suceso morboso y de la incomprendida y siempre ajena economía pierden terreno ante la trascendencia de lo que logra el ser humano con su conocimiento científico, adentrándose en la apasionante observación del cosmos, contestándose a los interrogantes que él mismo se plantea desde que tiene razón e inteligencia, resolviendo retos que creía imposibles. Pero la realidad que nos imponen se abre camino. Los medios de comunicación casi no tienen memoria, olvidan pronto. Los acontecimientos científicos recobran sus espacios habituales, casi siempre en inferioridad de condiciones respecto al resto de noticias. Los artículos de opinión vuelven a tratar de lo de siempre. Sólo algunos han abierto la puerta a otro debate, el de las ideas científicas y las consecuencias del conocimiento que la humanidad va adquiriendo casi sin darse cuenta. Pero la puerta se cierra con suma facilidad. A la sociedad en que vivimos y a los medios de comunicación que la sirven poco les importa la reflexión sobre el conocimiento, sus límites y el más allá de un corto futuro, el que marca la política y la economía del inmediato o de unos pocos.

La civilización avanza en sus logros tecnológicos pero retrocede en su capacidad de análisis. El ser humano cree vivir intensamente porque consume rápido, pero poco a poco su mirada crítica disminuye. Los periodistas han de estar alerta. Si aspiran a ser verdaderos mediadores y transmisores del acontecer han de saber superar las muchas trampas que se ciernen sobre ellos. Las noticias ocultan intereses. Los descubrimientos científicos no son meros avances de la innata curiosidad humana, no son sólo la búsqueda de soluciones a problemas planteados. Incluso la blanca y frágil oveja Dolly hace subir la cotización en Bolsa de una empresa privada que financia la investigación... La noticia no es sólo información es también comunicación. Hay un objetivo cuando es dada a conocer. Nada es neutro o independiente, existe un contexto. Alguien posee un interés. Casi siempre ha sido así y no nos debemos rasgar las vestiduras por ello, pero cada vez es menor el tiempo que tenemos para el análisis y la reflexión. En algunos casos --en algunos medios de comunicación-- incluso llega a molestar si el periodista se pregunta demasiadas cosas... El exceso de información favorece que nuestra capacidad de discernimiento disminuya, que confundamos información con comunicación y que lo fácil sea no desarrollar el espíritu crítico.

Dolly y Hale-Bopp, casi de la mano, han llegado, han sacudido nuestra conciencia, pero se han vuelto a ir. Una sigue viviendo ajena a todo en un cobertizo de Escocia; el otro sigue vagando con un rumbo muy determinado por el Universo. ¿Sabemos nosotros dónde y cómo vivimos y qué futuro queremos? Y más concretamente: ¿hasta qué punto la información recibida nos ha permitido avanzar y desarrollar nuevas perspectivas para nuestros juicios de valor?

El Director