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Genética. Aplicaciones, dilemas y prejuicios
Crónica de la Jornada «DNA y sociedad»
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Raro es el día, si es que existe, en el que algún diario no publique nada acerca de genética, biotecnología o terapia génica. Más rara aún es la reunión en la que no acaben saliendo a relucir alimentos manipulados, ovejas clónicas o rasgos de personalidad predeterminados genéticamente. Tales términos han dejado de ser patrimonio exclusivo de la comunidad científica para alcanzar el ámbito de lo coloquial. Y este salto se ha producido tan sólo en unos pocos años, casi simultáneamente al ritmo en el cual se han ido desarrollando los avances en este vasto campo de la investigación. Esta precipitación en la difusión pública de la genética y su conocimiento ha dado lugar a situaciones tremendamente paradójicas. Por citar un ejemplo, cualquiera mínimamente informado podría explicar paso por paso cuál fue el proceso que dio lugar a la clonación de la oveja Dolly (de dónde procedía el material genético inicial, cómo se extrajo éste y dónde se implantó), pero muy pocos saben cuál fue el objetivo de esta técnica. Esta situación se repite en cualquier ámbito de la investigación y la aplicación de las tecnologías relacionadas con la genética, originando confusiones y temores, muchas veces infundados. La sociedad quiere, y debe, opinar, pero ¿cómo hacerlo si no dispone de todos los elementos necesarios para ello, si sólo conoce algunos aspectos sesgados de este profuso sector de la ciencia?

La situación actual exige un mayor acercamiento de los científicos a la sociedad. Un acercamiento directo y en el cual se reúnan simultáneamente los diferentes protagonistas implicados en una misma problemática. Con esta intención se inauguró el pasado 7 de mayo una serie de encuentros coorganizados por la Fundación Dr. Antonio Esteve y el Observatorio de la Comunicación Científica. El objetivo de esta iniciativa es reunir alrededor de la misma mesa a científicos, pensadores, legisladores, representantes de medios de comunicación o de diferentes sectores de la sociedad, para establecer un diálogo en torno a algunos de los recientes avances de la ciencia y la tecnología, sus aplicaciones y sus problemáticas. Estas jornadas, a puertas abiertas, permiten la participación de cualquier persona interesada por el tema, sea cual sea su formación previa o su posicionamiento. En el primero de estos encuentros, con el encabezamiento DNA y sociedad, participaron representantes destacados internacionalmente del mundo de la comunicación, la ciencia, la educación y la bioética. La sesión, coordinada por Vladimir de Semir, director del Observatorio de la Comunicación Científica, y Sergi Erill, director de la Fundación Dr. Antonio Esteve, fue inaugurada por Josep Maria Casasús, decano de los Estudios de Periodismo de la Universidad Pompeu Fabra.

La primera ponencia corrió a cargo de Fátima Bosch, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular, de la Facultad de Veterinaria, Universidad de Barcelona, y conocida internacionalmente por las aportaciones de su equipo de investigación al campo de la biotecnología, concretamente en cuanto a la creación de animales transgénicos. A lo largo de su exposición, la Dra. Bosch expuso el estado actual y las perspectivas futuras de la investigación en transgénicos. Indicó, además, algunas de las posibilidades prácticas del trabajo con estos animales, tales como su potencial para el estudio de los mecanismos fisiopatológicos que originan determinadas enfermedades, sean o no genéticas, y la posibilidad de ensayar nuevos fármacos. Estas son sólo dos de las posibles aplicaciones, pero las expectativas son enormes, indicó la especialista.

Jaume Bertranpetit, del Departamento de Antropología, de la Facultad de Biología, Universidad de Barcelona, enfatizó en los problemas que originan los falsos preconceptos en torno a la biotecnología. Tales prejuicios, lejos de disolverse, se expanden y se repiten. El temor a la utilización de la genética con fines eugenésicos, la idea de que los cambios en el patrón hereditario de individuos aislados pueda dar lugar a cambios poblacionales, etc. Qué parte de culpa tienen los propios científicos, los medios de comunicación o algunas organizaciones de presión, es algo difícil de determinar, pero sin duda su existencia enturbia las relaciones entre la ciencia y la sociedad. El profesor Bertranpetit se lamentaba, además, de la dificultad que implica establecer un diálogo entre ambos sectores, sobre todo cuando uno de los interlocutores parte de una base poco firme, fundamentada en nociones dispersas transmitidas por agentes que ni siempre cuentan con la suficiente formación ni siempre mantienen el nivel de objetividad deseable.

En contraposición a las palabras de Bertranpetit, Georges Kutukudjian, director de la Unidad de Bioética de la Unesco, apuntó algunos de los dilemas éticos planteados por la biotecnología y los estudios de genética. El problema del determinismo genético salió de nuevo a la luz y con él la posibilidad de utilizar esta ciencia con fines discriminatorios. También se refirió en su exposición a aspectos puntuales que plantea la puesta en marcha de estas técnicas, tales como la aprobación o no de determinados protocolos de terapia génica sobre la base de sus objetivos o de su planteamiento y de las necesidades económicas que conllevan, lo cual podría originar mayores diferencias entre sectores de población ya de por sí separados. Estos problemas éticos son difíciles de resolver y la respuesta a los mismos no debe pasar por la prohibición sino por el diálogo.

Por último, Jordi Camí, director del IMIM y delegado del rector de la Universidad Pompeu Fabra para la puesta en marcha de la nueva Facultad de Ciencias de la Salud y la Vida, insistió en la necesidad de aumentar la cultura científica de la sociedad. Sólo de esta forma puede alcanzarse una auténtica democracia científica, expresando opiniones y tomando decisiones de forma responsable. No obstante, elevar la educación de un país no es labor sencilla. Muy al contrario, supone un reto para todos: los científicos, los medios de comunicación y los educadores.

De esta forma finalizaba la exposición de los ponentes, antes de que se abriera el turno de preguntas. Cada uno aportaba así su visión de cómo la biotecnología y los estudios sobre genética influyen en la sociedad. Como en cualquier otro aspecto de la ciencia, o de la vida misma, algunos de estos puntos de vista eran contrarios, aunque en algo coincidieron todos los ponentes, en la necesidad de una mejor difusión de los conocimientos científicos para poder establecer un diálogo auténticamente productivo.