| LAS IMÁGENES DE LA CIENCIA (ARTICULO ESTRELLA) Paul Caro |
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| DIBUJO Y CIENCIAS NATURALES Jordi Sabater Pi |
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| IMAGEN Y CIENCIA. EN TORNO A LA INDAGACIÓN SOBRE LA
BÚSQUEDA DE LA NATURALEZA BIOLÓGICA DE LA CULTURA Luis Calvo |
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| LA INFOGRAFÍA, UNA MAGNÍFICA HERRAMIENTA DE APOYO EN
PERIODISMO CIENTÍFICO José Manuel de Pablos |
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| COMO PRODUCEN LOS MEDIOS LA CIENCIA Cristina Ribas |
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| REFLEXIONES SOBRE COMUNICACIÓN Y PRODUCCIÓN DE CIENCIA Salvador Reguant |
La imagen es concepto e imagen. Sin imágenes no se podría hacer ciencia. Del miscroscopio al telescopio, de la ilustración y el dibujo a la infografía, las imágenes de ciencia explican procesos experimentales y, sobre todo, ayudan a comprender y hacer avanzar las ciencias.
La imagen es un componente importante de la cultura contemporánea, ya sea instruida o popular. La imagen puede buscar la reproducción fiel (el retrato) o puede estar construida como una representación simbólica en los ámbitos teológico, histórico, político, moral, novelesco, etc. (que es el caso más frecuente en el arte). En la imagen científica las dos tendencias se combinan: el dibujo naturalista (que nace en el siglo XVI) es un procedimiento constitutivo de la ambición de describir el mundo real de la forma más exacta posible. Un método que ayuda y apoya a la memoria. Con la fotografía, el cine, el vídeo, las posibilidades de proceder a inventariar la naturaleza se han multiplicado. Por otra parte, el esquema científico abstracto, puramente conceptual, simboliza una explicación teórica de las leyes del Universo y es un poderoso recurso para el imaginario y la mecánica del pensamiento, llegando a poder expresar en ocasiones la anticipación de lo posible. Este esquema también seduce a los artistas, de Leonardo da Vinci y sus máquinas a Kandinski (que justifica su obra por la imagen de «la desintegración del átomo») hasta los artistas más contemporáneos que en sus pantallas de ordenador aspiran a llegar hasta «la aprehensión alucinadora de una evidencia matemática» (Georges Charbonnier). El arte, enorme fábrica de imágenes, ha evolucionado siempre en función de las técnicas disponibles y, por tanto, con «el progreso». Pero la tecnología también ha dado luz a procedimientos de reproducción masiva de la imagen. Primero la imprenta, que ha facilitado y multiplicado la distribución de grabados; luego la fotografía, en blanco y negro y posteriormente en color, y el consiguiente ballet de cámaras, vídeos, fotocopiadoras y un vasto número de aparatos reproductores han convertido las imágenes en objetos banales y omnipresentes. En consecuencia, la atención que actualmente se les confiere es poco importante, aunque los mensajes que pueden conllevar sean múltiples y permitan muchas interpretaciones y efectos. Así, la percepción de las imágenes es una cuestión importante en la investigación psicológica contemporánea. Sabemos que esta percepción es superficial, rápida, emocional y que depende en gran parte del ambiente cultural de cada uno y de su inconsciente. Aparatos como «el seguidor de la mirada» permiten a los especialistas del márketing y de la estética medir experimentalmente la forma en que «consumimos» las imágenes.
En esta proliferación de representaciones contemporáneas, el público no es capaz de distinguir adecuadamente las imágenes de ciencia de otras o incluso entre ellas mismas. En primer lugar porque no es nada fácil hacer la distinción, fundamental, entre la imagen que se ha obtenido y copiado de una fuente real y aquella que ha sido inventada o que es solamente un modelo propuesto de la realidad. Los científicos explotan frecuentemente esta ambigüedad que consiste en hacer creer que una imagen concebida a partir de un modelo es el reflejo de un medida, cuando en realidad sólo es el producto de una simulación por ordenador; por ejemplo, este es el caso habitual en las representaciones inspiradas por las teorías astrofísicas como la del Big-Bang. Otro parámetro que aporta confusión es la cuestión del «estilo». Uno de los estilos dominantes de la imagen en nuestra cultura, y muy popular, es la derivada de la iconografía procedente del cómic. A menudo caracterizadas por masas de colores agresivos, estas imágenes aprovechan la gran facilidad técnica actual. De esta forma, la imagen científica que llega al público se presenta casi siempre teñida por este gusto contemporáneo. Frecuentemente está preparada para alcanzar este estándar por el procedimiento de la coloración falsa que consiste en «repintar» con colores originales compuestos únicamente de diferentes tonalidades de gris. Por lo tanto, es necesario clarificar la naturaleza de las imágenes de ciencia, sobre todo para delimitar aquello que procede de la observación, y que en consecuencia es susceptible de contribuir al inventario de la naturaleza, de lo que es un simple grafismo que sirve para el apoyo de las ideas y del razonamiento.
¿Por qué tantas imágenes de ciencia?
Para el investigador, las imágenes de ciencia son, por encima de todo, herramientas de trabajo. En efecto, desde el principio de los años setenta los instrumentos que producen imágenes se han multiplicado hasta el punto de que las siglas --la mayoría de ellas importadas de la lengua inglesa-- que los designan en el lenguaje profesional (RMN, etc.) alcanzan hoy día varios centenares, hasta el punto de que casi hace falta un diccionario específico para identificarlos. Esta proliferación es debida al progreso de las técnicas de vacío, a las vinculadas con la electrónica y a la informatización generalizada. Ordenadores cada vez más manejables y potentes permiten efectuar cálculos en directo a partir de medidas y transformar las tablas de cifras y de fórmulas matemáticas en imágenes. Por ejemplo, el conocimiento de la repartición de átomos en un sólido para la determinación de estructuras de cristales y de moléculas mediante la difracción por rayos X era hace unos 30 años un problema de envergadura; hoy se puede resolver casi automáticamente de forma rutinaria mediante ordenadores convencionales. Estas facilidades ofrecen, más allá de la fórmula, una personalización a miles de productos químicos, desde las simples sales a las proteínas, cuyos «retratos» se acumulan en las galerías de un inmenso zoo informático.
Estas imágenes sirven de soporte al razonamiento, hacen la función de «prueba» y sobre todo permiten el nacimiento de nuevas ideas. Las teorías científicas no pueden ser admitidas sin una confirmación por evidencias experimentales. Como con los instrumentos modernos, la imagen es muy a menudo el «producto último» de una experiencia, ella misma se convierte en prueba. Además, con frecuencia, es la única posible. Por ejemplo, en el caso de la observación de las características de la superficie de un cristal (como los nanotubos de las nuevas formas del carbono) o de la geografía molecular de ciertas cavidades existentes en el plegamiento de las proteínas permite racionalizar una teoría de la reactividad química (o incluso inventarla...). La instrumentación y las imágenes que produce son las fuentes principales del descubrimiento, alimentan el pensamiento teórico y permiten ver, incluso comprender, cosas que no hubieran sido ni siquiera imaginadas por el investigador. Por ejemplo, la geografía de las diferentes zonas del cerebro que «se encienden o iluminan» en el cerebro bajo la influencia de una excitación exterior. En estos casos se infiere además que el progreso de la ciencia depende de la tecnología que puede llegar a utilizar. ¿Qué sería de las especulaciones de los astrofísicos sobre los orígenes del Universo sin las mediciones y las imágenes que aportan los instrumentos, en concreto aquellos que son embarcados a bordo de los satélites?
Los instrumentos, en general, se componen de tres partes distintas: es necesaria una fuente de radiación o un flujo de partículas que es dirigido sobre un objeto material con la finalidad de producir una interacción. El resultado de esta interacción (desviación, absorción o transformación de la radiación) es examinada por un detector. Éste puede registrar simplemente los contrastes (los niveles de absorción, por ejemplo) susceptibles de conducir directamente a imágenes (que es lo que efectúa una película fotográfica ordinaria en una cámara: la fuente es el sol y la escena fotografiada es el lugar de interacción de las superficies con la luz). Pero la interacción puede convertirse también en medidas más complejas: posiciones e intensidades en el espacio de difracción, medida de la energía (espectroscopia) de una radiación emitido por una muestra, etc. En este caso, la interacción se traduce mediante una tabla de cifras. Y son estas cifras las que, con la ayuda de la teoría, el ordenador es capaz de transformar en imágenes (exactamente como ocurre en la llamada imagen de síntesis).
Las radiaciones electromagnéticas que se utilizan en la instrumentación como fuentes cubren hoy día toda la gama de longitudes de onda desde las ondas de radio a los rayos gamma, pasando por la luz visible. Se han realizado grandes progresos en las fuentes, básicamente en el nivel de intensidad (el mejor ejemplo es el láser). Por su parte, el avance en los detectores ha aportado la posibilidad de obtener imágenes diferentes de un mismo objeto. Hace 30 años, el firmamento sólo era observado con la luz visible y los rayos ultravioletas. Hoy sabemos obtener imágenes del cielo en muy diferentes frecuencias: infrarrojos, rayos X. etc. Los haces de partículas utilizados en la instrumentación son también muy diversos: electrones, protones, neutrones, núcleos de helio... Contrariamente a los rayos X, los electrones pueden ser focalizados como la luz visible y dar directamente contrastes y permiten explorar la materia al nivel de dimensiones atómicas.
¿Qué criterios para diferenciar las imágenes?
Una fracción muy reducida de las imágenes consideradas como herramientas de trabajo llegan al público bajo la forma de imágenes de ciencia. En el caso de las imágenes, como en los otros campos de la divulgación científica, aquello que se transfiere de la ciencia hacia el público en general debe integrarse en el imaginario de la cultura popular. Una parte de las imágenes científicas propuestas al público poseen una relación directa con el cuerpo humano. El cine, cuando nació, era un medio científico, una técnica casi fisiológica para poder observar a voluntad el exterior del cuerpo en movimiento, con la velocidad elegida, ya que la película es una prótesis de la memoria y puede ser acelerada o ralentizada a conveniencia. este prodigioso resultado --mágico, que permite inmovilizar el recuerdo, remontarse en el tiempo, incluso modificarlo-- ha brindado posibilidades insospechadas para maravillar y sorprender a un público cada vez más amplio.
Algo semejante ha ocurrido con el paso de los rayos X a las técnicas de diagnóstico médico como los escáneres y la resonancia magnética nuclear, tecnologías que violan un tabú: la mirada explora el cuerpo humano convertido en «transparente». Esta posibilidad de observación del interior del cuerpo vivo explica la fascinación y el éxito popular que conllevan estas aplicaciones. Poseen, indiscutiblemente, una carga emocional. Por ejemplo, la ecografía, que explota las fluctuaciones de la velocidad y las reflexiones de los ultrasonidos en la materia del cuerpo humano, extiende la capacidad de observación hasta el punto de que facilita ver imágenes del feto antes de su alumbramiento. Hoy podemos «ver lo invisible» hasta el punto de que el microscopio de efecto túnel nos permite «palpar» directamente átomos individuales.
Muchas imágenes de ciencia ilustran incluso temas novelescos. A menudo juegan con las representaciones auténticas de lo real. Por ejemplo, Los viajes de Gulliver es uno de los clásicos de la divulgación científica. Penetramos en un macro o micromundo. En el caso de los cristales, visitamos, gracias al microscopio electrónico, duros paisajes formados de átomos alineados, o en los límites del firmamento, con el telescopio, vagamos por el desparrame universal de galaxias. Sin llegar tan lejos, podemos, por un lado, observar monstruos (gigantescos ácaros) en el polvo de una alfombra y, por otro, escrutar las imperfecciones geológicas de la superficie de otros planetas. Son viajes que la imagen de ciencia nos propone frecuentemente. En ambos casos el factor de escala desempeña un papel preponderante. También es el caso de uno de los decorados favoritos de la divulgación científica: el desierto, ya sea en el fondo de los mares, en la Antártida, el Sáhara o en la superficie de Venus, imágenes que hoy vemos proyectadas en pantallas gigantes mediante los diferentes sistemas Imax. Así, los proyectos científicos comportan, además, una capacidad de maravillar al «visitante» de tales imágenes, que son recorridas por héroes épicos, personajes fuera de lo común a los que se escucha como trovadores de nuestra era (Cousteau y un largo etcétera). Nos hacen soñar con animales totémicos supuestamente cercanos al ser humano (delfines, osos...), nos advierten sobre amenazas catastróficas que nos hacen volar la imaginación: volcanes, agujeros negros, virus, destrucciones ecológicas, terremotos, dinosaurios... Reinventan y renuevan, bajo la coloración científica, la iconografía tradicional atribuida a las fuerzas del mal (como en otros tiempos las catedrales exhibían las representaciones del infierno).
Estas imágenes que se insertan fácilmente en una u otra configuración novelesca son reconocidas y rápidamente aprehendidas por el público. Ocurre algo muy similar con aquellas que, producidas en los laboratorios, son presentadas por su atractivo estético aunque abstracto o por tener la virtud de «explicar el mundo», que es percibido por una gran parte del público como esotérico, casi mágico. En la primera categoría se pueden incluir los fractales o las imágenes analógicas de la dinámica de fluidos. En la segunda se puede hacer referencia a las imágenes que tratan de las diversas formas de las teorías del caos o a las simulaciones de los eventos relacionados con el Big-Bang.
En bastantes ocasiones estas imágenes son entendidas por el público como representaciones directas extraídas de la naturaleza y que revelan sus estructuras desconocidas hasta entonces. Serán, por lo tanto, portadoras de mensajes misteriosos y de ahí su explotación por determinadas «filosofías» como la del New Age... De hecho, es evidente, que tales imágenes son siempre fabricadas y son casi siempre la consecuencia de la inserción de las técnicas informáticas en la ciencia moderna, constituyendo una «simulación» entre la teoría y la experiencia. Es el operador informático el que decide el código de colores que será el afectado en las diversas zonas numéricas de un fractal, por ejemplo. Y es evidente que códigos diferentes dan como resultado imágenes diferentes: no hay nada configurado en este sentido en la función matemática que impone la imagen en cuestión, ésta sólo existe como una representación arbitraria. Y también es el informático el que elige los falsos colores que serán utilizados para diferenciar las zonas de contraste cuando la radiación usada es invisible al ojo (igual que ocurre con las imágenes del suelo terrestre cuando son tomadas por un satélite de infrarrojos). En todos estos casos se produce una manipulación de la imagen científica que frecuentemente no es bien comprendida por el público y que incluso puede inducir a avalar teorías (o mejor creencias) paracientíficas: existen muchos ejemplos de ello. En estos casos, por la mediación de la imagen científica se puede producir un proceso que, desde Platón, muchos filósofos hacen con sus imágenes: engañar al inocente o ignorante por la apariencia.
Muchas simulaciones ponen en juego elecciones icónicas arbitrarias cuya función es reforzar el carácter teatral y espectacular de la imagen. Buscan producir resonancias con los grandes temas que configuran la cultura contemporánea. Por ejemplo, el mapa, la representación gráfica del territorio, es una imagen muy familiar en una sociedad en la que los desplazamientos físicos se producen cada vez a mayores distancias y en la que se ha desarrollado profundamente el deseo de saber el futuro mediante las previsiones meteorológicas. La proyección sobre un mapa (objeto familiar) de la simulación de lo que va a ocurrir con un parámetro que puede representar una amenaza potencial (como una nube tóxica, el desarrollo de un tornado o la geografía de la contaminación radiactiva de Chernóbil) es una imagen que, en principio, es científicamente neutra. Pero, de hecho, esta imagen funciona como una representación militar que establece la estrategia de las diferentes armas en una batalla sobre el terreno. Resalta un conflicto y puede engendrar angustia ya que, cubriéndose con una apariencia profética, puede llegar a señalar con el dedo, con crueldad e indiferencia, el recorrido de una catástrofe y designar los lugares malditos... Muchas imágenes vinculadas con la ciencia y con la tecnología son célebres porque son la ilustración directa de temas mitológicos clásicos y eternos... ¿No se asemeja la explosión en vuelo del transbordador orbital Challenger a un remake contemporáneo del mítico vuelo de Ícaro?
La representación de la ciencia y la naturaleza ha utilizado a lo largo de la historia diversas herramientas: el dibujo, la fotografía, la infografía, etc. Cada una de ellas tiene su lugar en el tiempo y en el espacio. Cada una cumple con una misión. El dibujo fue la principal e incluso única forma de representar la ciencia durante años, pero aún desempeña un papel destacado. Esta forma plástica es fruto de la subjetividad de su creador. Éste selecciona y destaca, excluye u oculta, en un proceso mental complejo e irrepetible. A partir de breves recuerdos de su trabajo en África, el autor reflexiona sobre el dibujo, su importancia como forma de representar la naturaleza, sus ventajas frente a algunas de las limitaciones de la fotografía e incluso sobre el propio placer que proporciona para su creador y para quien lo contempla.
Las relaciones entre imagen y ciencia no son unidireccionales. La ciencia se ve representada por imágenes, pero éstas a su vez ayudan a construir el conocimiento científico. Un claro ejemplo de esta influencia lo constituye el papel decisivo de las ilustraciones en el discurso evolucionista o los miles de fotografías que durante el periodo de entreguerras se tomaron a niños de corta edad y que ayudaron a conocer más sobre el proceso de maduración y adquisición de hábitos. «Aceptar la importancia de lo gráfico en la evolución de buen número de disciplinas científicas comporta admitir una visión más flexible de aquélla.»
LA INFOGRAFÍA, COMO MAGNÍFICA HERRAMIENTA DE APOYO EN PERIODISMO CIENTÍFICO
El autor estudia las grandes posibilidades de refuerzo que la infografía presta a la comunicación científica y tecnológica. Presenta y analiza numerosos casos donde el periodismo científico publicado o impreso puede tener dificultades para comunicar las noticias que surgen y que por métodos convencionales o con el apoyo de fotografías no van a llegar a los lectores con la misma facilidad que si esos textos o imágenes se acompañan con infografías; todo ello, basado en las grandes posibilidades didácticas del infoperiodismo.
CÓMO PRODUCEN LOS MEDIOS LA CIENCIA
El tratamiento de la ciencia que hacen los medios de comunicación responde, al igual que el resto de temáticas, a una serie de condicionantes marcados por los procesos de producción en las empresas periodísticas. Este funcionamiento del medio en términos de organización del trabajo es tan importante que marca la selección de los acontecimientos que van a ser convertidos en noticias y, a veces, incluso el enfoque de las mismas.
Lejos de una manipulación voluntaria, los periodistas están sometidos a un engranaje que nos ofrece una distorsión involuntaria de los hechos. El presente artículo pretende poner en evidencia esta distorsión involuntaria en el caso de la ciencia.
REFLEXIONES SOBRE COMUNICACIÓN Y PRODUCCIÓN DE CIENCIA
En los últimos años, el autor ha dedicado algunos trabajos al análisis de la compleja problemática de la comunicación y producción en ciencia y de temas conexos tales como los que se refieren a la valoración de la producción científica. Tanto la elaboración de esos trabajos como los comentarios realizados por colegas suyos, invitan al autor a pensar que convendría plantear estos problemas de manera más sistemática y completa, a la par, que intentar hacer sugerencias críticas sobre cómo algunos de estos procesos se están llevando a cabo, en especial, desde la perspectiva de nuestro país.